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Ecumenismo y Diálogo interreligioso | sección
La separación de los cristianos y el ecumenismo | categoría
Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net
Revelación cristiana y religiones
De la constitución Dei Verbum a la declaración Dominus Iesus
 
Revelación cristiana y religiones
Revelación cristiana y religiones
1. Introducción

Desde la perspectiva de la teología de la revelación, el acercamiento a otras religiones plantea múltiples interrogantes: ¿existe una revelación de Dios en las otras religiones? ¿qué relación existe entre la revelación de Dios en Cristo y su manifestación en las religiones no cristianas? ¿qué valor tienen sus libros sagrados. Como ha escrito D´Costa, "la teología de las religiones propia y principalmente se ocupa de la cuestión de la revelación" (1).

Para abordar esta problemática presentaremos sumariamente las diversas posiciones teológicas que se han desarrollado en este siglo hasta el Concilio Vaticano II. En un segundo momento, abordaremos la doctrina conciliar al respecto y los desarrollos magisteriales posteriores. En un tercer momento presentaremos las principales corrientes teológicas posconciliares y, finalmente, expondremos el contenido de la Declaración "Dominus Iesus", de la Congregación para la Doctrina de la Fe (2).


2. El debate teológico hasta el Concilio Vaticano II

2.1 K. Barth: la revelación como abolición de la religión

La cuestión de la revelación entra en el debate teológico de las religiones a partir del teólogo calvinista K. Barth (1886-1968). Barth propugna una radical distinción entre "religión" y "revelación"; entre "religión" y "fe". La religión es como una torre de Babel que el hombre construye para alcanzar a Dios y que Dios destruye una y otra vez con el fuego de su Palabra. La revelación supone la abolición de la religión: sólo se puede acceder a Dios por la revelación en Cristo (3). La teología de Barth fue aplicada a las religiones por H. Kraemer, quien subraya la discontinuidad entre el cristianismo y las religiones.

Esta postura suele denominarse "exclusivista": tanto la salvación como la revelación se dan exclusivamente en la fe cristiana, mientras que fuera de ella sólo hay condenación y extravío (4).


2.2 J. Daniélou: la teoría del cumplimiento

La teología católica preconciliar siguió una línea de reflexión "inclusivista"; es decir, se acepta la posibilidad de salvación y de manifestación de Dios en otras religiones, pero se pone en relación con la única salvación en Cristo y con la revelación definitiva de Dios en su Hijo encarnado.

La tendencia representada por J. Daniélou (1905-1974) contempla la revelación cristiana como cumplimiento de la búsqueda religiosa de Dios.

Daniélou piensa teológicamente la historia como una gradual manifestación de Dios a la humanidad. Dios, antes de su revelación histórica, se ha manifestado en el cosmos, en la vida humana y en la propia conciencia. En esta revelación cósmica de Dios tienen su origen las religiones. En ellas encontramos luces, pero muchas sombras, porque manifiestan la debilidad del hombre y se basan en una revelación imperfecta e incompleta.

La revelación, por el contrario, se basa en un acontecimiento único: el acontecimiento de Cristo, que es fruto de un movimiento de Dios hacia el hombre. Pero esto no significa que el cristianismo destruya las religiones; sino que las purifica, las completa y perfecciona, llevándolas a cumplimiento en Jesucristo.

En esta línea teológica se encuadra también H. de Lubac y H.U. von Balthasar.


2.3 Karl Rahner: historia general e historia particular de la revelación

La historia especial de la revelación - en el Antiguo y Nuevo Testamento - se constituye en el criterio para entender la historia universal de revelación. Las religiones son expresiones socio-culturales de la historia general de la salvación y están orientadas a Cristo, que está presente de una forma escondida en ellas. El cristiano considera al hombre que pertenece a otra religión como un "cristiano anónimo".


3. El Concilio Vaticano II y el magisterio posterior

3.1. Vaticano II

El Vaticano II no se planteó de modo explícito la existencia de la revelación en las religiones. Sin embargo, contiene indicaciones sobre la concepción de la revelación y sobre la existencia de verdad entre los no cristianos, que nos pueden ayudar para plantear este tema.

