Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net El Cristianismo y las otras religiones ¿qué dice el Catecismo?
El Catecismo de la Iglesia Católica despierta en nosotros una mirada atenta y respetuosa hacia las otras religiones
El Cristianismo y las otras religiones ¿qué dice el Catecismo?
El fenómeno de la globalización tiene, sin duda, su repercusión
en la vivencia religiosa. Cada vez más, nuestras sociedades se
caracterizan por el pluralismo cultural, étnico y religioso. ¿Cuál es,
según el “Catecismo de la Iglesia Católica” la relación del
cristianismo con las otras religiones?
En el “Compendio” del Catecismo encontramos
una indicación valiosa: “El vínculo entre la Iglesia católica y
las religiones no cristianas proviene, ante todo, del origen y
el fin comunes de todo el género humano. La Iglesia
católica reconoce que cuanto de bueno y verdadero se encuentra
en las otras religiones viene de Dios, es reflejo de
su verdad, puede preparar para la acogida del Evangelio y
conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia
de Cristo” (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 170).
La primera
afirmación que hace el “Compendio” es la de la existencia
de un “vínculo”; es decir, de una unión, entre la
Iglesia católica y las religiones no cristianas. El Magisterio de
la Iglesia nunca ha compartido la posición “exclusivista”, según la
cual la tarea del cristianismo sería únicamente la de mostrar
la inadecuación y la falsedad de las religiones no cristianas
frente a la adecuación y la verdad del cristianismo. La
admisión de que existe un lazo de unión, lleva a
la Iglesia a considerar con simpatía y a valorar como
un bien la existencia de las otras religiones.
¿Cuál es la
razón de este vínculo? El texto que hemos citado señala
dos motivos principales: el género humano tiene un origen común
y un fin común. Solidarios en el origen y en
el fin, los católicos no pueden considerar a los demás
hombres que no han abrazado la fe cristiana como extraños
o ajenos.
¿Cuál es ese origen común? Es Dios mismo,
que “hizo habitar a todo el género humano sobre la
faz de la tierra”, recuerda el “Catecismo de la Iglesia
Católica” con palabras de la declaración “Nostra aetate” del Concilio
Vaticano II. Dios es el creador de todos los hombres.
A todos los ha dotado con una misma naturaleza, compuesta
de cuerpo y alma. A todos les ha entregado el
mundo como morada.
Y al igual que hay una comunidad
de origen, hay un fin común, que es también Dios.
Todos los seres humanos hemos sido creados por Él y
para Él; para servirle y amarle, y para poder gozar
de su salvación.
En relación con esta común proveniencia de origen
y con esta común ordenación de destino, la Iglesia reconoce
cuanto de verdadero y bueno hay en las otras religiones.
Todas ellas son testimonio de la búsqueda humana de Dios,
una búsqueda emprendida muchas veces a tientas y entre sombras
(cf “Hechos” 17, 26-28). Una búsqueda que es prueba elocuente
de la dimensión religiosa del hombre, de la nostalgia que
la criatura experimenta con respecto a su Creador.
Todo lo que,
en las otras religiones, hay de verdadero y de bueno
procede de Dios. Porque Él ha repartido la verdad y
el bien entre los hombres y los pueblos, y se
hace presente, casi secretamente, entre todas las naciones (cf “Ad
gentes”, 9). Toda verdad, dondequiera que se halle, es reflejo
de Dios, que es la Verdad misma, y que es
el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas
las cosas creadas en su relación con Él (cf “Catecismo
de la Iglesia Católica”, 216). Sólo un menosprecio de Dios
como creador del mundo y del hombre puede llevar a
minusvalorar el papel de las religiones como signos de la
verdad y de la bondad divinas.
La Iglesia ve, por ello,
en las otras religiones una posible preparación para la acogida
del Evangelio. Ya el teólogo y cardenal Jean Daniélou comprendía
la revelación cristiana como cumplimiento de la búsqueda de Dios
que latía en las demás religiones. El cristianismo, lejos de
destruirlas, las purifica, completa y perfecciona, llevándolas a su plenitud
en Jesucristo.
Todas las religiones, toda la búsqueda de Dios, se
orienta últimamente hacia la unidad de la humanidad en la
Iglesia de Cristo. La Iglesia es la convocatoria universal que
nace del amor del Padre para reunir de nuevo a
todos los hijos, dispersados y extraviados por el pecado: “La
Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a
encontrar su unidad y su salvación” (“Catecismo de la Iglesia
Católica”, 845).
La salvación viene de Cristo, el Hijo de Dios
hecho hombre. Pero el Señor ha querido manifestar y realizar
por medio de su Iglesia el misterio del amor de
Dios al hombre, para que “todo el género humano forme
un único Pueblo de Dios, se una en un único
Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del
Espíritu Santo” (“Ad gentes”, 7).
El “Catecismo de la Iglesia Católica”
despierta en nosotros una mirada atenta y respetuosa hacia las
otras religiones y, a la vez, nos hace dar gracias
por el don de la fe y de la pertenencia
a la Iglesia, al mismo tiempo que nos estimula a
cumplir el mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos
a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a
guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed
que yo estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo” (Mt 28, 19-20).
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Me parece bien que no consideren a las otras religiones como falsedades , pero recuerden que cada religion tiene su mesias , un fundador simplemente creo q jesus es un maestro mas de el q hay q aprender tanto mahoma y buda. Todos ellos dieron su perspectiva de salvacion y ninguno es superior. Creo q lo mas conveniente es enseñar a las personas a tener un mentalida abierta ante todas las religiones.
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