Autor: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net La tempestad calmada
Los milagros de Jesús.
La tempestad calmada
Los discípulos se enteran del origen de Jesús, conocen a
su Madre, al resto de su familia, su vida oculta
de trabajo. Todo ello junto a la intensa enseñanza teórica
y práctica que Jesús les imparte.
Defender la fe
Sin embargo, la
oposición de los familiares de Jesús y las críticas de
los escribas y fariseos podían afectar a los discípulos con
una fe todavía débil. Por ello Jesús se decide a
apartarlos de Cafarnaúm por un poco de tiempo. Sube a
las barcas y se dirige a la otra orilla en
territorio pagano.
El viaje y la tempestad
En este viaje va a
ocurrir un gran milagro que sorprende grandemente a los suyos,
a pesar ya de que han visto tantas curaciones. Se
trata de la tempestad calmada. Sucedió así: "Aquel día, llegada la
tarde, les dice: Crucemos al otro lado. Y, despidiendo a
la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como se
encontraba, y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una
gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima
de la barca, de manera que se inundaba la barca.
Él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; entonces
lo despiertan, y le dicen: Maestro, ¿no te importa que
perezcamos? Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar:
¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo
una gran bonanza. Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis miedo?
¿Todavía no tenéis fe? Y se llenaron de gran temor,
y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que
hasta el viento y el mar le obedecen?"(Mc).
El respeto
Ante la
tempestad surge el temor y el miedo a morir. No
advierten que Jesús no puede morir de aquella manera, pues
tiene una misión divina aún no acabada, y se ha
declarado igual al Padre en tantas ocasiones. Pero el viento
es fuerte, las barcas suben y bajan, pueden volcar, pueden
hundirse. Jesús, sorprendentemente, duerme. Y se quejan del peligro, con
visos de crítica al mismo Jesús que no hace nada
ante el peligro. Le despiertan y, con gesto imponente, clama
al viento que enmudezca, y lo hace. La calma vuelve
de repente al pequeño mar. Y cuando Jesús les
reprende por su poca fe, no se quejan, no murmuran,
no protestan, y emerge en ellos el respeto ante alguien
que es más que un maestro de vida coherente, y
se preguntan: ¿Quién es éste? Aún le conocen poco, tienen
que introducir en su fe el dato de que Cristo
es Señor de todo, es el mismo Dios con nosotros.
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