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Autor: P. Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net El eco de la vida
... La vida es como el eco; no exijas a la vida lo que tú no estés dispuesto a dar...
El eco de la vida
Hace poco leí la historia de un niño y su
padre, que estaban caminando en las montañas. De repente, el
hijo se cae, se lastima y grita: “-¡aaahh!” Para su
sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la
montaña: “-¡aaahh!”. Con curiosidad el niño grita: “- ¿Quién está
ahí?” Recibe como respuesta: “- ¿Quién está ahí?” Ya enfadado,
el niño grita: “- Cobarde”. Y recibe de respuesta: “-
Cobarde”. El niño mira a su padre y le pregunta:
“- ¿Que sucede?” El padre, sonríe y le dice: “-
Hijo mío, presta atención”. Entonces el padre grita a la
montaña: “- Te admiro”. Y la voz responde: “- Te
admiro”. De nuevo, el hombre grita: “- Eres un campeón”.
Y la voz le responde: “- Eres un campeón”. El
niño estaba asombrado, pero no entendía. Luego, el padre le
explica: “- La gente lo llama eco, pero en realidad
es la vida. Te devuelve todo lo que dices o
haces”.
Por eso, dicen que nuestra vida es reflejo de
nuestro actuar. “Pon amor donde no hay amor y sacarás
amor”, decía san Juan de la Cruz. Si quiero más
amor en el mundo, he de sembrarlo a mi alrededor.
Si deseo la felicidad, la he de dar pues la
felicidad no la adquiero con los goces sino sacrificándome por
los demás, dándome por amor; por eso es algo que
viene “de rebote”: cuando la busco en sí misma no
la encuentro, pero cuando busco la de los demás (haciendo
el bien) la encuentro como el eco, “de rebote”, recojo
lo que siembro, viviendo aquello de que “hay más alegría
en dar que en recibir”. Estaré alegre cuando busco la
alegría de los que me rodean. Si quiero una sonrisa
en mi alma, he de sonreír a quienes tengo a
mi lado, cada día. La vida me devolverá lo que
he dado, como el eco.
Esto se aplica a todo
en la vida: a la belleza, la verdad y la
bondad. Por mucho que vayamos por el mundo buscando la
belleza, no la encontraremos nunca si no la llevamos con
nosotros. Sólo cuando llevamos la belleza, la vemos también en
todo y en todos. Y entonces descubrimos el esplendor de
la verdad. Ser auténticos, coherentes, porque sabemos lo que vale
la pena. Sólo cuando llevamos la verdad, la vemos en
los demás.
Entonces vemos que la verdad se construye haciendo
el bien. A través del amor sembramos de bien el
mundo; entonces vemos el bien en los demás, y sólo
entonces nos hacemos buenos; si, al hacer el bien nos
hacemos buenos; y también al mejorar nos hacemos capaces de
conocer mejor lo que está bien, es como si el
paladar hacia las cosas buenas mejorara con la virtud, tuviéramos
más discernimiento. Sólo entonces estamos contentos de vivir.
A veces
nos ponemos gafas de sol para evitar la luz en
verano; y al entrar en un túnel nos parece todo
oscuro, como si las luces no alumbraran; entonces nos damos
cuenta de que lo vemos todo negro porque llevamos puestas
las gafas negras. Si algún día lo vemos todo negro
(los demás nos molestan, están insoportables, etc.), es que tenemos
la mirada turbia, la niebla está dentro de nosotros a
menudo y por eso proyectamos aquella visión hacia fuera. La
vida es como el eco; no exijas a la vida
lo que tú no estés dispuesto a dar, es el
jugo de la historia que hemos recogido al principio.
En ocasiones
nos encontramos desencantados, pues no han tenido con nosotros las
atenciones que esperábamos, y esa falta de cariño nos hace
sentirnos solos, desconsolados, desconcertados y a veces con la sensación
de quien sin saber nadar se encuentra con que no
hace pie, y viene el desconcierto. Es hora de encontrar
el sentido de la cruz, y de hacer un acto
de generosidad, de actuar de tal modo que procuremos que
a nuestro alrededor nadie pruebe esto tan amargo que hemos
padecido en esa ocasión; con la experiencia de aquella experiencia
procuraremos que dar a los demás eso que no hemos
encontrado... Una técnica de éxito muy sencilla, pero muy poderosa,
es sonreír aunque cueste. No hay cosa tan pequeña que
dé resultados tan grandes, para cambiar el mundo: mira a
las personas con amabilidad, con una sonrisa sincera.
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