Ante los aparentes fracaso en los esfuerzos que realizan padres, sacerdotes y maestros en educar, ¿tenemos que echar la culpa a “las nuevas generaciones”? O ¿no es más bien que se tambalean los cimientos de lo que es realmente la verdadera educación?
En otras palabras, el diálogo interreligioso auténtico debe fomentar, no diluir, la identidad católica específica de una institución de enseñanza superior.
Entendemos “educar” como dirigir, encaminar y doctrinar, y “formar” como el desarrollo y perfeccionamiento de las capacidades intelectuales y morales de la persona
Para comprender bien la misión específica de la Escuela Católica, conviene partir de una reflexión sobre el concepto de «escuela», teniendo presente que si no reproduce los elementos característicos de ésta, tampoco puede aspirar a ser escuela católica
Hoy la educación y la escuela católica se enfrentan a desafíos nuevos: globalización de la economía, innovaciones técnicas, rápidos cambios estructurales en la sociedad. Es por ello que la escuela católica está llamada a una renovación valiente.
La escuela es «católica», cuando los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales.
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de la comunidad Preguntas acerca del perfil y la formación de educadores católicos, de los criterios de enseñanza que deben regir en una escuela católica y de los modelos pedagógicos a seguir para una mejor asimilación de la doctrina cristiana
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