La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net Liturgia de las horas
Es una plegaria litúrgica, oficial, que vincula en la misma plegaria a todos los fieles de todos los lugares.
La Instrucción General de la sagrada Congregación para el Culto
Divino de 1971, en su número 12 nos dice: “La
Liturgia de las Horas extiende a los varios momentos del
día las alabanzas y acciones de gracias, igualmente que la
memoria de los misterios de la salvación, los ruegos y
la pregustación de la gloria celestial que se nos ofrecen
en el Misterio eucarístico que es el centro y la
cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana. Además,
la misma celebración eucarística se prepara óptimamente por la Liturgia
de las Horas, ya que las disposiciones para la fructuosa
celebración de la eucaristía, como son la fe, la esperanza,
la caridad, la devoción y el espíritu de sacrificio, adecuadamente
se excitan y crecen en ella”.
El papa Juan Pablo
II en su carta apostólica del 4 de diciembre de
2003, con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución conciliar
sobre la Sagrada Liturgia nos dice lo siguiente: “Es importante
introducir a los fieles en la celebración de la Liturgia
de las Horas, que, como oración pública de la Iglesia,
es fuente de piedad y alimento de la oración personal.
No es una acción individual o privada, sino que pertenece
a todo el cuerpo de la Iglesia...Por tanto, cuando los
fieles son convocados y se reúnen para la Liturgia de
las Horas, uniendo sus corazones y sus voces, visibilizan a
la Iglesia, que celebra el misterio de Cristo. Esta atención
privilegiada a la oración litúrgica no está en contraposición con
la oración personal; al contrario, la supone y exige, y
se armoniza muy bien con otras formas de oración comunitaria,
sobre todo si han sido reconocidas y recomendadas por la
autoridad eclesial” (14).
¿Qué es la Liturgia de las Horas?
Es el
resultado de un proceso por el cual aquella doble exhortación
del Señor Jesús a la oración y a la oración
comunitaria se va estructurando en una serie de súplicas que,
distribuidas a lo largo de cada jornada, impregnan todo el
día. Germen de esto lo podemos encontrar en la primitiva
comunidad cristiana que se reunía para la oración (cf Hech
2, 42). 46).
Ciertamente no es una oración cualquiera. Es,
más bien, una plegaria litúrgica, oficial, que vincula en la
misma plegaria a todos los fieles de todos los lugares,
por lo que se realiza aquello de que, aunque sea
una multitud dispersa a través del mundo, “tiene un solo
corazón y una sola alma” (Hech 4, 32) y busca
tener también una sola voz, uniéndose en las mismas palabras.
“De esta manera las oraciones hechas en común poco a
poco se ordenaron como una serie definida de “horas” (o
momentos). Esta Liturgia de las Horas u Oficio Divino, enriquecido
por las lecturas, es, sobre todo, oración de alabanza y
de súplica y también oración de la Iglesia con Cristo
y a Cristo” (Instrucción General, n. 2).
Por esto podemos
comprender que la Liturgia de las Horas es una nueva
manera de ejercicio de la participación del sacerdocio de Cristo,
por lo que constituye un derecho de todo bautizado y
una dignidad de la que nadie debería sentirse al margen.
Y por eso, hay que desterrar definitivamente la idea de
que esta Liturgia de las Horas sea tarea que compete
sólo a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas
de especial consagración.
Todo el pueblo de Dios está llamado
a tomar parte en ella. Por lo que la constitución
conciliar sobre la Sagrada Liturgia expresa: “Se recomienda a los
laicos que recen el Oficio Divino o con los sacerdotes
o reunidos entre sí e incluso en particular”(n. 100). Y
unos números atrás nos decía la misma constitución conciliar: “La
función sacerdotal de Jesucristo se prolonga a través de su
Iglesia que sin cesar alaba al Señor e intercede por
la salvación de todo el mundo no sólo celebrando la
eucaristía, sino también de otras maneras, principalmente recitando el Oficio
Divino”(n. 83).
Estructura actual de la Liturgia de las Horas
La
estructura concreta se realiza mediante una serie de oraciones, que
señalan, consagran, santifican diversos momentos del día.
En el fondo de
la estructura subyace todavía la clásica manera antigua de computar
las horas que, en comparación con la actual, nuestra, va
de tres en tres horas. Así primitivamente y, sobre todo,
en los monasterios, el Oficio Divino comprendía ocho momentos de
oración en el transcurso de cada jornada (8 por 3
= 24 horas).
