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San Pablo y el Deporte | tema
Autor: Prof. Tomás Bolaño
Nosotros en cambio, corremos por una corona incorruptible
La expresión paulina "Nosotros en cambio" nos convoca a visualizar la corona incorruptible.
 
Nosotros en cambio, corremos por una corona incorruptible
Nosotros en cambio, corremos por una corona incorruptible
En el artículo precedente caímos en cuenta que en 1 Cor 9, 25 San Pablo construye dos distinciones; la primera distingue entre Aquellos, y nosotros en cambio .

La segunda hace una diferencia entre φθαρτον στεφανον - Una corona corruptible- y αφθαρτον - una incorruptible -.



Nosotros en cambio

El tema central de la pericopa atlética de San Pablo, es sin duda la egrateia , es decir, la templanza, osea, el dominio de si mismo, eso que requiere entrenar el atleta para alcanzar la meta y recibir el premio.

Con la expresión “nosotros en cambio”, el apóstol se distingue junto con los fieles de la iglesia de Corintio como un atleta diferente de aquellos otros. A esta nueva clase de atletas les quiere exhortar a que se ejerciten espiritualmente en todo lo necesario para obtener autodominio o autocontrol en los aspectos que se requiera para vivir la vida conforme al evangelio que les ha predicado.

La expresión “Nosotros en cambio” ofrece una clave de interpretación que el Papa Juan Pablo ha iniciado en sus comentarios a esta cita: “En las recientes Olimpíadas de Sydney hemos admirado las hazañas de grandes atletas, que, para alcanzar esos resultados, se sacrificaron durante años, día a día. Esta es la lógica del deporte, especialmente del deporte olímpico; y es también la lógica de la vida: sin sacrificio no se obtienen resultados importantes, y tampoco auténticas satisfacciones.

Nos lo ha recordado una vez más el apóstol San Pablo: "Los atletas se privan de todo; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita" (1 Co 9, 25). Todo cristiano está llamado a convertirse en un buen atleta de Cristo, es decir, en un testigo fiel y valiente de su Evangelio. Pero para lograrlo, es necesario que persevere en la oración, se entrene en la virtud y siga en todo al divino Maestro.

En efecto, él es el verdadero atleta de Dios; Cristo es el hombre "más fuerte" (cf. Mc 1, 7), que por nosotros afrontó y venció al "adversario", Satanás, con la fuerza del Espíritu Santo, inaugurando el reino de Dios. Él nos enseña que para entrar en la gloria es necesario pasar a través de la pasión (cf. Lc 24, 26 y 46), y nos precedió por este camino, para que sigamos sus pasos"¨(1).

Unos son los atletas que corren en homenaje a los dioses del olímpico, otros los que corren siguiendo al Cristo; una es la pista del estadio y otra es la pista de la vida, una es la corona que se corrompe y otra es la corona incorruptible; pero entre estas dos formas atléticas, San Pablo ha propuesto algo común; el entrenamiento para alcanzar el pleno dominio de si mismo y el autocontrol en todos los aspectos; la EGRATEIA (templanza).

¿Por qué es incorruptible?

La lectura de esta frase paulina apunta a un premio escatológico pero con una aplicación concreta en la vida, esa posibilidad de entrenamiento espiritual viene señalada por las enseñanzas del magisterio, cuando Juan Pablo II, al comentar el texto que ahora nos ocupa recomienda que “La práctica del deporte en su sentido más noble y auténtico trae siempre a la memoria el ideal de virtudes humanas y cristianas que, no solamente contribuyen a la formación física y psíquica, sino que también inician y estimulan a la fuerza y a la grandeza moral y espiritual. El deporte, vosotros lo sabéis bien, es escuela de lealtad, de coraje, de tolerancia, de ánimo, de solidaridad y espíritu de equipo. Todas estas virtudes naturales son, con frecuencia, como el soporte en que se asientan otras virtudes sobrenaturales.

En vuestra vida como profesionales del ciclismo y en vuestros quehaceres familiares y sociales, no olvidéis de poner en práctica ese cúmulo de pequeñas o grandes acciones de autodominio, simplicidad, honestidad y respeto del otro, que se aprenden en la actividad deportiva. Evitad todo lo que sea deslealtad, ventajismo y juego sucio, pues ello degrada vuestra profesión v hace desmerecer a los ojos de Dios.

Con San Pablo os digo: “Corred así para ganar” (1 Cor. 9, 24); pero, también con el Apóstol, os recuerdo que como creyentes habéis de ser deportistas que corren para ganar la corona que no se marchita (Cfr. ibid. 9, 25)(2).

Mas adelante enseña el Papa que “La tradición cristiana utilizó a menudo la metáfora de la competición atlética para describir el esfuerzo por alcanzar la virtud y la fidelidad a Cristo. San Pablo habla de su vida como una carrera en la que resulta vital alcanzar la meta final (cf. 1 Co 9,24-27)(3).

El deporte es una ayuda espiritual para el cristiano

La corona incorruptible, constituye una meta espiritual del deportista cristiano, y la preparación física y espiritual del deportista puede ser asumida como un instrumento apropiado para el desarrollo espiritual del cristiano. En este sentido se orienta la interpretación que Juan Pablo II hace de esta cita: “El deporte, a la vez que favorece el vigor físico y templa el carácter, no debe apartar jamás de los deberes espirituales a cuantos lo practican y aprecian. Según palabras de san Pablo, sería como si uno corriera sólo "por una corona que se marchita", olvidando que los cristianos nunca pueden perder de vista "la que no se marchita" (cf. 1 Co 9, 25). La dimensión espiritual debe cultivarse y armonizarse con las diversas actividades de distracción, entre las cuales se incluye también el deporte.(4)

“El Apóstol san Pablo proponía a los cristianos de Corinto la imagen del atleta para ilustrar la vida cristiana, como ejemplo de esfuerzo y de constancia (cf 1 Co 9,24-25). En efecto, la práctica correcta del deporte debe estar acompañada por la templanza y la educación a la renuncia; con mucha frecuencia requiere también un buen espíritu de equipo, actitudes de respecto, aprecio de las cualidades de los demás, honestidad en el juego y humildad para reconocer las propias limitaciones.
El deporte, en fin, especialmente en sus formas menos competitivas, invita a una celebración festiva y a la convivencia amistosa.

También el cristiano puede encontrar en el deporte una ayuda para desarrollar las virtudes cardinales – fortaleza, templanza, prudencia y justicia – en la carrera por la corona “que no se marchita”, como escribe san Pablo.(5)



Envie sus comentarios al siguiente correo.

trosime@une.net.co

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(1). Juan Pablo II. Jubileo de los deportistas. Homilía de Juan Pablo II, Domingo 29 de octubre de 2000.

(2). Juan Pablo II. Discurso del Papa Juan Pablo II a los miembros del equipo ciclista español «ZOR», Lunes 10 de junio de 1985

(3). Juan Pablo II. Discurso de S.S. Juan Pablo II a los participantes en un torneo de esquí 14 de septiembre de 1991.

(4)Juan Pablo II. Jubileo de los deportistas, Discurso de Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Internacional sobre el deporte. Roma, sábado 28 de octubre 2000.

(5). Juan Pablo II. Mensaje de Juan Pablo II para la XXV Jornada mundial del turismo. 27 de septiembre de 2004.


 

 
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