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Autor: Ramón Pi | Fuente: arvo La Obligación de Educar
La educación se confunde a menudo con la mera transmisión de saberes y conocimientos, como si eso fuese todo. La instrucción es necesaria, pero no es educación. La educación es la transmisión de un modo de comprender el mundo, la vida, el hombre.
La Obligación de Educar
Como vivimos en una época en que las decisiones tienden
a tomarse por impulsos del sentimiento, no es raro oír
frases carentes de sentido en boca de personas que pasan
por buenas y prudentes. Una de esas frases es: “Vamos
a tener varios hijos, porque nos gustan mucho los niños”.
Como
si los niños no creciesen nunca y se quedasen como
peluches, congelados en su pequeñez. Un sentimentalismo más bien barato
prevalece sobre la razón y el sentido común. Este despropósito,
sin embargo, esconde toda una mentalidad, las más de las
veces inconsciente, en quienes lo expresan: la de considerar que
los hijos son para sus padres, que les pertenecen, que
son el resultado de un presunto derecho de la pareja
a tener hijos.
Es claro que un matrimonio tiene derecho a
tener hijos, pero eso debe entenderse solamente en oposición a
una posible obligación impuesta de no tenerlos, como ocurre en
China y otros lugares, en que las políticas demográficas de
Gobiernos despóticos llegan a meterse en los mismos lechos conyugales.
Pero es igualmente claro que no se tiene derecho a
tener hijos como a tener una vivienda digna, por ejemplo.
Un hijo es una persona, sujeto, y no objeto, de
derechos. Esta mentalidad digamos “propietaria” de los hijos, como si
fueran cosas, induce a creer que tenemos derechos, pero no
obligaciones respecto a ellos. Y por eso se tiende con
frecuencia a transferir al Estado, o a la Iglesia, la
obligación de educarlos.
La educación se confunde a menudo con la
mera transmisión de saberes y conocimientos, como si eso fuese
todo. La instrucción es necesaria, pero no es educación. La
educación es la transmisión de un modo de comprender el
mundo, la vida, el hombre. Es la modelación de la
personalidad, la preparación para la vida, del modo menos traumático
y más provechoso posible. La educación es el bagaje que
se proporciona a niños y adolescentes para llegar en las
mejores condiciones a la edad adulta y hacer de sus
vidas algo que merezca la pena, que tenga sentido y
que les dé oportunidades de buscar la felicidad.
Todo eso es
obligación primaria de los padres, porque no existe un entorno
mejor ni más natural para este proceso de maduración que
el hogar y la familia. Es obvio que la escuela
es un complemento excelente, a veces indispensable, para el proceso
educativo, pero es un complemento. Hay cosas que o se
aprenden en casa o no se aprenderán, y o permanecerán
como lagunas en la personalidad, o costará un trabajo ímprobo
incorporarlas.
Muchas personas que quieren hacer las cosas bien olvidan
esta obligación básica. No se puede dimitir de este papel
insustituible, no hay escuela o colegio que pueda reemplazar a
los padres en la transmisión de una educación plena para
sus hijos. Quejarse de que la escuela no cumple su
función puede responder a una realidad, pero a menudo oculta
una dimisión previa de los padres.
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