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Autor: Juan Pablo II | Fuente: www.vatican.vat Juan Pablo II y el Deporte (3)
Mensajes, discursos e intervenciones del Papa Juan Pablo II, sobre el Deporte, durante los años 1986 a 1999
Mensaje de S.S. Juan Pablo II a los
dirigentes, técnicos y jugadores del equipo italiano de fútbol «Milán»
y a sus familiares. 20 de diciembre de 1986
Muy estimados
amigos del club de fútbol "Milán": Os agradezco la visita que
habéis querido hacerme, con ocasión de vuestro desplazamiento a Roma
para un partido del campeonato. Saludo a todos y cada
uno de vosotros: a los dirigentes, a los deportistas, a
los técnicos y acompañantes, y a vuestros familiares. Sed todos
bienvenidos. Vuestra presencia aquí me lleva con el pensamiento a los
viajes pastorales que ha efectuado a la gran capital lombarda,
a la imagen de la Virgen que desde la catedral
domina la ciudad, y al mismo tiempo me lleva también
a las fuertes tradiciones de trabajo, cultura y fe de
la población milanense. Os expreso mi estima por las dotes profesionales
que destacan en vosotros, y a la vez mi aprecio
por las bellas tradiciones de vuestro club. En efecto, pienso
en los miles de aficionados que en torno a vosotros
siguen con actitud de simpatía vuestras vicisitudes. Vosotros sois el centro
de la atención de esas personas que os admiran; comportaos
de forma que dichas personas siempre puedan apreciar en vosotros
las cualidades morales de un grupo comprometido de deportistas. Un
equipo no sólo es fruto de condiciones y prestancia física;
sino que es también el resultado de una rica serie
de virtudes humanas, de las cuales sobre todo depende el
éxito: el entendimiento, la colaboración y la capacidad de amistad
y de diálogo; en una palabra, los valores espirituales, sin
los cuales el equipo no existe y no es eficaz.
Os exhorto a ser vigilantes a fin de que dichas
virtudes, que os caracterizan y os valoran ante los deportistas,
no sean descuidadas por vosotros. Con estas cualidades morales contribuid
a restituir la verdadera razón de ser al mundo del
deporte, hoy no raramente atormentado por fenómenos de una fea
violencia o de una especulación deshonesta. Se tratará de demostrar
a las enormes muchedumbres que siguen vuestro trabajo que cada
deportista, antes de ser un individuo dotado de músculos fuertes
y de rápidos reflejos, es ciertamente una persona humana, en
grado de trascender cualquier reducido condicionamiento en virtud de su
inteligencia, de su libertad y por tanto también capaz de
demostrar con sus acciones lo que objetivamente está de acuerdo
con la justicia, la verdad y el bien. Jamás, pues,
entre vosotros vengan a menos la satisfacción de la fraternidad,
el respeto recíproco, la generosidad y el perdón, si es
necesario en la leal comprensión mutua. ¡Procurad que el hombre
jamás sea sacrificado por el deportista! Exaltad siempre todo lo
que es auténticamente bueno, mediante un leal testimonio de los
valores exigidos por el auténtico deporte; y no temáis dar
a conocer, con serenidad y equilibrio, al mundo de vuestros
admiradores los principios morales y religiosos en los que se
debe inspirar toda vuestra vida. Con estos pensamientos y ante la
proximidad de las fiestas navideñas, os doy a todos vosotros
mi cordial felicitación. Que Jesucristo, verbo de Dios, hecho carne
para ser el punto de encuentro de los hombres con
Dios, inspire todos vuestros programas de vida. Con estos sentimientos imparto
mi bendición a vosotros, a vuestras familias y a vuestros
seres queridos
Discurso de S.S. Juan Pablo II a la Sociedad
Deportiva Italiana Lazio. 5 de enero de 1987
Estoy contento de
saludaros a vosotros, dirigentes, técnicos y atletas de la sociedad
futbolística "Lazio". Os agradezco la gentileza de haber venido aquí,
juntamente con vuestros familiares; de corazón os doy a todos
mi bienvenida. Encontrar una asociación como la vuestra, cuyo nombre es
tan conocido y cuyo territorio pertenece también a la diócesis
del Obispo de Roma, es para mí motivo de satisfacción;
y me da la ocasión de expresar los más férvidos
auspicios de que mantengáis siempre en alto el símbolo de
vuestros colores, mediante un empeño cada vez mayor de honrarle,
aún a costa de renuncias. Y esto resulta necesario no sólo
para conseguir éxitos en el plano competitivo y, por tanto,
