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Autor: Mª Helena Vales-Villamarín Navarro | Fuente: Escritos Arvo La enseñanza de la Religión
La falacia y la verdad de la educación para la ciudadanía.
La enseñanza de la Religión
Uno de
los temas más llamativos y a la vez más sombríos
en el modelo educativo actual es el de la “cuestión
religiosa”.
Hay una
notable evidencia que viene de lejos: se trata de la
fáctica desaparición sistemática, a lo largo de los diferentes tramos
del sistema educativo, de la educación humanística y de una
formación ética, que de modo especial contempla la falta de
reconocimiento real a la enseñanza de la asignatura de Religión,
e incluso con el intento de hacerla desaparecer del sistema
educativo.
UN POCO DE HISTORIA
Antes de la implantación de la LOGSE la
asignatura de “Religión y moral católica” se enseñaba de modo
opcional junto con la de “Ética”; ambas eran evaluables y
computables por igual de cara a la promoción de curso.
Con la implantación
de la LOGSE la asignatura de “Formación Religiosa” empezó a
encontrar dificultades serias de implantación. Los centros escolares tenían obligación
de ofertarla como asignatura evaluable, y para los padres era
opcional su elección. Se regulaba así el acceso de los
alumnos al hecho religioso, bien como enseñanza confesional, bien mediante
actividades alternativas dentro de la materia denominada “Sociedad, Cultura y
Religión”. Esta última carecía de evaluación, de contenidos precisos y
de significación curricular, y los profesores se las debían de
ingeniar para “entretener” a los alumnos de esta opción.
Son evidentes las dificultades
de impartir enseñanzas que no pueden verse reflejadas en una
evaluación y en una calificación, como ocurre en las demás
asignaturas. Se seguía en este caso el evidente principio pedagógico
de que “lo que no se evalúa, se devalúa”. Se
trataba de que los alumnos eligieran entre la asignatura de
Religión -donde hay que estudiar y se hacían exámenes-
y su alternativa, donde no había evaluación, ni exámenes,
ni estudio, … Pero el dato registrado es que, aunque
el alumnado que elige Religión disminuye según se avanza en
las etapas del sistema, aún ronda el 80% en estos
momentos.
La “Ética”
desapareció como asignatura, diluyéndose en una lista de “temas transversales”,
supuestamente incluidos en el currículo de todas las asignaturas, salvo
un espacio específico en 4º curso de la ESO.
Con esta pobreza
de formación en valores, el relativismo “campea” por los currículos
diseñados, dificultando una formación integral de la persona, propiciando una
disparatada fragmentación de los saberes, lo que impide todo aprendizaje
verdaderamente significativo. Como es manifiesto, la formación moral no puede
quedar diluida en “temas transversales”.
FORMACIÓN PLENA E INTEGRAL
No hablamos de cuestiones
externas, como las noticias que a diario aparecen en nuestros
periódicos con la polémica suscitada recientemente por la presencia
de símbolos religiosos en los centros públicos de enseñanza. Este
tema ha vuelto a alterar el quehacer cotidiano de un
colegio de nuestro país ante la denuncia y solicitud de
retirada de los crucifijos presentes en las aulas, por considerar
que suponían una discriminación por motivos religiosos y vulneraba derechos
como el de separación de Iglesia-Estado, obligación de neutralidad ideológica
por parte de la Administración.
Desde la Consejería de Educación, el Director
General de Coordinación, aseguró que la decisión y competencia sobre
la permanencia o no de símbolos religiosos en los
colegios correspondía a los consejos escolares, integrados por los progenitores
de los alumnos y la dirección del mismo.
No hablamos de aspectos externos,
hablamos de la formación de nuestros hijos en el difícil
ambiente actual.
“EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA”
Actualmente, y tras la paralización de la
LOCE, “Ley de Calidad Educativa” que estaba prevista para el
curso 2004-05, la Administración actual, consciente de la rebeldía de
los hijos y la consiguiente dificultad para la educación familiar,
así como el avance del individualismo y de la “moral
de situación”, propone una asignatura nueva: “Educación para la ciudadanía”,
que habrá de impartir cada tutor en el último ciclo
de Primaria, y que se encomendaría a los departamentos de
Filosofía y de Geografía e Historia para la ESO y
el Bachillerato, un año sí y otro no. Además, incluiría
una vaga educación en valores democráticos y la enseñanza no
confesional de las religiones.
En el epígrafe “La enseñanza de las religiones” concede
la misma importancia a todas las confesiones religiosas, desdeñando los
datos sobre el número de alumnos que eligen religión católica
(80%) y las demás confesiones (1%); se relegan las convicciones
religiosas al ámbito estrictamente privado y se instituye como objetivo
formativo general “conocer las creencias, actitudes y valores básicos de
las distintas confesiones o corrientes laicas que a lo largo
de los siglos han estado presentes en la sociedad y
que forman parte de la tradición y el patrimonio cultural
español”.
LA FALACIA Y LA VERDAD
Se ha difundido en estos últimos
meses la falacia de que unaescuela verdaderamente integradora, igualitaria
e intercultural, “una escuela para todos”, es una escuela sin
diferencias. Y una escuela sin diferencias es una escuela sin
religión.
Se
establece así una enseñanza común, no confesional y obligatoria para
todos los alumnos acerca de las religiones, impartida por profesores
de Filosofía y de Sociales.
