Autor: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net La Pasión y Muerte de Cristo
El relato de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor ocupa un lugar predominante en los cuatro evangelios.
La Pasión y Muerte de Cristo
El misterio pascual es el culmen de la revelación y
actuación de la misericordia Divina.
El relato de la Pasión,
Muerte y Resurrección del Señor ocupa un lugar predominante en
los cuatro evangelios. Es la parte más extensa. En los
comienzos, cuando una persona se acercaba a la Iglesia con
el ánimo de conocer la Buena Nueva, se le explicaban,
ante todo, los sucesos de nuestra Redención, realizada por Jesucristo
con su Pasión y Muerte y, sobre todo, con su
Resurrección de entre los muertos.
El relato de la Pasión,
Muerte y Resurrección de Cristo (Misterio Pascual) constituye el núcleo
de la predicación cristiana, desde los comienzos. Los restantes datos,
que nos narran los evangelios, se fueron incorporando después a
esa predicación. Es probable que las dos «confesiones de fe»
más antiguas del Cristianismo fueran: la narración de la Eucaristía
y la de la Resurrección. A partir de esas confesiones,
es posible que se formara el relato central. Esas confesiones
de fe habrían dado testimonio de una serie de hechos:
- la conspiración para apoderarse del Señor y entregarle; -
la Cena; - el prendimiento; - la Muerte y la
sepultura; - la Resurrección.
Es muy importante destacar que todos
estos relatos expresan la fe de la Iglesia en el
designio salvador de Dios.
Jesús, en la Última Cena, manifestó
claramente que su muerte iba a ser un sacrificio por
los hombres y que constituiría la Nueva y Eterna Alianza
entre Dios y el Nuevo Pueblo, que es la Iglesia.
Como en el Sinaí, la sangre de las víctimas selló
la alianza de Yavé con su pueblo, así también, sobre
la Cruz, la sangre de la víctima perfecta. Jesús, va
a sellar entre Dios y los hombres la Alianza -Nueva-.
Con la Nueva Alianza que instituirá la muerte de Cristo,
cumplirá Dios su promesa, anunciada por los profetas, de salvar
a su pueblo y librarlo de sus pecados. Aunque hay
que añadir que Jesús se atribuye la misión de redención
universal, es decir, que ha venido a salvar a todos
los hombres.
Desde la perspectiva de la Resurrección se comprenden
los sufrimientos y la muerte de Jesucristo, el Hijo de
Dios. No constituyen, en efecto, el fracaso de un hombre,
sino que por la aceptación obediente se convierten en fuente
de salvación para todos. En la Pasión y Muerte del
Señor se cumplieron todas las profecías sobre el Mesías Salvador,
pero además se descubre, como no lo había sido hasta
entonces, el amor de Dios por los hombres.
El relato
de la Pasión no se puede separar del de la
Resurrección porque Cristo va a triunfar. A los ojos de
los que le rodeaban parecía una derrota y un fracaso
pero nunca estuvo tan cerca del triunfo definitivo como entonces.
La Pasión es el camino de la Gloria. Pasión y
Resurrección son dos fases de un mismo MISTERIO: poner fin
a la Alianza Antigua e inaugurar el Reino de Dios.
Se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y muerte
de cruz.
LA MUERTE DE CRISTO HABIA SIDO PROFETIZADA
Muchos
son los lugares donde los profetas dicen que el Mesías
debía sufrir por los pecados del Pueblo. El mismo Cristo
resucitado explica a los de Emaús que era preciso que
el Mesías padeciese «y comenzando por Moisés y por todos
lo s profetas les fue declarando cuanto a El se
refería en todas las Escrituras» (Lc. 24, 27) Son característicos
los textos del profeta Isaías que forman el llamado Poema
del Siervo de Yavé. Así, dirá: «Maltratado y afligido no
abrió la boca, como esclavo llevado al matadero y como
oveja muda ante los trasquiladores. Fue arrebatado a un juicio
inicuo, sin que nadie defendiera su causa cuando era arrancado
de la tierra de los vivientes y muerto por las
iniquidades de su pueblo, e hicieron su sepultura con el
malvado y con el rico su sepulcro, aunque él no
habla cometido violencia, ni hubo engaño en su boca» (]s.
53, 7-9) La claridad de esta profecía es meridiana conociendo
lo que después sucedió.
JESUS PREDICE SU PASION
Jesús anuncia
tres veces a los suyos que va a morir, especificando
el motivo de su muerte: «Desde entonces comenzó Jesús a
manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén
para sufrir mucho de parte de los ancianos, de los
príncipes, de los sacerdotes y de los escribas, y ser
muerto, y al tercer día resucitar» (Mt. 16, 20) Los
discípulos no entendieron entonces lo que les quería decir; lo
entendieron al ver a Cristo resucitado, cuando se les apareció
y les explicó las Escrituras.
Nadie ama más que el
que da su vida por sus amigos.
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