para proporcionaros a vosotros y a vuestros admiradores legítimas satisfacciones;
sino también porque el deporte se vería privado de su
específico mensaje espiritual, si no se basara y tomara fuerza
e inspiración en aquellos valores que precisamente llevan consigo un
espíritu de sacrificio, o sea: la lealtad, el dominio de
sí, la prudencia, el respeto a la persona del rival,
etc. De este modo el deporte, y el fútbol en
particular, se convierte en una palestra de adiestramiento de la
voluntad, una escuela de promoción humana y espiritual que la
Iglesia no cesa de reafirmar en sus enseñanzas. A este
propósito también la Constitución Conciliar Gaudium et spes ha puesto
de relieve que el deporte es importante, porque "los hombres
se enriquecen con el mutuo conocimiento", y también porque "ayuda
a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la comunidad, y
a establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas las
clases, naciones y razas"(n. 61). Amadísimos atletas: Estoy seguro de que
también para vosotros la práctica del deporte no dejará de
secundar estas reflexiones y de llevaros a una maduración interior
que sirva también para incrementar el rendimiento físico. Os deseo
que la práctica de las competiciones deportivas eleve vuestro espíritu
a nobles objetivos y lo libere de toda forma de
egoísmo y de desaliento. Os renuevo las expresiones de mi estima
y de mi aliento, y os prometo una oración por
vuestros seres queridos aquí presentes y por los que están
en casa. Imparto a todos mi bendición.
Palabras de S.S. Juan Pablo
II a los jugadores del equipo nacional de Argentina y
al equipo de la Sociedad Deportiva «Roma». 22 de marzo
de 1987
Me es grato daros mi cordial bienvenida, dirigentes y
jugadores del equipo nacional de fútbol argentino, que habéis venido
a esta ciudad para disputar un encuentro amistoso con el
equipo "Roma", que actualmente está celebrando el sexagésimo aniversario de
su fundación. En esta circunstancia deseo expresar mi felicitación al equipo
argentino que ha alcanzado las más altas metas en el
ámbito del deporte futbolístico mundial. Por ello, esta audiencia me
ofrece la ocasión para manifestaros el interés de la Iglesia
por los aspectos sociales y morales que las competiciones deportivas
suponen para las relaciones interpersonales y los encuentros internacionales, destinados
a promover y acrecentar lazos de amistad y de convivencia
pacífica entre los pueblos. Como bien enseña el Concilio Vaticano II:
"Los ejercicios y manifestaciones deportivas...ayudan a conservar el equilibrio espiritual,
incluso de la comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre
hombres de todas las clases, naciones y razas" (Gaudium et
spes, 61). Para que estos deseos se vayan convirtiendo en feliz
realidad, y como prenda de abundantes dones divinos os imparto
mi bendición apostólica, que extiendo con afecto a vuestras familias
y a vuestros conciudadanos, con quienes tendré el gusto de
encontrarme en mi próxima visita pastoral a vuestra patria. Y
ahora dirijo mi saludo también a los dirigentes y jugadores
de la Sociedad deportiva Roma , que celebran el 60
aniversario de la fundación de la sociedad "gualda-roja". Me uno a
vuestra alegría y os exhorto a perseverar en la perspectiva,
siempre viva en vuestra sociedad, de conceder amplio espacio a
expresiones significativas y valientes de hermandad y amistad. Junto con
la eficacia y el éxito, exaltad siempre en todas las
competiciones los valores morales que acompañan al auténtico deportista, es
decir, el comportamiento maduro y prudente, el autocontrol, el equilibrio
interior. Os pido además que manifestéis siempre, en todas las circunstancias,
el espíritu cristiano que anima vuestra conciencia de creyentes y
que sabe exaltar los sentimientos de lealtad, concordia, solidaridad fraterna,
indispensables para que toda manifestación deportiva sea verdaderamente humana y
constructiva. Estoy seguro de que afrontaréis con este espíritu el encuentro
amistoso de mañana, fiesta de San José, y deseo que
con la protección de este gran Santo se pueda garantizar
siempre en el mundo del deporte la cordialidad viva y
el espíritu pacífico y amistoso que unen a todos los
verdaderos deportistas en una familia única, grande y serena. Con estos
deseos, os bendigo de corazón.
