La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Pio Card. Laghi | Fuente: Congregación para la Educación Católica, La Escuela Católica Proyecto educativo de la escuela católica
La escuela es «católica», cuando los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales.
Proyecto educativo de la escuela católica
Esquema: 1. El carácter específico de la escuela católica 2. Síntesis entre fe
y cultura 3. Síntesis entre fe y vida 4. Enseñanza religiosa 5. La Escuela Católica, lugar
de encuentro de la comunidad educativa cristiana 6. Otros aspectos del proyecto
educativo de la Escuela Católica 7. La Escuela Católica como servicio eclesial
y social Carácter específico de la Escuela Católica
33. Después de haber
tratado de definir la Escuela Católica a partir de la
noción de escuela, es posible ahora concentrar la atención en
aquello que la especifica como católica. Lo que la define
en este sentido es su referencia a la concepción cristiana
de la realidad. Jesucristo es el centro de tal concepción.
34.
En el proyecto educativo de la Escuela Católica, Cristo es
el fundamento: El revela y promueve el sentido nuevo de
la existencia y la transforma capacitando al hombre a vivir
de manera divina, es decir, a pensar, querer y actuar
según el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de
su vida. Precisamente por la referencia explícita, y compartida por
todos los miembros de la comunidad escolar, a la visión
cristiana -aunque sea en grado diverso- es por lo que
la escuela es «católica», porque los principios evangélicos se convierten
para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo
tiempo metas finales.
35. De este modo la Escuela Católica adquiere
conciencia de su empeño por promover al hombre integral porque
en Cristo, el Hombre perfecto, todos los valores humanos encuentran
su plena realización y, de ahí, su unidad. Este es
el carácter específicamente católico de la escuela, y aquí se
funda su deber de cultivar los valores humanos respetando su
legítima autonomía, y conservándose fiel a su propia misión de
ponerse al servicio de todos los hombres. Jesucristo, pues, eleva
y ennoblece al hombre, da valor a su existencia y
constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela
Católica a los jóvenes.
36. Si la Escuela Católica, como todas
las demás escuelas, tiene por fin la comunicación crítica y
sistemática de la cultura para la formación integral de la
persona, persigue este fin dentro de una visión cristiana de
la realidad «mediante la cual, la cultura humana, adquiere su
puesto privilegiado en la vocación integral del hombre». (13) Consciente
de que el hombre histórico es el que ha sido
salvado por Cristo, la Escuela Católica tiende a formar al
cristiano en las virtudes que lo configuran con Cristo, su
modelo, y le permiten colaborar finalmente en la edificación del
reino de Dios. (14)
37. Estas premisas permiten indicar la tareas
y explicitar los contenidos de la Escuela Católica. Las tareas
se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, y
entre fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la
integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en
las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y
mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano. Síntesis
entre fe y cultura
38. Al proponerse promover entre los alumnos
la síntesis entre fe y cultura a través de la
enseñanza, la Escuela Católica parte de una concepción profunda del
saber humano en cuanto tal, y no pretende en modo
alguno desviar la enseñanza del objetivo que le corresponde en
la educación escolar.
39. En este contexto se cultivan todas las
disciplinas con el debido respeto al método particular de cada
una. Sería erróneo considerar estas disciplinas como simples auxiliares de
la fe o como medios utilizables para fines apologéticos. Ellas
permiten aprender técnicas, conocimientos, métodos intelectuales, actitudes morales y sociales
que capaciten al alumno para desarrollar su propia personalidad e
integrarse como miembro activo en la comunidad humana. Presentan, pues,
no sólo un saber que adquirir, sino también valores que
asimilar y en particular verdades que descubrir.
40. A la luz
de tal concepción global de la misión educativa de la
Escuela Católica, el maestro se encuentra en las mejores condiciones
para guiar al alumno a profundizar en la fe y,
al mismo tiempo, para enriquecer e iluminar el saber humano
con los datos de la fe. La enseñanza ofrece numerosas
ocasiones para elevar al alumno a perspectivas de fe, pero
aparte de tales circunstancias, el educador cristiano sabe descubrir la
válida aportación con que las disciplinas escolares pueden contribuir al
desarrollo de la personalidad cristiana. La enseñanza puede formar el
espíritu y el corazón del alumno y disponerlo a adherirse
a Cristo de una manera personal y con toda la
plenitud de una naturaleza humana enriquecida por la cultura.
