No publicar es liga de Enseñanzas de Jesús en el primer año 3444
Los mandamientos
Las interrogantes
Una vez anunciado el reino, con el pórtico
abierto de las bienaventuranzas para entrar en él, queda pendiente
una cuestión del máximo interés: ¿se debe cumplir la ley
de Dios según fue dada a Moisés en el monte
Sinaí? ¿en que consiste la ley moral? ¿qué se debe
hacer para entrar en el Reino de Dios y pertenecer
a él?
Jesús dedicará buena parte de su magisterio a
aclarar estos interrogantes. Declarará que no ha venido a cambiar
la ley, sino a llevarla a su plenitud. Esa plenitud
será: ver a Dios como Padre, y vivir como hijos
de Dios. Ya había enseñado que si vivían así los
hombres glorificarían al Padre. Pero ahora concreta más y recorre
la senda de los principales mandamientos de la ley de
Dios. Con ellos irá mostrando en qué consiste ser "perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto"(Mt). Por ello mostrará el
valor de la oración, de la limosna y el ayuno
sabiéndose mirados por "tu Padre, que ve en lo secreto".
Ante Él hay que actuar y es Él quien "recompensará"
del modo más adecuado. La religiosidad no debe ser algo
externo y superficial, sino que se debe amar y rezar
a Dios como Padre nuestro.
El origen del amor
Si en las
bienaventuranzas se muestra al Hijo que se ha hecho Hombre
para salvarnos, en los comentarios a los mandamientos se muestra
al Padre, que es el origen en el amor. El
Padre es quien toma la iniciativa fontal de amar y
que, además de engendrar al Hijo unigénito, quiere engendrar hijos
libres que sepan amar por la senda amplia de los
mandamientos.
La ley de Moisés
Veamos primero la aclaración sobre la validez
de la ley de Moisés. "No penséis que he venido a
abolir la Ley o los Profetas; no he venido a
abolirlos sino a darles su plenitud. En verdad os digo
que mientras no pasen el Cielo y la tierra no
pasará de la Ley ni la más pequeña letra o
trazo hasta que todo se cumpla. Así, el que quebrante
uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños,
y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será
el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por
el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será
grande en el Reino de los Cielos. Os digo, pues,
que si vuestra justicia no es mayor que la de
los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de
los Cielos"(Mt).
La Ley hay que cumplirla toda hasta el detalle
más ínfimo; pero con un espíritu nuevo; no vale ya
el espíritu de los fariseos que rodean la ley de
múltiples reglas, preceptos e interpretaciones, pero pierden el espíritu de
la ley, que es amar a Dios en el fondo
del corazón y en la conducta. El que asimila este
espíritu tiene siempre ante los ojos a Dios Padre, que
le llama para que libremente obre el bien y tenga
la perfección que él tiene, que es la de amar
sin medida.
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