Autor: Mayra Novelo | Fuente: Catholic.net Una Opción Fundamental
Como maestros formadores debemos ayudar a nuestros alumnos a hacerse esta pregunta fundamental sobre lo que están buscando y dónde lo van a encontrar.
Una Opción Fundamental
Siendo un principio cristiano formar hombres dotados lo más completamente
posible en las virtudes y valores humanos, debemos trabajar para
obtener un desarrollo humano integral que sirva de base sólida
a la acción sobrenatural de la gracia.
Para lograr esa
formación humana debemos esforzarnos por alcanzar: el conocimiento real y
objetivo de sí mismos, de sus posibilidades y limitaciones; la
aceptación de sí mismos, que les permita trabajar con realismo
y serenidad en la propia superación; el orden recto ente
el mundo instintivo, los sentimientos y emociones, y las facultades
superiores de la inteligencia y de la voluntad; un carácter
recio y un a voluntad iluminada por lo luz de
la razón y de la fe, clara en sus objetivos
y tenaz y decidida para conseguirlos; una conciencia rectamente formada.
Ahora bien, hoy en día podemos ver
que la raíz profunda de los problemas que enfrentan nuestros
niños y, más severamente, nuestros jóvenes, es la falta de
un ideal que de a la vida un sentido por
el cual esta vida valga la pena vivirse. Viven la
vida como se va presentando, preocupándose solamente por que el
presente sea placentero y fácil, sin pensar siquiera lo que
sucederá mañana. Así, lo mismo da pensar de una manera
que de otra, sentir de una manera que de otra,
y actuar de una manera que de otra. Sus vidas parecen
guiadas por una serie de ilusiones, de emociones y sentimientos,
producto de la rutina y la superficialidad del ambiente y
caen víctimas de la primera tentación o desviación que encuentran,
o mejor dicho, no se desvían porque el que no
tiene dirección nunca puede desviarse.
Lo más importante que
poseemos es la vida. Sin ella, nada tiene sentido. Además,
el hombre vive una sola vez. Tiene esta vida para
vencer o fracasar. Por ello es muy importante que tenga
muy claro lo que busca en la vida. Sólo así
puede coordinar todos sus esfuerzos para realizar su proyecto de
vida. Puede haber muchas opiniones sobre cual es el camino de
una vida humana, pero todas deben centrarse sobre estos dos
principios que nosotros debemos ayudar a nuestros alumnos a descubrir:
conocer lo que Dios quiere y hacerlo.
Se trata de
echarle una mano a Dios para que lo que está
proyectado sobre cada uno se realice, y recordemos que éste
es el fin de la educación y de nuestra misión
como educadores; ayudar a cada niño y joven a cumplir
la misión para la cual ha sido puesto por Dios
en la existencia. Es un prestarse, no un acatamiento pasivo a
un Dios tremendo y Todopoderoso. Es una decisión de un
hombre libre que responde en su libertad al amor del
amado que es su Creador. A esta decisión consciente y
madura la llamamos la opción fundamental. La llamamos fundamental porque orienta
toda la vida hacia la realización de ideal elegido.
Como maestros
formadores debemos ayudar a nuestros alumnos a hacerse esta pregunta
fundamental sobre lo que están buscando y dónde lo van
a encontrar. Debemos ayudar a nuestros alumnos a entender que
el hombre feliz es el que ha encontrado a Dios
y trata en la vida de corresponder a lo que
Dios quiere de él.
Una opción en el amor y
la libertad
Si pensamos en los corredores de cien metros en
las olimpiadas vemos que tienen la meta muy clara; llegar
al final en el menor tiempo posible. Lo mismo sucede
aquí. Dios es la meta de toda vida humana. Él
es el único fin último. Todo lo demás son medios
que Dios pone a nuestra disposición para hacernos más fácil
el camino hacia él. La fe, la vocación, el matrimonio,
la amistad, la salud, el carácter personal, el bienestar, son
medios que bien aprovechados nos llevan a Dios. La opción fundamental
es el primer impulso de la carrera. Cuando la salida
es mala, el atleta pasa toda la carrera tratando de
superar el efecto de este error inicial.