41.
Además, la escuela considera el saber humano como una verdad
que hay que descubrir. En la medida en que las
diversas materias se cultivan y se presentan como expresión del
espíritu humano que, con plena libertad y responsabilidad busca el
bien, ellas son ya en cierta manera cristianas, porque el
descubrimiento y el reconocimiento de la verdad orienta al hombre
a la búsqueda de la verdad total. El maestro, preparado
en la propia disciplina, y dotado además de sabiduría cristiana,
trasmite al alumno el sentido profundo de lo mismo que
enseña y lo conduce, trascendiendo las palabras, al corazón de
la verdad total.
42. El patrimonio cultural de la humanidad comprende
otros valores que están más allá del ámbito específico de
lo verdadero. Cuando el maestro cristiano ayuda al alumno a
captar, apreciar y asimilar tales valores, lo orienta progresivamente hacia
las realidades eternas. Tal dinamismo hacia su fuente íncreada explica
la importancia de la enseñanza para el crecimiento de la
fe.
43. Es evidente que semejante orientación de la enseñanza
no depende tanto de la materia o de los programas,
sino principalmente de las personas que los imparten. Mucho dependerá
de la capacidad de los maestros el que la enseñanza
llegue a ser una escuela de fe, es decir, una
trasmisión del mensaje cristiano. La síntesis entre cultura y fe
se realiza gracias a la armonía orgánica de fe y
vida en la persona de los educadores. La nobleza de
la tarea a la que han sido llamados reclama que,
a imitación del único Maestro Cristo, ellos revelen el misterio
cristiano no sólo con la palabra sino también con sus
mismas actitudes y comportamiento. Se comprende así la fundamental diferencia
que existe entre una escuela en la cual la enseñanza
estuviera penetrada del espíritu cristiano y otra que se limitara
a incluir la religión entre las otras materias escolares. Síntesis entre
fe y vida
44. Fundada en la asimilación de los
valores objetivos, la enseñanza, en su dimensión apostólica, no se
limita a la síntesis entre fe y cultura, sino que
tiende a realizar en el alumno una síntesis personal entre
fe y vida.
45. La Escuela Católica asume como misión específica
-y con mayor razón hoy frente a las deficiencias de
la familia y de la sociedad en este campo- la
formación integral de la personalidad cristiana. Para lograr la síntesis
entre fe y vida en la persona del alumno, la
Iglesia sabe que el hombre necesita ser formado en un
proceso de continua conversión para que llegue a ser aquello
que Dios quiere que sea. Ella enseña a los jóvenes
a dialogar con Dios en las diversas situaciones de su
vida personal. Los estimula a superar el individualismo y a
descubrir, a la luz de la fe, que están llamados
a vivir, de una manera responsable, una vocación específica en
un contexto de solidaridad con los demás hombres. La trama
misma de la humana existencia los invita, en cuanto cristianos,
a comprometerse en el servicio de Dios en favor de
los propios hermanos y a transformar el mundo para que
venga a ser una digna morada de los hombres.
46. La
Escuela Católica enseña a los jóvenes a interpretar la voz
del universo que les revela al Creador y, a través
de las conquistas de la ciencia, a conocer mejor a
Dios y al hombre. En la vida diaria del ciclo
escolar, el alumno aprende que a través de su obrar
en el mundo él está llamado a ser un testimonio
vivo del amor de Dios entre los hombres, porque él
mismo forma parte de una historia de salvación que recibe
su último sentido de Cristo salvador de todos los hombres.
47.
