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Educadores Católicos | sección
Deporte y Vida Cristiana | categoría
Magisterio y deporte | tema
Autor: Juan Pablo II | Fuente: www.vatican.vat
Juan Pablo II y el Deporte (3)
Mensajes, discursos e intervenciones del Papa Juan Pablo II, sobre el Deporte, durante los años 1986 a 1999
 


Mensaje de S.S. Juan Pablo II a los dirigentes, técnicos y jugadores del equipo italiano de fútbol «Milán» y a sus familiares. 20 de diciembre de 1986

Muy estimados amigos del club de fútbol "Milán":
Os agradezco la visita que habéis querido hacerme, con ocasión de vuestro desplazamiento a Roma para un partido del campeonato. Saludo a todos y cada uno de vosotros: a los dirigentes, a los deportistas, a los técnicos y acompañantes, y a vuestros familiares. Sed todos bienvenidos.
Vuestra presencia aquí me lleva con el pensamiento a los viajes pastorales que ha efectuado a la gran capital lombarda, a la imagen de la Virgen que desde la catedral domina la ciudad, y al mismo tiempo me lleva también a las fuertes tradiciones de trabajo, cultura y fe de la población milanense.
Os expreso mi estima por las dotes profesionales que destacan en vosotros, y a la vez mi aprecio por las bellas tradiciones de vuestro club. En efecto, pienso en los miles de aficionados que en torno a vosotros siguen con actitud de simpatía vuestras vicisitudes.
Vosotros sois el centro de la atención de esas personas que os admiran; comportaos de forma que dichas personas siempre puedan apreciar en vosotros las cualidades morales de un grupo comprometido de deportistas. Un equipo no sólo es fruto de condiciones y prestancia física; sino que es también el resultado de una rica serie de virtudes humanas, de las cuales sobre todo depende el éxito: el entendimiento, la colaboración y la capacidad de amistad y de diálogo; en una palabra, los valores espirituales, sin los cuales el equipo no existe y no es eficaz. Os exhorto a ser vigilantes a fin de que dichas virtudes, que os caracterizan y os valoran ante los deportistas, no sean descuidadas por vosotros. Con estas cualidades morales contribuid a restituir la verdadera razón de ser al mundo del deporte, hoy no raramente atormentado por fenómenos de una fea violencia o de una especulación deshonesta. Se tratará de demostrar a las enormes muchedumbres que siguen vuestro trabajo que cada deportista, antes de ser un individuo dotado de músculos fuertes y de rápidos reflejos, es ciertamente una persona humana, en grado de trascender cualquier reducido condicionamiento en virtud de su inteligencia, de su libertad y por tanto también capaz de demostrar con sus acciones lo que objetivamente está de acuerdo con la justicia, la verdad y el bien. Jamás, pues, entre vosotros vengan a menos la satisfacción de la fraternidad, el respeto recíproco, la generosidad y el perdón, si es necesario en la leal comprensión mutua. ¡Procurad que el hombre jamás sea sacrificado por el deportista! Exaltad siempre todo lo que es auténticamente bueno, mediante un leal testimonio de los valores exigidos por el auténtico deporte; y no temáis dar a conocer, con serenidad y equilibrio, al mundo de vuestros admiradores los principios morales y religiosos en los que se debe inspirar toda vuestra vida.
Con estos pensamientos y ante la proximidad de las fiestas navideñas, os doy a todos vosotros mi cordial felicitación. Que Jesucristo, verbo de Dios, hecho carne para ser el punto de encuentro de los hombres con Dios, inspire todos vuestros programas de vida.
Con estos sentimientos imparto mi bendición a vosotros, a vuestras familias y a vuestros seres queridos

Discurso de S.S. Juan Pablo II a la Sociedad Deportiva Italiana Lazio. 5 de enero de 1987