Bien sabemos que la enseñanza de la
religión en las escuelas es ante todo un derecho de
los propios padres. Lo religioso tiene para muchos ciudadanos una
dimensión personal, representa un interés que va más allá del
estrecho marco de la vida doméstica y de la conciencia
individual, puesto que es un elemento esencial del conjunto de
la vida, que afecta a todas sus dimensiones y se
manifiesta a través de ellas, por supuesto también socialmente.
La educación es
un derecho propio de los padres, dentro de su responsabilidad
irrenunciable sobre el tipo de formación que quieren para sus
hijos.
NO ES CUESTIÓN DE IDEOLOGÍAS
No se trata de ideologías, como lo
defendió, ya hace algún tiempo, Jaen Jaurés, diputado por el
Partido Obrero Francés en 1889 y fundador del periódico L´Humanité
donde se recogió una famosa carta de este padre
agnóstico a su hijo, quien le pedía un justificante que
le eximiera de cursar la asignatura de Religión. El padre,
después de algunos argumentos contundentes, le dice a su hijo
que debe asistir a dicha asignatura puesto que no sólo
querría formar “un ciudadano”, querría formar “una persona” a quien
la ignorancia no le obligara a la “irreligión”.
No podemos apartar a
los jóvenes de la instrucción religiosa puesto que son temas
sobre los que todo el mundo discute; necesitamos que tengan
argumentos a favor o en contra, sin obligarles a una
clara “ignorancia voluntaria”.
La asignatura de Religión proporciona conocimientos indispensables sobre la historia
de Europa y el mundo entero después de Jesucristo, no
podemos prescindir de la religión que produjo una nueva civilización.
¿Cómo podremos
estudiar Arte prescindiendo del motivo que inspiró toda la Edad
Media, el Renacimiento, el Barroco…? No podemos renunciar a la
evidencia del sentido trascendente del hombre desde sus primeras manifestaciones
artísticas, desde el principio de los tiempos.
¿Cómo podremos entender a los grandes
literatos, a los grandes maestros que debieron al cristianismo sus
más bellas inspiraciones? ¿Podemos ignorar la religión al estudiar Filosofía,
Moral o Derecho?
No podemos condenar a la ignorancia a nuestros jóvenes
puesto que la religión está íntimamente unida a todas las
manifestaciones de la inteligencia humana.
La enseñanza religiosa y moral transmite conocimientos razonables
y necesarios para poder comprender nuestra cultura y hace posible
que la cultura no sólo sea comprendida, sino también críticamente
asimilada.
Esta
enseñanza es especialmente necesaria por desarrollar la capacidad trascendente y
dar respuesta al sentido último de la vida. Es esencial
en el desarrollo integral de todas las capacidades del alumno.
La asignatura de
Religión no evalúa la fe de los alumnos, evalúa lo
que el alumno va aprendiendo. Es distinta la clase de
Religión de la catequesis; en la catequesis sí se evalúa
la fe de los catecúmenos, necesaria para ser miembro de
la Iglesia y recibir los sacramentos; en la asignatura de
Religión se evalúan conocimientos que ayudan al alumno a descubrir
su propia identidad: su origen y su destino último, sus
ansias de infinito, su capacidad de amar, su dignidad de
hijo de Dios, el sentido de su vida. Ayuda al
alumno a valorar la auténtica libertad que se adquiere en
el camino hacia el Bien y la Verdad. “EL ASCENSO
DEL CIVISMO”
Es un hecho constatado en las últimas décadas que, en
el mundo occidental, se produce lo que podríamos llamar, “el
ascenso del civismo”, la creciente necesidad de subrayar las dimensiones
sociales, cívicas de la vida y de las relaciones humanas.
Se contempla a la educación como el medio adecuado para
ayudad a la deteriorada convivencia ciudadana: educar para, en y
sobre la vida ciudadana. Se ve la educación como el
horizonte de esperanza para el mantenimiento, consolidación y regeneración de
las democracias, aunque en muchos casos se desconoce, en parte,
el sentido profundo que la educación tiene. Si es educación
tendrá que ser personal, y si es personal no puede
prescindir de los aspectos morales y trascendentes de la persona.
FORMAR
PERSONAS
No
se puede marginar la educación moral sustituyéndola por una instrucción
cívica, como se pretende en la nueva asignatura “Educación para
la ciudadanía”.
Nadie
duda de la necesidad de una formación de ciudadanos, pero
ésta no es suficiente: hace falta una formación de personas.
Y es un elemento esencial en este sentido adquirir criterios
éticos y trascendentes.
Es necesario situar toda educación para la ciudadanía en
un marco más amplio de la educación estética, afectiva, moral
e intelectual y trascendente, es decir, en el horizonte de
una educación integral, ya que la vida social es parte
de la vida moral y lo moral no se reduce
a lo social.
No nos pueden engañar con este cambio: “educar al ciudadano”
por “educación integral de la persona”; no podemos aceptar que
la tarea educativa de humanizar al hombre sea una mera
socialización. Termino con el final de la citada carta de
Jean Jaurés:
Querido hijo, convéncete de lo que te digo: muchos tienen
interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo
el mundo desea conocerla. Muchos anti-católicos conocen por lo menos
medianamente la religión, otros han recibido educación religiosa, y su
conducta prueba que han conservado toda su libertad.
Además, no es preciso ser
un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de
no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues
en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión.
La cosa es clara: la libertad exige la facultad de
poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero
es preciso, hijo mío, que un padre diga siempre la
verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa
obligación.
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