La Dei Verbum presenta, como hemos visto, un concepto de la revelación económico y sacramental (cf DV 2), que llega a su plenitud en Cristo (cf DV 4).

El Concilio reconoce la presencia de verdad en las religiones no cristianas. En LG 16 se afirma de que "quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y de su Iglesia" que "cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos, la Iglesia lo juzga como una preparación al Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida".

El Concilio reconoce, pues, que se da verdad entre los que no son cristianos: en las tradiciones religiosas hay "verdad y gracia" (AG, 9); "verdad y bondad" (cf OT 16); "preciados elementos religiosos y humanos" (GS 92); "tradiciones ascéticas y contemplativas cuyas semillas ha esparcido Dios algunas veces en las antiguas culturas" (AG 18). En la declaración Nostra Aetate se indica que en las religiones se da "una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana" (NA 2). Y se establece el principio de que "la Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo" (NA 2). Estos elementos de verdad tienen, según el Concilio, su origen en Cristo (NA 2; AG 11.15); son "semillas del Verbo".

La verdad de las religiones no cristianas debe reconocerse y respetarse (cf NA 2) y la Iglesia invita a sus miembros a que "descubran, con gozo y respeto, las semillas de la Palabra" (AG 11) que se contienen en las tradiciones nacionales y religiosas; así como a reconocer, guardar y promover aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que existen en los adeptos de otras religiones (NA 2). La verdad presente en las religiones es considerada como una "preparación del Evangelio" (LG 16; cf AG 2.9).

La Iglesia tiene la obligación de anunciar a Cristo, "en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa" (NA 2). La misión de la Iglesia consiste en "purificar, perfeccionar y elevar" (cf LG 17) los esfuerzos religiosos del hombre.

El Concilio invita al diálogo y a la colaboración con los no cristianos con el fin de "reconocer, guardar y promover" los bienes espirituales y morales así como los valores socio-culturales que en ellos existen (cf NA 2).


3.2 Magisterio posterior: Pablo VI y Juan Pablo II

Pablo VI se ocupó del tema de la presencia de verdad y santidad en las religiones tanto en la encíclica Ecclesiam Suam como en la Evangelii Nuntiandi. La religión cristiana aparece, en estos textos del Papa Montini, como cumplimiento de las religiones naturales.

Juan Pablo II destaca, por una parte, por su praxis de diálogo interreligioso (visita a Marruecos en 1985; encuentro en la Sinagoga de Roma; encuentro de Asís con las grandes religiones mundiales) y, por otra, por su doctrina sobre la universalidad de la acción del Espíritu Santo. Esta doctrina es expuesta, de manera singular, en la encíclica Redemptoris missio (4-II-1979).

Los documentos del Consejo Pontificio para el Diálogo interreligioso desarrollan la doctrina conciliar sobre el valor de las religiones. El primero de estos documentos, "La actitud de la Iglesia frente a los seguidores de otras religiones", de 1984, insiste en la importancia y en las modalidades del diálogo. En "Diálogo y anuncio", de 1991, se afirma que el diálogo sólo es posible desde la valoración positiva de otras tradiciones, en las cuales actúa la gracia y el Espíritu Santo.


4. La teología posconciliar: exclusivismo, pluralismo, inclusivismo

4.1 Posición exclusivista: los teólogos evangélicos

Los teólogos evangélicos insisten en el carácter absoluto del cristianismo y en el valor único de la mediación de Cristo. J.R. Scott sostiene que la tarea del cristiano es mostrar la inadecuación y la falsedad de las religiones no cristianas frente a la adecuación de la fe y al carácter definitivo y absoluto de Cristo.


4.2 El paradigma pluralista: todas las religiones tienen un mismo valor

La postura pluralista es, en principio, una postura relativista, muy cercana al sincretismo. Según ella, todas las religiones tienen un mismo valor.

El presbiteriano J. Hick sostiene que ninguna religión puede sostener el contar con "la" revelación definitiva de Dios. Todas son igualmente reveladoras. Según Hick, Jesucristo no es Dios ni, por consiguiente, la única fuente de la revelación.