Estoy contento de saludaros a vosotros, dirigentes, técnicos y atletas de la sociedad futbolística "Lazio". Os agradezco la gentileza de haber venido aquí, juntamente con vuestros familiares; de corazón os doy a todos mi bienvenida.
Encontrar una asociación como la vuestra, cuyo nombre es tan conocido y cuyo territorio pertenece también a la diócesis del Obispo de Roma, es para mí motivo de satisfacción; y me da la ocasión de expresar los más férvidos auspicios de que mantengáis siempre en alto el símbolo de vuestros colores, mediante un empeño cada vez mayor de honrarle, aún a costa de renuncias.
Y esto resulta necesario no sólo para conseguir éxitos en el plano competitivo y, por tanto, para proporcionaros a vosotros y a vuestros admiradores legítimas satisfacciones; sino también porque el deporte se vería privado de su específico mensaje espiritual, si no se basara y tomara fuerza e inspiración en aquellos valores que precisamente llevan consigo un espíritu de sacrificio, o sea: la lealtad, el dominio de sí, la prudencia, el respeto a la persona del rival, etc. De este modo el deporte, y el fútbol en particular, se convierte en una palestra de adiestramiento de la voluntad, una escuela de promoción humana y espiritual que la Iglesia no cesa de reafirmar en sus enseñanzas. A este propósito también la Constitución Conciliar Gaudium et spes ha puesto de relieve que el deporte es importante, porque "los hombres se enriquecen con el mutuo conocimiento", y también porque "ayuda a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas las clases, naciones y razas"(n. 61).
Amadísimos atletas: Estoy seguro de que también para vosotros la práctica del deporte no dejará de secundar estas reflexiones y de llevaros a una maduración interior que sirva también para incrementar el rendimiento físico. Os deseo que la práctica de las competiciones deportivas eleve vuestro espíritu a nobles objetivos y lo libere de toda forma de egoísmo y de desaliento.
Os renuevo las expresiones de mi estima y de mi aliento, y os prometo una oración por vuestros seres queridos aquí presentes y por los que están en casa.
Imparto a todos mi bendición.
Palabras de S.S. Juan Pablo II a los jugadores del equipo nacional de Argentina y al equipo de la Sociedad Deportiva «Roma».
22 de marzo de 1987


Me es grato daros mi cordial bienvenida, dirigentes y jugadores del equipo nacional de fútbol argentino, que habéis venido a esta ciudad para disputar un encuentro amistoso con el equipo "Roma", que actualmente está celebrando el sexagésimo aniversario de su fundación.
En esta circunstancia deseo expresar mi felicitación al equipo argentino que ha alcanzado las más altas metas en el ámbito del deporte futbolístico mundial. Por ello, esta audiencia me ofrece la ocasión para manifestaros el interés de la Iglesia por los aspectos sociales y morales que las competiciones deportivas suponen para las relaciones interpersonales y los encuentros internacionales, destinados a promover y acrecentar lazos de amistad y de convivencia pacífica entre los pueblos.
Como bien enseña el Concilio Vaticano II: "Los ejercicios y manifestaciones deportivas...ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso de la comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre hombres de todas las clases, naciones y razas" (Gaudium et spes, 61).
Para que estos deseos se vayan convirtiendo en feliz realidad, y como prenda de abundantes dones divinos os imparto mi bendición apostólica, que extiendo con afecto a vuestras familias y a vuestros conciudadanos, con quienes tendré el gusto de encontrarme en mi próxima visita pastoral a vuestra patria.
Y ahora dirijo mi saludo también a los dirigentes y jugadores de la Sociedad deportiva Roma , que celebran el 60 aniversario de la fundación de la sociedad "gualda-roja".
Me uno a vuestra alegría y os exhorto a perseverar en la perspectiva, siempre viva en vuestra sociedad, de conceder amplio espacio a expresiones significativas y valientes de hermandad y amistad. Junto con la eficacia y el éxito, exaltad siempre en todas las competiciones los valores morales que acompañan al auténtico deportista, es decir, el comportamiento maduro y prudente, el autocontrol, el equilibrio interior.
Os pido además que manifestéis siempre, en todas las circunstancias, el espíritu cristiano que anima vuestra conciencia de creyentes y que sabe exaltar los sentimientos de lealtad, concordia, solidaridad fraterna, indispensables para que toda manifestación deportiva sea verdaderamente humana y constructiva.
Estoy seguro de que afrontaréis con este espíritu el encuentro amistoso de mañana, fiesta de San José, y deseo que con la protección de este gran Santo se pueda garantizar siempre en el mundo del deporte la cordialidad viva y el espíritu pacífico y amistoso que unen a todos los verdaderos deportistas en una familia única, grande y serena.
Con estos deseos, os bendigo de corazón.