CARTA APOSTÓLICA IUVENUM PATRIS DEL
SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II EN EL CENTENARIO DE LA
MUERTE DE SAN JUAN BOSCOA don Egidio Viganò, rector mayor
de la Sociedad de san Francisco de Sales, en el
centenario de la muerte de san Juan Bosco. Roma, junto
a San Pedro, 31 de enero, memoria de San Juan
Bosco de 1988, año X de nuestro pontificado.
12. En
fin, desde el punto de vista metodológico, el "amor". Se
trata de una actitud cotidiana, que no es simple amor
humano ni sólo caridad sobrenatural. Denota una realidad compleja e
implica disponibilidad, criterios sanos y comportamientos adecuados. El amor se traduce
a dedicación del educador como persona totalmente entregada al bien
de los educandos, estando con ellos, dispuesta a afrontar sacrificios
y fatigas por cumplir su misión. Ello requiere estar verdaderamente
a disposición de los jóvenes, profunda concordancia de sentimientos y
capacidad de diálogo. Es típica y sumamente iluminadora su expresión:
"Aquí, con vosotros, me encuentro a gusto; mi vida es
precisamente estar con vosotros" [19]. Con acertada intuición dice de
modo explícito: Lo importante es "no sólo querer a los
jóvenes, sino que se den cuenta de que son amados"
[20]. El educador auténtico, pues, participa en la vida de los
jóvenes, se interesa por sus problemas, procura entender cómo ven
ellos las cosas, toma parte en sus actividades deportivas y
culturales, en sus conversaciones; como amigo maduro y responsable, ofrece
caminos y metas de bien, está pronto a intervenir para
esclarecer problemas, indicar criterios y corregir con prudencia y amable
firmeza valoraciones y comportamientos censurables. En tal clima de "presencia
pedagógica" el educador no es visto como "superior", sino como
"padre, hermano y amigo" [21]. En esta perspectiva, son muy importantes
las relaciones personales. Don Bosco se complacía en utilizar el
término "familiaridad" para definir cómo tenía que ser el trato
entre educadores y jóvenes. Su larga experiencia le había llevado
a la convicción de que sin familiaridad es imposible demostrar
el amor, y que sin tal demostración no puede surgir
la confianza, condición imprescindible para el buen resultado de la
educación. El cuadro de objetivos, el programa y la orientación
metodológicas sólo adquieren concreción y eficacia, si llevan el sello
de un "espíritu de familia" transparente, o sea, si se
viven en ambientes serenos, llenos de alegría y estimulantes. A propósito
de esto conviene recordar, por lo menos, el amplio espacio
y dignidad que daba el Santo al aspecto recreativo, al
deporte, a la música y al teatro o —como solía
decir— al patio. Aquí, en la "espontaneidad y alegría de
las relaciones, es donde el educador perspicaz encuentra modos concretos
de intervención, tan rápidos en la expresión como eficaces por
la continuidad y el clima de amistad en que se
realizan [22]. El trato, para ser educativo, requiere interés continuo
y profundo, que lleve a conocer personalmente a cada uno
y, simultáneamente, los elementos de la condición cultural que es
común a todos. Se trata de una inteligente y afectuosa
atención a las aspiraciones, a los juicios de valor, a
los condicionamientos, a las situaciones de vida, a los modelos
ambientales, y a las tensiones, reivindicaciones y propuestas colectivas. Se
trata de comprender la necesidad urgente de formar la conciencia
y el sentido familiar, social y político, de madurar en
el amor y en la visión cristiana de la sexualidad,
de la capacidad crítica y de la conveniente ductilidad en
el desarrollo de la edad y de la mentalidad, teniendo
siempre muy claro que la juventud no es sólo momento
de paso, sino tiempo real de gracia en que construir
la personalidad. También hoy, aunque el contexto cultural diverso y hasta
con jóvenes de religión no cristiana, tal característica constituye uno
de los muchos aspectos válidos y originales de la pedagog
Roma, junto a San Pedro, 31 de enero, memoria de
San Juan Bosco de 1988, año X de nuestro pontificado. [22]
Acerca de la relación entre esparcimiento y educación según el
pensamiento y la praxis de Juan Bosco, todos saben que
los oratorios salesianos se distinguen por el gran espacio de
tiempo reservado al deporte, teatro, música y a todo género
de iniciativas de recreo sano y formativo.