El católico R. Panikkar sostiene que la realidad divina es Misterio, presente por doquier. Distingue entre el Cristo universal y el Jesús histórico: Jesús de Nazaret es el Cristo, pero el Cristo no es solamente Jesús. Hay manifestaciones del Cristo universal en otras religiones. En el cristianismo a la manifestación del Misterio se le denomina Cristo, pero en otras tradiciones se le designa como Rama, Krishna o Purusa.

P. Knitter sostiene que Jesús sería único junto a otros liberadores: "Jesucristo - dice - es un Verbo que sólo puede ser entendido en la conversación con otros Verbos".


4.3 La visión inclusivista: inclusivismo de la presencia e inclusivismo de la mediación

El inclusivismo de la presencia desarrolla la distinción rahneriana entre historia general e historia especial de la revelación. Para H. Schlette, mientras que la historia general de la salvación y la revelación abarca toda la historia de la humanidad, la historia especial se desarrolla en el interior de la tradición judeo-cristiana. En esta línea se sitúan también H. Küng, Fries, Dulles y O´Collins.

El inclusivismo de la mediación acentúa el carácter singular de la revelación dada en Jesucristo, estableciendo una distinción firme entre la revelación cristiana y cualquier otra posible manifestación de Dios. Se rechaza la equiparación rahneriana entre historia de la salvación e historia de la revelación: la historia de la salvación no es la historia de la revelación en sentido estricto. Las religiones son entendidas como preparación de la revelación de Cristo. En esta línea podemos citar a R. Latourelle y P. Rossano.


5. La Declaración "Dominus Iesus"

5.1 Contexto

En el contexto de este vivo debate sobre la relación entre el cristianismo y las demás religiones hemos de situar la "Dominus Iesus".

Previamente, en 1996, la Comisión Teológica Internacional reflejó su posicionamiento sobre este tema en un documento titulado "El cristianismo y las religiones" (5). A propósito de la cuestión de la revelación afirma:

    El concepto teológico de la revelación no puede confundirse con el de la fenomenología religiosa (religiones de revelación, aquellas que se consideran fundadas en una revelación divina). Solamente en Cristo y en su Espíritu, Dios se ha dado completamente a los hombres; por consiguiente, sólo cuando se da a conocer esta autocomunicación, se da la revelación de Dios en sentido pleno. La donación que Dios hace de sí mismo y su revelación son dos aspectos inseparables del acontecimiento de Jesús (6).

5.2 Carácter y fuentes del documento

Formalmente, la Dominus Iesus es una Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ratificada y confirmada por el Papa. Su contenido versa "sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia".

Un análisis de las notas pone de relieve el peso del magisterio del último Concilio: la Constitución Lumen Gentium es la más citada - veintidós veces - ; le sigue la Dei Verbum -citada siete veces - ; la Gaudium et spes - seis veces - ; el decreto Unitatis redintegratio - diez veces - ; el decreto Ad gentes - siete veces - ; y las declaraciones Nostra aetate -citada cinco veces - y Dignitatis humanae - dos veces -.

El Magisterio de los últimos pontífices está también muy presente: se cita una vez a Pío XII; dos veces a Pablo VI; veintidós veces la encíclica Redemptoris missio de Juan Pablo II; siete veces la Fides et ratio; tres veces la encíclica Ut unum sint y tres veces la exhortación Ecclesia in Asia.

El Catecismo de la Iglesia Católica es citado siete veces. En siete ocasiones se mencionan documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y dos veces la Instrucción Diálogo y anuncio, del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Otras fuentes del documento son: el Símbolo de la fe, el Concilio I de Nicea, el Concilio I de Constantinopla, el Concilio de Calcedonia, el de Trento, el Vaticano I, San León Magno, Bonifacio VIII, Lateranense IV.

Los Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos citados son: S. Ireneo - cinco veces -; San Justino - cuatro -; San Gregorio Magno; San Agustín (3); San Cipriano (3); la Didaché, Orígenes, Tertuliano, San Atanasio. Además, se cita una vez a Santo Tomás de Aquino.


