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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net Reflexión de la Encíclica "Ecclesia de Eucharistia"
El Papa Juan Pablo II, el 17 de abril del año 2003, Jueves Santo, regaló a toda la Iglesia una hermosa y sorprendente encíclica sobre la eucaristía, titulada: “La Iglesia vive de la eucaristía”.
Reflexión de la Encíclica "Ecclesia de Eucharistia"
La eucaristía es fuente de toda la vida cristiana. El
Concilio Vaticano II dice “la eucaristía contiene todo el bien
espiritual de la Iglesia”. ¿Quién es el bien espiritual de
la Iglesia? No son los cuadros de arte, ni las
catedrales, no los copones de oro, ni las vestimentas bordadas...
El bien espiritual es “Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan
de Vida, que da la vida a los hombres por
medio del Espíritu Santo” (Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis, n.
5).
Una Iglesia, podría tener todo el arte sacro más bello
del mundo, pero si no tiene la presencia viva de
Cristo eucaristía, ¿de qué sirve ese arte? El arte sacro
está al servicio y para gloria de Cristo eucaristía, como
ya dijimos en la segunda parte de este libro al
hablar de los elementos artísticos de la liturgia.
Una Iglesia podría
carecer de estatuas, vítraux, órgano... pero si tiene la presencia
viva de Cristo Eucaristía, lo tiene todo, pues las estatuas,
el vitraux, el órgano, deben estar siempre al servicio y
para gloria de Cristo Eucaristía.
¡Oh, la eucaristía!: “Sacramento de piedad,
signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el
cual Cristo es nuestra comida, el alma se llena de
gracia futura” (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 47).
Volvamos
a la encíclica del papa Juan Pablo II. Consta de
62 números y está dividida así:
Introducción: Valor de la eucaristía
(n. 1-10).
Capitulo I: La eucaristía misterio de fe (n. 11-20).
Capitulo
II: La eucaristía edifica la Iglesia (n. 21-25).
Capitulo III: Apostolicidad
de la eucaristía y la Iglesia (n. 26-33).
Capitulo IV: Eucaristía
y Comunión eclesial (n. 34-46).
Capitulo V: Decoro de la celebración
eucarística (n. 47-52).
Capitulo VI: En la escuela de María, mujer
eucarística (n. 53-58).
Conclusión: n. 60-62.
Antes de comenzar a desglosar
la encíclica de Juan Pablo II, recomiendo mucho leer y
meditar los siguientes documentos, para ahondar en este gran misterio:
Instrucción “Eucharisticum Mysterium” de la
Sagrada Congregación de Ritos, de 1967.
De Juan Pablo II: Carta
“Dominicae Cenae”, sobre el misterio y el culto de la
eucaristía de 1980.
Del tema de la eucaristía se podría decir
lo mismo que de María, en frase de San Bernardo:
“Acerca de María, nunca es suficiente”. En nuestro caso: “Acerca
de la eucaristía nunca es suficiente”.
¿Qué queremos decir cuando
hablamos de la Eucaristía?
Estamos hablando del Sacramento que nos regaló
Cristo en la Última Cena, al querer quedarse con nosotros
para siempre, dándonos su Cuerpo y Sangre, alma y divinidad,
para alimentarnos, unirse a nosotros, entregarnos su vida divina, entrar
en comunión con nosotros, acompañarnos durante está peregrinación terrena hacia
la Patria Celestial, donde le disfrutaremos cara a cara sin
los velos del pan y del vino. También cuando hablamos de
la eucaristía, estamos invitando a nuestros deberes para con este
admirable y sublime Sacramento, es decir el culto que se
merece Cristo eucaristía, Dios que se ofrece, se inmola, se
sacrifica por nuestra salvación, y nos da a comer de
su Cuerpo y a beber su Sangre, para que tengamos
vida eterna. Este culto trae consigo:
La asistencia y la participación
atenta, consciente y fervorosa a la Santa Misa, cada domingo
y si es posible, todos los días. ¡Dios nos salva
en cada Misa!
La adoración a Cristo eucaristía, solemnemente expuesto
sobre el Altar, en Horas Santas, momentos de oración.
La
visita eucarística que deberíamos hacer durante el día, entrando en
una iglesia y dialogando con ese Dios Compañero y Amigo
que quiso quedarse en los Sagrarios para ser confidente del
hombre.
El respeto, el decoro a cuanto rodea este misterio:
templo, cálices, copones, manteles, nuestra manera de vestir en la
iglesia, nuestra manera de estar, de rezar de leer las
lecturas de la Misa, de guiar, de servir como ministros
de la Sagrada Comunión, de celebrar la Santa Misa por
parte del sacerdote.
Y en la catequesis, este tema de
la eucaristía debe ser prioritario, explicado con unción, con amor,
con fervor y extensamente. La eucaristía es el Sacramento más
sublime, porque en él no sólo recibimos la gracia de
Cristo, sino al autor de la gracia, en Cuerpo y
Sangre, Alma y Divinidad.
¡Qué hermosa la oración que la Iglesia
viene rezando ya desde hace siglos!:
- ¡Oh Sagrado convivio, en
que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de
su Pasión, el alma se llena de gracia y se
nos da la prenda de la gloria futura! - Les diste
Pan del cielo. - Que contiene en sí todo deleite.
Finalmente, cuando hablamos
de la eucaristía, estamos lanzando un gran compromiso a todos.
No sólo a estar agradecidos eternamente por este incomparable regalo
de la eucaristía, preludio y pregustación del cielo, sino sobre
todo, a hacernos también nosotros eucaristía, es decir, inmolación y
sacrificio; alimento y nutrición; presencia y compañía para todos aquellos
hermanos nuestros que caminan en esta vida desfallecidos, con la
mirada baja y triste, desesperanzados y desilusionados. Debemos hacernos pan,
repartir el pan de nuestra fe, esperanza y caridad, y
lograr con ellos una fraternidad hasta lograr la paz, la
unión y la armonía en el mundo.
A todo esto nos
compromete la eucaristía. Pidamos a Cristo Eucaristía que nos acreciente
la fe en este gran misterio, para que nunca nos
acostumbremos al asombro eucarístico, sino que caigamos siempre de rodillas
ante él, agradeciendo, adorando, amando.
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