DEL SANTO PADRE JUAN
PABLO II AL CARDENAL ANTONIO MARÍA ROUCO VARELA CON MOTIVO
DEL ENCUENTRO DE ORACIÓN PARA IMPLORAR DE DIOS LA PAZ
Y EL FIN DEL TERRORISMO . Vaticano, 6 de enero
de 2001, Solemnidad de la Epifanía del Señor y clausura
del Gran Jubileo. Al Señor Cardenal ANTONIO MARÍA
ROUCO VARELA Arzobispo de Madrid Presidente de la Conferencia Episcopal
Española He sabido que los fieles de las diócesis de
San Sebastián, Bilbao y Vitoria, así como de la Archidiócesis
de Pamplona, presididos por sus Pastores, se van a reunir,
junto con otros hombres y mujeres de buena voluntad, el
sábado día 13 de enero para un Encuentro de oración
en las Campas de San Prudencio (Vitoria) para implorar de
Dios la paz y el fin del terrorismo. Con esa
ocasión me uno espiritualmente a todos los congregados en ese
lugar, elevando mi plegaria por la radical y sincera conversión
de todos a la ley santa de Dios, fundamento de
la convivencia pacífica y del respeto de los derechos de
toda persona, para que así se restablezca el entendimiento justo
y concorde entre los hombres, las familias y pueblos en
el País Vasco, en Navarra y en toda la querida
Nación española, profundamente afectados por la crudeza de la situación
presente a causa de la violencia terrorista que se prolonga
desde hace años. La tan deseada paz social es, ante
todo, un don del Salvador, cuya venida acabamos de celebrar
especialmente en la Navidad: la Navidad del Año del
Gran Jubileo de su Encarnación. En esos días, retomando el
anuncio de los ángeles en Belén (cf. Lc 2, 14),
los creyentes hemos expresado nuestro convencimiento de que sólo Cristo
es "nuestra paz" (Ef 2, 14), reafirmando así que Él
mismo es un don de paz del Padre a toda
la humanidad. Destruyendo el pecado y el odio, y llamando
a todos a la concordia y a la fraternidad, vino
a unir lo que estaba dividido; por eso, Él es
el "principio y el ejemplo de la humanidad renovada, llena
de amor fraterno, de sinceridad y de espíritu de paz,
a la que todos aspiran" (Ad gentes, 8). En esta
circunstancia deseo alentar a las comunidades cristianas, que con su
vida y su acción hacen presente a Jesucristo, a que
acrecienten su unión con Él, intensificando la oración confiada y
perseverante por la paz. Nuestras súplicas harán de cada uno
de nosotros instrumentos de paz, sembradores de concordia, artífices del
perdón. En una sociedad marcada por fuertes tensiones, las Iglesias
particulares de los territorios que desgraciadamente padecen con tanta frecuencia
la herida del terrorismo, tienen la misión de promover la
unidad y la reconciliación, rechazando todo tipo de violencia, de
terror y de chantaje, pues con esas tristes situaciones es
toda la sociedad la que sufre. Por encima de todo
es necesario levantar, una vez más, la voz en favor
del valor de la vida, de la seguridad, de la
integridad física, de la libertad. En efecto, la vida humana
"no puede ser considerada como un objeto del cual disponer
arbitrariamente, sino como la realidad más sagrada e intangible que
está presente en el escenario del mundo. No puede haber
paz cuando falta la defensa de este bien fundamental. No
se puede invocar la paz y despreciar la vida" (Mensaje
para la Jornada Mundial de la Paz 2001, 19). Las
comunidades cristianas han de ser lugares privilegiados de acogida y
de compromiso generoso con la paz auténtica, contribuyendo a remover
obstáculos, a derribar muros, a favorecer iniciativas y proyectos en
colaboración y diálogo social con tantas personas y grupos interesados
en alcanzarla. En esta tarea, es menester tener presentes a
los jóvenes, a los que hay que educar siempre y
en todas partes: en las escuelas y universidades, en
los ambientes de trabajo, en el tiempo libre y en
el deporte, en la cultura de la paz. Paz dentro
y fuera de ellos, paz siempre, paz con todos, paz
para todos. A ellos, y a toda la sociedad quiero
decir: Indarkeria ukatuz, pake zale, pake eskale ta pake
egile izan zaitezte (Rechazando la violencia sed amigos de la
paz, orantes por la paz y constructores de la paz).
¡Que Dios misericordioso conceda la paz social al País Vasco,
a Navarra, a toda España! ¡Que con un renovado estilo
de vida seamos merecedores de ese don divino! Mi bendición
y mi afecto acompaña siempre a todos los que se
comprometen en esta extraordinaria y necesaria tarea de alcanzar la
paz, del cese del terrorismo y la violencia, del fomento
del desarrollo y la convivencia en justicia y verdad.
6 de enero de 2001, Solemnidad de la Epifanía del
Señor y clausura del Gran Jubileo. 6. Por tanto, los
fieles laicos no deben limitar su acción a la comunidad
cristiana, permaneciendo, por decirlo así, dentro de las paredes del
"templo". Después de recibir la luz de la Palabra y
la fuerza de los sacramentos, deben anunciar y testimoniar a
Cristo, único Redentor del hombre, en la sociedad de la
que forman parte. Como "sal" y "luz", están llamados a
actuar proféticamente en la familia y en la escuela, en
el ámbito de la cultura y de la comunicación social,
en la economía y en el mundo del trabajo, en
la política y en el arte, en el campo de
la salud y donde hay enfermedad y sufrimiento, en el
deporte y en el turismo, al lado de los marginados
y entre los numerosos inmigrantes. No puede faltar tampoco su
valiente iniciativa en los ámbitos donde se decide el destino
de la vida y de la dignidad de la persona,
de la familia y de la sociedad misma.
En realidad, si
cada miembro de la Iglesia participa en la dimensión secular,
los laicos lo hacen con una "modalidad de actuación" que,
según el Concilio, es "propia y peculiar" de ellos. Esa
modalidad se designa con la expresión "índole secular", como "lugar
en que les es dirigida la llamada de Dios" y,
por esto, como lugar privilegiado de su misión, según la
lógica de la Encarnación y "a la luz del acto
creador y redentor de Dios" (Christifideles laici, 15).