CARTA APOSTÓLICA IUVENUM PATRIS DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II EN EL CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN JUAN BOSCOA don Egidio Viganò, rector mayor de la Sociedad de san Francisco de Sales, en el centenario de la muerte de san Juan Bosco. Roma, junto a San Pedro, 31 de enero, memoria de San Juan Bosco de 1988, año X de nuestro pontificado.

12. En fin, desde el punto de vista metodológico, el "amor". Se trata de una actitud cotidiana, que no es simple amor humano ni sólo caridad sobrenatural. Denota una realidad compleja e implica disponibilidad, criterios sanos y comportamientos adecuados.
El amor se traduce a dedicación del educador como persona totalmente entregada al bien de los educandos, estando con ellos, dispuesta a afrontar sacrificios y fatigas por cumplir su misión. Ello requiere estar verdaderamente a disposición de los jóvenes, profunda concordancia de sentimientos y capacidad de diálogo. Es típica y sumamente iluminadora su expresión: "Aquí, con vosotros, me encuentro a gusto; mi vida es precisamente estar con vosotros" [19]. Con acertada intuición dice de modo explícito: Lo importante es "no sólo querer a los jóvenes, sino que se den cuenta de que son amados" [20].
El educador auténtico, pues, participa en la vida de los jóvenes, se interesa por sus problemas, procura entender cómo ven ellos las cosas, toma parte en sus actividades deportivas y culturales, en sus conversaciones; como amigo maduro y responsable, ofrece caminos y metas de bien, está pronto a intervenir para esclarecer problemas, indicar criterios y corregir con prudencia y amable firmeza valoraciones y comportamientos censurables. En tal clima de "presencia pedagógica" el educador no es visto como "superior", sino como "padre, hermano y amigo" [21].
En esta perspectiva, son muy importantes las relaciones personales. Don Bosco se complacía en utilizar el término "familiaridad" para definir cómo tenía que ser el trato entre educadores y jóvenes. Su larga experiencia le había llevado a la convicción de que sin familiaridad es imposible demostrar el amor, y que sin tal demostración no puede surgir la confianza, condición imprescindible para el buen resultado de la educación. El cuadro de objetivos, el programa y la orientación metodológicas sólo adquieren concreción y eficacia, si llevan el sello de un "espíritu de familia" transparente, o sea, si se viven en ambientes serenos, llenos de alegría y estimulantes.
A propósito de esto conviene recordar, por lo menos, el amplio espacio y dignidad que daba el Santo al aspecto recreativo, al deporte, a la música y al teatro o —como solía decir— al patio. Aquí, en la "espontaneidad y alegría de las relaciones, es donde el educador perspicaz encuentra modos concretos de intervención, tan rápidos en la expresión como eficaces por la continuidad y el clima de amistad en que se realizan [22]. El trato, para ser educativo, requiere interés continuo y profundo, que lleve a conocer personalmente a cada uno y, simultáneamente, los elementos de la condición cultural que es común a todos. Se trata de una inteligente y afectuosa atención a las aspiraciones, a los juicios de valor, a los condicionamientos, a las situaciones de vida, a los modelos ambientales, y a las tensiones, reivindicaciones y propuestas colectivas. Se trata de comprender la necesidad urgente de formar la conciencia y el sentido familiar, social y político, de madurar en el amor y en la visión cristiana de la sexualidad, de la capacidad crítica y de la conveniente ductilidad en el desarrollo de la edad y de la mentalidad, teniendo siempre muy claro que la juventud no es sólo momento de paso, sino tiempo real de gracia en que construir la personalidad.
También hoy, aunque el contexto cultural diverso y hasta con jóvenes de religión no cristiana, tal característica constituye uno de los muchos aspectos válidos y originales de la pedagog
Roma, junto a San Pedro, 31 de enero, memoria de San Juan Bosco de 1988, año X de nuestro pontificado.
[22] Acerca de la relación entre esparcimiento y educación según el pensamiento y la praxis de Juan Bosco, todos saben que los oratorios salesianos se distinguen por el gran espacio de tiempo reservado al deporte, teatro, música y a todo género de iniciativas de recreo sano y formativo.


