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Autor: Mayra Novelo | Fuente: familia@yoinfluyo.com
La Prudencia
La prudencia es la virtud que liderea o conduce a todas las virtudes. Al igual que un sabio conductor, la prudencia es una virtud especial pues pertenece a la inteligencia y a la voluntad.
 
La Prudencia
La Prudencia

La prudencia


Lo que hace la prudencia es que pensemos antes de actuar. Es decir: el conductor lleva dos caballos que van a caminos distintos, que van a voltear el coche, con su inteligencia:

· 1.Enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos.
· 2. Pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión.
· 3. Actúa o deja actuar, de acuerdo con lo decidido.


Los jóvenes enfrentan diversas circunstancias en las cuales la prudencia será fundamental incluso para sobrevivir, por ello es fundamental promoverla e inculcarla. Por ejemplo, imagina que un amigo de tu hijo organiza una fiesta en su casa. Cuando llegas a recogerlo, el hermano mayor le dice que se espere, que el lo llevará de regreso. Tu hijo ha visto que ha bebido bastante, sin embargo, piensa que no vive tan lejos y tiene ganas de quedarse… ¿Cuál es la decisión correcta?

En los jóvenes el índice de mortandad radica principalmente en los accidentes automovilísticos. Evidentemente, en la mayoría de los casos el problema es que la prudencia no entró en el juego.

A la prudencia se le conoce también como la virtud propia del gobernante, pues es con la que se tienen que tomar sabias decisiones. Quizá ahora no nos planteemos ser gobernantes pero también es la que tiene que ver con cualquier jefe de grupo o del equipo de fútbol o de básquet… porque aún en esos niveles más básicos, estamos de continuo tomando decisiones. La prudencia también nos ayuda a saber gobernarnos a nosotros mismos.

La vida es tomar decisiones hasta las más pequeñas: cómo hago que me rinda mejor el tiempo, a qué afición me dedico, quiénes son mis amigos, a quién invito a mi casa, dónde voy a divertirme, cómo quiero ser o comportarme y un sin fin de etcéteras.

Por supuesto, que aunque la prudencia exige reflexión, no podemos eternizarnos al pensar. Hay que ser rápidos. Hay personas como de 40 años que se han pasado la vida pensando con quién casarse. Reflexionan, hacen una evaluación y concluyen que no es el momento, que no han encontrado a nadie, etc. Puede ser que hayan tenido una novia o novio al que amaron y sin embargo, “todavía se lo están pensando”





La prudencia busca el bien para nosotros.

La prudencia se dice que perfecciona el acto del entendimiento práctico. Esto quiere decir que te hace saber cómo actuar: aquí, ahora, en lo concreto. Si sólo nos hiciera saber cómo son las cosas, no sería prudencia sino sabiduría o ciencia pero la prudencia está orientada a la acción.




La prudencia evalúa las cosas y ve como llevarlas a cabo:

quién te ofrece alguna droga para que te sientas mejor, que un desconocido te moleste y no encuentres a quien recurrir, que alguien se te declare…
En ellas tendremos que ejercitar distintos tipos de prudencia, pero siempre debe de estar orientada al bien verdadero. Cuando somos prudentes para engañar y que no nos cachen, aunque parece prudencia, es uno de los vicios de la prudencia, que es la astucia.

Con relación a la prudencia puede haber algunos peligros:

· 1. Con relación a los demás: qué hacen bien, en qué tienen razón, en qué me han ayudado. También ser agradecidos. Esta es una parte importante de la justicia.
· 2. Con relación a mi mísmo: qué faltas he cometido y reconocer mis errores o qué daño pude hacer a los demás.
Para ello hay que:

· 1. En el mundo actual, existe una gran actividad: vamos, venimos, hacemos, corremos. La actividad dificulta el proceso de reflexión y como consecuencia, existe una tendencia a reaccionar frente a situaciones nuevas que van surgiendo, más que afrontarlas con serenidad para tomar decisiones acertadas. La prudencia exige como ya vimos, reflexión.
· La prudencia no se puede quedar en teoría: en el qué, sino tiene que volverse acción, actuar en el cómo.
·
· 2. A veces nos quedamos con la teoría: suena muy bien eso de pensar antes de actuar, pero normalmente la vida como teoría o expresada en palabras puede ser perfecta pero no así en la realidad.
·


Para vivir la prudencia, lo mejor es aprender de las experiencias pasadas. Hay que tratar de no ir cometiendo los mismos errores infinitamente. Tropezar es humano, hacerlo 5 veces con la misma piedra es de tontos.