MENSAJE DEL PAPA
JUAN PABLO II A LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE SICILIA .
Al venerado hermano, Cardenal SALVATORE DE GIORGI, Arzobispo de Palermo,
Presidente de la Conferencia episcopal siciliana. Vaticano, 19 de marzo
de 2001. 7. Los laicos tienen la tarea de llevar el
Evangelio a todos los ámbitos de la existencia humana y
dar la contribución original y siempre actual de la doctrina
social de la Iglesia. Deben preocuparse constantemente por no ceder
a la tentación de reducir las comunidades cristianas a agencias
sociales y, al mismo tiempo, por rechazar decididamente la tentación,
no menos insidiosa, de practicar una espiritualidad intimista, que no
está en sintonía con las exigencias de la caridad, con
la lógica de la Encarnación y, en definitiva, tampoco con
la misma tensión escatológica del cristianismo. En efecto, aunque esta
última nos hace conscientes de la acción de la Providencia
en la historia, no nos exime de ningún modo del
deber de trabajar activamente en el mundo para favorecer en
él la afirmación de todo valor auténticamente humano. A este
propósito, sigue siendo muy actual la enseñanza del concilio
Vaticano II: "El mensaje cristiano no aparta a los
hombres de la construcción del mundo ni les impulsa a
despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les
obliga más a llevar a cabo esto
como un deber" (Gaudium et spes, 34).
DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LOS JÓVENES DE LA
DIÓCESIS DE ROMA, Jueves 5 de abril de 2001
5. "Remar
mar adentro" significa rechazar todo lo negativo que se os
ofrece, y poner vuestra creatividad y vuestro entusiasmo al servicio
de Cristo. He escuchado las iniciativas con las que queréis
emprender, junto con toda la comunidad diocesana, un camino de
bien arduo pero fecundo. Os animo a trabajar en constante
comunicación entre vosotros, con la ayuda de los servicios diocesanos
para la pastoral juvenil. Asimismo, pido a los movimientos y
a las nuevas comunidades que inserten sus experiencias en la
Iglesia local y en las parroquias, para que tenga éxito
esta obra misionera que siempre es preciso promover y realizar
juntos.
Con la ayuda de los adultos y de los sacerdotes
de vuestras comunidades organizad momentos formativos sobre las cuestiones actuales
más importantes. Al compartir la vida de vuestros coetáneos en
los lugares de estudio, de diversión, de deportes y de
cultura, procurad llevarles el anuncio liberador del Evangelio. Reactivad los
oratorios, adaptándolos a las exigencias de los tiempos, como puentes
entre la Iglesia y la calle, con particular atención a
los marginados, a quienes atraviesan momentos de dificultad, y a
los que han caído en las redes del extravío y
de la delincuencia. En la pastoral de la escuela y
de la universidad esforzaos por organizar grupos estudiantiles y laboratorios
culturales que sean un punto de referencia para vuestros amigos.
No olvidéis tampoco acompañar a quienes viven momentos de dolor
y enfermedad: en esas situaciones es más fácil que
nunca abrirse al Dios de la vida.
Que en la base
de todo esté la relación diaria y sincera con el
divino Maestro, es decir, la oración, la escucha de la
palabra de Dios y la meditación, la celebración eucarística, la
adoración de la Eucaristía y el sacramento de la confesión.
A este propósito, me complace la hermosa iniciativa de muchos
de vosotros de reuniros, todos los jueves por la noche,
para rezar en la iglesia de Santa Inés en Agone,
en la plaza Navona. Asimismo, acompañaré espiritualmente a los que
participéis en la peregrinación a Tierra Santa, programada para el
próximo mes de septiembre. Volver a las fuentes de la
fe y a la oración no significa refugiarse en un
vago sentimentalismo religioso, sino más bien contemplar el rostro de
Cristo, condición indispensable para poder reflejarlo después en la vida. 6.
Así pues, os propongo una vez más el arduo pero
exaltante ideal evangélico. Amadísimos jóvenes, no tengáis miedo y no
os sintáis solos. Junto a vosotros están vuestras familias, vuestros
educadores y vuestros sacerdotes. También el Papa está cerca de
vosotros. Y, sobre todo, está cerca de vosotros Jesús, el
primero en obedecer a la voluntad del Padre y permitir
que lo clavaran en la cruz para redimir al mundo.
Como recordé en el Mensaje para la Jornada mundial de
la juventud, que celebraremos el próximo domingo, el camino de
la cruz es la senda que él nos propone.
Jóvenes centinelas
de esta alba del tercer milenio, no temáis asumir vuestra
responsabilidad misionera, que deriva de vuestro bautismo y de vuestra
confirmación. Y si el Señor os llama a servirlo más
de cerca en el sacerdocio o en un estado de
consagración especial, seguidlo con generosidad.
Os acompaña a cada uno María,
la joven Virgen de Nazaret, que dijo "sí" a Dios
y dio a Cristo a la humanidad. Que os ayuden
vuestros numerosos coetáneos cuya plena fidelidad al Evangelio ha reconocido
la Iglesia, proponiéndolos como ejemplos dignos de imitar e intercesores
que podéis invocar. Entre estos, quisiera recordar al beato Pier
Giorgio Frassati, de cuyo nacimiento precisamente mañana se celebrará el
centenario. Tratad de conocerlo. Su existencia de joven "normal" demuestra
que se puede ser santos viviendo intensamente la amistad, el
estudio, el deporte y el servicio a los pobres, mediante
una relación constante con Dios. A él le encomiendo vuestro
compromiso misionero.
En cuanto a mí, os acompaño con el afecto
y la oración, a la vez que os bendigo de
corazón a vosotros, así como a vuestras familias y a
los jóvenes de toda la ciudad de Roma.
MENSAJE DEL
PAPA JUAN PABLO II A LOS MIEMBROS DEL MOVIMIENTO JUVENIL
GUANELIANO. Vaticano, 20 de abril de 2002 Amadísimos jóvenes "guanelianos":
5.
Queridos amigos del Movimiento juvenil guaneliano, proseguid con entusiasmo y
generosidad el camino que habéis emprendido, en íntima comunión con
toda la comunidad eclesial. Esforzaos por ser, en
todo ambiente, "sal de la tierra y luz del
mundo" (cf. Mt 5, 13-14): en la escuela y
en la universidad, en el mundo de trabajo y en
el deporte, en la familia y entre los amigos.
