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Autor: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic net 10a. sesión: Sglo IX Edad Media: Cirilo y Metodio. Teocracia del poder.
Siglo turbulento. Cirilo y Metodio. Teocracia del poder.
10a. sesión: Sglo IX Edad Media: Cirilo y Metodio. Teocracia del poder.
INTRODUCCIÓN
La obra política de Carlomagno no consiguió perdurar. Tras su
muerte se inició un nuevo período histórico en el que
hicieron su aparición poderosos factores de disgregación que acabaron por
destruir el imperio carolingio. La pérdida de prestigio del poder
imperial se puso ya de manifiesto en tiempos del sucesor
de Carlomagno, su hijo Ludovico Pío. Los grandes eclesiásticos trataron
entonces de dejar cumplida constancia de su superior autoridad moral,
un tanto oscurecida por Carlomagno.
De tal manera estaban las
cosas que los mismos hijos de Ludovico Pío provocaron una
revuelta contra su padre y la guerra civil. Fue vencido
el emperador Ludovico y los prelados francos tuvieron una notable
participación en la deposición del emperador, a quien le impusieron
una penitencia pública que le incapacitaba de por vida para
el ejercicio del poder real (año 833). Ludovico fue más
tarde repuesto en el trono, pero tras su muerte siguió
adelante el proceso de descomposición del imperio.
El debilitamiento del
poder imperial propició que la iglesia se emancipara poco a
poco, tanto los obispos como en la sede romana.
Mientras
la noche cae sobre occidente a finales del siglo IX,
el imperio bizantino conoce un período particularmente brillante con la
dinastía macedonia (867-1056) y con su gran soberano Basilio II.
I. SUCESOS
Después de Carlomagno, ¿qué?
Muerto Carlomagno, le sucede su hijo Ludovico
Pío coronado por el papa Esteban IV en Reims, junto
con su esposa Irmingarda. Con este gesto, el papa quería
dejar sentado que el jefe espiritual era él, mientras que
al emperador correspondía la función política. Ludovico confirmó todos los
anteriores privilegios a la Iglesia y concedió a la iglesia
su protección.
Al fallecer éste, los sucesores repartieron el imperio
carolingio en el Tratado de Verdún (843): Luis el Germánico
gobernó el Oriente: Baviera, Alemania, Sajonia; Lotario, el centro: Países
Bajos, Suiza, Italia. Carlos el Calvo reinó sobre Francia.
La
autoridad de los reyes se oscurecía en medio de la
creciente anarquía feudal, y no resultó beneficioso para la libertad
de la Iglesia que en lugar del poder público soberano
proliferase ahora un enjambre de vinculaciones privadas y de poderes
señoriales.
Invasiones a la vuelta de la esquina...
No sólo crecía
la disgregación y la violencia en el imperio carolingio. También
sufría las devastaciones y rapiñas de los normandos, de los
magiares y de los sarracenos. El hecho es que la
época carolingia se fue precipitando en la más profunda
decadencia.
Los normandos o escandinavos o vikingos, asolaron Francia, España y
el Mediterráneo. Los sarracenos, piratas musulmanes, constituían un verdadero peligro
para Italia y para Roma; salían del norte de África
o de España y desembarcan hasta en el mismo puerto
de Ostia. Incluso saquearon Roma en el año 846 e
hicieron estragos en las basílicas de san Pablo y de
san Pedro. En el año 898 el norte de Italia
sufrió la invasión de los húngaros, feroces y sanguinarios, que
devastaron y saquearon el territorio, en particular abadías y monasterios.
Estos
pueblos bárbaros no dejaban de sembrar sombras en toda Europa,
pues conservaban todavía muchas de sus costumbres paganas, que resultaban
difíciles de erradicar a pesar de haber aceptado la
fe cristiana.
El papado sufrió también las consecuencias de esta crisis
cultural. Los reyes deseaban manejar a su arbitrio la sede
de Pedro, intervenían en la elección de los papas para
favorecer sus propios intereses, y se hacían coronar por ellos.
El papa Sergio II, por ejemplo, coronó a Ludovico II,
hijo de Lotario, rey de Italia, que también se había
convertido en rey de los francos. Además de este cesaropapismo,
también algunas familias de la potente nobleza romana buscaban influir
en la elección de los pontífices y, una vez elegidos,
condicionaban sus acciones. Entre estas familias hay que recordar la
familia Spoleto.