5.3 Estructura

La Declaración está estructurada de la siguiente manera:

    Introducción.

    I: "Plenitud y definitividad de la revelación de Jesucristo".

    II. "El ´Logos encarnado´ y el Espíritu Santo en la obra de la salvación.

    III. Unicidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo.

    IV. Unicidad y unidad de la Iglesia.

    V. La Iglesia, Reino de Dios y Reino de Cristo.

    VI. La Iglesia y las religiones en relación con la salvación.

    Conclusión
5.4 Contenido

  • 5.4.1 Introducción


  • - La misión de la Iglesia y el diálogo interreligioso

    En la Introducción (nn. 1-4), la Declaración parte del mandato misionero dado por Jesucristo a sus discípulos (cf Mc 16, 15-16; Mt 28, 18-20). La misión universal de la Iglesia encuentra su punto de partida en este mandato y encuentra su contenido - tal como recoge el Símbolo de la fe - en la proclamación del misterio trinitario de Dios y de la Encarnación, evento de salvación para toda la humanidad.

    La misión evangelizadora de la Iglesia ha de tener en cuenta las tradiciones religiosas del mundo. En este sentido, se advierte que la práctica del diálogo interreligioso se perfila como un elemento integrante - nunca sustitutivo - de la misión ad gentes.

    - Motivo y finalidad de la Declaración: corroborar las verdades de la fe de la Iglesia

    En el número 3 encontramos expuesto el motivo y la finalidad de la Declaración. Ésta pretende contribuir a un discernimiento necesario en la búsqueda de respuestas a cuestiones nuevas que surgen a raíz de la práctica y profundización teórica del diálogo entre la fe cristiana y otras tradiciones religiosas:

    En esta búsqueda, la presente Declaración interviene para llamar la atención de los obispos, de los teólogos y de todos los fieles católicos sobre algunos contenidos doctrinales imprescindibles, que puedan ayudar a que la reflexión teológica madure soluciones conformes al dato de fe, que respondan a las urgencias culturales contemporáneas (n.3).

    La finalidad de la Declaración "no es la de tratar en modo orgénico" la problemática de la unicidad y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia, ni "el proporner soluciones" a las cuestiones teológicas abiertas.

    Positivamente, el documento quiere "exponer nuevamente la doctrina de la fe católica al respecto"; "indicar algunos problemas fundamentales que quedan abiertos" y "confutar determinadas posiciones erróneas o ambiguas".

    Para ello, la Declaración "retoma la doctrina enseñada en documentos precedentes del Magisterio, con la intención de corroborar las verdades que forman parte del patrimonio de la fe de la Iglesia" (n.3).

    - El peligro del reativismo y del pluralismo religioso

    El anuncio misionero de la Iglesia es puesto en peligro, afirma el documento, por teorías de tipo relativista que tratan de justificar el pluralismo religioso. En consecuencia, se retienen superadas verdades que afectan a la concepción de la revelación y de la fe - el carácter completo y definitivo de la revelación en Cristo, la naturaleza de la fe cristiana, la inspiración de la Escritura - ; a la cristología y a la soteriología - la unidad personal del Verbo con Jesús de Nazaret, la unidad de la economía del Verbo y del Espíritu Santo, la unidad y universalidad salvífica del misterio de Cristo -; y, consecuentemente a la eclesiología - la mediación salvífica de la Iglesia, la inseparabilidad entre Reino de Dios, Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia de la única Iglesia de Cristo en la Iglesia católica - (cf n. 4).

    Las raíces de estas afirmaciones se explican en base a la asunción de algunos presupuestos filosóficos y teológicos: pensar que la verdad divina es inefable e inaferrable; la actitud relativista en relación a la verdad; la contraposición radical entre mentalidad lógica y simbólica; el subjetivismo; la dificultad para comprender y acoger en la historia la presencia de eventos definitivos; el vaciamiento metafísico del evento de la Encarnación; el eclecticismo, así como la tendencia a interpretar la Escritura fuera de la Tradición y del Magisterio (cf n. 4).

