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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net ¿Qué es una Mujer de Principios?
Y ¿cuáles son estos principios rectores de la vida?
¿Qué es una Mujer de Principios?
Esta pregunta es difícil responderla porque nuestra época se caracteriza
por la sobreabundancia de filosofías ligeras, por religiones en las
que el esfuerzo y el sacrificio están fuera del verdadero
sentido de la vida, y los principios parecen no ser
más que un estorbo.
Hablar de principios es sumamente complejo,
pues se trata de aspirar a llegar al núcleo específico
que tienes tú como mujer: tu corazón.
Una mujer de principios
es la que tiene claro cuales son los fundamentos de
su existencia, en definitiva quien tiene clara cual es su
identidad y desde esa identidad proyecta toda su vida para
realizarla con mucha coherencia. De analizar quien soy yo, porqué
actúo de cierta manera, etc. Los principios no son una
serie fría de normas que de modo inflexible rigen toda
la existencia. Si no se quien soy, no podré ser
coherente con ello. Por eso tener clara la identidad. Si
no se lo que es ser una mujer cristiana, o
una esposa, o una madre, ¿cómo voy a ser coherente
con ello?
Como el cuento del patito feo, que no sabe
quien es y por eso vive traumado, hasta que descubre
que es un hermoso cisne…
Los principios son los ejes desde
los cuales la persona crece y se desarrolla en todos
los ámbitos, sin perderse a sí mismo en medio de
las diversas circunstancias de la vida.
Una mujer de principios se
caracteriza por tener convicciones profundas, que no ceden ante la
moda o presión de la sociedad en la que se
mueve. Un ejemplo de la conducta de estas mujeres fueron
las vidas de Juana de Arco, Teresa de Ávila, Dorothy
Grey, Edith Stein, Teresa de Calcuta. Eran mujeres de oración
y de temperamento recio cuando era necesario, mujeres profundamente enamoradas
de su Dios y comprometidas con lo trascendente y con
los demás. Por ello, una mujer así, no le
tendrá miedo a la renuncia cuando esta sea necesaria, o
al sacrificio cuando haya que echar mano de él. No
le tendrá miedo a la opinión del mundo que le
rodea, ni actuará por el aplauso o la burla.
Así
lo decía el Padre Marcial Maciel: Ser un «hombre -mujer-
de principios» es difícil, pero no hay otras alternativas para
el hombre del Reino llamado a ser coherente con su
fe, fiel a la palabra dada, enviado a una misión
difícil en medio de un mundo materializado. Pídele, pues, mucho
a Jesucristo que te dé la fortaleza para vivir así,
imitando su ejemplo: «Yo siempre hago lo que me manda
el Padre» (Jn 8, 29) Eso es vivir de principios,
y Getsemaní es un ejemplo hiriente de la coherencia de
Cristo en esta afirmación (cf. Lc 22, 39 ss.). (CNP
16 de junio de 1979)
En una mujer de principios sus
convicciones son prácticas, es decir, que en su forma de
ser no hay actitudes demasiado extraordinarias. Ella está en el
mundo de una manera natural, como todos los demás, pero
con un sentido de integridad diferente, pues no son las
circunstancias las que le marcan su estilo de vida, sino
que sabe interpretar las circunstancias para ser fiel a sus
principios.
No puedo vivir de las circunstancias pero tampoco al
margen de ellas. Hay etapas que nos marcan mucho, pero
no por eso es un problema. Una mujer de principios
no es alguien quien borda en el aire, las circunstancias
de la vida son la tela sobre la que se
borda. Adaptarse a cada momento de la vida, de los
hijos, del matrimonio, etc. Ej: una mujer de principios que
acaba de dar a luz no puede pretender orar como
Santa Teresa de Jesús, pero aunque sea una Avemaría, si
es mujer de principios, puede rezar.
Una mujer de principios tiende
a ser una gran líder pues sus convicciones son reales,
las cree, las vive, las transmite y enseña a otros.
Sabe con prudencia y moderación mostrar respetuosa y claramente a
los demás el camino que lleva a la felicidad que
ella misma ha encontrado con sinceridad y humildad.
La mujer de
principios es aquella que se ha dado cuenta de es
absolutamente necesario vivir de una forma contemplativa en medio del
mundo, para cristianizarlo. Mujer de oración. Por eso busca en
la medida de sus posibilidades el ser coherente, pero no
desde la autosuficiencia, como si los principios de los que
se alimenta fueran de su propiedad, sino desde la sencillez
de Dios, de la fortaleza que da el estar cerca
de Dios para dar testimonio y no temer la contradicción
o el rechazo, pues sabe que el fruto no depende
de ella, sino de Dios. Mujer de Dios.