DEL
SANTO PADRE GIOVANNI PAOLO II AI PARTECIPANTI ALLA XXII EDIZIONE
DELLA MARATONA DI PRIMAVERA. Domenica, 12 maggio 2002 Sono lieto
di rivolgere il mio cordiale saluto a tutti voi, convenuti
così numerosi per partecipare alla tradizionale "Maratona di primavera", organizzata
in occasione delle Giornate di festa delle Scuole cattoliche romane. Questo
appuntamento vede coinvolti alunni, docenti, collaboratori, ex-alunni e sostenitori della
Scuola cattolica per un momento di gioia e di fraternità,
nel desiderio di dare visibilità ad una realtà sociale ed
educativa, impegnata ad attuare un progetto di formazione ispirato al
Vangelo. Esorto le varie Scuole cattoliche di Roma a perseverare con
coraggio e dedizione in questa loro importante missione al servizio
delle giovani generazioni. Auspico, al tempo stesso, che possano giungere
a buon fine i passi già avviati sulla strada della
effettiva parità tra la scuola statale e non statale. Carissimi, auguro
a tutti voi una buona corsa lungo le vie di
Roma. Che sia una festa di amicizia e di speranza!
Con il vostro entusiasmo e la vostra allegria, comunicate a
quanti incontrate la gioia del Cristo risorto. Tutti vi benedico con
affetto.
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II. A LOS PARTICIPANTES
EN EL "SUPERCONGRESO DEL GRUPO "GEN 3" , Vaticano, 18
de mayo de 2002 Queridos muchachos y muchachas, Cristo os llama
a ser heraldos y testigos de esta espléndida verdad. Os
llama a ser apóstoles de su paz. Construid la paz
en todas las situaciones en las que os toque vivir
diariamente: en vuestra familia, en la escuela, entre vuestros
amigos, en el deporte, en el tiempo libre... Estad siempre
dispuestos a la escucha, al diálogo y a la comprensión. Conjugad
la valentía y la mansedumbre, la humildad y la tenacidad
en el bien. Aprended del Maestro divino que la verdad
no se defiende con la violencia, sino con la fuerza
de la verdad misma. En la escuela del Evangelio, mantened
siempre unidos la justicia y el perdón, porque la paz
verdadera es fruto de ambos. Animados por el Espíritu de
Jesús, amad a quien no os ama, y quered a
quien no os quiere, para que crezca en el mundo
el reino de Dios, que "es justicia, paz y gozo
en el Espíritu Santo" (Rm 14, 7).Queridos jóvenes, de este
modo seréis verdaderamente constructores de unidad y de paz.
DISCURSO DEL
SANTO PADRE JUAN PABLO II A LA ASOCIACIÓN DEPORTIVA DEL
FÚTBOL CLUB REAL MADRID Lunes 16 de septiembre de 2002 Señor Presidente, Señoras
y Señores: Me es grato recibir a los miembros de la
Junta Directiva, a los técnicos y deportistas del Fútbol Club
Real Madrid, así como a sus acompañantes. Agradezco las amables
palabras del Señor Presidente de la entidad, que ha querido
interpretar vuestros sentimientos. La Iglesia, como señalé durante el Jubileo de
los deportistas (29.X.2000), considera el deporte como un instrumento de
educación cuando fomenta elevados ideales humanos y espirituales; cuando forma
de manera integral a los jóvenes en valores como la
lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad y la paz.
El deporte, superando la diversidad de culturas e ideologías, es
una ocasión idónea de diálogo y entendimiento entre los pueblos,
para la construcción de la deseada civilización del amor. Os invito,
pues, a poner en práctica estos valores, basados en la
dignidad de la persona humana, frente a posibles intereses que
pueden ensombrecer la nobleza del deporte mismo. Que para ello
os acompañe siempre la protección maternal de la Virgen de
la Almudena, Patrona de Madrid. Al renovaros mi agradecimiento por
vuestra visita, os imparto con afecto mi Bendición Apostólica, que
hago extensiva a vuestras familias.
JUAN PABLO II, ÁNGELUS, Castelgandolfo,
Saludo a las “Sapientiadi”. Domingo 13 de julio de 2003
Al
final de esta semana tendrán lugar en Roma dos iniciativas
destinadas al mundo universitario: la primera edición de las
"Sapientiadi", juegos de deporte y cultura con motivo del séptimo
centenario de la Universidad "La Sapienza", y el Simposio sobre
"Universidad e Iglesia en Europa". A la espera de reunirme,
el sábado próximo, con los participantes, desde ahora les doy
una cordial bienvenida.
DISCORSO DI GIOVANNI PAOLO II ALLA DELEGAZIONE DELLA
NAZIONALE POLACCA DI CALCIO ED AGLI ATLETI DELLA NAZIONALE ITALIANA
DI CALCIO Martedì, 11 novembre 2003
Saluto con grande cordialità la delegazione
della Nazionale Polacca di Calcio e gli atleti della Nazionale
Italiana di Calcio, con i loro dirigenti e accompagnatori, in
particolare saluto il Presidente della Federazione Italiana Gioco Calcio, il
Sig. Franco Carraro. Alla vigilia della partita amichevole in programma
domani a Varsavia, voi, carissimi, avete voluto rendermi visita per
formularmi i vostri voti augurali. Vi ringrazio per questa gentile
iniziativa, e, mentre assicuro per ciascuno un ricordo nella preghiera,
tutti di cuore vi benedico.
ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II
A VARIOS GRUPOS DE PEREGRINOS, Sábado 13 de diciembre
de 2003 Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me
alegra mucho encontrarme con vosotros, y os doy a cada
uno mi cordial bienvenida. Saludo, en primer lugar, al presidente,
honorable Mario Pescante, y a los miembros de los cuarenta
y nueve Comités olímpicos europeos, que participan en la asamblea
anual del Comité olímpico internacional. Aprovecho esta ocasión para destacar,
una vez más, el valor y la importancia del deporte,
especialmente en la formación de la juventud. Europa es la
cuna del deporte moderno, que deriva de las competiciones de
los antiguos griegos, caracterizadas por el respeto recíproco y la
amistad. Que el conocido lema de las Olimpiadas modernas, "Citius,
altius, fortius", siga distinguiendo la práctica deportiva de las nuevas
generaciones.
