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Autor: Javier García Narro | Fuente: Yoinfluyo.com La empresa es para las personas
Javier García Narro (Yoinfluyo.com) nos comparte un interesante texto en el que habla de cómo conciliar lo económico, lo social, lo laboral con la dignidad humana.
La empresa es para las personas
Hasta hace unos 20 años, la función social de la
empresa se limitaba a “agregar valor” y así aumentar la
riqueza de la sociedad, incrementar empleos y satisfacer necesidades.
A lo
largo de los últimos años, el impacto ejercido por las
actividades de la empresa sobre la calidad de vida y
sobre la realización personal de hombres y mujeres, se ha
convertido en tema predominante de preocupación y discusión. Expectativas urgentes de
la sociedad
La orientación de la empresa para el hombre y
de plan social, surgen de la frustración de la soledad
por no alcanzar las expectativas de la calidad de vida,
a causa de la ineficiencia y malas prestaciones de otras
instituciones. Creo que la soledad siente un gran respeto por
la eficiencia de las empresas, y de ahí que se
esté realizando un profundo cambio en la mentalidad de la
sociedad hacia la compañía y que ésta no deberá permanecer
incólume. En el corto plazo, el cambio de mentalidad del
público, se traduce en exigencias que la comprometen a desarrollar
e implementar un plan social.
Estas expectativas de la sociedad, aunadas
a la crisis económica que muchas veces amenaza la supervivencia
de las empresas, desorientan a los dirigentes. Sin embargo, un
número limitado ha considerado la evolución y enfrenta las nuevas
exigencias del público como un “auténtico e importante desafío”. Reconocen
que la mejor estrategia consiste en adoptar una política de
responsabilidad social, dentro de la cual se consideren las consecuencias
sociales de sus actividades, para que la empresa sea un
verdadero laboratorio de progreso social. Tres niveles del plan social
El plan
social que la empresa deberá aplicar engloba tres niveles o
círculos de responsabilidad:
1. El primer círculo, el
interior, comprende las responsabilidades de base de la empresa, las
que hacen la realización más eficaz de su función: productos,
personal, rentabilidad, etcétera.
2. El círculo intermedio comprende
la necesidad de ejercer el plan social, tomando en cuenta
los valores y prioridades que van apareciendo en la esfera
de influencia directa exterior de la empresa: medio ambiente, información
al público, protección al consumidor, economía local, etcétera.
3. El círculo de influencia exterior indirecto, contiene una serie
de responsabilidades nuevas y todavía no bien definidas, en virtud
de las cuales la empresa debería contribuir más amplia y
activamente a mejorar el entorno social y así responder a
las expectativas del público, considerando como campo de trabajo o
de aplicación del plan social a toda la sociedad en
general.
¿Pero qué es lo que se exige en concreto de
la empresa? ¿Cuáles son los grandes problemas sociales en cuya
solución la empresa podría contribuir? ¿Cuál es el lazo directo
e indirecto entre las actividades de la empresa y tales
exigencias? ¿Cuáles son las presiones y los problemas y cuáles
son los aspectos positivos o negativos de este esfuerzo? Es
preciso insistir aquí en prever el cambio social y sus
consecuencias antes de actuar precipitadamente.
La comprensión de las expectativas y
aspiraciones de los diferentes grupos sociales supone, aún ahora, más
de arte que de ciencia. Y por esta razón, es
necesario que cada empresa defina a largo plazo cuál será
su objetivo.
Algunas podrán insistir en apoyar y en ayudar a
las instituciones que ya están funcionando para procurar una mejor
previsión social. Otras preferirán desarrollar sus propios sistemas de previsión
social o preferirán participar más activamente en la vida ciudadana
a través de la política, etcétera.
Aún en nuestro medio, el
medio mexicano, las carencias y expectativas de los grupos sociales
son fácilmente detectables ya que la inmensa mayoría no satisface
plenamente sus necesidades básicas y, por ende, debe facilitar la
comprensión del problema social para nuestras empresas. Cómo empezar
Una empresa que
esté dispuesta a llevar a cabo un plan social, lo
primero que debe hacer es definir y ampliar los campos
directamente afectados por su acción: el personal, los accionistas, productos,
abastecimientos que usa, utilidades y la racionalización de las mismas,
otras empresas con las que tiene trato, el impacto del
entorno físico y social, el impacto en la economía local,
etcétera. Es en estos campos donde debe hacerse un diagnóstico
de los cambios y donde debe aplicarse un plan social.