En este sentido
la oración será una muy importante fuente para descubrir y
arraigar los principios en nosotros. Los principios no serán unas
verdades frías de la mente, sino que nacerán del corazón
que quiere llegar a Dios y darlo a conocer en
los diversos ambientes en los que se mueve. Sin ser
contemplativa, “la mujer de principios” puede ser una autosuficiente o
una soberbia. Una mujer de principios tiene convicciones, y las fundamenta
al saber el porqué las tiene, esforzándose por comprender la
verdad que está detrás de cada una de su convicciones.
Razones fundadas en la razón. Esto evita caer en el
fanatismo. No vale “porque lo dice la Iglesia”, o
“porque lo dice el Papa” o “porque así me enseñaron”.
Por lo tanto, sus decisiones, no deben ser inseguras, arrebatadas
o emocionales, sino nacidas de la verdad y del amor
que se encuentran en cada una de esas mismas convicciones.
La
fe y la razón son las dos alas que elevan
el pensamiento humano (JP II)
¿Cuales son los principios rectores de
la vida?
Ya hemos dicho que el primer principio es el
amor que nace del encuentro con Cristo. Sin embargo el
amor se desarrolla para nosotros en un arco iris de
principios que brotan naturalmente. El primer principio es la esencia
de toda la vivencia moral: haz el bien y evita
el mal y esto tendría que iluminar de modo muy
sencillo muchos momentos de nuestra vida. En el instante en
que descubrimos que estamos haciendo el mal y seguimos haciéndolo,
en ese momento estamos yendo contra el primero de los
principios no solo morales, sino esenciales de nosotros mismos, pues
comenzamos a destruirnos al orientarnos no hacia el bien sino
hacia el mal de modo consciente.
Luego podríamos enumerar toda una
serie de principios naturales que de algún modo se encuentran
en las tablas de la ley de Moisés. Estas diez
palabras o diez principios, no son sino la especificación de
todo lo que de modo natural se encuentra escrito en
la conciencia de los seres humanos.
En un tercer momento
podríamos descubrir los principios que nacen del evangelio, estos principios
los podríamos condensar en el mandamiento central de Cristo: Ámense
los unos a los otros como yo los he amado.
Ahora
bien, ser hombre o mujer de principios requiere una serie
de elementos muy importantes para que estos principios no se
corrompan. Es necesaria la capacidad de aplicar los principios a
la vida, esto implica una conciencia que distingue con claridad
los medios o los fines, los medios para lograr un
recto fin, que en definitiva es la verdadera felicidad. Es
necesaria la sabiduría para descubrir lo que implica la concreta
vivencia de los principios en la vida diaria. Es necesaria
la fortaleza para no dejarse vencer por las circunstancias adversas.
Por
tanto cuestionarme: ¿En que cifro mi vida? ¿Cómo es mi experiencia de
Cristo? ¿En que puede mejorar? ¿Están mis decisiones y mi vida
basadas en los criterios de Cristo? ¿Estoy conciente de que en
la medida en la que me apegue al plan de
Dios sobre mi, seré más feliz? ¿Qué me mueve? ¿Cuál es
el motivo de mi actuar? ¿Qué esfuerzos hago para vencer el
mal con el bien? ¿Vivo mi vida, o “me vive la
vida”? ¿A que dedico mi tiempo? ¿Qué tanto reditúa para la
vida eterna? ¿Es el principio del amor el que rige mis
relaciones con los demás? (marido, hijos, familia política, amigos, apostolado
etc) ¿Cómo es mi coherencia de vida? (“si no actúas como
piensas, fácilmente acabarás pensando como vives”)
Hacer un propósito concreto para
este inicio del mes…
Basta que analicemos los diez
mandamientos y encontraremos la verdad de lo que nos dice
el catecismo de la Iglesia Católica: 962.La Ley antigua es
el primer estado de la Ley revelada. Sus prescripciones morales
están resumidas en los Diez mandamientos. Los preceptos del Decálogo
establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a
imagen de Dios. Prohíben lo que es contrario al amor
de Dios y del prójimo, y prescriben lo que le
es esencial. El Decálogo es una luz ofrecida a la
conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los
caminos de Dios, y para protegerle contra el mal: Dios
escribió en las tablas de la Ley lo que los
hombres no leían en sus corazones. [San Agustín]. 2067. Los
diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y
del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor
de Dios y los otros siete más al amor del
prójimo. Como la caridad comprende dos preceptos en los que
el Señor condensa toda la ley y los profetas..., así
los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están
escritos en una tabla y siete en la otra. [San
Agustín]
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