2. Saludo, asimismo, al grupo de la Asociación italiana
de ópticos y al de la Asociación italiana para la
investigación de las enfermedades de los ojos. Que vuestra patrona
santa Lucía, cuya fiesta celebramos hoy, os ayude a realizar
siempre con gran esmero vuestra actividad en favor de quienes
tienen problemas de vista. Se trata de un importante servicio
que prestáis a la sociedad. 3. Por último, os dirijo
un saludo a vosotros, miembros del grupo "Interdis", y os
agradezco esta visita. Os doy las gracias también por el
generoso apoyo que dais a las iniciativas de caridad del
Papa en favor de los más necesitados.
Queridos hermanos, al
acercarse la santa Navidad, os expreso mis mejores deseos a
vosotros y a vuestros familiares, y aseguro a cada uno
un recuerdo en la oración. Os bendigo de corazón a
todos.
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL PRIMER GRUPO
DE OBISPOS DE FILIPINAS EN "VISITA AD LIMINA" Jueves 25
de septiembre de 2003 4. Así, de una manera muy
realista, la auténtica Iglesia de los pobres contribuye en gran
medida a la necesaria transformación de la sociedad, a la
renovación social basada en la visión y en los valores
del Evangelio. Esta renovación es un compromiso cuyos agentes principales
y fundamentales son los fieles laicos. Por eso, es preciso
proporcionar a los laicos los instrumentos necesarios para que desempeñen
con éxito ese papel. Esto supone una formación completa en
la doctrina social de la Iglesia, y un diálogo constante
con el clero y los religiosos sobre las cuestiones sociales
y culturales. Como pastores y guías espirituales, vuestra atención esmerada
a esas tareas contribuirá en gran medida al cumplimiento de
la misión "ad gentes" de la Iglesia, porque "en virtud
de la gracia y de la llamada del bautismo y
de la confirmación, todos los laicos son misioneros; y el
campo de su trabajo misionero es el mundo vasto y
complejo de la política, de la economía, de la industria,
de la educación, de los medios de comunicación, de la
ciencia, de la tecnología, de las artes y del deporte"
(Ecclesia in Asia, 45).
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II AL
QUINTO GRUPO DE OBISPOS DE FRANCIA EN VISITA "AD
LIMINA" Viernes 30 de enero de 2004 3. Para adaptar las
estructuras pastorales a las exigencias de la misión, la fisonomía
de vuestras diócesis se ha modificado profundamente. La perspectiva de
la eclesiología de comunión, que tiende a edificar la Iglesia
como casa y escuela de comunión, ha orientado, en parte,
vuestros proyectos pastorales. La disminución del número de sacerdotes no
es la única causa de las "reorganizaciones" pastorales que resultaban
necesarias. Al realizarlas, habéis constatado la reducción numérica de las
comunidades. En el aspecto positivo, esto ha permitido a algunos
laicos participar activamente en el dinamismo de su comunidad, tomando
conciencia de las dimensiones profética, real y sacerdotal de su
bautismo. Son numerosos los que han aceptado generosamente comprometerse en
la vida parroquial para asumir, bajo la responsabilidad del pastor
y respetando el ministerio ordenado, el deber de la evangelización,
así como el servicio de la oración y de la
caridad. Conozco la valentía apostólica que los anima, al
tener que afrontar la indiferencia y el escepticismo del
ambiente. Llevadles el saludo afectuoso del Sucesor de Pedro, que
los acompaña con su oración diaria.
Velad para que vivan,
en una interacción fecunda, tanto sus compromisos de laicos en
el seno de las comunidades cristianas como la dimensión profética
de su testimonio en el mundo, recordando que es importante
"la evangelización de las culturas, la inserción de la fuerza
del Evangelio en la familia, el trabajo, los medios de
comunicación social, el deporte y el tiempo libre, así como
la animación cristiana del orden social y de la vida
pública nacional e internacional" (Pastores gregis, 51). Para que este
testimonio sea fecundo, es importante que sea sostenido espiritualmente en
las parroquias y en las asociaciones de fieles. Por tanto,
todos, en la legítima diversidad de las sensibilidades eclesiales, han
de esforzarse siempre por participar plenamente en la vida diocesana
y parroquial, y por vivir en comunión con el obispo
diocesano. Así se realizará la comunión en torno a los
sucesores de los Apóstoles, y los obispos tienen la misión
de velar por ella. Os pido que llevéis mi más
afectuoso saludo a todos los fieles laicos comprometidos en los
movimientos y en los servicios eclesiales, sobre todo a los
que trabajan en el campo de la solidaridad y en
la promoción de la justicia, manifestando con su presencia en
los lugares de división de la sociedad la cercanía y
el compromiso de la Iglesia con las personas que sufren
enfermedad, exclusión, precariedad o soledad. Coordinando cada vez mejor sus
actividades, recuerdan sin cesar a las comunidades cristianas la exigencia
común de permanecer activamente presentes junto a todos los hombres
que sufren (cf. Christifideles laici, 53).
DISCURSO DEL PAPA JUAN
PABLO II A LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE AUSTRALIA EN VISITA
"AD LIMINA" Viernes 26 de marzo de 2004 3. El
testimonio de esperanza que da la Iglesia (cf. 1 P
3, 15) es especialmente fuerte cuando se reúne para el
culto. La misa dominical, por su especial solemnidad, por la
presencia obligatoria de los fieles y por celebrarse en el
día en que Cristo venció a la muerte, expresa con
gran énfasis la dimensión eclesial propia de la Eucaristía:
el misterio de la Iglesia se hace presente de un
modo más palpable (cf. Dies Domini, 34). En consecuencia, el
domingo es el "día supremo de la fe", "un día
indispensable", "el día de la esperanza cristiana".
Todo debilitamiento de
la observancia dominical de la santa misa debilita el seguimiento
de Cristo y ofusca la luz del testimonio de su
presencia en nuestro mundo. Cuando el domingo pierde su significado
fundamental y se subordina al concepto secular de "fin de
semana", dominado por cosas como el entretenimiento y el deporte,
la gente se encierra en un horizonte tan estrecho, que
ya no logra ver el cielo (cf. Dies Domini, 4).
