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Conoce tu fe | sección
Los Sacramentos, lo que la Iglesia celebra | categoría
El Sacramento de la Eucaristía | tema
Autor: P. Llucià Pou | Fuente: Catholic.net
Cómo vivir mejor la MIsa
Importantes puntos para vivir mejor la Misa.
 
a) Nuestra fe será más profunda y consciente en la medida que conozcamos, apreciemos y vivamos la Santa Misa.

Los fines de la Misa son:

  • La adoración a Dios
  • Acción de gracias
  • Petición de perdón
  • Pëticiones

    A esto vamos a Misa, no a "divertirnos", sinó a "convertirnos" de corazón... son necesidades íntimas que notamos en nuestro interior: ser agradecidos, hacer penitencia por lo que hacemos mal...


    b) Tener conciencia clara de la íntima vinculación entre la comunión con Cristo y la comunión con los hermanos.

    La asamblea eucarística dominical es un acontecimiento de fraternidad; en un ambiente dominante de egoísmo esto es aún más importante: no se le puede dar más importancia a la obligación de ir a Misa los domingos que al compromiso continuo de estar dispuestos a dar la vida los unos por los otros. Separar la Eucaristía de este esfuerzo cotidiano, reduce el sacramento a un hábito mágico o lo convierte en unamentira cercana al sacrilegio; el amor al prójimo, el estar dispuestos a dar la vida por los demás son actitudes que forman parte del signo eucarístico. El pan y el vino, que son Cuerpo y Sangre de Jesús, tienen que estar amasados no sólo en el hogar sino "con" el amor del hogar, de lo contrario pierden el punto referencial que los hace eficaces. Vivir la Eucaristía es recordar el mandamiento del amor, lavarse los pies (servir a los demás, descubrir las necesidades)


    c) Es una Celebración

    Sabiendo que es un acto festivo, una invitación, no se puede asistir a Misa con una actitud propia de un restaurante, donde se llega a la hora que se quiere, y vamos solos o en grupo, y cada uno va a la suya... podemos imaginarnos una historia.

    Jordi llega a su casa: "hola cariño -saluda a su mujer-... voy a jugar tenis, Manuel y yo hemos quedado, lo siento porque no podré quedarme a cenar..."
    -"Pero Jordi -contesta la mujer-: es ya tarde, y quería estar contigo el día de tu cumpleaños... te tenía preparada la comida que te gusta: carne a la borgoñona, verduras, una tarta de limón..."
    -"Lo siento cariño, tomaremos algo en un frangfurt..." y mientras sale por la puerta dice unas últimas palabras: -"tómatelo tú".
    Ella cae sentada allí mismo donde estaba, y llora con fuerza mientras no sabe repetir otra cosa que "-¡no me quiere!".

    Pues esta falta de consideración es la que tenemos con Jesús no valorando -despreciando- este amor que ha tenido con nosotros, cuando no vamos a Misa, o no queremos comulgar bien preparados, o no hacemos la acción de gracias... abandonando la celebración antes de que haya acabado, o pasando al lado de las personas con las que hemos estado en Misa sin saludarlas... No: la Misa es una participación en el banquete de Jesús, y participar es señal de gratitud y de amor. Él ha tenido esta genialidad para que le recordemos, para estar con él; una invitación que contiene un flechazo de amor como el que sintió Zaqueo cuando se subió a un árbol para verle mejor, y Jesús le dice al verle: "Baja, Zaqueo, que hoy quiero comer en tu casa"; y hace un cambio radical en su vida. Muchas amistades con Jesús comienzan así, con un poco de curiosidad para que el corazón quede después impactado con la mirada de Jesús... y cenamos con él. Jesús preparó cuidadosamente la Eucaristía durante toda su vida y se concretó en la última Pascua, a la que también nosotros estamos invitados junto con los Apóstoles, pues es una cena más allá del espacio y del tiempo... este signo que empezó entonces durará hasta que El vuelva.


    d) Prepararnos para la comunión.

