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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org Discurso de Benedicto XVI a universitarios europeos
El servicio de la fe al conocimiento, insustituible
Discurso de Benedicto XVI a universitarios europeos
CIUDAD DEL VATICANO, lunes 13 de julio de 2009
Ofrecemos
a continuación el discurso que Benedicto XVI pronunció este sábado
al recibir en audiencia a los participantes del primer Encuentro
Europeo de Estudiantes Universitarios promovido por la comisión Catequesis-Escuela-Universidad del
Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, en colaboración con
la diócesis de Roma.
Señor cardenal, venerados hermanos en el episcopado y
en el sacerdocio, ¡queridos hermanos y hermanas! Gracias de corazón por
vuestra visita, que se produce en el día de la
fiesta de san Benito, patrono de Europa, con motivo del
primer Encuentro Europeo de Estudiantes Universitarios, promovido por la Comisión
Catequesis-Escuela-Universidad del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE).
A cada uno de los que estáis aquí presentes, mi
más cordial bienvenida. Saludo, en primer lugar, al obispo Marek
Jedraszewski, vicepresidente de la Comisión, y le agradezco las palabras
que me ha dirigido en vuestro nombre. Saludo de un
modo especial al cardenal vicario Agostino Vallini y le manifiesto
toda mi gratitud por el precioso servicio que la pastoral
universitaria de Roma presta a la Iglesia en Europa. Y
no puedo dejar de elogiar a monseñor Lorenzo Leuzzi, infatigable
animador de la oficina diocesana. Saludo también con profundo reconocimiento
al profesor Renato Lauro, rector de la Universidad de Roma
Tor Vergata. Y sobre os todo a vosotros, queridos jóvenes,
dirijo mi saludo: ¡Bienvenidos a la casa de Pedro! Vosotros
pertenecéis a 31 naciones, y os habéis estado preparando para
asumir, en la Europa del tercer milenio, importantes funciones y
tareas. Sed siempre conscientes de vuestro potencial y, al mismo
tiempo, de vuestra responsabilidad.
¿Qué espera la Iglesia de vosotros?
Es el mismo tema sobre el que estáis reflexionando para
sugerir la respuesta oportuna: "Nuevos discípulos de Emaús. Como cristianos
en la Universidad". Tras el encuentro europeo de profesores celebrado
hace dos años, también vosotros, estudiantes, os reunís ahora para
ofrecer a las Conferencias Episcopales de Europa vuestra disponibilidad para
proseguir en el camino de elaboración cultural que san Benito
intuyó como necesario para la maduración humana y cristiana de
las poblaciones de Europa. Esto puede realizarse si vosotros, como
los discípulos de Emaús, encontráis al Señor resucitado en la
experiencia eclesial concreta, y particularmente en la celebración eucarística. "En
cada Misa, de hecho --recordé a vuestros compañeros hace un
año durante la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney--,
el Espíritu Santo desciende nuevamente, invocado en la solemne oración
de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del
pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre
del Señor, sino también para transformar nuestra vida, para hacer
de nosotros, con su fuerza, un solo cuerpo y un
solo espíritu en Cristo". Vuestro compromiso misionero en el ámbito
universitario consiste, por tanto, en testimoniar el encuentro personal que
habéis tenido con Jesucristo, Verdad que ilumina el camino de
cada hombre. Y es del encuentro con Él de donde
mana esa "novedad del corazón" capaz de dar una orientación
nueva a la existencia personal; y sólo así se convierte
en fermento y levadura de una sociedad vivificada por el
amor evangélico.
Como es comprensible, también la acción pastoral universitaria debe
al mismo tiempo expresarse en toda su validez teológica y
espiritual, ayudando a los jóvenes de manera que la comunión
con Cristo les conduzca a percibir el misterio más profundo
del hombre y de la historia. Y, precisamente por su
específica acción evangelizadora, la comunidad eclesial comprometida en esa acción
misionera, por ejemplo la capellanía universitaria, puede ser el lugar
de la formación de creyentes maduros, hombres y mujeres conscientes
de ser amados por Dios y llamados, en Cristo, a
convertirse en animadores de la pastoral universitaria. En la Universidad,
la presencia cristiana se hace cada vez más exigente y
al mismo tiempo fascinante, porque la fe está llamada, como
en los siglos pasados, a prestar su insustituible servicio al
conocimiento que, en la sociedad contemporánea, es el verdadero motor
del desarrollo. Del conocimiento, enriquecido con la aportación de la
fe, depende la capacidad de un pueblo de saber mirar
al futuro con esperanza, superando las tentaciones de una visión
puramente materialista de nuestra esencia y de la historia.
Queridos
jóvenes, vosotros sois el futuro de Europa. Inmersos en estos
años de estudio en el mundo del conocimiento, estáis llamados
a invertir vuestros mejores recursos, no sólo intelectuales, para consolidar
vuestra personalidad y para contribuir al bien común. Trabajar para
el desarrollo del conocimiento es la vocación específica de la
Universidad, y requiere cualidades morales y espirituales cada vez más
elevadas frente a la vastedad y la complejidad del saber
que la humanidad tiene a su disposición. La nueva síntesis
cultural, que en estos momentos se está elaborando en Europa
y en el mundo globalizado, tiene necesidad de la aportación
de intelectuales capaces de volver a proponer en las aulas
académicas el mensaje sobre Dios, o mejor dicho, de hacer
renacer ese deseo del hombre de buscar a Dios --"quarere
Deum"-- al que me he referido en otras ocasiones.
Mientras
agradezco a todos los que trabajan en el campo de
la pastoral universitaria, bajo la guía de los organismos del
Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, auspicio que prosiga el
fructífero camino iniciado hace algunos años por el que expreso
mi más profundo aprecio y aliento. Estoy seguro de que
vuestro encuentro de estos días en Roma podrá indicar ulteriores
etapas por recorrer para una planificación más orgánica, que favorezca
la participación y la comunión entre las diversas experiencias que
ya funcionan en tantos países. Vosotros, queridos jóvenes, contribuid, junto
a vuestros profesores, a crear laboratorios de la fe y
de la cultura, compartiendo la fatiga del estudio y de
la investigación con todos los amigos que os encontréis en
la Universidad. Amad a vuestras Universidades, que son palestras de
virtud y de servicio. La Iglesia en Europa confía mucho
en el compromiso apostólico de todos vosotros, consciente de los
desafíos y de las dificultades, pero también de tantos potenciales
de la acción pastoral en el ámbito universitario. Por mi
parte, os aseguro el apoyo de la oración, y sé
que yo también puedo contar con vuestro entusiasmo, vuestro testimonio
y sobre todo vuestra amistad, que hoy me habéis manifestado
y que os agradezco de corazón. Que San Benito, patrono
de Europa y mi patrono personal en el pontificado, y
sobre todo que la Virgen María, que vosotros invocáis como
Sede de la Sabiduría, acompañen y guíen vuestros pasos. A
todos, mi bendición.
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