Por
ello, todo lo que facilita el aumento, por ejemplo de
la satisfacción de los miembros del personal o de la
clientela, haciendo justicia a una exigencia o aportando una solución
a un problema de tipo social debería ser considerado como
prioritario.
Comprenderán la dificultad para aceptar tomar una decisión en este
sentido, cuando no se vislumbra en el corto plazo el
resultado económico que justifica el gasto o la inversión. Por
eso hay que hacer conciencia en todos los niveles de
la organización de que la empresa debería dedicarse en buena
parte a reducir sus costos sociales y a seleccionar las
actividades en donde los recursos humanos y financieros le permitirán
obtener elevados beneficios en este renglón, ya que está comprobado
que el compromiso social de la empresa tiende a estar
ligado a su viabilidad financiera a largo plazo. ¿Cómo hacer para
establecer un plan social dentro de la empresa?
Una vez que
se ha definido el contenido y los campos de la
responsabilidad social, los esfuerzos realizados por las empresas para volver
más social su forma de decisión generalmente siguen varias etapas.
Se comienza a percibir en las declaraciones de los dirigentes
la necesidad de ampliar sus expectativas y de redefinir su
perfil y misión en la sociedad.
Una vez que existe esta
intención, los directores comienzan a precisar el concepto de responsabilidad
social y se reestablecen objetivos.
Y la tercera etapa, la más
importante y la más desconocida, consiste en la integración del
pensamiento a la acción. Se experimentan métodos que plasmen, que
traduzcan las preocupaciones en acciones concretas.
La mayoría de las empresas
que están dispuestas a aceptar esta nueva responsabilidad, se encuentran
en la segunda etapa que es la de definir y
precisar el concepto de responsabilidad social, y poco a poco
avanzan hacia la tercera. Tienen ya la intención de ejercer
un plan social, comienzan a definir sus conceptos y objetivos
de este plan y están experimentando acciones concretas para llevarlas
a la práctica. Éste es el aspecto más importante que
hay que cuidar al definir objetivos: el establecimiento de un
código de conductas operativas para que los objetivos no queden
en meras declaraciones de principios definidos vagamente. Establecer objetivos integrados a
su entorno
Es preciso para establecer los objetivos, diseñar un sistema
de información que analice causas y consecuencias sociales. La experiencia
práctica ha demostrado que el sistema de información tradicional suministra
numerosos datos para la toma de decisión en materia económica,
pero tiende a ignorar casi absolutamente las consecuencias sociales.
Para obtener
información fidedigna, la empresa deberá elaborar encuestas sistemáticas para que,
partiendo de esta información, se establezcan previsiones en materia social.
La
definición de metas y objetivos se elaborará partiendo de la
información sobre las tendencias del entorno social, político y económico
de la empresa y de las expectativas y aspiraciones de
los principales grupos que la componen. La empresa tendrá que
forjarse una idea clara de su papel social, sobre el
cual elaborará objetivos sociales a largo plazo, resaltando aquellos en
donde puede aportar una contribución esencial.
El plan social que aquí
les propongo, compromete a la empresa a actuar en los
tres círculos de influencia que ya hemos definido anteriormente, tomando
en cuenta colaboradores y productos, proveedores y clientes, la generación
de utilidades, no la maximización de las mismas.
Tomando en cuenta
a la sociedad en general, participando lo más activamente posible
en la vida social y política de su comunidad, fijando
objetivos sociales de largo plazo, resaltando aquellos en donde pueda
aportar una contribución verdaderamente esencial.
Es evidente que los directores no
pueden hacerse plenamente cargo de la diversidad de actividades posibles
en este aspecto, por lo cual se requiere un cambio
de comportamiento y de actitud en todos y cada uno
de los departamentos, para lo cual, es imprescindible destacar la
responsabilidad de cada colaborador de la empresa, es decir, involucrarlo
directamente y hacerlo partícipe del cumplimiento de las tareas operativas
encaminadas hacia el plan social.