Pero no hay que ser tan egoístas que no podamos aprender de los errores de los demás. Pedir consejo es un punto importante de la prudencia. Decía un escritor llamado Crescenzo que cada uno de nosotros somos como un ángel con una sola ala. Y podemos volar sólo cuando nos abrazamos unos con otros.

Carlos Llano dice que el hombre no es un hombre lógico, sino dialógico, requiere de diálogo para llegar a la lógica.

Para irnos formando en la virtud de la prudencia, hay que tratar de conocer la realidad ¿Qué es esto? Había una vez un hombre que vivía en fantasilandia. Ahí tenía a la esposa perfecta, los hijos perfectos, la familia perfecta. Jamás había cometido un error, ni había sufrido. Su jefe era atento, el clima era cálido, la comida suculenta y su hogar grande y con pisos relucientes. Todas las mañanas le gustaba salir a dar un paseo y contemplar el letrero que acogía a quienes venían a visitarlo: Bienvenidos al manicomio…

En nuestro conocimiento de la realidad, es importante que nos empeñemos en verla como es, no como nos gustaría que fuera. Lo primero para ser prudente es conocer bien la verdad: dónde estoy parado. No necesitas prudencia para saber los planetas del Sistema solar, pero sí para saber si de verdad ahora lo que tienes que hacer es acompañar a tu abuelita o irte a hacer la tarea o irte a jugar. En las decisiones más importantes puedes hacerte más o menos algunas preguntas así:


· 1. ¿Qué información tengo sobre el asunto?

· 2. ¿Es confiable de dónde recibí la información?
· 3. ¿Es verdadera?
· 4. ¿Tengo algún prejuicio con respecto al tema?
· 5. ¿A quién le puedo pedir consejo al respecto?
· 6. ¿He tomado tiempo suficiente para reflexionar?
· 7. ¿Cuándo es el momento en el que tengo que decidir?


Hay que poner a trabajar nuestra mente, para eso la tenemos. A veces tomamos decisiones así: como van, sin medir consecuencias para nosotros y para los demás. Claro que habrá errores, pero hay que aprender de ellos. Es poco a poco.

Afirmaba N. Sckebant que tres cosas requiere un hombre para cumplir grandes designios: una cabeza de hielo, un corazón de fuego y una mano de hierro (pensamiento, sentimiento y acción) el método es ir de la mano de la virtud de las virtudes: la prudencia.





Prudencia (phrónesis, en griego) equivale a lo que hoy llamaríamos objetividad, realismo.

La objetividad ética consiste en poner como lo primero en la intención de todo obrar aquello que es primero en la realidad humana, su unidad de materia y espíritu.

Algunas de las partes integrantes de la prudencia son:

· a) La memoria, entendida como experiencia del pasado. Porque el prudente necesita prever las consecuencias de sus decisiones. La experiencia se adquiere personalmente o atendiendo a la historia, de ahí que la inexperiencia sea propia de los más jóvenes y de los menos cultos.
· b) La docilidad, o capacidad para aceptar enseñanza y consejo de quienes saben más de algo. Esta virtud falta a quienes no saben escuchar, ni respetar los puntos de vista ajenos; ahora, la realidad suele tener muchas facetas, la mirada de uno sólo no la suele agotar.
· c) El ingenio o sagacidad (solercia), para ir al fondo de un asunto por uno mismo. Mientras la docilidad aprende de los demás y requiere tiempo, la sagacidad es intuitiva e instantánea.
· d) La previsión (providencia). Para proveer medios, hace falta prever; se dan cambios y contingencias que pueden ocurrir en el futuro, sea en lo económico, lo social, etc.
· g) La circunspección, que consiste en darse cuenta de lo que nos rodea, las circunstancias que nos envuelven y afectan al problema que debemos afrontar. Quien está falto de esta virtud dirá lo que no debe, a quien no debiera y en el momento menos apropiado, o hará lo menos oportuno. Se trata de saber ver y apreciar atinadamente el presente.


Son especies de la prudencia:

La prudencia personal y la prudencia política. La primera mira a la orientación de la propia vida, la segunda es la propia de quien tiene un encargo de gobierno.

La prudencia política es necesaria a toda persona constituida en autoridad, ya sea gobernante, empresario, etc. Aplicaciones suyas son la prudencia familiar, la militar y, en general, la del directivo. Son enemigos de la prudencia del directivo la megalomanía, que plantea objetivos desproporcionados e irrealizables, o lleva a la ostentación y el lujo, y el partidismo, que orienta el gobierno en beneficio de algunos no de todos. El partidismo manifiesta una visión subjetiva de la sociedad y del bien común, propia de las concepciones totalitarias.