En vez de sentirse verdaderamente satisfecha o revitalizarse, permanece atrapada
en una búsqueda sin sentido de la novedad y privada
de la frescura perenne del "agua viva" (Jn 4, 11)
de Cristo. Aunque la secularización del día del Señor os
causa naturalmente mucha preocupación, os puede consolar la fidelidad del
Señor mismo, que sigue invitando a su pueblo con un
amor que desafía y llama (cf. Ecclesia in Oceania, 3).
A la vez que exhorto a los queridos fieles de
Australia -y de modo especial a los jóvenes- a permanecer
fieles a la celebración de la misa dominical, hago mías
las palabras de la carta a los Hebreos: "Mantengamos
firme la confesión de la esperanza (...) sin abandonar vuestra
propia asamblea, (...) antes bien, animándoos" (Hb 10, 23-25).
A
vosotros, los obispos, os aconsejo que, como moderadores de la
liturgia, deis prioridad pastoral a programas catequísticos que instruyan
a los fieles sobre el verdadero significado del domingo y
los estimulen a observarlo plenamente. Para este fin, os remito
a mi carta apostólica Dies Domini. Describe la índole peregrina
y escatológica del pueblo de Dios, que puede quedar fácilmente
ofuscada hoy por una concepción sociológica superficial de la
comunidad. Como memoria de un acontecimiento pasado y celebración de
la presencia viva del Señor resucitado en medio de su
pueblo, el domingo también mira a la gloria futura de
su retorno y a la plenitud de la esperanza y
la alegría cristianas.
ADDRESS OF JOHN PAUL II TO MRS DORA
BAKOYIANNIS MAYOR OF ATHENS (GREECE) Saturday, 15 May 2004 I
am pleased to receive you, Madam Mayor, and welcome you
and the delegation you have brought with you. I express
the hope that the forthcoming celebration of the Olympic Games
in your city will be a demonstration of brotherhood for
all the participants, and a message of peace and "encounter"
for the public of spectators watching all over the world.
In this spirit, I invoke upon you and all of
the organizers of this event divine Blessings. Vaticano, 30 de mayo
de 2004, Solemnidad de Pentecostés
JOANNES PAULUS Iih5> El Vaticano crea
una nueva Oficina del Deporte Ciudad del Vaticano.- El Papa Juan
Pablo II, en vísperas de las Olimpiadas de Atenas, ha
decidido crear una «Oficina del Deporte», que funcionará al interior
del Pontificio Consejo de los Laicos. En el comunicado se
señala que el deporte «ocupa hoy un papel relevante, tanto
a nivel personal, como global». 30 de Mayo de 2004 El Santo
Padre ha asignado a la nueva sección «Iglesia y Deporte»,
entre otras, las siguientes tareas:
• Ser punto de referencia en
la Iglesia para las organizaciones deportivas nacionales e internacionales.
• Sensibilizar
a las iglesias locales respecto de la atención pastoral de
los ambientes deportivos.
• Proponer el estudio de temáticas específicas referidas
al deporte.
• Organizar y sostener iniciativas que ayuden a suscitar
testimonios de vida cristiana entre los deportistas. (ACI).
DISCURSO DE JUAN
PABLO II DURANTE EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES EN
EL PALACIO DE DEPORTES DE BERNA Sábado 5 de junio
de 2004 3. Pues bien, yo os digo a vosotros, queridos
jóvenes: No tengáis miedo de encontraros con Jesús. Más
aún, buscadlo en la lectura atenta y disponible de la
sagrada Escritura y en la oración personal y comunitaria; buscadlo
participando de forma activa en la Eucaristía; buscadlo acudiendo a
un sacerdote para el sacramento de la reconciliación; buscadlo en
la Iglesia, que se manifiesta a vosotros en los grupos
parroquiales, en los movimientos y en las asociaciones; buscadlo en
el rostro del hermano que sufre, del necesitado, del extranjero.
Esta búsqueda caracteriza la existencia de muchos jóvenes coetáneos vuestros
que se han puesto en camino hacia la Jornada mundial
de la juventud, que se celebrará en Colonia en el
verano del año próximo. Ya desde ahora os invito cordialmente
también a vosotros a esa gran cita de fe y
de testimonio. También yo, como vosotros, tuve veinte años. Me
gustaba hacer deporte, esquiar, declamar. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos
e inquietudes. En aquellos años, ya lejanos, en tiempos en
que mi patria se hallaba herida por la guerra y
luego por el régimen totalitario, buscaba dar un sentido a
mi vida. Lo encontré siguiendo al Señor Jesús. (S.S. Juan Pablo
II, Discurso a los muchachos de la Acción Católica italiana,
jueves 21 de diciembre, 2000)
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II A LOS MIEMBROS DEL CENTRO DEPORTIVO ITALIANO EN EL
60 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN. Sábado 26 de junio de
2004 Queridos amigos del Centro deportivo italiano:
1. Bienvenidos
a este encuentro, que recuerda el 60° aniversario de vuestra
benemérita institución, fundada para evangelizar el mundo del deporte en
Italia. Os acojo y saludo a todos con afecto. Saludo a
los prelados presentes y, en primer lugar, al cardenal Camillo
Ruini, presidente de la Conferencia episcopal italiana. Le expreso mi
agradecimiento, en particular, porque acaba de ilustrarme los programas y
los proyectos de vuestra asociación. Saludo a los dirigentes, a
los entrenadores, a los árbitros, a los animadores y a
los consiliarios. Dirijo un saludo cordial a monseñor Vittorio Peri,
consiliario nacional, y al presidente nacional, señor Edio Costantini. Os
saludo sobre todo a vosotros, queridos jóvenes atletas, y os
agradezco vuestra afectuosa acogida. 2. "Levántate" (Lc 7, 14). Quisiera
renovar en esta circunstancia la invitación del Señor al joven
de Naím, que fue el tema de mi reciente peregrinación
apostólica a Suiza, para reflexionar también con vosotros sobre el
sentido de vuestra misión en la Iglesia y en la
sociedad.
"Levántate", "escucha", "ponte en camino". Dirigí estas palabras a
los jóvenes reunidos en el Palacio de hielo de Berna
el pasado día 5 de junio. Os repito esa misma
invitación a vosotros, queridos amigos del Centro deportivo italiano. Cada
uno de vosotros está llamado a seguir a Cristo y
a ser su testigo en el ámbito deportivo.