Al final de este siglo IX comenzaba el
oscuro período llamado por los historiadores “el siglo de hierro”
del pontificado.
A pesar de todo el caos y
confusión, Dios fue llevando adelante su obra a través de
la iglesia, y llamó a nuevos pueblos a la fe
cristiana:
a) Los búlgaros se convirtieron al cristianismo, con su rey Boris,
en el año 863, también los servios y croatas, y,
en el norte, los daneses y suecos, en 876.
b) San
Oscar, monje inglés, fue el apóstol de los países escandinavos,
y los santos Cirilo y Metodio lo fueron de los
eslavos. Nacieron en Tesalónica, y formaron parte de una misión
que el emperador Miche III envió para evangelizar una población
tártara. Años más tarde, 862-863, como preparación para evangelizar a
los eslavos de la Gran Moravia (zona oriental de la
actual República Checa), Cirilo creó el alfabeto que lleva su
nombre. En los años siguientes los santos hermanos tradujeron algunos
libros del Nuevo Testamento al paleoeslavo e hicieron de esta
traducción la base de la liturgia en lengua eslava. Su
tarea no fue bien vista por el clero germánico que
en las ceremonias empleaba el latín, y llegaron quejas a
Roma. El papa Nicolás I los llamó a Roma para
explicar el motivo por el que no usaban el latín
en las ceremonias religiosas. Cirilo y Metododia no llegaron a
tiempo a Roma, pues murió el papa Nicolás. Fue Adrián
II, su sucesor, quien los recibió con honores y aprobó
la liturgia eslava. Cirilo murió en Roma y Metodio regresó
a Moravia, donde continuó la obra misionera. Allí fue nombrado
arzobispo el año 869. Estos santos son un ejemplo de
plena comunión con el papa, obispo de Roma, aun cuando
ellos era orientales. León XIII los canonizó en 1881 y
Juna Pablo II los nombró copatronos de Europa, junto con
san Benito (cf. Juan Pablo II, “Homilía sobre Cirilo y
Metodio, patronos de Europa”, en L´Osservatore Romano, 1 de diciembre
de 1985).
Siguen las tensiones entre Roma y Bizancio Cuando se
enfría la caridad, todo es posible, incluso el cisma 61
La Iglesia de Bizancio, además de estar sometida
a las intrigas palaciegas, se encontró con un terrible problema.
El legítimo patriarca, Ignacio, fue destituido por Barda. Y en
su lugar este turbio personaje hizo elegir abusivamente a Fozio,
laico erudito que enseñaba en la universidad de Constantinopla.
Según
la tradición eclesiástica, Fozio envía una carta al papa para
notificarle su elección. Pero el papa Nicolas I, con toda
su autoridad apostólica, rechaza sus pretensiones. Tanto el emperador Michele
III de Constantinopla como Fozio reaccionan violentamente contra el Papa;
incluso Fozio manda una carta a los demás patriarcas orientales
condenando las “herejías” de la iglesia romana, con lo cual
provoca un cisma: Roma y Bizancio quedan separadas.
Pasan los
años, muere el emperador y Barda es asesinado. El nuevo
emperador restituye a Ignacio en su puesto de patriarca. Mientras
tanto ha muerto el papa Nicolas I y le ha
sucedido Adriano II. Este Papa, para zanjar de una vez
los problemas que afligían la iglesia bizantina por estar dividida
entre los partidarios de Ignacio y los de Fozio, convoca
en el año 869 el IV concilio de Constantinopla. Este
concilio reconoce a Ignacio como patriarca legítimo, y al mismo
tiempo afirma la legitimidad del culto a las imágenes. Pero
no logra recomponer la división interna del clero bizantino. Años
más tarde, tras la muerte de Ignacio, Fozio recupera la
sede patriarcal. El papa Juan VIII le pone como condición
para reconocer su legitimidad que retire las excomuniones que había
lanzado contra Roma y que acepte la legitimidad del “Filioque”.
Pero sus rencores contra Roma no se apagan y todo
ello va preparando el terreno para la ruptura definitiva del
año 1054 entre Roma y Bizancio.
Menos mal que los
monjes santificaban a la Iglesia
En estos siglos la iglesia, como
dijimos, sufrió mucho en su santidad. No obstante, Dios seguía
alumbrando las espesas tinieblas que cayeron sobre Europa. Y el
mismo Espíritu Santo seguía conduciendo la evangelización por Hamburgo, Bremen
y los países escandinavos.