Consciente de que no basta ser regenerados por el bautismo,
para ser cristianos, sino que es necesario vivir y obrar
conforme al Evangelio, la Escuela Católica se esfuerza por crear
en el ámbito de la comunidad escolar un clima (15)
que ayude al alumno a vivir su fe de una
manera cada día más madura, y a adquirir gradualmente una
actitud pronta para asumir las responsabilidades de su bautismo. En
la educación tiene presente el puesto insustituible que la doctrina
católica da a las virtudes, como orientación permanente y profunda,
que deben instaurarse gradualmente en la conciencia. Las virtudes teologales
las asumen para sublimarlas en la caridad, que viene a
ser, por así decirlo, el alma que transforma al hombre
virtuoso en cristiano. Por tanto, el centro de la acción
educativa es Cristo, modelo según el cual el cristiano debe
configurar la propia vida. En esto la Escuela Católica se
diferencia de toda otra escuela que se limita a formar
al hombre, mientras que ella se propone formar al cristiano
y a hacer conocer a los no bautizados, por su
enseñanza y y su testimonio, el misterio de Cristo que
supera todo conocimiento. (16)
48. Aunque la específica acción educativa
de la Escuela Católica se desarrolla junto con la de
otras instituciones educativas (como son, además de la familia, las
comunidades cristianas y parroquiales, las asociaciones juveniles, culturales, deportivas, etc.)
, existen también muchas otras esferas sociales que constituyen, de
múltiples formas, una fuente de información y de participación cultural.
Frente a esta «escuela paralela», se impone la presencia activa
de la escuela que, mediante una educación sistemática y crítica,
prepare a los jóvenes a un autocontrol, (17) que los
capacite para hacer opciones libres y conscientes frente a los
mensajes que le presentan los medios de comunicación social. Es
necesario enseñarles a someter tales mensajes a un juicio crítico
personal, (18) a ordenarlos en buenas síntesis y a integrarlos
en su cultura humana y cristiana. Enseñanza religiosa
49. En el
desempeño de su misión específica, que consiste en trasmitir de
modo sistemático y crítico la cultura a la luz de
la fe y de educar el dinamismo de las virtudes
cristianas, promoviendo así la doble síntesis entre cultura y fe,
y fe y vida, la Escuela Católica es consciente de
la importancia que tiene la enseñanza de la doctrina evangélica
tal como es trasmitida por la Iglesia Católica. Ese es,
pues, el elemento fundamental de la acción educadora, dirigido a
orientar al alumno hacia una opción consciente, vivida con empeño
y coherencia.
50. Sin entrar en la problemática que plantea
la enseñanza religiosa en las escuelas, es necesario subrayar que
esta enseñanza -que no puede limitarse a los cursos de
religión previstos por los programas escolares- debe ser impartida en
la escuela de una manera explícita y sistemática, para evitar
que se cree en el alumno un desequilibrio entre la
cultura profana y la cultura religiosa. Una enseñanza tal, difiere
fundamentalmente de cualquier otra, porque no se propone como fin
una simple adhesión intelectual a la verdad religiosa, sino el
entronque personal de todo el ser con la persona de
Cristo.
51. Pero, aun reconociendo que el lugar propio de
la catequesis es la familia ayudada por las otras comunidades
cristianas, particularmente la parroquial, nunca se insistirá suficientemente en la
necesidad y en la importancia de la catequesis en la
Escuela Católica con el fin de conseguir la madurez de
los jóvenes en la fe.
52. La Escuela Católica estará,
pues, atenta para aprovechar los avances que se logran en
el campo de los estudios psicopedagógicos, especialmente catequéticos, pero, sobre
todo, a las iniciativas y directivas emanadas de los órganos
eclesiales competentes. Además sentirá el deber de colaborar, mediante la
preparación cada día más cualificada de quienes tienen a su
cargo la catequesis escolar, en la mejor realización del mandato
catequístico de la Iglesia. La Escuela Católica, lugar de encuentro de
la comunidad educativa cristiana
53. Por todos estos motivos, las escuelas
católicas deben convertirse en «lugares de encuentro de aquéllos que
quieren testimoniar los valores cristianos en toda la educación». (19)
Como toda otra escuela, y más que ninguna otra, la
Escuela Católica debe constituirse en comunidad que tienda a la
trasmisión de valores de vida. Porque su proyecto, como se
ha visto, tiende a la adhesión a Cristo, medida de
todos los valores, en la fe. Pero la fe se
asimila, sobre todo, a través del contacto con personas que
viven cotidianamente la realidad: la fe cristiana nace y crece
en el seno de una comunidad.