No
hay verdadero compromiso con la Patria sin el cumplimiento de
los propios deberes y obligaciones en la familia, en la
universidad, en la fábrica o en el campo, en el
mundo de la cultura y el deporte, en los diversos
ambientes donde la Nación se hace realidad y la sociedad
civil entreteje la progresiva creatividad de la persona humana. No
puede haber compromiso con la fe sin una presencia activa
y audaz en todos los ambientes de la sociedad en
los que Cristo y la Iglesia se encarnan. Los cristianos
deben pasar de la sola presencia a la animación de
esos ambientes, desde dentro, con la fuerza renovadora del Espíritu
Santo.
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES
EN EL CONGRESO EUROPEO DE CAPELLANES UNIVERSITARIOS Viernes 1 de
mayo de 1998.
Deseo saludar, asimismo, a los capellanes universitarios procedentes
de Polonia y de los demás países de Europa central.
También yo podría formar parte de vuestro grupo, pues, como
se dice en el mundo del deporte, soy un «veterano»,
o, en lenguaje académico, un «senior».
JUAN PABLO II AUDIENCIA
GENERAL Saludos a periodistas deportivos de Chile y Argentina. Miércoles
27 de junio de 1990
Amadísimos hermanos y hermanas: Deseo ahora presentar
mi más cordial saludo a todos los peregrinos y visitantes
de lengua española presentes en esta audiencia. En particular, al
numeroso grupo de periodistas procedentes de Argentina y Chile, que
se encuentran en Italia con ocasión del Campeonato Mundial de
fútbol, a quienes aliento a hacer de su actividad profesional
un servicio a la fraternidad entre los pueblos y a
las virtudes humanas de la sana competición y el deporte
Discurso
de S.S. Juan Pablo II a los participantes en un
torneo de esquí 14 de septiembre de 1991.
Queridos amigos: Me da
mucho gusto recibir a los miembros del Comité Olímpico nacional
italiano y a los participantes en el torneo de esquí
acuático de «Maestros italianos en memoria de Marco Merlo». Agradezco
al señor Aldo Franchi, presidente de la Federación italiana de
esquí acuático, sus amables palabras de presentación. Os saludo a
todos vosotros y os deseo éxitos en vuestro campeonato. El hecho
de que procedáis de muchos países hace que vuestro encuentro
sea una ocasión magnífica para reunir a gente de diversos
ambientes y para construir una amistad más allá de todas
las barreras de raza, cultura o experiencia política. Os une,
ante todo, vuestro interés por el deporte. Compartís la pasión
por el esquí acuático, que ha llegado a ser una
fuente dinámica de comunicación y contacto entre vosotros mismos. Vuestras
actividades deportivas hacen que se desarrollen determinadas cualidades en cada
uno de vosotros, os impulsan a dar lo mejor de
vosotros mismos, tanto en el aspecto físico como en la
competición deportiva, y os invitan constantemente a descubrir los lazos
que os unen a los demás. En efecto, los deportes
son un medio muy eficaz para suscitar la estima y
el respeto mutuos, la solidaridad humana, la amistad y la
buena voluntad entre los individuos. La Iglesia valora y respeta los
deportes que son verdaderamente dignos de la persona humana. Son
tales cuando favorecen el desarrollo ordenado y armonioso del cuerpo
al servicio del espíritu y cuando dan lugar a una
competición inteligente y formativa que promueve el interés y el
entusiasmo, y son fuente de esparcimiento placentero. Os animo a
seguir siempre este ideal, de forma que vuestra dedicación al
deporte se desarrolle en armonía con el fortalecimiento de los
valores más elevados, que os darán dignidad y estatura moral
ante vosotros mismos y ante los ojos de quienes siguen
vuestras actuaciones. Los antiguos romanos concedieron gran importancia al valor educativo
que revisten los deportes y las competiciones. La tradición cristiana
utilizó a menudo la metáfora de la competición atlética para
describir el esfuerzo por alcanzar la virtud y la fidelidad
a Cristo. San Pablo habla de su vida como una
carrera en la que resulta vital alcanzar la meta final
(cf. 1 Co 9,24-27). Espero que vuestra visita os impulse
a esforzaros aún más por alcanzar los ideales más elevados
de la solidaridad humana y de la fidelidad en vuestras
relaciones con Dios, nuestro Creador y Redentor. Que su bendición
esté con vosotros y vuestras familias.
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO
II A UNA DELEGACIÓN DEL «FÚTBOL CLUB BARCELONA». Viernes 14
de mayo de 1999.
