Autor: Aníbal | Fuente: educacionyfamilia La motivación en la educación
Motivar ¿Para qué? Antes de plantearse este asunto hay que saber para que queremos motivar a nuestro alumno. No será lo mismo motivarle para que sea el mas fuerte de la clase que motivarle para que sea el más “simpático”, para que sea el número 1...
La motivación en la educación
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española, motivar es dar causa o motivo para alguna cosa.
Esta
idea es fundamental y es lo primero que conviene que
aclaremos, en función de ello el tipo de educación será
de una u otra manera.
Conviene precisar que la educación engloba
tanto la dimensión física como la intelectiva y la espiritual
de la persona, por ello no son excluyentes. Al fin
y al cabo los hombres somos una unidad. No obstante
no parece que estén al mismo nivel para ser felices
la dimensión biológica que la espiritual (con un buen cocido
puedo estar satisfecho pero no feliz, ayudando a un amigo
que lo necesita conozco la felicidad).
Normalmente en el actuar humano,
el primer impulso que nos mueve a hacer algo es
“me apetece/no me apetece”, “me produce placer o dolor”. Esto
ni es bueno ni es malo, sencillamente es así. El
actuar humano se diferencia del animal en que una vez
se tiene esa sensación se decide en función de si
es bueno o malo para la persona, ese es un
acto humano propiamente dicho.
En este escrito vamos a referirnos a
la motivación para hacer el bien, estaremos de acuerdo en
que será la mejor manera de ayudar a nuestros alumnos
a ser más felices.
Motivar para hacer el bien es sinónimo
de dar razones para vivir y aunque parezca que esto
queda muy lejos para niños , no es así. No
hace falta esperar a tener 50 años y una depresión
de caballo para dar razones para vivir.
Nuestros alumnos necesitan vivir
en un ambiente de optimismo y esperanza, por ello la
educación que les demos debe reunir esas características. Esto se
consigue con el ejemplo y la forma de vida, no
solo con charlas. Cómo afrontemos los posibles problemas que se
plantean en la vida marcará como los afronten ellos.
Debemos empezar
desde muy pequeños fomentando una imagen propia positiva. Los
niños no se conocen a sí mismos. La imagen que
tienen de si mismos es la que los mayores les
transmitimos. Un niño al que se le repita que es
mentiroso, desordenado, etc... terminará creyendo que “es “ mentiroso y
por tanto continuará mintiendo porque de esa manera cumple su
papel. A quién miente habrá que decirle que ha mentido
y que eso no es bueno.
La imagen positiva va muy
unida a la motivación. Cuanto mas nos queramos mas seremos
capaces de hacer. Es una secuencia de comportamiento, si haces
algo bien y te lo reconocen y animan tendrás ganas
de repetirlo, si lo haces mal y te apoyan y
ayudan a hacerlo bien tendrás ganas de repetirlo, y todos
podemos hacer bien alguna cosa. Unida a la motivación está
la exigencia. Es imposible motivar si no se exige, los
formadores debemos exigir amorosamente. Los niños de estas edades necesitan
tener una seguridad y saber hasta donde se puede llegar.
Para
que la exigencia sea efectiva deberá ser un estilo las
24 horas del día pero dosificada a la hora de
ponerlo en práctica. Debemos ser exigentes en pocas cosas, en
aquellas que consideremos mas importantes, y en esas no ceder.
Otras serán negociables.
La exigencia va unida a la
autoridad. Los formadores debemos ejercer la autoridad, nuestros alumnos tienen
derecho a que así sea. Pero no una autoridad déspota
sino basada en el prestigio personal de quién la ejerce
y ejercida como un servicio al niño.
¿En que debemos exigir?
Básicamente en los hábitos que conducen a las virtudes. En
cuestiones de orden, de sinceridad, de obediencia , de laboriosidad.
Exigir en estos hábitos hará que de mayores vivan más
fácilmente las virtudes, y por tanto, les resulte mas fácil
ser felices.