No hay verdadero compromiso con la Patria sin el cumplimiento de los propios deberes y obligaciones en la familia, en la universidad, en la fábrica o en el campo, en el mundo de la cultura y el deporte, en los diversos ambientes donde la Nación se hace realidad y la sociedad civil entreteje la progresiva creatividad de la persona humana. No puede haber compromiso con la fe sin una presencia activa y audaz en todos los ambientes de la sociedad en los que Cristo y la Iglesia se encarnan. Los cristianos deben pasar de la sola presencia a la animación de esos ambientes, desde dentro, con la fuerza renovadora del Espíritu Santo.
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO EUROPEO DE CAPELLANES UNIVERSITARIOS Viernes 1 de mayo de 1998.

Deseo saludar, asimismo, a los capellanes universitarios procedentes de Polonia y de los demás países de Europa central. También yo podría formar parte de vuestro grupo, pues, como se dice en el mundo del deporte, soy un «veterano», o, en lenguaje académico, un «senior».

JUAN PABLO II AUDIENCIA GENERAL Saludos a periodistas deportivos de Chile y Argentina. Miércoles 27 de junio de 1990

Amadísimos hermanos y hermanas:
Deseo ahora presentar mi más cordial saludo a todos los peregrinos y visitantes de lengua española presentes en esta audiencia. En particular, al numeroso grupo de periodistas procedentes de Argentina y Chile, que se encuentran en Italia con ocasión del Campeonato Mundial de fútbol, a quienes aliento a hacer de su actividad profesional un servicio a la fraternidad entre los pueblos y a las virtudes humanas de la sana competición y el deporte

Discurso de S.S. Juan Pablo II a los participantes en un torneo de esquí
14 de septiembre de 1991.


Queridos amigos:
Me da mucho gusto recibir a los miembros del Comité Olímpico nacional italiano y a los participantes en el torneo de esquí acuático de «Maestros italianos en memoria de Marco Merlo». Agradezco al señor Aldo Franchi, presidente de la Federación italiana de esquí acuático, sus amables palabras de presentación. Os saludo a todos vosotros y os deseo éxitos en vuestro campeonato.
El hecho de que procedáis de muchos países hace que vuestro encuentro sea una ocasión magnífica para reunir a gente de diversos ambientes y para construir una amistad más allá de todas las barreras de raza, cultura o experiencia política. Os une, ante todo, vuestro interés por el deporte. Compartís la pasión por el esquí acuático, que ha llegado a ser una fuente dinámica de comunicación y contacto entre vosotros mismos. Vuestras actividades deportivas hacen que se desarrollen determinadas cualidades en cada uno de vosotros, os impulsan a dar lo mejor de vosotros mismos, tanto en el aspecto físico como en la competición deportiva, y os invitan constantemente a descubrir los lazos que os unen a los demás. En efecto, los deportes son un medio muy eficaz para suscitar la estima y el respeto mutuos, la solidaridad humana, la amistad y la buena voluntad entre los individuos.
La Iglesia valora y respeta los deportes que son verdaderamente dignos de la persona humana. Son tales cuando favorecen el desarrollo ordenado y armonioso del cuerpo al servicio del espíritu y cuando dan lugar a una competición inteligente y formativa que promueve el interés y el entusiasmo, y son fuente de esparcimiento placentero. Os animo a seguir siempre este ideal, de forma que vuestra dedicación al deporte se desarrolle en armonía con el fortalecimiento de los valores más elevados, que os darán dignidad y estatura moral ante vosotros mismos y ante los ojos de quienes siguen vuestras actuaciones.
Los antiguos romanos concedieron gran importancia al valor educativo que revisten los deportes y las competiciones. La tradición cristiana utilizó a menudo la metáfora de la competición atlética para describir el esfuerzo por alcanzar la virtud y la fidelidad a Cristo. San Pablo habla de su vida como una carrera en la que resulta vital alcanzar la meta final (cf. 1 Co 9,24-27). Espero que vuestra visita os impulse a esforzaros aún más por alcanzar los ideales más elevados de la solidaridad humana y de la fidelidad en vuestras relaciones con Dios, nuestro Creador y Redentor. Que su bendición esté con vosotros y vuestras familias.
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN DEL «FÚTBOL CLUB BARCELONA». Viernes 14 de mayo de 1999.