Incluso se observa un importante impulso
monástico. En el año 963, el monje Atanasio funda el
primer monasterio en el monte Athos, al norte de Grecia,
que se convertirá en una república de monjes y en
la cumbre de la espiritualidad ortodoxa. Y fue también la
Iglesia la que salió, en la persona del papa Sergio
II, a aliviar los sufrimientos del pueblo, producidos por las
invasiones y las guerras. Para luchar contra los piratas sarracenos
que amenazaban continuamente las zonas costeras del Mediterráneo, se formó
una liga compuesta por Amalfi, Gaeta y Nápoles, a la
que se unió también Ludovico II. El mismo Papa san
León IV62, apoyó el ataque contra los sarracenos,
que fueron derrotados. Agradecido por la vitoria el papa León
coronó al emperador a Ludovico II.
Teocracia del poder. El gran
Papa Nicolás I
Ya en este siglo IX, el Papa san
Nicolás I arrojó la primera semilla de lo que más
tarde, en tiempo del Papa Gregorio VII e Inocencio III,
se llamaría la teocracia del poder, es decir, la idea
de que ninguna potestad terrenal era superior al poder de
la Iglesia. Él mismo se portó en el gobierno de
la Iglesia como monarca espiritual absoluto e incuestionable, dictando leyes
y condiciones a obispos y emperadores; abolió las torturas y
las pruebas judiciales; era todo un árbitro en los dos
ámbitos, civil y religioso.
Este mismo Papa, Nicolás, I fue
el primero que formuló expresamente el concepto de “cristiandad”, en
el sentido de la gran comunidad que constituían los pueblos
cristianos, más allá de sus divisiones políticas y nacionales. La
noción de cristiandad cobró creciente importancia a partir de la
restauración imperial de Otón I y conservó su vigencia en
el occidente europeo durante la mayor parte de la Edad
Media. Consciente, además, de los deberes inherentes a su suprema
autoridad, Nicolás I dio pruebas de una energía indomable ante
los difíciles problemas que le tocó afrontar durante su pontificado.
Le tocó el período agitado de la vida de la
iglesia bizantina, pues coincidió con los momentos álgidos de la
lucha entre los patriarcas Ignacio y Focio, de la que
ya hablamos antes, y que acabó con una ruptura temporal
entre Bizancio y la sede romana.
El triste siglo de
hierro del pontificado: ¿Por qué, Señor?
En los años finales del
siglo IX comenzó un largo período de aguda decadencia de
la sede romana, que fue llamado “siglo oscuro” o “siglo
de hierro”, y que se prolongó hasta mediados del siglo
XI, aun cuando en la segunda mitad del siglo X,
bajo la égida de los emperadores Otones, se registrara una
transitoria mejoría.
¿Causa? La Santa Sede cayó en manos de
las facciones que dominaban la ciudad de Roma, auténticos clanes
nobiliarios romanos. Sometida al tiránico dominio de estas familias, la
Sede de Pedro fue ocupada durante una época por una
larga serie de papas que fueron, en su mayoría, individuos
insignificantes o indignos, y que hicieron descender al pontificado a
los más bajos niveles que ha conocido en su historia
dos veces milenaria. Durante siglo y medio, desfilaron en veloz
sucesión cerca de cuarenta papas y antipapas, muchos de los
cuales tuvieron pontificados efímeros o murieron de muerte violenta, sin
dejar apenas memoria de sí. Hubo entre ellos algunos que
no estuvieron a la altura de su misión y varios
observaron una conducta reprobable, totalmente impropia de su dignidad.
Uno
de los modos más claros de ver que el primado
papal es de institución divina y no mera invención humana
quizá sea considerar cómo pudo sobrevivir a la prueba del
siglo de hierro; y más todavía comprobar que durante esta
época el pontificado siguió cumpliendo su misión al frente de
la Iglesia universal, sin desviarse un ápice de la doctrina
ortodoxa en materia de fe y de costumbres.
CONCLUSIÓN
Uno
podría desalentarse al saber estas cosas de su madre Iglesia.
Incluso llevarse las manos a la cabeza en señal de
escándalo. No obstante, la madurez nos hace ser reflexivos y
decir: la Iglesia está compuesta por hombres, pero quien la
dirige es el Espíritu. Los hombres podrán fallar, pero no
Dios. También hubo hombres de Iglesia ejemplares; entre ellos los
monjes Cirilo y Metodio, en este siglo.