    Sobre la base de tales presupuestos se elaboran "algunas propuestas teológicas en las cuales la revelación cristiana y el misterio de Jesucristo y de la Iglesia pierden su carácter de verdad absoluta y de universalidad salvífica, o al menos se arroja sobre ellos la sombra de la duda y de la inseguridad" (n. 4).


  • 5.4.2 Plenitud y definitividad de la revelación de Jesucristo


  • Desde la perspectiva cristológica, la Declaración reafirma "el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo" (n. 5): debe ser "firmemente creída la afirmación de que en el misterio de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado [...] se da la revelación de la plenitud de la verdad divina" (n. 5).

    La razón de que la revelación de Jesucristo sea plena y definitiva radica en la Encarnación: la Persona divina del Verbo encarnado es la fuente de la plenitud y de la universalidad de la revelación cristiana (cf n. 6).

    De esta afirmación fundamental se derivan dos aclaraciones:

    1) No se puede equiparar "fe teologal" y "creencia". La fe es respuesta a Dios que se revela y asentimiento a lo revelado por Él. La mera "creencia" se refiere a la búsqueda humana de la verdad absoluta, carente del asentimiento a Dios que se revela. Por ello, "debe ser [...] firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones" (n. 7).

    2) No se pueden equiparar los textos inspirados - es decir, la Biblia - con los textos sagrados de las otras religiones. La tradición de la Iglesia "reserva la calificación de textos inspirados a los libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, en cuanto inspirados por el Espíritu Santo" (n. 8). Eso no significa que en los libros sagrados de las otras religiones no estén presentes "elementos de bondad y de gracia"; elementos recibidos del misterio de Cristo.


  • 5.4.3 La unidad de la economía salvífica del Verbo encarnado y del Espíritu Santo


  • La segunda gran afirmación cristológica se refiere a la unidad de la economía salvífica del Verbo encarnado y del Espíritu Santo. Esta afirmación se desglosa en otras tres:

    1) "Debe ser [...] firmemente creída la doctrina de fe que proclama que Jesús de Nazaret, hijo de María, y solamente él, es el Hijo y el Verbo del Padre" (n. 10).

    Es decir, hay una unidad entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret: sólo Jesús de Nazaret es el Verbo del Padre.

    2) Jesús, el Verbo encarnado, es el mediador y redentor universal: "debe ser firmemente creída la doctrina de fe sobre la unicidad de la economía salvífica querida por Dios uno y Trino, cuya fuente y centro es el misterio de la encarnación del Verbo, mediador de la gracia divina en el plan de la creación y de la redención...".

    3) La encarnación salvífica del Verbo "es un evento trinitario" ( n. 12). Por consiguiente, es "contraria a la fe católica" la hipótesis de "una economía del Espíritu Santo con un carácter más universal que la del Verbo encarnado". El misterio del Verbo encarnado "constituye el lugar de la presencia del Espíritu Santo y la razón de su efusión a la humanidad" (n. 12).


  • 5.4.4 La unicidad y la universalidad del misterio salvífico de Jesucristo


  • La tercera afirmación cristológica es que Jesucristo es el centro y la plenitud de la historia de la salvación. En consecuencia, "debe ser firmemente creída, como dato perenne de la fe de la Iglesia, la proclamación de Jesucristo, Hijo de Dios, Señor y único salvador, que en su evento de encarnación, muerte y resurrección ha llevado a cumplimiento la historia de la salvación, que tiene en él su plenitud y su centro" (n. 13).

    Debe ser, por tanto, "firmemente creída como verdad de fe católica que la voluntad salvífica universal de Dios Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurección del Hijo de Dios" (n.14).

    Jesús es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos y, por consiguiente, no hay por qué renunciar en la teología a términos como "unicidad", "universalidad" y "absolutez" de Jesucristo.