    Es el alimento esperado desde todos los tiempos. El maná del desierto. El pan ázimo que representa la marcha liberadora de la esclavitud de Egipto. Es el pan que da fuerza al profeta exausto para andar cuarenta días. No es lo mismo comulgar o no hacerlo, como decía una monitora que trabajaba en Navidad en un campamento de chicos y pidió al director ir a la Misa del gallo. Le contestó "¿Por qué no la miráis por la tele?" y ella contestó: "Escuche, cuando le inviten a un buen banquete, yo también le diré que por qué no lo mira por la tele" (el director les dejó ir).

    Aquellas multitudes que fueron saciadas por Jesús cuando la multiplicación de los panes representan los que gustan de este pan del cielo; y es fundamental que participemos de este alimento. Decía un alma piadosa: "A veces me asusto pensando en los que han decidido, por las razones que sean, no comer de este manjar cuyo contenido espiritual es más consistente que lo que se puede ver y tocar. Es como si hubieran iniciado, con esa decisión, una terrible huelga de hambre, un ayuno suicida que les llevará a no poder resucitar.

    Se puede caer en esa especie de anorexia del espíritu en la que el alma ha perdido el instinto de conservación, mientras que el dueño de la vida, porque ha vencido nuestra muerte, nos ofrece gratis, con el gesto más solidario que pueda existir, un banquete infinito". Para poder participar de este banquete es necesario creer. ¿Qué es lo que pretende Jesús? Pues nada tan alto como que, comiendo su cuerpo, participemos en su divinidad; en la Eucaristía nos transformamos en lo que comemos, como dice la LG 26: "La participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos". Esta divinización del hombre podemos representarla con la imagen de la custodia. "Las custodias generalmente representan un sol cuyo centro es Él. Un encuadre perfecto que nos puede recordar que Jesús Eucaristía es la diana del cosmos. Punto de partida y de llegada de la creación entera. En torno a cada ostensorio o custodia bien pueden girar todas las galaxias, poniendo a la humanidad entera de rodillas en primera fila para adorarlo. Jesús Eucaristía el Hijo de Dios, el mismo que inició este sublime traspaso lavándonos los pies" (Fanlo, 30).

    Pero de nada aprovecha la carne si no lo aprovechamos en el espíritu, que es el que da vida. Por esto, en primer lugar hemos de tener el discernimiento de lo que hacemos, examinar nuestra conciencia: estar en gracia de Dios, pues si fueran conscientes de pecados graves para comulgar hay que recibir el perdón de Dios mediante el Sacramento de la reconciliación, pues como dice San Pablo "quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor", y también se nos pide no haber probado alimento una hora antes (excepto los enfermos).


    e) Dar gracias a Dios.

    Como y se ha dicho, después de que se nos ha ofrecido la eternidad en forma de banquete, procuramos dar gracias a Dios, sabiendo que somos un auténtico sagrario. Un niño que tenía que ir al mar a hacer submarinismo, le decía a Jesús en esos momentos: "ahora irás conmigo al mar, como si fueras en un submarino". A veces con la ayuda de un misal o devocionarios encontraremos textos apropiados para facilitarnos estos momentos tan preciosos, para pedir por nuestras necesidades y nuestra conversión a Dios, cuando lo tenemos dentro.


    f) Podemos visitar durante la semana a Jesús en el sagrario y adorarlo en contemplación.

    Exponerle en confianza nuestros asuntos y descansar en Él. Este es el motivo (junto con la comunión de los enfermos, motivo principal) de que se reserve a Jesús en el sagrario de nuestras iglesias.



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    1. La Misa, fiesta del amor

    2. ¿Por qué ir a Misa?

    3. ¿Qué es la Misa?

    5. Conclusión: el domingo, la gran fiesta








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  • P. P. Llucià Pou




     

     
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