54. La dimensión comunitaria de
la Escuela Católica viene, pues, exigida no sólo por la
naturaleza del hombre y la del proceso educativo, como ocurre
en las demás escuelas, sino por la naturaleza misma de
la fe. Consciente de sus limitaciones para responder a los
compromisos que se derivan de su propio proyecto educativo, la
Escuela Católica sabe que ella constituye una comunidad que debe
alimentarse y confrontarse con las fuentes de las que se
deriva la razón de su existencia : la palabra salvífica
de Cristo, tal como se expresa en la Sagrada Escritura,
en la Tradición sobre todo litúrgica y sacramental, y en
la existencia de aquellos que la han vivido o la
viven actualmente.
55. Sin la constante referencia a la Palabra y
el encuentro siempre renovado con Cristo, la Escuela Católica se
alejaría de su fundamento. Es del contacto con Cristo, de
donde la Escuela Católica obtiene la fuerza necesaria para la
realización de su propio proyecto educativo y «crea para la
comunidad escolar una atmósfera animada de un espíritu evangélico de
libertad y caridad», (20) en la cual el alumno pueda
hacer la experiencia de su propia dignidad. Reconociendo la dignidad
del hombre y la llamada que Dios dirige a cada
uno, la Escuela Católica contribuye a liberarlo, es decir, a
hacer que sea lo que él está destinado a ser,
el interlocutor consciente de Dios, disponible a su amor.
56. «Esta
doctrina religiosa elemental, que constituye el eje de la metafísica
existencial cristiana», (21) es erigida en criterio de actividad educativa
por la comunidad escolar católica. No trasmite, pues, la cultura
como un medio de potencia y de dominio, sino como
un medio de comunión y de escucha de la voz
de los hombres, de los acontecimientos y de las cosas.
No considera el saber como un medio de crearse una
posición, de acumular riquezas, sino como un deber de servicio
y de responsabilidad hacia los demás. Otros aspectos del proyecto educativo
de la Escuela Católica
57. Si la comunidad católica recurre a
una solución alternativa para dar a los jóvenes una formación
específica en la fe cristiana mediante la escuela Católica, ésta,
lejos de impartir un saber que divida a los hombres
y fomente la presunción, exasperando las posiciones contrarias, favorece y
promueve el encuentro y la colaboración. Se abre a los
demás respetando su modo de pensar y de vivir, comprendiendo
sus preocupaciones y esperanzas, compartiendo su situación y participando en
su futuro.
58. La Escuela Católica, movida por el ideal cristiano,
es particularmente sensible al grito que se lanza de todas
partes por un mundo más justo, y se esfuerza por
responder a él contribuyendo a la instauración de la justicia.
No se limita, pues, a enseñar valientemente cuáles sean las
exigencias de la justicia, aun cuando eso implique una oposición
a la mentalidad local, sino que trata de hacer operativas
tales exigencias en la propia comunidad, especialmente en la vida
escolar de cada día. En algunas naciones, como consecuencia de
la situación jurídica y económica en la que desarrolla su
labor, corre el riesgo de dar un contratestimonio, porque se
ve obligada a autofinanciarse aceptando principalmente a los hijos de
familias acomodadas. Esta situación preocupa profundamente a los responsables de
la Escuela Católica, porque la Iglesia ofrece su servicio educativo
en primer lugar a «aquellos que están desprovistos de los
bienes de fortuna, a los que se ven privados de
la ayuda y del afecto de la familia, o que
están lejos del don de la fe». (22) Porque, dado
que la educación es un medio eficaz de promoción social
y económica para el individuo, si la Escuela Católica la
impartiera exclusiva o preferentemente a elementos de una clase social
ya privilegiada, contribuiría a robustecerla en una posición de ventaja
sobre la otra, fomentando así un orden social injusto.
