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| Claves para humanizar el trabajo |
EL TRABAJO
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
recientemente publicado dedica un capítulo al trabajo humano, e intenta
explicar su significado más profundo.
Encabezando el capítulo hay una explicación
de lo que la Biblia ha dicho sobre el trabajo.
En el Génesis, Dios confía al hombre la tarea de
ejercitar dominio sobre la creación. «El trabajo es parte del
estado original del hombre y precede a su caída; no
es pues un castigo o una maldición», observa el compendio
(No. 256).
El trabajo se ha asociado con el dolor y
esfuerzo como resultado del pecado original. Sin embargo debería considerarse
como algo digno de mérito puesto que nos permite proveernos
de los elementos materiales que necesitamos, insiste el compendio.
Al mismo
tiempo, el compendio advierte contra el colocar el trabajo en
el vértice de nuestras actividades. «El trabajo es esencial, pero
es Dios –y no el trabajo – quien está en
el origen de la vida y en el objetivo final
del hombre» (No. 257). En este contexto el establecimiento del
descano del Sabbath es importante, porque da la oportunidad de
reenfocarse hacia Dios.
En el Nuevo Testamento, uno encuentra el ejemplo
de Jesús, que llevó a cabo la tarea del trabajo
manual como carpintero. Jesús denigra al criado que esconde su
talento en la tierra y describe su propia misión como
la de trabajar (Juan 5:17). Pero Jesús también nos enseña
a buscar los tesoros del cielo que duran, en vez
de los que son perecederos (Marcos 6:19-21).
Jesús revela más adelante
que el trabajo no es sólo participación en la creación,
sino también en la labor de redención. «Quienes toleran los
difíciles rigores del trabajo en unión con Jesús cooperan, en
un cierto sentido, con el Hijo de Dios en su
labor de redención y muestran que son discípulos de Cristo
que cargan con su cruz» (No. 263).
De hecho, como enseña
San Pablo, ningún cristiano tiene derecho a no trabajar y
vivir a expensas de los demás (2 Tesalonicenses 3:6-12). El
apóstol Pablo anima a los cristianos a trabajar y luego
a compartir los frutos con los demás que están en
necesidad.
Doble dimensión
El compendio intenta profundizar en lo que significa el
trabajo para cada persona. Tiene tanto una dimensión objetiva como
subjetiva. Su significado objetivo hace referencia al área de actividades,
instrumentos y tecnologías que se usan para producir cosas. Mientras
que el sentido subjetivo está relacionado al trabajo como siendo
la actividad de la persona humana, que realiza el trabajo
como parte de una vocación personal. «Como persona, el hombre
es por tanto el sujeto del trabajo» (No. 270).
Este aspecto
subjetivo del trabajo es vital para una comprensión correcta de
su valor y dignidad. El trabajo no es simplemente la
producción de una mercancía, sino también la actividad de una
persona humana, cuya dignidad debe respetarse. El compendio añade que
la dimensión subjetiva debería tener la precedencia sobre los aspectos
objetivos, «porque es la dimensión de la persona misma la
que se implica en el trabajo, determinando su cualidad y
consumando su valor» (No. 271).
El trabajo humano también tiene una
dimensión social, como una actividad individual que se conecta con
la de otras personas. «Los frutos del trabajo ofrecen ocasiones
para el intercambio, la relación y el encuentro» (No. 273).
Trabajo
y capital
Cuando llega al tema del entendimiento de la relación
entre trabajadores y los elementos materiales de la producción (capital),
el compendio repite la importancia de conservar en primer lugar
el concepto del trabajo como una tarea subjetiva o personal.
De hecho, en la economía moderna el texto observa que
hay un reconocimiento creciente del valor del «capital humano» como
un recurso importante en la producción.
Pero, mientras se mantiene el
principio de la prioridad de la persona humana, el trabajo
y el capital deberían existir en una relación de complementariedad,
añade el Compendio. Cada uno necesita del otro y sería
erróneo exaltar uno y olvidar la contribución del otro.
A este
fin el compendio anima a la cooperación entre trabajo y
capital a través de medios como la participación en la
gestión, propiedad y beneficios. Esto puede ser más fácil en
el mundo de hoy, dado que el conocimiento humano es
un factor muy importante en la economía.
En cuanto a la
colaboración entre trabajo y capital el texto defiende el derecho
a la propiedad privada, aunque también llama la atención sobre
la importancia de ponerla al servicio de todos. Tanto la
propiedad privada como la pública, «deben orientarse a una economía
de servicio a la humanidad» (No. 283).
Salvaguardar los derechos
Una sección
del compendio se dedica a explicar cuáles son los derechos
en el área del trabajo humano. Para empezar, «el trabajo
es un derecho fundamental y un bien para toda la
humanidad» (No. 287). Se necesita el trabajo para llevar adelante
una familia y el desempleo trae consigo muchos problemas sociales.
Lograr el pleno empleo, por tanto, sigue siendo un objetivo
económico clave. Un importante medio para llevar a cabo esto
es proporcionar una adecuada educación, que continúe a lo largo
de la vida laboral, de manera que las personas puedan
encontrar un empleo adecuado.
El estado tiene un papel que jugar
en esto, pero el compendio es cuidadoso en establecer que
esto no significa que los gobiernos deban directamente emplear a
la gente para proporcionar a todos un puesto de trabajo.
El deber del estado es animar la actividad económica creando
las condiciones que conducirán a oportunidades adecuadas de empleo.
Con la
creciente globalización de la economía, el compendio también recomienda que
los gobiernos cooperen unos con otros para salvaguardar el derecho
a trabajar y atenuar las subidas y bajadas del ciclo
económico. Otra responsabilidad es cuidar de la familia. Las empresas,
los sindicatos y el estado deberían promover políticas que apoyen
la familia.
Otros temas tratados en esta sección se reparten en
temas como la mujer y los hijos, la protección de
los inmigrantes y de los trabajadores agrícolas. Los derechos de
las mujeres deberían respetarse y no es aceptable la discriminación
contra ellas, especialmente en cuanto a sueldo y seguridad social.
El trabajo infantil, continúa el texto, «constituye una clase de
violencia que resulta menos obvia que otra pero no es
por esta razón menos terrible» (No. 296). Aunque es cierto
que en algunos países los ingresos obtenidos por los niños
son importantes para las familias, sin embargo esta explotación constituye
una seria violación de la dignidad humana.
Cuando pasa a desentrañar
derechos más específicos, como el justo salario, el compendio recuerda
que «los derechos de los trabajadores, como todos los demás
derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana
y en su dignidad trascendente» (No. 301).
Ir a lo global La
última parte del capítulo sobre el trabajo trata de algunos
desarrollos recientes en el mundo del trabajo. La globalización ha
traído consigo muchos cambios, y es importante recordar que junto
con este proceso el mundo también necesita «una globalización de
salvaguardas, un mínimo esencial de derecho y equidad» (No. 310).
Una
economía construida no ya sobre una base industrial sino sobre
los servicios y las más novedosas tecnologías trae consigo muchos
cambios para quienes trabajan, y algunos ajustes difíciles. Para afrontarlos
el compendio recomienda evitar el error de insistir en que
los cambios ocurran de una determinada manera. «El factor decisivo
y la referencia de esta compleja fase de cambio es
una vez más la persona humana, que debe seguir siendo
la verdadera protagonista de su trabajo» (No. 317). Humanizar el
trabajo, ahora a una escala planetaria, es la siguiente meta.
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