  • 5.4.5 Hay una única Iglesia


  • Las afirmaciones eclesiológicas de la Declaración son consecuencia de las afirmaciones cristológicas: Así como hay un único Mediador entre Dios y los hombres, hay una sola Iglesia por Él fundada como mediación de salvación, como "misterio salvífico": "debe ser firmemente creída como verdad de fe católica la unicidad de la Iglesia por Él fundada" (n. 16).

    Existe "una continuidad histórica" entre la única Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica: "Los fieles están obligados a profesar que existe una continuidad histórica - radicada en la sucesión apostólica - entre la Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica" (n. 16).

    Más aún, la única Iglesia subiste (subsistit in) en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, como afirmó el concilio Vaticano II (cf LG 8). La Declaración interpreta lo que el Concilio quería decir con la expresión "subsistit in":

      Con la expresión "subsistit in", el Concilio Vaticano II quiere armonizar dos afirmaciones doctrinales: por un lado que la Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones entre los cristianos, sigue existiendo plenamente sólo en la Iglesia católica, y por otro lado que "fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad"... (n. 16).
    Sólo en la Iglesia Católica sigue existiendo plenamente la Iglesia de Cristo, aun cuando fuera de su estructura visible se encuentren elementos de santificación y de verdad propios de la misma Iglesia.

    El n. 17 explica que hay una gradación en estos elementos y así, las Iglesias que, aun no estando en perfecta comunión con la Iglesia Católica, están unidas a ella por vínculos como la sucesión apostólica y la Eucaristía "son verdaderas Iglesias particulares"; en las está presente y operante la Iglesia de Cristo.

    Las Comunidades eclesiales que no han conservado el episcopado válido y la "genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico", no son Iglesia en sentido propio; aunque sus miembros, en virtud del bautismo, están en una cierta comunión con la Iglesia.


  • 5.4.6 La Iglesia, sacramento y germen e inicio del Reino


  • La Declaración, desde la perspectiva eclesiológica, reafirma que hay una conexión íntima, susceptible de ser explicada teológicamente de modos diversos, entre Cristo, el Reino y la Iglesia: la Iglesia es, por una parte, "sacramento" del Reino; es también su germen e inicio (n. 18).

    En consecuencia, negar la unicidad de la relación que Cristo y la Iglesia tienen con el reino de Dios es contrario a la fe católica (cf n. 19).


  • 5.4.7 Religiones, Iglesia y salvación


  • En relación con la necesidad de la Iglesia para la salvación se afirma lo siguiente: "debe ser firmemente creído que la ´Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación [...]´. Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios (cf 1 Tm 2, 4)" (n. 20).

    La Iglesia, unida y subordinada a Jesucristo, es "sacramento universal de salvación" y tiene una relación indispensable con la salvación de cada hombre. La gracia salvífica es donada siempre por medio de Cristo y tiene una misteriosa relación con la Iglesia, aunque no sepamos decir el modo en que esto se realiza con relación a los no cristianos.

    Por ello, "sería contrario a la fe católica considerar la Iglesia como un camino de salvación al lado de aquellos constituidos por las otras religiones" (n. 21). Esto no impide reconocer elementos de religiosidad en las religiones que pueden asumir un papel de preparación evangélica (n. 21).

    La consecuencia de la necesidad de la Iglesia para la salvación es la actualidad de la misión ad gentes: no vale igual una religión que otra y no es la misma la situación "objetiva" de los cristianos y de los no cristianos en relación con los medios de salvación (cf n. 22). En este sentido, el diálogo interreligioso forma parte de la misión ad gentes, pero no la sustituye ni la abarca completamente.


    5.5 A modo de conclusión: la Iglesia confiesa su fe en Cristo, Verbo encarnado, único Salvador del mundo

    La Declaración Dominus Iesus entra perfectamente en la lógica del Gran Jubileo del 2000.
    La fe cristiana, al confesar el carácter concreto e histórico de la salvación, constituye un desafío permanente para la razón y un reto para la mentalidad relativista, proclive a ver en Cristo y en la Iglesia solamente una expresión más de la vivencia religiosa de la humanidad.