Señor presidente;señoras y señores:
1. Me es grato recibir a los miembros de la Junta directiva y deportistas de las distintas secciones del «Fútbol club Barcelona», que este año festeja su centenario. Agradezco al señor José Luis Núñez, presidente de la entidad, sus amables palabras, a la vez que saludo cordialmente a todos los presentes. Me complace que entre los actos conmemorativos de esta efeméride hayáis querido tener este encuentro con el Papa.
Vuestra presencia evoca en mí el recuerdo de vuestra bella ciudad, laboriosa y rica de cultura, que tuve la dicha de visitar en 1982, celebrando precisamente la santa misa en el «Nou Camp», estadio que es testigo de vuestras competiciones deportivas, y donde se me entregó el carné de socio de vuestro club.
2. Vosotros sois exponentes de una actividad deportiva, que cada fin de semana congrega a tanta gente en los estadios y a la que los medios de comunicación social dedican grandes espacios. Por eso mismo, tenéis una responsabilidad especial. Desde el afecto, no exento de admiración, que siento hacia los deportistas, os animo a seguir dignificando el mundo del deporte, aportando al mismo no sólo lo mejor de vuestras fuerzas físicas en las diversas especialidades deportivas, sino también y sobre todo promoviendo las actitudes que brotan de las más nobles virtudes humanas: la solidaridad, la lealtad, el comportamiento correcto y el respeto por los otros, que han de ser considerados como competidores y nunca como adversarios o rivales. Así mismo, es necesario fomentar la buena voluntad, la paciencia, la perseverancia, el equilibrio, la sobriedad, el espíritu de sacrificio y el autodominio, elementos fundamentales de todo compromiso deportivo, que aseguran éxito y clase al atleta. Sobre esta base se desarrollan las virtudes cristianas cuando estos valores se asumen con auténtica adhesión interior y se animan con el amor de Cristo.
Estoy convencido de que el deporte, cuando no se convierte en un mito, es un factor importante de educación moral y social, tanto a nivel personal como comunitario. A este respecto el concilio Vaticano II enseña que «los ejercicios y manifestaciones deportivas ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la colectividad, y a establecer relaciones fraternas entre los hombres de toda condición, nación o de diferente raza» (Gaudium et spes, 61).
3. Queridos representantes del «Barça»: este encuentro me ha ofrecido la oportunidad de recordaros algunas consideraciones sobre el mundo del deporte, en el que vuestro club tiene un papel destacado desde hace cien años. Al felicitaros por ese centenario, os invito a poner en práctica un renovado esfuerzo, noble y enriquecedor, en este sentido. Y ello, no sólo para alcanzar un mejor éxito a nivel competitivo, que dé legítima satisfacción a vuestros seguidores, sino para que los encuentros deportivos favorezcan cada vez más las relaciones interpersonales, estableciendo verdaderos lazos de amistad y convivencia pacífica entre todos los pueblos.
4. Deseo que vuestras actividades deportivas sean iluminadas por estas reflexiones. Mi augurio en este año del centenario es que la participación en los diversos torneos eleve vuestro espíritu hacia metas más altas. Que en este esfuerzo de crecimiento espiritual y moral os acompañe siempre la materna protección de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona, que tantas veces os ha acogido para ofrecerle vuestros trofeos. Al renovaros mi agradecimiento por vuestra visita, de corazón os imparto mi bendición apostólica, que hago extensiva a vuestras familias.
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL «ECCLESIA IN ASIA» Nueva Delhi, India, 6 de noviembre de 1999, vigésimo segundo año de su pontificado


