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Autor: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net Tolerancia y educación religiosa en la escuela
¿Por qué defender la educación religiosa en escuelas públicas?
Tolerancia y educación religiosa en la escuela
Algunos partidos políticos parece que están empeñados en quitar la
asignatura de la religión. Los medios de comunicación, que tanto
influyen en lo que pensamos, se refieren a la educación
religiosa como un “optional” que puede tomarse o no. ¿Por
qué defender la educación religiosa en escuelas públicas? Es cíclicamente
tema controvertido. Con frecuencia Juan Pablo II destaca que el
diálogo interreligioso es parte importante de nuestra época, hemos de
profundizar en las raíces de nuestra cultura, y también en
el estudio de la religión pues la misma lucha contra
el terrorismo está implicada en esta educación, en ese marco
se ve cada vez más claro que el auténtico sentido
religioso hace al hombre más humano. El conocimiento de las
demás religiones, lo hace más tolerante, y ahuyenta el problema
del racismo. Es verdad que unos conocimientos religiosos no bastan
para hacernos buenos ciudadanos, pero es un medio más para
ello. En todo caso, habrá que asegurar la calidad de
esa enseñanza, más que arrinconarla.
El Estado puede ser aconfesional,
el Estado, no yo, es decir, no los ciudadanos, que
sí pueden ejercer la libertad religiosa, y por eso la
ley ha de prever que en los Centros públicos se
impartan enseñanzas religiosas de acuerdo con las convicciones de los
alumnos o de los padres. Eso es sencillamente hacer posible
el ejercicio de un derecho ciudadano. Los alumnos han de
poder escoger el estudio de la religión (porque son creyentes,
o por interés cultural). Y ha de ser una materia,
el hecho religioso, que pueda evaluarse (no la fe del
alumno, lógicamente, sino el conocimiento de esa disciplina), de la
misma manera que se evalúan las demás.
El revuelo que
se arma con la religión en algunos países no tiene
sentido, si no es por el viejo tema del clericalismo/anticlericalismo
ancestral de algunas culturas. Estamos hablando de una libertad para
el estudio de la religión, pero esto no significa que
en el escoger la religión todo sea lo mismo, no:
eso sería indiferencia mala, hay que buscar la verdad y
actuar en conciencia, siendo la verdad sobre el sentido de
la vida del hombre y sobre Dios algo tan serio,
va en ello nuestra felicidad. Pero esto ya pertenece a
otro ámbito, no al de conocimientos sino al modo de
vivir la fe, será por tanto el aspecto religioso que
vivirá en los actos personales o colectivos de tipo religioso.
Esa libertad habrá de vivirse con responsabilidad, es decir merece
ser una elección hecha a conciencia por los padres, y
no dejada a manos de la comodidad, de la elección
preferida por el niño en aquel momento. Pero eso no
es la materia de la asignatura de religión, eso es
catequesis.De manera que defender la religión en la escuela pública
es exigir un derecho y esforzarse en un deber de
padres cristianos: un cristiano podrá mostrar la invitación –sin fanatismo,
con tolerancia, pero con autenticidad- de los auténticos derechos humanos,
que colocan al hombre en la más alta dignidad, la
de hijo de Dios; en la más plena libertad, liberado
por Cristo del pecado mismo; en el más alto destino,
la posesión definitiva y total del mismo Dios por el
amor; Jesús nos sitúa en la más estrecha relación de
solidaridad con los demás hombres por el amor fraterno y
la comunidad eclesial; nos impulsa al más alto desarrollo de
todo lo humano, porque ha sido constituido señor del mundo
por su propio Creador; se nos da, en fin, como
modelo y meta, pues es hijo de Dios encarnado, perfecto
Hombre, cuya imitación constituye para el hombre fuente inagotable de
superación personal y colectiva. De esta forma, el educador católico
puede estar seguro de que hace al hombre más hombre,
como decía el Cardenal Baum y M. Javierre en “El
laico católico testigo de la fe en la escuela", publicado
por la Congregación vaticana para la Educación. Es una tarea
inmensa que el educador ha de transmitir con su vida
y su palabra: el hombre inmerso cotidianamente en lo terreno,
en la vida secular, está en posesión de tan excelsa
dignidad.
¿Cómo desarrollar buenos programas? Este es otro tema, pues en
ocasiones se ha dado muy bien la asignatura de ética,
y quizá la de religión ha tenido menor buena prensa,
será fruto del esfuerzo de todos que se lleve la
teoría a la práctica; y a la larga también –y
esperemos que con la ayuda de los medios de comunicación-
en lugar de promover antivalores como la cultura de la
transgresión, se apoyará por parte de los gobiernos una educación
en el esfuerzo, importante para la madurez, en una visión
completa del hombre: ¿por qué quitar de la educación –leía
hace poco- precisamente aquellas cuestiones más importantes sobre el sentido
de la vida humana, de su trascendencia, de su felicidad?
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