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Autor: Horacio Bojorge | Fuente: En mi sed me dieron vinagre. La civilización de la acedia Algunos Rasgos de Acedia Docente
Alguien sentirá que está "fuera de foco" y que no coinciden sus intereses personales con el mundo escolar. No consigue apropiarse la misión docente. O sentirá rechazo por la comunidad escolar motejándola de diversas maneras.
Algunos Rasgos de Acedia Docente
La enumeración de los motivos ya permite imaginar muchos rasgos
posibles de la acedia docente. He aquí algunos, espigados entre
las "muestras" recibidas.
Hemos llamado la atención más arriba sobre la
capacidad creadora de lenguaje despectivo de la acedia. Cuando se
pierde la devoción fácilmente se moteja y se hace burla
de los demás y pulla de lo que la alimenta.
Así, la acedia escolar, entre otros motes ha creado el
de: conventillo escolar, para referirse a la institución y sus
conflictos. Es un ejemplo, al que sin duda los familiarizados
con el ambiente podrán agregar un montón.
Alguien sentirá que está
"fuera de foco" y que no coinciden sus intereses personales
con el mundo escolar. No consigue apropiarse la misión docente.
O sentirá rechazo por la comunidad escolar motejándola de diversas
maneras. No verá ni estará dispuesto a reconocer intereses o
motivaciones nobles y verdaderas en los demás, juzgando cualquier tipo
de comentario o consulta como chusmerío docente.
Se atormentará con
los juegos de prestigio y poder que se juegan en
las instituciones humanas y también en las docentes. Y si
es directivo tendrá que tomar decisiones a pesar de su
fastidio y sus temores; incluso previendo, con juicios temerarios de
por medio, las reacciones de fulano y mengano.
Se tomará la
falta de madurez propia de los adolescentes como maldad, casi
se diría que ontológica, contra la que no se puede
luchar.
Experimentará deseos de huir de esa realidad escolar. Le resultará
imposible verla como un campo idóneo para un trabajo apostólico
y misionero. No logrará ver la obra de Dios presente,
sin embargo, en algunos miembros por lo menos, de su
comunidad educativa.
En fin, y en pocas palabras, tendrá más ojo
para los males que para los bienes de la obra
apostólica docente. Y cuando a pesar de todo, vea algún
bien, no encontrará gozo en él, pues es posible que
lo perciba como ´logro de los demás´, que pone en
evidencia el propio fracaso. Ya no le alegrarán los triunfos
de la propia ´camiseta´. Podrá cobrar tirria a las entregas
de premios, etc.
No es de extrañar que de aquí pueda
surgir una ´doctrina´ bastante bien articulada que racionalice la inutilidad
de los colegios y la necesidad o la conveniencia de
dejarlos. O por lo menos se exprese dubitativa y cuestionadoramente
sobre estos asuntos. - Tentaciones de fuga con apariencia de bien
Si
nuestro lector está familiarizado con el ambiente de un colegio
gestionado por una comunidad religiosa docente, estos hechos no le
serán desconocidos y podrá sin duda completar el elenco. Los
he enumerado, hasta la saciedad, para señalar que la sumatoria
de todos ellos, hace hoy de la vocación docente una
situación tanto o más propicia a la acedia que la
de un monje estilita en la peor canícula del peor
desierto.
Y así como entre los monjes la acedia producía la
tentación de fuga, las tentaciones de fuga individuales o colectivas
son numerosas y diversas en la vida docente. Para reconocerlas
como tentaciones, puesto que son todas nobles y buenas, racionalmente
inobjetables, basta con fijarse en un solo signo: no van
ni llevan hacia el colegio, sino que sacan y "salvan"
de él.
Una forma de la tentación de fuga que llega
a caballo de la acedia podrá ser la vida contemplativa.
Otra podrá ser la reorientación hacia un concepto más amplio
de educación. Otra, todavía, la opción por los más pobres
y el dejar los colegios para ir a insertarse en
las Villas o en parroquias suburbanas, para atender un dispensario
o tomar algunas horas de catequesis. Estos son los casos
más nobles y los más peligrosos, porque como tentaciones bajo
especie de bien, llegan fácilmente a insitucionalizarse.