A propósito de lo cual, resulta positivo
incluso para nosotros, hombres del siglo XXI, recordar las palabras
de san Juan Crisóstomo, que no han perdido actualidad: “Porque
somos hombres, nos relajamos y distraemos fácilmente. Por eso, cuando
una hora, o dos o tres después de tu plegaria,
te das cuenta de que tu primer fervor se ha
entibiado, recurre lo más pronto posible a la oración y
enciende de nuevo tu espíritu que se enfría. Si haces
esto durante todo el día, encendiéndote a ti mismo por
frecuentes plegarias no darás ocasión al demonio para tentarte o
para que entre dentro de tus pensamientos”.
Y ya mucho
antes de san Juan Crisóstomo, las Constituciones Apostólicas del siglo
II-III recomendaban a los cristianos: “Debéis orar por la mañana,
a la hora tercia, sexta, nona, a la tarde y
al canto del gallo”.
La actual estructura de la Liturgia
de las Horas comprende estas horas:
Oración de la mañana,
al levantarse: Laudes.
Oración hacia las nueve de la mañana:
Hora Tercia.
Oración del mediodía: Hora Sexta.
Oración hacia las
tres de la tarde: Hora Nona.
Oración al finalizar las
tareas, de las seis a las ocho de la tarde:
Vísperas
Una oración, que actualmente puede ubicarse en cualquier momento
de la jornada: Oficio de lectura.
Y, finalmente, una oración
inmediatamente antes del reposo nocturno: Completas.
Son, pues, siete momentos de
oración en el transcurso de cada jornada, según aquello del
salmo: “Siete veces al día te alabo por tus justos
juicios” (Salmo 119, 164). De esos siete momentos hay dos
que son principales y se consideran como “quicios” o ejes
de toda la Liturgia de las Horas: Laudes y Vísperas.
El
contenido de las “Horas”
Consta de:
Un himno inicial que –poéticamente-
nos ubica en el momento propio en que se hace
la plegaria.
Tres salmos.
Una lectura bíblica: extensa en
el “Oficio de Lecturas”, menos extensa en las restantes horas.
Oración de intenciones en Laudes y Vísperas.
Oración conclusiva.
En el
“Oficio de Lecturas” hay, además, una segunda lectura más o
menos extensa, referida a diversos temas y tomada de los
Santos Padres o de los Santos festejados.
Además, en el oficio
de “Completas”, antes de acostarse, se añade, al comienzo, un
examen de conciencia y un acto penitencial. Como término obvio
al final de la jornada, además de dar gracias al
Señor por todos sus dones y lo bueno que hemos
podido realizar con ellos, no podemos eludir la necesidad de
pedir perdón por nuestras faltas.
Quiero terminar esta pregunta, valorando
una vez más la Liturgia de las Horas. Esta
Liturgia brota de la esencia misma de la Iglesia que
es comunidad orante por excelencia y que busca tributar a
Dios aquella “adoración en espíritu y en verdad” de que
Jesús habla a la samaritana (cf Jn 4, 23); y
que intercede constantemente por la salvación de los hombres todos,
en unión con Jesús, que rogó tan insistentemente por ella.
Con
la Liturgia de las Horas nos asociamos, desde la tierra,
al himno que los ángeles y los santos tributan para
siempre a Dios en la gloria y por mismo se
convierte en algo así como un “adelanto del cielo”. Con
razón dice sobre esto la Instrucción propia: “Con la alabanza
ofrecida a Dios en la Liturgia de las Horas, la
Iglesia se asocia al canto de alabanza que, en el
cielo, se canta sin cesar; y así pregusta aquella alabanza
celestial descrita por Juan en el Apocalipsis que resuena siempre
ante el trono de Dios y del Cordero” (n. 16).
Por eso, la Liturgia de las Horas es fuente de
grande gozo. Como que en ella, además, la Iglesia asume
“los deseos de todos los cristianos e intercede por la
salvación de todo el mundo ante Cristo y, por él,
ante el Padre” (n. 17). De esta manera, la Liturgia
de las Horas no es sólo medio de santificación personal
(n. 14), sino también eficaz instrumento de fecundidad apostólica.
Termino
esta pregunta recomendando vivamente a todos los laicos a
que acepten la cálida invitación que ha hecho Dios, a
través del Concilio Vaticano II, y se vayan poniendo en
contacto con este Oficio divino que les abrirá, como la
misa, una nueva y copiosa fuente de vida cristiana. Quien
aprende a gustar esta Liturgia nunca más la abandonará.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Consulta cualquier duda acerca de las principales verdades de la fe católica, su congruencia con la razón y las normas para vivirlas. Cuestiones apologéticas para saber defender tu fe ante el ataque de las sectas y de doctrinas y corrientes contrarias a la misma
Ver todos los consultores
Curso que presenta las bases teóricas para ser un buen evangelizador, enriquecidas con un muy amplio repertorio de sugerencias prácticas.
Ver todos los eventos