Por eso, quiero terminar
este siglo con un texto sobre Cirilo y Metodio: “Cuando
fueron bautizados los eslavos...se dirigieron al emperador Miguel de Constantinopla
diciéndole: “Nuestro país ha sido bautizado y no tenemos maestro
para predicarnos, instruirnos y explicarnos los libros sagrados. No comprendemos
ni la lengua griega ni la lengua latina; unos nos
instruyen de una manera y otros de otra; por eso
no comprendemos el sentido de los libros sagrados ni su
energía. Así, pues, enviadnos maestros que sean capaces de explicarnos
la letra de los libros sagrados y su espíritu”. Al
escuchar aquello, el emperador Miguel reúne a todos sus filósofos
y les repte todo lo que dijeron los príncipes eslavos.
Y los filósofos dijeron: “Hay en Tesalónica un hombre llamado
León; tiene hijos que conocen bien la lengua eslava; dos
de ellos están versados en las ciencias y son filósofos”.
Apenas llegaron Cirilo y Metodio establecieron las letras del alfabeto
eslavo y tradujeron los Hechos de los apóstoles y el
evangelio. Los eslavos se alegraron de escuchar las grandezas de
Dios en su lengua. Pero algunos se pusieron a denigrar
los libros eslavos diciendo: “Ningún pueblo tiene derecho a tener
su alfabeto, a no ser los hebreos, los griegos y
los latinos, como prueba lo que Pilato escribió en la
cruz del salvador”. El papa de Roma (Juan VIII), al
oírlo, condenó a los que murmuraban contra los libros eslavos
diciendo: “¡Que se cumplan las palabras de la santa Escritura:
que todas las lenguas alaben a Dios!” (Crónica de Néstor,
20; texto del siglo XI).
____________________________
Este
siglo IX fue un siglo turbulento, y en muchas aspectos
tristísimo. Pero como tratamos de conocer la verdad sobre nuestra
madre Iglesia, tenemos que decir que sucedieron hechos escandalosos. Según
parece, algunos papas en este siglo fueron envenenados, por ejemplo,
Juan VIII y Marino I. Otro Papa, Formoso, desenterró el
cuerpo del Papa Juan VIII, lo sometió a juicio, lo
mutiló y lo arrojó en el Tiber; manos piadosas le
recogieron y le enterraron en san Pedro. ¿Por qué hizo
esto el Papa Formoso? Porque siendo papa Juan VIII le
depuso de su sede episcopal de Porto, y su orgullo
había quedado herido. Pero el mismo Papa Formoso no se
salvó de ser procesado y profanado también, al final de
su vida. Lo hizo otro Papa Esteban VI, al que
obligó el duque de Spoleto: sometió el cadáver del Papa
Formoso exhumado a un juicio ignominioso, indigno y bárbaro; lo
mutiló, cortándole los tres dedos con los que había bendecido,
y arrojó su cuerpo en el Tíber, condenando su memoria
y declarando nulos todos sus actos, incluidas las ordenaciones sacerdotales
que había hecho. Estas y otras acciones hicieron aborrecible a
este papa Esteban VI. Y el pueblo hizo justicia a
su manera: por instigación de los sacerdotes que habían sido
declarados nulos, lo detuvo y estranguló. Pero su cuerpo no
fue profanado, sino que halló sepultura en las Grutas Vaticanas.
El siguiente Papa, Teodoro II, rehabilitó la memoria de
Formoso y dio sepultura a sus restos, tras repescarlos de
las aguas del Tíber. También en el caso de la
muerte de Teodoro se habló de veneno. El nuevo Papa
Juan IX reunió un concilio en el que fueron excomulgados
y exiliados los cardenales cómplices del asesinato de Esteban VI
en el sínodo cadavérico. regresar Cisma
significa ruptura con el Papa, por desobediencia a su autoridad
apostólica.regresar Este papa instituyó el rito
de la aspersión con agua bendita sobre personas o cosas,
para bendecirlas y purificarlas. regresar
_____________________________________
TEMA DE DISCUSIÓN EN
EL FORO
1. ¿Quiénes fueron Cirilo y Metodio? 2. ¿Qué es la
teocracia del poder? 3. ¿En qué consistió el siglo de hierro
del pontificado? ¿Qué causas hubo?
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