Sois bien
conscientes de esta singular vocación, y, en el proyecto cultural
y deportivo de la asociación, afirmáis que no pretendéis que
vuestra presencia en la sociedad italiana tenga como objetivo sólo
la promoción del deporte, sino que queréis contribuir a responder
a los profundos interrogantes que se plantean las nuevas generaciones
sobre el sentido de la vida, su orientación y su
meta. Así, deseáis fomentar una mentalidad y una cultura deportiva
que "haciendo deporte" y no sólo "hablando de deporte" ayude
a redescubrir la verdad plena sobre la persona.
3. El
Centro deportivo italiano nació hace sesenta años con el fin
de proponer a los jóvenes, marcados entonces por las funestas
consecuencias de la segunda guerra mundial, la práctica del deporte
no sólo como fuente de bienestar físico, sino también como
ideal de vida valiente, positivo y optimista, como medio de
renovación integral de la persona y de la sociedad. Mi
venerado predecesor, el siervo de Dios Pío XII, pidió entonces
a vuestra asociación que fuera levadura de cristianismo en los
estadios, en los caminos, en los montes, en el mar,
dondequiera que se enarbole con honor vuestro estandarte (cf. Discurso
al Centro deportivo italiano, 1955).
A lo largo de los
años, queridos amigos, habéis tratado de manteneros fieles a esta
consigna, presentando el Centro deportivo italiano como escuela de auténtica
formación humana. Habéis trabajado para que niños, jóvenes y adultos
conocieran, a través de las diversas disciplinas deportivas, la riqueza
y la belleza del Evangelio. Les habéis ayudado a encontrar
a Jesús y a elegirlo como razón última de su
existencia.
4. Esta sigue siendo vuestra misión, y la sociedad
continúa necesitándola. El esfuerzo de vuestras sociedades deportivas por promover
el deporte como experiencia formativa en las parroquias, en la
escuela y en el territorio ayudará a las nuevas generaciones
a elegir y cultivar los valores auténticos de la vida:
el amor a la verdad y la justicia, el
gusto por la belleza y la bondad, la búsqueda de
la auténtica libertad y de la paz.
En nuestro tiempo,
el sistema del deporte parece a veces condicionado por las
lógicas del lucro, del espectáculo, del dopaje, de la combatividad
exasperada, y por episodios de violencia. También tenéis la misión
de anunciar y testimoniar la fuerza humanizadora del Evangelio con
respecto a la práctica del deporte que, si se vive
según la visión cristiana, se convierte en "principio generativo" de
relaciones humanas profundas y favorece la construcción de un mundo
más sereno y solidario.
Especialmente a vosotros, queridos jóvenes atletas,
os deseo que practiquéis el deporte con lealtad y sano
espíritu agonístico. Así, os ayudará a afrontar la ardua carrera
de la vida con valentía y honradez, con alegría y
confianza serena en el futuro.
Encomiendo al Señor, por intercesión
de María, a toda la familia del Centro deportivo italiano
y todos sus proyectos, a la vez que
con afecto os bendigo a todos.
JUAN PABLO II, ÁNGELUS. Domingo
8 de agosto de 2004 2. Dentro de algunos días
se inaugurará en Atenas la vigésima octava edición de los
Juegos olímpicos. Envío mi saludo cordial a las delegaciones oficiales,
a los representantes de las naciones, a los atletas y
a cuantos van a participar en las Olimpíadas. Deseo saludar
también con especial afecto a la ciudad de Atenas, recordando
la cordialidad con la que el pueblo griego me acogió
con ocasión de mi peregrinación tras las huellas del apóstol
san Pablo.
Deseo de corazón que en el mundo, hoy
turbado y a veces trastornado por numerosas formas de odio
y de violencia, el importante acontecimiento deportivo de los Juegos
constituya una ocasión de sereno encuentro y sirva para promover
el entendimiento y la paz entre los pueblos.
ENTREGA AL
SANTO PADRE DE LA LA "CARTA DE LOS JÓVENES CRISTIANOS
DE EUROPA" Jueves 2 de septiembre de 2004 ...”Nos comprometemos a
acoger a toda persona, a valorar las ocasiones de contacto
entre los pueblos que ya tenemos, y a crear nuevas
redes de relaciones que ayuden a superar las barreras culturales,
desarrollando la comprensión mutua a través de los lenguajes del
arte, la música, el deporte, la religión...”
DISCURSO DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE NUEVA ZELANDA EN
VISITA "AD LIMINA" Lunes 13 de septiembre de 2004
3. Todos los fieles de Aotearoa, por su vocación
bautismal, están llamados a compartir vuestro testimonio de la esperanza
que tiene la Iglesia (cf. 1 P 3, 15). No
existe mejor modo de hacerlo que la participación alegre en
el culto. La misa dominical, más que cumplimiento de una
solemne obligación, es una epifanía gloriosa de la Iglesia en
la que el pueblo santo de Dios, participando activa y
plenamente en la misma celebración litúrgica (cf. Dies Domini, 34),
testimonia "el día de la fe por excelencia", "un día
indispensable", "el día de la esperanza cristiana".
El debilitamiento de
la observancia de la misa dominical, del que cada uno
de vosotros ha hablado con profunda preocupación, disminuye la luz
del testimonio de la presencia de Cristo en vuestro país.
Cuando el domingo se subordina al concepto popular de "fin
de semana" y queda indebidamente dominado por la diversión y
el deporte, las personas, en vez de ser verdaderamente santificadas
y revitalizadas, quedan atrapadas en una búsqueda incesante, y a
menudo sin sentido, de novedad, y no experimentan la frescura
del "agua viva" de Cristo (Jn 4, 11). A este
respecto, citando las palabras de la carta a los Hebreos,
me uno a vosotros para exhortar a los laicos de
Nueva Zelanda, y de modo especial a los jóvenes, a
que permanezcan fieles a la celebración de la misa dominical:
"Mantengamos firme la confesión de la esperanza, (...) sin
abandonar vuestra propia asamblea, antes bien, animándonos" (Hb 10, 23-25).
