Autor: Cristina Cendoya de Danel Cristo vivo presente en la Eucaristía
Por este sacramento, se produce una conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia del vino en la Sangre.
Presencia Real de Jesucristo
Para entender bien el sentido de
la celebración eucarística es necesario tener en cuenta la presencia
de Cristo y Su acción en la misma.
Al pronunciar el
sacerdote las palabras de la consagración, su fuerza es tal,
que Cristo se hace presente tal cual, bajo las substancias
del pan y del vino. Es decir, vivo, real y
substancialmente. En Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, por lo tanto,
donde está su Cuerpo, está su Sangre, su Alma y
su Divinidad. Él está presente en todas las hostias consagradas
del mundo y aún en la partícula más pequeña que
podamos encontrar. Así, Cristo se encuentra en todas las hostias
guardadas en el Sagrarios, mientras que el pan, signo sensible,
no se corrompa.
Está presencia real de Cristo, es uno de
los dogmas más importantes de nuestra fe. (Cfr. Catec. n.
1373 –1381). Como los dogmas, la razón no los puede
entender, es necesario reflexionar y estudiar para, cuando menos, entenderlo
mejor.
Han existido muchas herejías sobre esta presencia real de Cristo,
bajo las especies de pan y vino. Entre ellas encontramos:
los gnósticos, los maniqueos que decían que Cristo sólo tuvo
un cuerpo aparente, por lo tanto, no había presencia real.
Entre
los protestantes, algunos la niegan y otros la aceptan, pero
con errores. Unos niegan la presencia real, otros dicen que
la Eucaristía, solamente, es una“figura” de Cristo. Calvino decía
que “Cristo está en la Eucaristía porque actúa por medio
de ella, pero que su presencia no es substancial”. Los
protestantes liberales, mencionan que Cristo está presente por la fe,
son los creyentes quienes ponen a Cristo en la Eucaristía.
Lutero,
equivocadamente, lo explicaba así: “En la Eucaristía están al mismo
tiempo el pan y el vino y el cuerpo y
la sangre de Cristo".
Pero, la presencia real y substancial de
Cristo en la Eucaristía, fue revelada por Él mismo en
Cafarnaúm. No hay otro dogma más manifestado y explicado claramente
que este en la Biblia. Sabemos que lo que prometió
en Cafarnaúm, lo realizó en la Última Cena, el Jueves
Santo, basta con leer los relatos de los evangelistas. (Cfr.
Mt. 22, 19-20; Lc. 22, 19 –20; Mc. 14, 22-24).
El
mandato de Cristo de: “Hacer esto en memoria mía” fue
tan contundente, que desde los inicios, los primeros cristianos se
reunían para celebrar “la fracción del pan”. Y, pasó a
hacer parte, junto con el Bautismo, del rito propio de
los cristianos. Ellos nunca dudaron de la presencia real de
Cristo en el pan.
La Transubstanciación
Hemos dicho que la presencia de
Cristo es real y substancial, esto nos ha sido revelado,
por lo que, no es evidente a la razón, como
dogma que es, resulta incomprensible. Sin embargo, trataremos de
dar una explicación de lo que sucede.
La Iglesia nos dice
que “por el sacramento de la Eucaristía se produce una
singular y maravillosa conversión de toda la substancia del pan
en el Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia
del vino en la Sangre; conversión que la Iglesia
llama transubstansiación”(Cfr. Catec. n. 1376).
El dogma de la Transubstansiación significa
el cambio que sucede al pronunciar las palabras de la
Consagración en la Misa, por las cuales el pan y
el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre
de Cristo, quedando sólo la apariencia de pan y vino.
Hay cambio de substancia, pero no de accidentes (pan y
vino), la presencia real de Cristo no la podemos ver,
sólo vemos los accidentes. Esto es posible, únicamente, por una
intervención especialísima de Dios.
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