De este modo lo estaremos motivando
a que contribuya a mejorar su entorno a través de
la autorrealización. Por supuesto, el desarrollo de esta conciencia en
el empleado deberá ser tomado en cuenta para su futura
evaluación del puesto. Delegación responsable y diálogo
El buen juez por su
casa empieza, dice un viejo dicho popular. La empresa en
sí misma constituye el punto inicial para la aplicación del
plan social.
Al hablar del círculo de influencia interior, al adentrarnos
en la empresa, es preciso comenzar por delegar responsabilidad, por
exigir iniciativa de parte de cada uno e inducirlos hábilmente
a comprometerse con las metas y objetos trazados, y a
diseñar tareas y actitudes específicas para monitorear su desempeño. Al
hacer esto, los individuos descubrirán en la mayor parte de
los casos, que éstas son también sus metas y que
también persiguen lo mismo.
La empresa para el hombre adopta actitud
de diálogo, busca puntos de coincidencia y no de divergencia,
enseña a su personal a ser merecedor del bienestar una
vez que éste demuestra el interés por desarrollar sus propias
virtudes, su bien hacer y su bien ser.
La empresa será
del hombre y para el hombre y se le considerará
un elemento del progreso social cuando sus objetivos y decisiones
reflejen:
1. Una concepción del hombre en el trabajo basada en
la responsabilidad.
2. Una actitud de diálogo basada en la gestión
transparente, la información, la delegación, la escucha y la formación.
3.
Una finalidad de la empresa que integre el progreso social.
Las
investigaciones en ciencias sociales reflejan que las aspiraciones de los
trabajadores evolucionan y se vuelven más complejas a medida que
se desarrolla el progreso económico y social. Los empleados ansían
responsabilizarse e influir en las normas y resultados de acción.
Es
ésta la piedra angular sobre la que se debe edificar
toda política humana de la empresa: el ejercicio de la
responsabilidad.
Es preciso romper con la situación de desconfianza a la
que ha conducido la alienación de los trabajadores. El nuevo
contrato entre la empresa y el hombre incluye una cláusula
referente al estilo de mando que permite autonomía, libertad y
control suficiente para que el proceso de desarrollo individual sea
activado, y para que la confianza ceda su lugar a
una integración responsable y activa.
Existe también otra cláusula que exige
comportamiento de diálogo y de madurez entre dirigentes y dirigidos,
de tal modo que sean las relaciones entre adultos las
que desplacen las relaciones jerárquicas clásicas.
Esta cláusula demanda actitudes concretas
a favor de la información, actitudes encaminadas a cultivar los
aspectos en común y no a resaltar las diferencias, a
reconocer y aceptar al otro como tal. Conciliar lo económico y
lo social
Por último, el progreso social debe estar integrado dentro
de la estrategia global de la empresa al tratar de
reconciliar lo económico con lo social y con lo humano,
para lo cual se requiere creatividad “basada en el acto
de emprender”.
La creatividad ayudará a encontrar respuestas a preguntas como:
el progreso económico social, ¿para quién?, ¿para qué?, y ¿cómo?
A
medida que la empresa decide ser generadora del progreso social,
se multiplican las exploraciones y experiencias en terrenos desconocidos. Y
ya para terminar, diré que este nuevo contrato entre la
sociedad y la empresa, entre el hombre y la empresa,
resulta un desafío para todo el dirigente que no se
conforma con lo que ya ha emprendido y que con
esfuerzo y riesgo se ha ganado el respeto de su
comunidad.
El camino ni siquiera está trazado, la maleza es densa
y la tierra se ha hecho piedra, pero el dirigente
de empresa inconforme, iniciador, que promueve el bien común y
que al hacerlo se dignifica, posee creatividad para experimentar lo
imaginable, iniciativa para promover lo posible, valor para endentar la
adversidad, responsabilidad para defender su libertad, y compromiso para transformar
la empresa para el hombre.
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