    La razón moderna, al menos desde la Ilustración, se ha escandalizado de la pretensión cristiana de constituir la verdad definitividad en materia de religión. La razón moderna, erigida en norma suprema, sólo puede admitir una religión universal, válida para todos, que se mantenga "dentro de los límites de la mera razón".

    La crisis posmoderna de la razón sustituye la pretensión de verdad universal por el ideal regulativo del consenso democrático. La verdad no precede al consenso; es fruto de él. No es algo que se descubre; es el resultado de un acuerdo. El relativismo es presupuesto necesario de esta comprensión del diálogo: puesto que la verdad resultante es fruto del pacto, nadie puede pretender, antes del mismo, que su verdad sea más válida que la de los otros.

    El anuncio cristiano se presenta ante el mundo moderno y posmoderno como un desafío: no predica una verdad universal que sea fruto de la razón humana, sino una verdad concreta e histórica; no predica una verdad que sea el resultado de un acuerdo humano, sino una verdad que Don de Dios a su pueblo.

    El cristianismo anuncia a Jesucristo, el Logos divino encarnado. Su universalidad no es una propiedad que nosotros, cristianos, podamos atribuirle orgullosamente. La suya es la universalidad de Dios, la concreta universalidad del Dios único que libremente ha querido entrar en la historia humana, otorgándole así a una pequeña porción del espacio y del tiempo un valor y un significado único, universal y absoluto. Por la Encarnación, el Todo se da en el fragmento, lo divino en la humanidad del Redentor, la verdad absoluta en la contingencia histórica de Jesús de Nazaret, el Señor.

    Es la paradoja cristiana; la paradoja de la Encarnación, de un Dios que escandaliza no por su lejanía, sino por su novedosa e inesperada proximidad. Una proximidad tan inaudita que capacita a un grupo de hombres para ser, en medio de la sociedad y de la historia, portavoces de Dios, oráculos de su palabra, instrumentos de su salvación. Aquí, en la Encarnación, se juega el ser o no ser del cristianismo, el ser o no ser de la Iglesia. Éste es, por antonomasia, el articulo stantis aut cadentis Ecclesiae.


    Notas

    1. G. D´COSTA, "Revelation and Revelations: Discerning God in Other Religions. Beyond a Static Valuation", en Modern Theology 10 (1994) 166. La cita la hemos tomado de F. CONESA, "La relación entre la revelación cristiana y las religiones", en Teología Fundamental. Temas y propuestas para el nuevo milenio, ed. C. Izquierdo, Bilbao 1999, 181-245, 182. Seguimos bastante de cerca este estudio de F. Conesa, que juzgamos muy útil y claro.

    2. Cf "Dominus Iesus. Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia" (6 de Agosto de 2000), en Ecclesia N. 3.014 (16 de Septiembre de 2000) 1416-1426.

    3. Obras significativas al respecto: K. BARTH, Carta a los Romanos, Madrid 1988; ID., Dogmatique, I. La doctrine de la parole de Dieu, II/2, Genève 1954.

    4. Esta postura fue sostenida por el jesuita Leonard Feeney. Para él no hay salvación fuera de la Iglesia católico-romana. Acusó incluso de herejía al arzobispo de Boston, por sostener una opinión contraria. El Santo Oficio apoyó al arzobispo, basándose en la doctrina del deseo implícito de incorporarse a la Iglesia, que había sido expuesta por Pío XII en la Mystici corporis.

    5. Cf COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Documentos 1969-1996, Madrid 1998, 557-604.

    6. Ibid., 591-592.
     

     
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    Sí, lo necesito, pero no sé cómo ni tengo quién me enseñe
    Sí, hago un poco de oración al día, pero quiero mejorar
    Realmente me urge, llevo tiempo buscando eso
    Sí, pero creo que no soy capaz
    Creo que eso es para sacerdotes y monjas, no para mí
    Sé que lo necesito, pero no estaría dispuesto a ir a un curso de oración
    Lo he intentado muchas veces y no lo logro, no es para mí
    Estoy satisfecho con mi vida de oración
    No lo considero importante en mi vida, hay cosas prioritarias
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