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Moral y Mandamientos, lo que la Iglesia vive | categoría
Mandamientos de la Ley de Dios | tema
Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
VIII. No dirás falso testimonio ni mentirás
La verdad en tu camino
 
VIII. No dirás falso testimonio ni mentirás
VIII. No dirás falso testimonio ni mentirás


Vivimos en una sociedad dónde cuenta más la imagen y la apariencia, por ello, es muy común ver cómo se deforma la realidad.

El octavo mandamiento prohibe decir mentiras y todo lo que atenta a la fama y al honor del prójimo. El mandato dice: No levantar falso testimonio, ni mentirás. En otras palabras: No mentirás.

Este mandamiento nos prescribe los deberes relativos a:
La veracidad, el honor, la fama.

Siempre hay que decir la verdad. El hombre debe obrar íntegramente bien en cada acto.
Verdad: Adecuación o correspondencia entre la realidad y lo que pensamos. La verdad es la relación adecuada entre la mente y el objeto.
Verdad objetiva es la relación adecuada entre mente – objeto y sin obstáculos.
La verdad subjetiva es cuando la relación mente – objeto no es adecuada, por causa de algún obstáculo. En muchas ocasiones puede haber errores y la persona no se da cuenta de ellos, o tener la verdad objetiva entre multitud de equivocados.

Ahora bien, Sto. Tomás nos dice que la verdad es algo divino porque Dios en Sí mismo es la Verdad. Por lo tanto, este atributo tienen que vivirlo las creaturas.

El hombre tiene la capacidad de expresar y comunicar sus pensamientos y sentimientos y esto lo hace a través de las palabras.

Para hacer uso de estas facultades se necesita vencer dos tendencias:
-La dificultad para discernir lo verdadero y lo falso.
-La inclinación a deformar u ocultar la verdad.

Emplear bien la palabra es un deber de justicia, pues todo hombre tiene el derecho de no ser engañado, y como consecuencia de su dignidad de persona, tiene el derecho a la fama y al honor.

La virtud que tiene por objeto lo anterior es la veracidad: que nos inclina a ser siempre fieles a la verdad.

Cuando no se expresa la verdad con las palabras, lo llamamos mentira: que es decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar. Catecismo 2508
Cuando no se expresa la verdad con gestos, lo llamamos simulación.
Cuando no se expresa la verdad con todo el comportamiento, lo llamamos hipocresía: que es la vivencia de lo contrario con o que se predica o piensa Mt. 23, 24-28.
La falsedad es afirmar algo estando equivocados por no conocer con exactitud un dato, es diferente a la mentira.

La necesidad de la veracidad es muy clara: Las palabras son la manifestación externa de las ideas, por lo tanto no se puede expresar lo contrario al pensamiento porque esto rompería el orden de las cosas que Dios ha puesto. Además, la veracidad es necesaria para la vida social, si no hay confianza entre los hombres, no hay convivencia. Por ello, nunca está permitido quebrantar la verdad directamente.

Jamás es lícito mentir. Este principio está basado en la naturaleza de la misma. No está prohibida porque sea algo malo. La malicia de la mentira consiste en el desacuerdo entre lo que se piensa y lo que se dice, no tanto en la falsedad de las palabras. Para que haya mentira no hace falta engañar a los otros, basta con que haya una falta de adecuación entre lo que se piensa y lo que se dice. La gravedad de la mentira depende del daño que se puede causar.

La mentira se divide en
Mentira jocosa: una broma.
Mentira oficiosa: cuando se dice para favorecer a una persona o comunidad o ideología.
Mentira dañosa: mentira calumniosa, daña la imagen de alguien.

La gravedad de la mentira depende del tipo de mentira. La jocosa y la oficiosa normalmente son leve. La mentira dañosa puede ser grave. La mentira en cuestiones de fe es pecado mortal.