Son partes potenciales de la prudencia el buen consejo, que la prepara, el buen juicio, que mira a la rectitud y bondad del fin, y la perspicacia, para problemas prácticos, no necesariamente morales.

Los vicios contrarios a la prudencia son: Precipitación y temeridad, por las que se pasa a la ejecución sin deliberación madura, propias del orgulloso y autosuficiente. Inconsideración, o falta de juicio para ponderar la realidad, sea por falta de madurez, de cultura o afectividad desmedida, que priva de serenidad de juicio. Inconstancia, que consiste en la cesación del esfuerzo que requiere la obtención de un fin, contentándose con algo menor.



Una persona que vive la virtud de la Prudencia

La persona que vive la virtud de la Prudencia se distingue porque en su trabajo.

y en sus relaciones con los demás, recoge una información que enjuicia interiormente de acuerdo con los criterios rectos y verdaderos. Luego, analiza las consecuencias buenas o malas para sí misma y para los demás. Por último, antes de tomar una decisión, actúa o deja de actuar, de acuerdo con aquello que haya decidido.

La virtud de la Prudencia nos permite reflexionar adecuadamente antes de tomar cualquier decisión. Para decidir, es necesario reflexionar con calma para ver lo bueno o lo malo de esa decisión. Se trata de analizar las consecuencias. La virtud de la prudencia es la que nos educa para reflexionar bien y así, decidir bien.

Bien dicen que la Prudencia es la "madre de todas las virtudes". Sin una buena reflexión no habrá buenas decisiones. Si se reflexiona con superficialidad o equivocadamente, nada realmente de provecho se logrará en la vida.


Los enemigos de la Prudencia

La precipitación:

Es decir, cuando se decide sin reflexionar, por las prisas o los agobios.
¡Detente en el camino! Observa bien el mapa. Aprende a distinguir por dónde has de avanzar. Si no lo piensas, te precipitarás y tomarás decisiones imprudentes.

La debilidad de voluntad:

Cuando se es débil de voluntad y se deja uno llevar por estados de ánimo, enojos e impaciencias, no podremos reflexionar bien antes de tomar las decisiones que se requieran. La falta de dominio personal lleva a tomar decisiones imprudentes.

Las pasiones:

Si por un lado la debilidad de voluntad nos hace ser imprudentes, las pasiones son el otro enemigo que entra en juego. Si no se cómo dominar esas pasiones, ellas me cegarán al tomar las decisiones. Nunca tomes una decisión cuando estés bajo el dominio de una pasión.


¿Qué se necesita para ser prudente?

Reflexiona: Esfuérzate por pensar bien sobre lo que vas a hacer. Analiza las consecuencias, responsabilízate de ellas, valora diferentes opciones. No decidas lo primero que se te viene a la cabeza.

Posee valores: Para ser verdaderamente prudente, tenemos que tener nuestros valores muy bien establecidos. Si para mí no es un valor decir la verdad, ¿cómo seré prudente cuando me vea tentado a mentir?

Conoce criterios rectos y verdaderos: Si soy cristiano, he de conocer los criterios que Jesucristo quiere que yo viva en mi vida, para que las decisiones que tome sean conforme a ellos. Por ejemplo, si no conozco ni aprecio los mandamientos de la Ley de Dios, ¿cómo he de decidir ante las circunstancias de la vida? ¿Cómo sabré si el divorcio, el adulterio o el aborto son buenos o malos, si no conozco lo que Dios piensa de ellos? ¿Cómo podré ser honrado,
honesto, veraz si desconozco los criterios del Señor sobre ellos?

Acrecienta tu fuerza de voluntad: Sucederá que conoces qué valores son los que te acercan a Dios, los criterios que el mismo Dios te da, pero, ¿cómo decidir conforme a ellos si tienes una voluntad débil que se deja vencer por las tentaciones? ¿Cómo vas a decidir luchar en contra del pecado si tu voluntad es de papel? Y cuando las pasiones te ataquen, ¿cómo guardarás la serenidad para reflexionar si tu voluntad es débil?


Capacidades a desarrollar para ser prudentes

- Saber observar bien: quien se detiene a observar, podrá reconocer lo bueno y lo malo.
- Saber distinguir entre lo que sucedió y lo que dice la gente que sucedió.
- Saber distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es.
- Saber buscar bien la información que me permitirá decidir bien.
- Saber analizar las consecuencias de algo que van a decidir.
- Saber dominar mis enojos para ver con serenidad la realidad.

  • Sugerencias, comentarios, propuestas, envíalas a Mtra. Mayra Novelo, anfitrión de la comunidad.


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