Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Espiritualidad Renovada Las virtudes morales o cardinales
Son aquellas sobre las cuales gira toda la vida moral del hombre.
Las virtudes morales o cardinales
INTRODUCCIÓN
Se llaman cardinales porque son el gozne o quicio (cardo,
en latín) sobre el cual gira toda la vida moral
del hombre; es decir, sostienen la vida moral del hombre.
No se trata de habilidades o buenas costumbres en un
determinado aspecto, sino que requieren de muchas otras virtudes humanas.
Estas virtudes hacen al hombre cabal. Y sobre estas virtudes
Dios hará el santo, es decir, infundirá sus virtudes teologales
y los dones del Espíritu Santo.
Mientras en las virtudes
teologales Dios ponía todo su poder sin nuestra colaboración, aquí
en las virtudes morales Dios las infundió el día del
bautismo como una semilla, pero dejó al hombre el trabajo
de desarrollarlas a base de hábitos y voluntad, siempre, lógicamente,
movido por la gracia de Dios.
Estas cuatro virtudes son
como remedio a las cuatro heridas producidas en la naturaleza
humana por el pecado original: contra la ignorancia del entendimiento
sale al paso la prudencia; contra la malicia de
la voluntad, la justicia; contra la debilidad del apetito irascible,
la fortaleza; contra el desorden de la concupiscencia, la templanza.
I. LA PRUDENCIA
1. Virtud infundida por Dios en el entendimiento
para que sepamos escoger los medios más pertinentes y necesarios,
aquí y ahora, en orden al fin último de
nuestra vida, que es Dios. Virtud que juzga lo que
en cada caso particular conviene hacer de cara a nuestro
último fin. La prudencia se guía por la razón iluminada
por la fe.
2. Abarca tres elementos: pensar con madurez,
decidir con sabiduría y ejecutar bien.
3. La prudencia es
necesaria para nuestro obrar personal de santificación y para nuestro
obrar social y de apostolado.
4. Los medios que tenemos para
perfeccionar esta virtud son: preguntarnos siempre si lo que vamos
a hacer y escoger nos lleva al fin último; purificar
nuestras intenciones más íntimas para no confundir prudencia con dolo,
fraude, engaño; hábito de reflexión continua; docilidad al Espíritu Santo;
consultar a un buen director espiritual.
5. El don de consejo
perfecciona la virtud de la prudencia
6. Esta virtud la necesitan
sobre todo los que tienen cargos de dirección de almas:
sacerdotes, maestros, papás, catequistas, etc.
II. LA JUSTICIA
1. Virtud infundida por Dios
en la voluntad para que demos a los demás lo
que les pertenece y les es debido.
2. Abarca mis
relaciones con Dios, con el prójimo y con la sociedad.
3.
La justicia es necesaria para poner orden, paz, bienestar, veracidad
en todo.
4. Los medios para perfeccionar la justicia son: respetar
el derecho de propiedad en lo que concierne a los
bienes temporales y respetar la fama y la honra del
prójimo.
5. La virtud de la justicia regula y
orienta otras virtudes: a) La virtud de la religión inclina
nuestra voluntad a dar a Dios el culto que le
es debido; b) La virtud de la obediencia que nos
inclina a someter nuestra voluntad a la de los superiores
legítimos en cuanto representantes de Dios. Estos superiores son: los
papás respecto a sus hijos; los gobernantes respecto a sus
súbditos; los patronos respecto a sus obreros; el Papa, los
obispos y los sacerdotes respecto a sus fieles; los superiores
de una Congregación religiosa respecto a sus súbditos religiosos.
III. LA FORTALEZA
1.
Es la virtud que da fuerza al alma para correr
tras el bien difícil, sin detenerse por miedo, ni siquiera
por el temor de la muerte. También modera la audacia
para que no desemboque en temeridad.
2. Tiene dos elementos:
atacar y resistir. Atacar para conquistar metas altas en la
vida, venciendo los obstáculos. Resistir el desaliento, la desesperanza y
los halagos del enemigo, soportando la muerte y el martirio,
si fuera necesario, antes que abandonar el bien.
3.
El secreto de nuestra fortaleza se halla en la desconfianza
de nosotros mismos y en la confianza absoluta en Dios.
Los medios para crecer en la fortaleza son: profundo convencimiento
de las grandes verdades eternas: cuál es mi origen, mi
fin, mi felicidad en la vida, qué me impide llegar
a Dios; el espíritu de sacrificio.
4. Virtudes compañeras de
la fortaleza: magnanimidad (emprender cosas grandes en la virtud), magnificencia
(emprender cosas grandes en obras materiales), paciencia (soportar dificultades y
enfermedades), longanimidad (ánimo para tender al bien distante), perseverancia (persistir
en el ejercicio del bien) y constancia (igual que la
perseverancia, de la que se distingue por el grado de
dificultad).
IV. LA TEMPLANZA
1. Virtud que modera la inclinación a los placeres
sensibles de la comida, bebida, tacto, conteniéndola dentro de los
límites de la razón iluminada por la fe.
2. Medios:
para lo referente al placer desordenado del gusto, la templanza
me dicta la abstinencia y la sobriedad; y para lo
referente al placer desordenado del tacto: la castidad y la
continencia.
3. Virtudes compañeras de la templanza: humildad, que
modera mi apetito de excelencia y me pone en mi
lugar justo; mansedumbre, que modera mi apetito de ira.
CONCLUSIÓN
Estas virtudes
morales restauran poco a poco, dentro de nuestra alma, el
orden primitivo querido por Dios, antes del pecado original, e
infunden sumisión del cuerpo al alma, de las potencias inferiores
a la voluntad. La prudencia es ya una participación de
la sabiduría de Dios; la justicia, una participación de su
justicia; la fortaleza proviene de Dios y nos une con
Él; la templanza nos hace partícipes del equilibrio y de
la armonía que en Él reside. Preparada de esta manera
por las virtudes morales, la unión de Dios será perfecta
por medio de las virtudes teologales.
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Este articulo abre el entendimiento y confirma en la fe la moral que en tiempos actuales la deforma el ser humano, por lo que sirve para orientar los esfuerzos para regresar al camino y de esta manera nos conduce mas facil a Dios.
excelente aportación Padre, que el Espíritu Santo le siga colmando de sus dones.
mi pregunta: cómo podría abordar la formación en estas virtudes con niños de preescolar
Padre Rivero:
Muchas gracias por publicar artículos tan didácticos y de estilo ameno y sencillo como éste. Siempre es un gusto encontrar textos que nos ayuden a formar a los adolescentes y que nos recuerden como adultos que siempre debemos luchar por la virtuosidad y la defensa de los valores humanos.
Gracias por estas publicaciones, por los articulos, son de gran ayuda, un catequista tiene que actualizarse y hay veces que las palabras cambian con el tiempo. necesitamos enriquesernos con las actualizaciones. Muchas bendiciones.
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