Por eso, lo primero
que necesitamos es conocer el rumbo que Dios nos marca.
Hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que Dios
nuestro Señor en su admirable providencia tiene reservado para mí?
En
la búsqueda del propio camino para realizar el plan de
Dios, el hombre utiliza los medios ordinarios con que Dios
le ha dotado: su inteligencia y su corazón. El hombre
reflexivo considera la providencia de Dios en las circunstancias de
la vida: el ambiente que le rodea, los encuentros que
tiene, los pensamientos que le animan, los acontecimientos que presencia,
las palabras que escucha. A través de todo ello la
mano de Dios va guiando sabiamente al hombre hacia su
destino.
Para poder ser coherente con esta opción, toda la vida,
todos los días, es importante que la decisión brote de
la libertad personal. No se puede hacer una opción fundamental
coaccionado o motivado por fuerzas ajenas a la propia convicción,
tampoco puede plantearse la cuestión con superficialidad de modo que
a la primera dificultad en el seguimiento del camino elegido
surja la duda y el replanteamiento de la misma. Todo
esto presupone un grado de madurez.
El por qué de la
adhesión firme a la voluntad de Dios no se agota
solamente en la libertad, es decir, no se escoge seguir
la voluntad de Dios solamente porque se es libre y
se tiene la capacidad de escoger. Esto no basta. El
hombre se mueve por motivos. El impulso hacia la acción
nace de necesidades que piden ser satisfechas y valores que
piden ser poseídos, es decir, por un dinamismo motivacional. Nadie
escapa de esta realidad; todo acto de voluntad tiene un
contenido y está orientado hacia un fin, mediato o inmediato.
El
camino de la voluntad de Dios es difícil, nadie desea
seguirlo si no está profundamente motivado.
La única fuerza es el
amor. San Agustín decía que el amor determina el “peso”
de una persona. Debemos ayudar a nuestros alumnos a que
logren que su motivación mayor siempre sea el amor..
En el
amor encuentra el sentido de su existencia aquello que polariza
y orienta todos sus anhelos, actividades y comportamientos. Cuando falta el
amor los pretextos abundan, pero cuando hay amor «la carga
es suave y la cruz ligera» porque el amor todo
lo puede, todo lo surge, todo lo supera.
La opción fundamental
por Dios, entonces, es un acto libre, motivado y sostenido
en el amor y por el amor. Como maestros formadores
debemos ayudar a nuestros alumnos a hacer esta opción que
dará sentido profundo y trascendente a sus vidas.
Coherencia ante la
opción fundamental
No solamente es necesaria la decisión de amar a
Dios, sino que también hay que ser coherente con aquella.
Ser coherente implica buscar una identidad de vida entre lo
que uno es y lo que uno pretende ser. El
trabajo de identificarse con el ideal no resulta fácil. Necesita
un esfuerzo continuo que abarca todos los instantes de la
existencia de tal manera que toda su vida consiste en
conformarse con su opción fundamental.
Para ello nuestros alumnos necesitarán a
su lado un apoyo, testimonio y guía que les ayude
a mantenerse fieles a su opción de vida, especialmente en
aquellos momentos del desarrollo en que el ambiente y la
influencia de los amigos adquiere una gran importancia.
No se trata
de replantearse la opción, sino de consolidarla y crecer o
dejarse llevar por el camino de la dualidad en
donde se pretende una cosa y se actúa diversamente. Esta dualidad
se da cuando un hombre que ha optado conscientemente por
Dios se deja llevar por el amor propio, el egoísmo,
la pereza y la sensualidad, el deseo de quedar bien,
de dar buena imagen, todo al precio de su opción
fundamental. Es verdad que muchas veces estas incoherencias se dan
por debilidad humana, pero el aceptarlas es hacer daño a
la propia conciencia y al propio equilibrio humano.
Para ser coherente
es necesario que el pensar y el obrar vengan de
unas convicciones profundas comunes. Todo esto presupone madurez humana que
servirá como cimiento sólido y agarradera maciza que le ayude
a ser fiel a sus compromisos para con Dios, para
con los demás y para consigo mismo. Sin esta madurez
se pierde la vida trabajando afincando sobre una serie de
ilusiones, emociones y sentimientos.
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