MENSAJE DE JUAN PABLO II PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL
DEL TURISMO (27 DE SEPTIEMBRE DE 2004) Deporte y turismo: dos
fuerzas vitales para la comprensión mutua, la cultura y el
desarrollo de los países 1. Con motivo de la próxima
Jornada Mundial del Turismo, que se celebrará el próximo 27
de septiembre, me es grato dirigirme a todos los que
ejercen su labor en este sector de la actividad humana,
para ofrecer algunas reflexiones que destaquen los aspectos positivos del
turismo. Éste, como ya he indicado en otras ocasiones, contribuye
a incrementar la relación entre personas y pueblos, que, cuando
es cordial, respetuosa y solidaria, es como una puerta abierta
a la paz y la convivencia. En efecto, muchas de las
situaciones de violencia que sufre la humanidad en nuestros tiempos
tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el
rechazo de los valores y la identidad de las culturas
ajenas. Por eso, podrían superarse tantas veces mediante un mejor
conocimiento recíproco. En este contexto, pienso también en los millones
de emigrantes, que han de participar en la sociedad que
los acoge basándose sobre todo en el aprecio y reconocimiento
de la identidad de cada persona o grupo. La Jornada Mundial
del Turismo, por tanto, no sólo ofrece de nuevo la
oportunidad de afirmar la aportación positiva del turismo a la
construcción de un mundo más justo y pacífico, sino también
de profundizar en las condiciones concretas en que se gestiona
y practica. A este respecto, la Iglesia no puede dejar
de reiterar una vez más el núcleo de su visión
del hombre y de la historia. En efecto, el principio
supremo que debe regir la convivencia humana es el respeto
a la dignidad de cada uno, creado a imagen de
Dios y, por tanto, hermano de todos los demás. Este principio
debería guiar toda la actividad política y económica, como ha
sido puesto de relieve en la Doctrina Social de la
Iglesia, e inspirar también la convivencia cultural y religiosa. 2. Este
año el tema de la Jornada es «Deporte y turismo:
dos fuerzas vitales para la comprensión mutua, la cultura y
el desarrollo de los países». Deporte y turismo hacen referencia
ante todo al tiempo libre, en el que se han
de fomentar actividades que ayuden al desarrollo físico y espiritual.
Pero hay numerosas situaciones en que turismo y deporte se
entrelazan de manera específica y se condicionan recíprocamente, como cuando
el deporte se convierte precisamente en el motivo determinante para
desplazarse tanto dentro del propio país, como por el extranjero. En
efecto, deporte y turismo están estrechamente unidos en los grandes
acontecimientos deportivos en los que participan los países de una
región o de todo el mundo, como en los Juegos
Olímpicos, que no han de renunciar a su alta vocación
de avivar ideales de convivencia, comprensión y amistad. Pero también
en muchos otros casos menos espectaculares, como en las actividades
deportivas de ámbito escolar o de las asociaciones del propio
barrio o localidad. En otros casos, practicar un determinado deporte
es precisamente lo que motiva programar un viaje o unas
vacaciones. Es, pues, un fenómeno que atañe tanto a
los deportistas de élite, a sus equipos y seguidores, como
a modestos clubes sociales, así come también a muchas familias,
jóvenes y niños y, en fin, a cuantos hacen del
ejercicio físico uno de los motivos importantes de su viaje. Al
tratarse de una actividad humana que implica a tantas personas,
no es de extrañar que, no obstante la nobleza de
los objetivos proclamados, se produzcan también en muchos casos abusos
y desviaciones. No se puede ignorar, entre otros fenómenos, el
mercantilismo exacerbado, la competitividad agresiva, la violencia contra las personas
y las cosas, hasta llegar incluso a la degradación del
medio ambiente o la ofensa a la identidad cultural de
quien acoge. 3. El Apóstol san Pablo proponía a los cristianos
de Corinto la imagen del atleta para ilustrar la vida
cristiana, como ejemplo de esfuerzo y de constancia (cf 1
Co 9,24-25). En efecto, la práctica correcta del deporte debe
estar acompañada por la templanza y la educación a la
renuncia; con mucha frecuencia requiere también un buen espíritu de
equipo, actitudes de respecto, aprecio de las cualidades de los
demás, honestidad en el juego y humildad para reconocer las
propias limitaciones. El deporte, en fin, especialmente en sus formas menos
competitivas, invita a una celebración festiva y a la convivencia
amistosa. También el cristiano puede encontrar en el deporte una ayuda
para desarrollar las virtudes cardinales – fortaleza, templanza, prudencia
y justicia – en la carrera por la corona “que
no se marchita”, como escribe san Pablo. 4. Ciertamente, el turismo
ha dado un poderoso impulso a la práctica del deporte.
Las facilidades que ofrece, e incluso las muchas actividades que
promueve o patrocina por iniciativa propia, han incrementado de hecho
el número de quienes aprecian el deporte y lo practican
en su tiempo libre. De este modo, se han multiplicado las
ocasiones de encuentro entre pueblos y culturas diversas en un
clima de buen entendimiento y de armonía. Por ello, sin dejar
de prestar la debida atención a las desviaciones que lamentablemente
siguen produciéndose, deseo exhortar encarecidamente y con renovada esperanza a
promover «un deporte que tutele los débiles y no excluya
a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la
apatía y de la indiferencia, y suscite en ellos un
sano espíritu de competición; un deporte que sea factor de
emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar
la intolerancia y a construir un mundo más fraterno y
solidario; un deporte que contribuya a hacer que se ame
la vida y que eduque al sacrificio, al respeto y
a la responsabilidad, llevando a una plena valorización de cada
uno” (En el Jubileo de los deportistas, 29-10-2000, n 3) Con
estas consideraciones, invito a los que están relacionados con el
deporte desde el propio campo del turismo, a los deportistas
y a todos los que lo practican en sus viajes,
a proseguir sus esfuerzos para alcanzar estos nobles objetivos, a
la vez que invoco sobre cada uno de ellos abundantes
bendiciones divinas. Vaticano, 30 de mayo de 2004, Solemnidad de Pentecostés.
DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A LA ASAMBLEA PLENARIA DEL
CONSEJO PONTIFICIO PARA LOS LAICOS. Jueves 25 de noviembre de
2004 Señores cardenales;venerados hermanos en el episcopado y en el
sacerdocio;amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra acogeros con
ocasión de la asamblea plenaria del Consejo pontificio para los
laicos. Saludo con viva cordialidad al presidente, monseñor Stanislaw Rylko,
y le doy las gracias por las palabras que me
ha dirigido en vuestro nombre. Saludo a los miembros y
a los consultores, a los oficiales y al personal de
este dicasterio, que con esmero cumple su misión encaminada a
revitalizar en los bautizados, mediante numerosas iniciativas, la conciencia de
su identidad y su vocación cristiana.