Señor presidente;señoras y señores: 1. Me
es grato recibir a los miembros de la Junta directiva
y deportistas de las distintas secciones del «Fútbol club Barcelona»,
que este año festeja su centenario. Agradezco al señor José
Luis Núñez, presidente de la entidad, sus amables palabras, a
la vez que saludo cordialmente a todos los presentes. Me
complace que entre los actos conmemorativos de esta efeméride hayáis
querido tener este encuentro con el Papa. Vuestra presencia evoca
en mí el recuerdo de vuestra bella ciudad, laboriosa y
rica de cultura, que tuve la dicha de visitar en
1982, celebrando precisamente la santa misa en el «Nou Camp»,
estadio que es testigo de vuestras competiciones deportivas, y donde
se me entregó el carné de socio de vuestro club.
2. Vosotros sois exponentes de una actividad deportiva, que cada
fin de semana congrega a tanta gente en los estadios
y a la que los medios de comunicación social dedican
grandes espacios. Por eso mismo, tenéis una responsabilidad especial. Desde
el afecto, no exento de admiración, que siento hacia los
deportistas, os animo a seguir dignificando el mundo del deporte,
aportando al mismo no sólo lo mejor de vuestras fuerzas
físicas en las diversas especialidades deportivas, sino también y sobre
todo promoviendo las actitudes que brotan de las más nobles
virtudes humanas: la solidaridad, la lealtad, el comportamiento correcto y
el respeto por los otros, que han de ser considerados
como competidores y nunca como adversarios o rivales. Así mismo,
es necesario fomentar la buena voluntad, la paciencia, la perseverancia,
el equilibrio, la sobriedad, el espíritu de sacrificio y el
autodominio, elementos fundamentales de todo compromiso deportivo, que aseguran éxito
y clase al atleta. Sobre esta base se desarrollan las
virtudes cristianas cuando estos valores se asumen con auténtica adhesión
interior y se animan con el amor de Cristo. Estoy
convencido de que el deporte, cuando no se convierte en
un mito, es un factor importante de educación moral y
social, tanto a nivel personal como comunitario. A este respecto
el concilio Vaticano II enseña que «los ejercicios y manifestaciones
deportivas ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la
colectividad, y a establecer relaciones fraternas entre los hombres de
toda condición, nación o de diferente raza» (Gaudium et spes,
61). 3. Queridos representantes del «Barça»: este encuentro me ha
ofrecido la oportunidad de recordaros algunas consideraciones sobre el mundo
del deporte, en el que vuestro club tiene un papel
destacado desde hace cien años. Al felicitaros por ese centenario,
os invito a poner en práctica un renovado esfuerzo, noble
y enriquecedor, en este sentido. Y ello, no sólo para
alcanzar un mejor éxito a nivel competitivo, que dé legítima
satisfacción a vuestros seguidores, sino para que los encuentros deportivos
favorezcan cada vez más las relaciones interpersonales, estableciendo verdaderos lazos
de amistad y convivencia pacífica entre todos los pueblos. 4.
Deseo que vuestras actividades deportivas sean iluminadas por estas reflexiones.
Mi augurio en este año del centenario es que la
participación en los diversos torneos eleve vuestro espíritu hacia metas
más altas. Que en este esfuerzo de crecimiento espiritual y
moral os acompañe siempre la materna protección de la Virgen
de la Merced, patrona de Barcelona, que tantas veces os
ha acogido para ofrecerle vuestros trofeos. Al renovaros mi agradecimiento
por vuestra visita, de corazón os imparto mi bendición apostólica,
que hago extensiva a vuestras familias.
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL «ECCLESIA
IN ASIA» Nueva Delhi, India, 6 de noviembre de 1999,
vigésimo segundo año de su pontificado
Los laicos 45. Como indica
claramente el concilio Vaticano II, la vocación laical inserta sólidamente
a los laicos en el mundo, para que cumplan las
tareas más diversas, estando llamados a difundir en él el
evangelio de Jesucristo(219) . En virtud de la gracia y
de la llamada del bautismo y de la confirmación, todos
los laicos son misioneros; y el campo de su trabajo
misionero es el mundo vasto y complejo de la política,
de la economía, de la industria, de la educación, de
los medios de comunicación, de la ciencia, de la tecnología,
de las artes y del deporte. En muchos países del
continente, los laicos ya están actuando como auténticos misioneros, llegando
a sus paisanos, que de otra manera nunca habrían tenido
contacto con el clero o con los religiosos(220) . Les
expreso la gratitud de toda la Iglesia y aliento a
todos los laicos a que asuman el papel que les
corresponde en la vida y en la misión del pueblo
de Dios, como testigos de Cristo dondequiera que se encuentren. A
los pastores compete la tarea de asegurar que los laicos
se formen como evangelizadores capaces de afrontar los desafíos del
mundo contemporáneo, no sólo con la sabiduría y la eficiencia
del mundo, sino también con un corazón renovado y fortalecido
por la verdad de Cristo(221) . Testimoniando el Evangelio en
todos los ámbitos de la vida social, los fieles laicos
pueden desempeñar un papel único para erradicar la injusticia y
la opresión, y también con vistas a esa tarea deben
recibir una formación adecuada. Para este fin, apoyo la propuesta
de los padres sinodales de crear a nivel diocesano o
nacional centros para la formación de los laicos, que los
preparen para la actividad misionera como testigos de Cristo en
Asia hoy(222). Los padres sinodales manifestaron en particular su deseo de
que haya más participación en la Iglesia, de forma que
en ella nadie se sienta excluido, y afirmaron que una
mayor participación de la mujer en la vida y en
la misión de la Iglesia es una necesidad realmente urgente.