Los laicos
45. Como indica claramente el concilio Vaticano II, la vocación laical inserta sólidamente a los laicos en el mundo, para que cumplan las tareas más diversas, estando llamados a difundir en él el evangelio de Jesucristo(219) . En virtud de la gracia y de la llamada del bautismo y de la confirmación, todos los laicos son misioneros; y el campo de su trabajo misionero es el mundo vasto y complejo de la política, de la economía, de la industria, de la educación, de los medios de comunicación, de la ciencia, de la tecnología, de las artes y del deporte. En muchos países del continente, los laicos ya están actuando como auténticos misioneros, llegando a sus paisanos, que de otra manera nunca habrían tenido contacto con el clero o con los religiosos(220) . Les expreso la gratitud de toda la Iglesia y aliento a todos los laicos a que asuman el papel que les corresponde en la vida y en la misión del pueblo de Dios, como testigos de Cristo dondequiera que se encuentren.
A los pastores compete la tarea de asegurar que los laicos se formen como evangelizadores capaces de afrontar los desafíos del mundo contemporáneo, no sólo con la sabiduría y la eficiencia del mundo, sino también con un corazón renovado y fortalecido por la verdad de Cristo(221) . Testimoniando el Evangelio en todos los ámbitos de la vida social, los fieles laicos pueden desempeñar un papel único para erradicar la injusticia y la opresión, y también con vistas a esa tarea deben recibir una formación adecuada. Para este fin, apoyo la propuesta de los padres sinodales de crear a nivel diocesano o nacional centros para la formación de los laicos, que los preparen para la actividad misionera como testigos de Cristo en Asia hoy(222).
Los padres sinodales manifestaron en particular su deseo de que haya más participación en la Iglesia, de forma que en ella nadie se sienta excluido, y afirmaron que una mayor participación de la mujer en la vida y en la misión de la Iglesia es una necesidad realmente urgente. «La mujer tiene una aptitud particular para transmitir la fe y, por eso, Jesús recurrió a ella para la evangelización. Así sucedió con la samaritana, a la que Jesús encontró en el pozo de Jacob y eligió para la primera difusión de la nueva fe en territorio no judío»(223). Para valorar su servicio en la Iglesia, es preciso ofrecer a la mujer mayores oportunidades de frecuentar cursos de teología y otras materias de estudio; y es preciso educar a los hombres en los seminarios y en las casas de formación para considerar a la mujer como colaboradora en el apostolado(224). Hay que implicar de manera más eficaz a la mujer en los programas pastorales, en los consejos pastorales diocesanos y parroquiales, y en los sínodos diocesanos. Su capacidad de servicio debería ser plenamente apreciada en el ámbito de la sanidad, en la educación, en la preparación de los fieles para los sacramentos, en la edificación de la comunidad y en la labor en favor de la paz. Como advirtieron los padres sinodales, la presencia de la mujer en la misión de amor y servicio de la Iglesia contribuye en gran medida a llevar a los habitantes de Asia, especialmente a los pobres y marginados, a Jesús, rico en misericordia, capaz de curar y reconciliar(225).
MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II PARA LA CELEBRACIÓN
DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 ENERO 2000; « PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES QUE DIOS AMA Vaticano, 8 de diciembre de 1999

22. Mi pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos jóvenes, que experimentáis de un modo especial la bendición de la vida y tenéis el deber de no malgastarla. En las escuelas y universidades, en los ambientes de trabajo, en el tiempo libre y en el deporte, en todo lo que hacéis, dejaos guiar constantemente por este objetivo: la paz dentro y fuera de vosotros, la paz siempre, la paz con todos, la paz para todos.
A los jóvenes que desgraciadamente han conocido la trágica experiencia de la guerra y experimentan sentimientos de odio y resentimiento, os quiero hacer una súplica: haced lo posible por encontrar el camino de la reconciliación y el perdón. Es difícil, pero es el único modo que os permite mirar al futuro con esperanza para vosotros y vuestros hijos, para vuestros países y para la humanidad entera.
Tendré la oportunidad de reanudar este diálogo con vosotros, queridos jóvenes, cuando nos encontremos en Roma el próximo mes de agosto con motivo de la Jornada Jubilar dedicada a vosotros.
El Papa Juan XXIII en uno de sus últimos discursos se dirigió una vez más « a los hombres de buena voluntad » para invitarlos a comprometerse en un programa de paz fundado en el « evangelio de la obediencia a Dios, de la misericordia y del perdón »; y añadía: « entonces, sin ninguna duda, la paloma luminosa de la paz recorrerá su camino, encendiendo el gozo y derramando la luz y la gracia en el corazón de los hombres sobre toda la superficie de la tierra, haciéndoles descubrir, más allá de toda frontera, rostros de hermanos, rostros de amigos ».(9) ¡Que vosotros, jóvenes del 2000, podáis descubrir y hacer descubrir rostros de hermanos y rostros de amigos!
En este Año Jubilar, en el que la Iglesia se dedicará a la oración por la paz con especiales súplicas, nos dirigimos con filial devoción a la Madre de Jesús, invocándola como Reina de la paz, para que Ella nos conceda pródigamente los dones de su materna bondad y ayude al género humano a ser una sola familia, en la solidaridad y en la paz.
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