2. Pienso, por ejemplo,
en el encuentro de católicos de Europa del este, organizado
el año pasado en Kiev, Ucrania, que puso de relieve
el papel que han desempeñado los fieles laicos en la
reconstrucción espiritual y material de aquellas naciones después de tantos
años de totalitarismo ateo.
Conozco también la solicitud de vuestro
Consejo pontificio por la "nueva fase asociativa" de los
laicos, que se caracteriza por una colaboración más estrecha entre
las diversas asociaciones, comunidades y movimientos. Al respecto, el "Catálogo
de las asociaciones internacionales de fieles" es un instrumento valioso.
También me han informado sobre los primeros pasos de la
sección "Iglesia y deporte", recientemente instituida, así como de los
consoladores frutos del Foro internacional de los jóvenes sobre la
pastoral universitaria.
Por otra parte, no puedo por menos de
referirme a la intensa preparación de la Jornada mundial de
la juventud, que se celebrará en Colonia (Alemania), en agosto
de 2005. Esta cita, que tiene por tema: "Hemos
venido a adorarlo" (Mt 2, 2), estimula a toda
la Iglesia, y especialmente a los jóvenes, a ponerse en
camino como los Magos para encontrarse con el Dios hecho
hombre por nuestra salvación.
3. Terminado el ciclo de las
asambleas dedicadas a los sacramentos de la iniciación cristiana, con
esta plenaria comenzáis a reflexionar sobre la parroquia, tema que
trataréis durante los próximos años.
La primera etapa, como puede
verse en la agenda de trabajo, consiste en ayudar a
los fieles laicos a redescubrir el verdadero rostro de la
parroquia, "expresión más visible e inmediata" de la Iglesia que
"vive entre las casas de sus hijos y de sus
hijas" (Christifideles laici, 26). La parroquia es la célula vital
en la que se realiza naturalmente la participación de los
laicos en la edificación y en la misión de la
Iglesia en el mundo. Es presencia que invita constantemente a
todo hombre a confrontarse con el sentido último de la
vida; es puerta abierta a todos, para que cada uno
pueda acceder al camino de la salvación. En una palabra,
la parroquia es el lugar por excelencia del anuncio de
Cristo y de la educación en la fe. Precisamente por
eso necesita renovarse constantemente para llegar a ser verdadera "comunidad
de comunidades", capaz de una acción misionera verdaderamente incisiva.
4.
Por último, en este año dedicado a la Eucaristía, no
podemos por menos de recordar que la Eucaristía es el
corazón de la parroquia, fuente de su misión y presencia
que la renueva continuamente. En efecto, la parroquia es "una
comunidad de bautizados que expresan su identidad principalmente por la
celebración del sacrificio eucarístico" (Ecclesia de Eucharistia, 32).
Amadísimos hermanos
y hermanas, deseo de corazón que la reflexión sobre la
parroquia, que el Consejo pontificio para los laicos comienza con
esta reunión, ayude a todos a comprender aún más que
la comunidad parroquial es lugar del encuentro con Cristo y
con los hermanos. Os acompaño con la oración, a la
vez que os encomiendo a vosotros y a vuestros seres
queridos a la protección materna de María, Madre de Dios
y Madre de la Iglesia.
Con estos sentimientos, os bendigo
a todos.
ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL CLUB
DE FÚTBOL DE CRACOVIA. Martes 4 de enero de 2005
Os saludo cordialmente a todos. Me alegra poder acoger a
los representantes de un club tan insigne, que ya desde
hace cien años se inscribe en el panorama de nuestra
ciudad. Sé que durante este siglo ha habido años de
esplendor, pero no han faltado tampoco períodos difíciles. Me agrada
saber que en los últimos años se han obtenido nuevos
éxitos. Deseo que sean cada vez más. El Cracovia debe
dar testimonio de que el deporte, formando el carácter y
enseñando la nobleza en la competición y la solidaridad en
el esfuerzo, puede ser expresión de los más altos valores
humanos y sociales. Dios os bendiga.
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO
II A UNA REPRESENTACIÓN DE LA SOCIEDAD ITALIANA FERRARI. Lunes
17 de enero de 2005 Amadísimos hermanos y hermanas:
1.
Me alegra acogeros a cada uno de vosotros, representantes de
la gran "familia" de la Ferrari que, a lo largo
de los años, ha cosechado éxitos y trofeos. En particular,
me congratulo con vosotros por la victoria en el reciente
campeonato mundial.
Os saludo con afecto a todos: dirigentes,
pilotos y técnicos, que habéis venido a entregarme el "modelo"
del coche de fórmula uno. Saludo especialmente al presidente Luca
de Montezemolo, y le agradezco las palabras que me ha
dirigido en vuestro nombre. Dirijo un saludo afectuoso a los
oficiales, a los obreros y a los que desde Maranello
están unidos a nosotros a través de la televisión. A
todos llegue mi más cordial saludo.
2. Queridos amigos de
la Ferrari, vuestra presencia me brinda la oportunidad de poner
de relieve cuán importante es el deporte también en la
sociedad actual. La Iglesia considera la actividad deportiva, practicada con
pleno respeto de las reglas, un valioso instrumento educativo, especialmente
para las jóvenes generaciones.
Además, la Ferrari, como acaba de
destacar vuestro presidente, es una singular "comunidad de hombres" en
la que existe un gran entendimiento. Sus notables resultados deportivos
e industriales se deben sobre todo al entusiasmo que deriva
del espíritu comunitario. Queridos hermanos, seguid cultivando este estilo de
trabajo, y que el crecimiento constante en la solidaridad sea
uno de vuestros objetivos principales. Así, difundiréis los
valores del deporte y contribuiréis, al mismo tiempo, a construir
una sociedad más justa y solidaria.
3. Con
estos sentimientos, a la vez que os aseguro a vosotros
y a vuestras familias un recuerdo particular en la oración,
imparto de buen grado a todos mi bendición --------------------------------------- Envie sus comentarios,
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