Los pecados contra la verdad son:
Mentira: dar información falsa, intencionalmente deformada. Esto entraña el deber de reparar el mal causado.
La simulación: mentira que se verifica con hechos. Un ejemplo sería simular que estoy haciendo algo, cuando en realidad no lo estoy haciendo.
La hipocresía: aparentar externamente lo que no se es en realidad, para ganarse la aceptación de los demás.
Adulación: exagerar los elogios al prójimo para obtener algún provecho.
La ligereza al hablar, con el consiguiente peligro de apreciaciones inexactas o injustas. Conlleva el peligro de caer en la difamación o calumnia.
La maledicencia: divulgar una verdad que perjudica a otro, sin razón objetivamente válida. Ejemplo: Manifestar los defectos ajenos a otras personas. Lo contrario sería la benedicencia, es decir, hablar bien de quien se está hablando.
La manipulación. Deformar la verdad con falsedades cuando hay obligación de decir la verdad. La sociedad tiene el derecho a una información fundada en la verdad, la libertad y la justicia. Catecismo 2494
Violentar la intimidad: Espionaje que entra en la vida íntima de las personas. La ingerencia en la vida privada de las personas es condenable en la medida que atenta contra su intimidad y libertad. Catecismo 2492
Juicio temerario: considerar como cierto una maldad en el prójimo sin motivos suficientes. Es la aceptación firme de la mente sobre el pecado o las malas intenciones del prójimo, sin tener motivo suficiente. Es de pensamiento.

Hay ocasiones en que no es prudente ni justo decir lo que se piensa. En estos casos es lícito ocultar la verdad, mas no decir una mentira. El prójimo tiene derecho a que se le hable con la verdad, pero no tiene derecho a que le sea revelado lo que puede ser materia de legítima reserva. Lo prudente en estos casos es callarse o contestar “no hay nada que decir”.

Una manera de ocultar la verdad es la restricción mental que es dar una explicación con un significado oculto para el que lo escucha. Se aplica la ley de doble efecto. Ejemplo. Contestar el teléfono y decir “no está”, cuando en realidad es “no está para ti” la restricción mental se debe de utilizar lo menos posible porque en muchos casos de todas maneras sería una mentira o se puede llegar a abusar de ella. Hay que usarla con gran cautela.

En cuanto al secreto que es una ocultación de la verdad, podríamos decir que es la reserva de algo que no debe manifestarse a quien no tiene derecho de saberlo. La prudencia puede aconsejar no revelar una información que puede perjudicar al prójimo. Catecismo 2489. Poner ejemplos de secreto profesional.

El secreto de confesión es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto Catecismo 2490. Existen otras profesiones que implican un secreto profesional y que deben ser respetados.

¿Cómo equilibrar el derecho al secreto y la obligación de decir la verdad?. Manteniendo el respeto equilibrado entre dos puntos.
-La propia dignidad (no todo se dice)
-El amor (se dice todo lo que el otro necesita)

Existe otro punto que hay que tomar en cuenta, la discreción que consiste en no revelar lo que no es necesario o lo que puede ser malentendido. Ayuda a respetar la dignidad e intimidad de cada hombre.

Ahora bien, el derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional Catecismo 2488. Las situaciones concretas estiman si conviene o no revelar la verdad a quien la pide: (Bien común, bien y seguridad del prójimo, respeto a la vida del otro, evitar un escándalo). Nadie esta obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla.

En cuanto el honor de una persona es decir el testimonio exterior de la estima que se tiene a los demás hombres, todo el mundo tiene el derecho a que se le respete el honor. Este derecho se quebranta con la injuria, que es un insulto sin justicia hecha en presencia del ofendido, de palabra o actos.

La burla es un modo de echarle en cara los defectos a los demás para avergonzarlo delante de otras personas. La gravedad se mide según el tipo de burla y a quien o que se refiere.

Los pecados contra este mandamiento no sólo son de pensamiento y de palabra, sino que también existe el pecado de oído. Cuando se escucha con gusto la crítica, la calumnia, la murmuración, aunque no se diga nada, al aceptarlo se está cooperando con el pecado de otro.

En resumen, para evitar el pecado contra este mandamiento es necesario educarse en la sinceridad interior y exigencia de la práctica de la caridad en el uso de la palabra.


Para profundizar:
Evangelium Vitae nn 19-20

Para Salvarte 8° mandamiento Pág 808, num. 70.




 

 
 
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