«La mujer tiene una aptitud particular para transmitir la fe
y, por eso, Jesús recurrió a ella para la evangelización.
Así sucedió con la samaritana, a la que Jesús encontró
en el pozo de Jacob y eligió para la primera
difusión de la nueva fe en territorio no judío»(223). Para
valorar su servicio en la Iglesia, es preciso ofrecer a
la mujer mayores oportunidades de frecuentar cursos de teología y
otras materias de estudio; y es preciso educar a los
hombres en los seminarios y en las casas de formación
para considerar a la mujer como colaboradora en el apostolado(224).
Hay que implicar de manera más eficaz a la mujer
en los programas pastorales, en los consejos pastorales diocesanos y
parroquiales, y en los sínodos diocesanos. Su capacidad de servicio
debería ser plenamente apreciada en el ámbito de la sanidad,
en la educación, en la preparación de los fieles para
los sacramentos, en la edificación de la comunidad y en
la labor en favor de la paz. Como advirtieron los
padres sinodales, la presencia de la mujer en la misión
de amor y servicio de la Iglesia contribuye en gran
medida a llevar a los habitantes de Asia, especialmente a
los pobres y marginados, a Jesús, rico en misericordia, capaz
de curar y reconciliar(225).
MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1
ENERO 2000; « PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES
QUE DIOS AMA Vaticano, 8 de diciembre de 1999
22. Mi
pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos jóvenes, que experimentáis
de un modo especial la bendición de la vida y
tenéis el deber de no malgastarla. En las escuelas y
universidades, en los ambientes de trabajo, en el tiempo libre
y en el deporte, en todo lo que hacéis, dejaos
guiar constantemente por este objetivo: la paz dentro y fuera
de vosotros, la paz siempre, la paz con todos, la
paz para todos. A los jóvenes que desgraciadamente han conocido la
trágica experiencia de la guerra y experimentan sentimientos de odio
y resentimiento, os quiero hacer una súplica: haced lo posible
por encontrar el camino de la reconciliación y el perdón.
Es difícil, pero es el único modo que os permite
mirar al futuro con esperanza para vosotros y vuestros hijos,
para vuestros países y para la humanidad entera. Tendré la oportunidad
de reanudar este diálogo con vosotros, queridos jóvenes, cuando nos
encontremos en Roma el próximo mes de agosto con motivo
de la Jornada Jubilar dedicada a vosotros. El Papa Juan XXIII
en uno de sus últimos discursos se dirigió una vez
más « a los hombres de buena voluntad » para
invitarlos a comprometerse en un programa de paz fundado en
el « evangelio de la obediencia a Dios, de la
misericordia y del perdón »; y añadía: « entonces, sin
ninguna duda, la paloma luminosa de la paz recorrerá su
camino, encendiendo el gozo y derramando la luz y la
gracia en el corazón de los hombres sobre toda la
superficie de la tierra, haciéndoles descubrir, más allá de toda
frontera, rostros de hermanos, rostros de amigos ».(9) ¡Que vosotros,
jóvenes del 2000, podáis descubrir y hacer descubrir rostros de
hermanos y rostros de amigos! En este Año Jubilar, en el
que la Iglesia se dedicará a la oración por la
paz con especiales súplicas, nos dirigimos con filial devoción a
la Madre de Jesús, invocándola como Reina de la paz,
para que Ella nos conceda pródigamente los dones de su
materna bondad y ayude al género humano a ser una
sola familia, en la solidaridad y en la paz. -------------------------------------- Escriba sus
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