59. Es
evidente que un proyecto educativo, basado en una concepción que
compromete profundamente a la persona, exige ser realizado con la
libre adhesión de todos aquellos que toman parte en él:
no puede ser impuesto, se ofrece como una posibilidad, como
una buena nueva y, como tal, puede ser rechazado. Sin
embargo, para realizarlo con toda fidelidad, la escuela debe poder
contar con la unidad de intención y de convicción de
todos sus miembros. Participación de la comunidad cristiana en el proyecto
educativo de la Escuela Católica
60. Declarando desde el principio su
proyecto y decidida a realizarlo fielmente, la Escuela Católica forma
una comunidad auténtica y verdadera que, cumpliendo su tarea específica
de trasmisión cultural, ayuda a cada uno de sus miembros
a comprometerse en un estilo de vida típicamente cristiano. De
hecho en una comunidad semejante, el respeto al prójimo es
servicio a la persona de Cristo, la colaboración se realiza
bajo el signo de la fraternidad; el compromiso político por
el bien común es asumido con plena responsabilidad, como una
misión para la construcción del reino de Dios.
61. La colaboración
responsable para llevar a cabo el común proyecto educativo es
considerada como un deber de conciencia por todos los miembros
de la comunidad -maestros, padres de familia, alumnos, personal administrativo-
cada uno de los cuales la ejecuta según las responsabilidades
y funciones que le atañen. Esa participación, vivida con espíritu
evangélico, es por su propia naturaleza un testimonio que no
sólo «edifica» a Cristo en la comunidad, sino que lo
irradia y se convierte en «signo» para todos. La Escuela Católica
como servicio eclesial y social
62. De esta manera la comunidad
escolar presta un insustituible servicio no sólo a la persona
de los alumnos y de cuantos por diverso título la
integran, sino también a la sociedad que hoy, particularmente dividida
entre aspiraciones a la solidaridad y el surgir de formas
siempre nuevas de individualismo, puede por lo menos, hacerse consciente
de la posibilidad de dar vida a auténticas comunidades, que
llegan a serlo gracias a la convergente tensión hacia el
bien común. Además, la Escuela Católica asegurando institucionalmente, a la
sociedad pluralista de hoy, una presencia crítica en el mundo
de la cultura y de la enseñanza, revela con su
misma existencia las riquezas de la fe, presentándola como respuesta
a los grandes problemas que oprimen a la humanidad. Sobre
todo, la Escuela Católica está llamada a prestar un humilde
y amoroso servicio a la Iglesia haciéndola presente en el
campo educativo escolar en beneficio de la familia humana.
63. Así
es como ella desarrolla un «auténtico apostolado». (23) Dedicarse, pues,
a este apostolado «significa cumplir una tarea eclesial insustituible y
urgente». (24) Notas 13. #13 CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral sobre
la Iglesia en el mundo contemporáneo «Gaudium et Spes», 57.
[Regresar] 14. #14 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación
Cristiana «Gravissimum Educationis», 2. [Regresar] 15. #15 Cf. CONCILIO VATICANO II,
Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8. [Regresar] 16. #16
Cf. Eph 3, 18-19. [Regresar] 17. #17 Cf. Instrucción Pastoral «Communio
et Progressio», 67. [Regresar] 18. #18 Cf. ibid. 68. [Regresar] 19. #19
PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en
«L´Osservatore Romano», 9 de junio de 1974. [Regresar] 20. #20 CONCILIO
VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8.
[Regresar] 21. #21 PAULO VI, Valor de la oblación en la
vida, en «Insegnamenti di Paolo VI», vol. 8 #1970 97.
[Regresar] 22. #22 CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana
«Gravissimum Educationis», 9. [Regresar] 23. #23 CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre
la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8. [Regresar] 24. #24 PAULO VI,
Al Prof. Giuseppe Lazzati, Rector Magnífico de la Universidad del
Sagrado Corazón, en «Insegnamenti di Paolo VI», vol. 9 #1971
1082. [Regresar]
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Preguntas acerca del perfil y la formación de educadores católicos, de los criterios de enseñanza que deben regir en una escuela católica y de los modelos pedagógicos a seguir para una mejor asimilación de la doctrina cristiana
Ver todos los consultores