También es importante educar para el fracaso porque
antes o después tendrán alguno, de la misma manera que
es importante educar para el dolor, lo queramos o no
existe.
¿Qué tipos de motivación existen? Depende de que dimensión de
la persona se trate.
La mas primaria y básica es “me
apetece/no me apetece”. Este tipo de motivación es primaria porque
en ella no intervienen las dimensiones “nobles” del hombre, hacer
las cosas porque apetece no lleva a la felicidad sino
mas bien por una cuesta a la “animalización” del hombre
y a la frustración, no contempla el bien integral sino
solo el aspecto biológico.
Otro tipo de motivación es el “ego”,
que me alaben, que me aplaudan. Ser el número uno,
llevar las mejores marcas encima, etc.. Este tipo de motivación
es positiva si se sabe dosificar ya que el ser
considerado aumenta la autoestima. No es malo por tanto alabar
a nuestros hijos cuando hacen algo bien, por el contrario
es positivo siempre y cuando no les haga caer en
la vanagloria y el desprecio a los demás.
Motivar por los
demás, por amor. Es un tipo de motivación que es
muy efectiva en estas edades. Ayudarles a obedecer por amor
a mamá, a papá, a ser generosos con los hermanos
por amor, que experimenten la felicidad que se vive al
ayudar a otros. Esta es una edad estupenda para que
conozcan y sensibilicen ante las personas que pasan necesidad, sin
obsesionarles pero que comiencen a abrir los ojos al mundo
que les rodea.
Motivar por Dios. Sus actuaciones pueden estar movidas
por amor a nuestro Padre del Cielo, que nos quiere
con locura y quiere que le ayudemos en la tierra,
habrá que enseñarles a vivir esto y por lógica lo
deberemos vivir los padres.
Lo que vale la pena, cuesta.
Esta frase puede resultarles de ayuda. Explicarles que tras el
esfuerzo llega la alegría del deber cumplido. Ya tienen que
trabajar en serio y muchas veces no les apetece, se
distraen, etc. Se pueden aprovechar los deberes que les mandan
para casa para ir ayudándoles a ser laboriosos, limpios en
el trabajo. Darles razones para que esto sea sí es
motivarles, ayudarles y alabarles, decirles lo que esperamos de ellos
es motivarles, corregirles con cariño es motivarles.
Los premios y castigos
son un medio para educar, se deben utilizar poco y
de una manera gradual. Siempre es mas efectivo utilizar mas
la alabanza que el reproche y ensalzar el bien mas
que odiar el mal, y sobre todo el ejemplo. Los
medios para educar se pueden dividir en:
Directos:
1 Ejemplo
2 Doctrina
Indirectos:
3 Verbales (que bien lo has hecho,
estoy orgulloso..) Premios
4
materiales(merienda especial, cromos, etc..)
5 Verbales (no me lo esperaba de ti,
..) Castigos 6 materiales (privar
de jugar con algo, no jugar con él..)
7 físicos (muy cuestionables, humilla,
nunca como desahogo)
A la hora de motivar, de premiar
o castigar, conviene tener claro que el premio o castigo
debe ser del nivel de la acción. No se da
dinero por dar un beso a la tía abuela que
“pincha”, no se premia materialmente por ayudar en casa ,
sí se puede hacer por algo extraordinario (vg. lavar el
coche).
Como resumen, pienso que hay que inculcar a
los niños que el premio lo conlleva el bien realizado,
la satisfacción del deber cumplido, de la ayuda prestada. Debemos
evitar la tentación de hacer el bien por el resultado
material.
Evitemos estar detrás del niño continuamente, ayudémosles a encontrar los
motivos para actuar, que quieran ser y hacer libremente ,
que forjen su propia vida poco a poco y no
porque papá o mamá están detrás , que sean autónomos
y puedan equivocarse. No olvidemos que se educa día a
día, que es una tarea ardua, que las personas no
maduran rápidamente. Pero no perdamos de vista que todavía estamos
a tiempo de prepararles para afrontar la pubertad y la
adolescencia.
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