En los demás casos,
se asiste al repliegue liso y llano sobre los propios
intereses. Se obtiene algún título que permita salir e insertarse
en el mundo laboral. Algunas veces, ¡oh ironía del destino!
en algún colegio de la congregación que se abandonó. - Acedia
escolar congregacional
Con este libro queremos llamar la atención sobre las
formas sociales y culturales de la acedia. Particularmente grave es
la situación cuando la tentación de acedia escolar, deja de
ser asunto privado, de un religioso en particular, y se
congregacionaliza. Es decir, cuando ya no es un individuo sino
una comunidad y hasta toda una congregación, la que está
afectada, sin advertirlo, por una forma socializada e institucionalizada de
acedia escolar. Entonces, la institución, no sólo ya no ayudará
a los individuos a discernir y vencer la tentación, sino
que la sembrará activamente en sus miembros, desalentará a los
fervorosos, culpabilizará a los que aún quieran cultivar la mística
de su carisma y llegará incluso a convertir su tentación
en doctrina; racionalizará sus deserciones y terminará dejando los colegios,
convencida de que está prestando un servicio a su congregación
y a la Iglesia. Nada significará para ellas que, desde
el obispo hasta el último fiel, todos manifiesten su dolor
por el cierre del colegio. ¿No es bien posible que
en muchos casos de abandono de instituciones escolares y de
crisis de congregaciones educativas ocurridos en las últimas décadas, haya
intervenido la tentación que tratamos de señalar aquí?
Está muy amenazada
hoy la alegría de la vocación docente en un colegio
de una congregación religiosa. Las religiosas del colegio tienen que
presenciar a menudo que, habiendo alcanzado la acedia a superioras
y formadoras, éstas no quieren que sus jóvenes "sufran lo
que yo sufrí en aquél colegio"; por lo que las
envían a alguna pequeña comunidad inserta en medios populares; tratan
de reorientar desde la formación el futuro de la congregación
hacia otros rumbos y se desentienden de los reclamos de
las que aún creen en los colegios que quiso el
fundador.
En algunas congregaciones, donde la acedia docente institucionalizada ha ganado
a superioras mayores y formadoras, las hermanas que llevan el
peso de los colegios tienen que mirar con hambre y
desde lejos a un puñadito de hermanas jóvenes que están
en formación... para otra cosa. El metamensaje es claro e
hiriente.
La acedia institucionalizada formula profecías contra los colegios y su
futuro, o mejor dicho, profetiza que no tienen futuro. Y
pone todos los medios para realizar esas profecías, aplastando toda
resistencia que pudiera demostrarlas falsas. Los que en medio de
todo esto aún encuentran el gozo de la caridad en
su vocación docente, están hoy en un huerto de los
olivos.
Conclusión
He tratado de describir los motivos y formas del tipo
de acedia que ataca a la vocación docente de religiosos
y congregaciones religiosas. He mostrado cómo los motivos de acedia
se agigantan debido a la lucha contracultural moderna y postmoderna
y cómo logran su objetivo desanimando y entristeciendo a educadores
y congregaciones educativas católicas. La sumatoria de esos motivos constituye
una presión muy fuerte que ha empujado y de hecho
amenaza con seguir empujando a la acedia escolar a muchos
religiosos docentes. Conforma una cierta atmósfera de acedia escolar que
puede contagiar a enteras congregaciones enseñantes y puede escalar hasta
sus gobiernos congregacionales.
Sobre esa tentación de acedia llegan cabalgando diversas
tentaciones, individuales o colectivas, que cohonestan la fuga y la
deserción del frente de lucha docente: la vida contemplativa, el
concepto amplio (el otro es tácitamente calificado de estrecho) de
educación, la opción por los pobres y la inserción en
los medios populares, etc.
Es necesario advertir el fenómeno espiritual y
combatirlo con medios espirituales. En lugar de desertar el frente
de lucha, hay que concentrar las fuerzas y hacer un
esfuerzo doblemente lúcido y creativo para poner sobre nuevas bases
las obras docentes y asegurar su libertad docente frente a
los intentos de sojuzgamiento o liquidación que provienen de la
cultura dominante.
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