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Nuevas Formas de Comunicar a Dios | categoría
En la Educación | tema
Autor: Amando de Miguel | Fuente: Arvo.net
Influencia de los medios de comunicación en la conducta de los escolares
Amando de Miguel afirma: Los contenidos de la enseñanza tienen que cambiar radicalmente para enseñar también a los niños a ver televisión o manejar Internet.
 
Influencia de los medios de comunicación en la conducta de los escolares
Influencia de los medios de comunicación en la conducta de los escolares
Me toca hablar unos minutos sobre escuela y medios de comunicación. El asunto es inmenso y, claro está, yo sólo puedo dar algunas pinceladas, como es natural. Todos ustedes tienen más experiencia que yo en los asuntos de escuela, a mí me pillan un poco lejos. Escuela es la Enseñanza Obligatoria, claro está, y los medios de comunicación. La relación entre ambas, pues, no deja de ser estimulante.

En realidad la escuela ya fue el primer medio de comunicación, o uno de los primeros, en el doble sentido que tienen los medios, de que transmiten información y dan esparcimiento. Yo creo que eso es una definición de medios de comunicación. A veces se olvida que la escuela es también entretenimiento y para no olvidarlo conviene recordar que la palabra escuela viene del griego scolé, que significa divertirse, recreo. Bueno, ahora se llama segmento de ocio al recreo. Siempre se ha dicho el tópico de instruir deleitando, es decir, que hay que transmitir información y al mismo tiempo entretener al público. Tienen otro elemento en común, que es el más formal: los medios de comunicación tienen un emisor que transmite algo a muchos receptores. Es el caso de la escuela con el maestro y los alumnos, y el caso de los medios con los que escriben o hablan en los medios y la audiencia.

Puestos a derivar etimologías, veamos la de esos receptores, que son los alumnos en una escuela. Conviene recordar que en latín el alumno es el que es amamantado, el que es alimentado. Por eso decimos de la universidad que es el alma mater, que no tiene nada que ver con el alma, porque alma quiere decir ahí lo que nutre, la madre que alimenta.

Está por ver si los medios de comunicación son un verdadero alimento para el intelecto. No todo lo que ingerimos es un alimento, puede ser una droga o puede ser un elemento destructor. Desde luego, hoy la escuela y los medios de comunicación, aunque puedan parecerse formalmente, son cosas distintas. Confluyen desde luego en producir orden. En términos físicos podríamos decir que los dos sistemas contribuyen a una entropía negativa, es decir, a que haya orden

En la práctica las cosas son un poco distintas. Por ejemplo, la escuela es hoy una obligación. La escuela primaria y secundaria constituyen una obligación, prácticamente la única obligación que tienen unos curiosos ciudadanos, que no lo son todavía propiamente porque no pueden votar. Sin embargo, antes de ejercer este derecho, ya tienen una obligación, que es la de ir al colegio. Bien es verdad que la obligación recae sobre los padres, naturalmente, que son mayores de edad.

Uno de los problemas que tiene esta obligatoriedad sobre unas personas o personillas que son menores de edad, es que muchos permanecen apáticos. Es decir, será obligatorio estudiar, pero no quieren estudiar. No se sabe muy bien qué hacer. Esa minoría de escolares díscolos o simplemente aburridos o apáticos, que no quieren estudiar, contaminan al resto y acaban degradando el sistema educativo. Eso sería un caso de entropía, es decir, de desorden, de degeneración del sistema escolar. Paradójicamente se apoya en algo progresivo y positivo, como es la educación obligatoria.

Caben pocas opciones contra esta minoría de escolares que no quieren estudiar, sobre todo, porque la represión tradicional, el castigo, ya prácticamente no existe. Los alumnos no pueden ser recriminados por los profesores, está en franca retirada esa idea de que pueda haber castigos. No queda más que el refuerzo positivo, es decir, convertir la educación en juego, en buscarle esa etimología, scolé, como recreo, y hacer que todo el proceso educativo sea divertido. Y en eso es en lo que estamos, pero no se sabe si esa transformación va a quitar eficacia al sistema, por la otra función, que es fundamentalísima, de transmitir información.

Aquí es donde se introducen los medios de comunicación. En los medios se acentúa mucho más el lado festivo, el lado de juego, de entretenimiento. Se pueden utilizar en la escuela como refuerzo positivo. El peligro está en que los niños se entretengan mucho, pero aprendan muy poco. Bien es verdad que a muchos padres esto no les importa mucho. Una de las funciones, no escrita, claro está, de la escuela, es tener recogidos a los niños, sobre todo porque hoy el padre y la madre normalmente trabajan fuera de casa. Para esa inmensa mayoría de los hogares, la escuela es una bendición, porque los niños están recogidos. Si estuvieran en la calle, serían delincuentes juveniles y si estuvieran en casa, habría que buscarles un preceptor.

Los medios de comunicación entretienen, desde luego la televisión singularmente, pero también enseñan. Una buena parte de los conocimientos que tienen hoy los niños no les han entrado por los textos o por las clases, sino por la televisión, no nos podemos engañar. Claro que ese conocimiento es un conocimiento parcial, poco sistemático, en el que predomina lo icónico, lo relacionado con las imágenes.

Un ejemplo de esto que digo es mi experiencia personal, y de otros muchos profesores universitarios. Lo lógico es recurrir a las metáforas bíblicas. Pero esas metáforas bíblicas no las entienden. No saben quiénes son Caín y Abel. Ahora, si uno encuentra una película en donde ese personaje bíblico o ese concepto bíblico se ha traducido a imágenes entonces ya lo entienden. Es decir, Moisés no saben quién es, pero, si lo asocian a Charlton Heston, entonces ya saben quién es.

Si los medios d comunicación se aprovecharan bien, especialmente los interactivos, como puede ser Internet, la escuela sin duda ninguna sería otra cosa. Es más, podríamos pensar idealmente que está de sobra, que bastaría con que los niños se quedaran en su casa enganchados a Internet y con todos los aparatos electrónicos. Podrían conectar con el profesor, con los otros alumnos y volveríamos a una educación curiosamente más parecida a la de los antiguos preceptores, que tenían antes los principitos y los hijos de los nobles. Sin embargo, ese ideal es un poco absurdo. Aunque se pudiera hacer, yo creo que no es conveniente hacerlo. Hay algo en el contacto físico, cara a cara con los otros alumnos, con el profesor, que es fundamental para la educación. No es solo transmisión de información, ni tampoco es solo entretenimiento. Quizá haya algo, una sustancia poco definida, que es lo que hace que la escuela sea lo que es, un sitio donde se estimula el intelecto y uno aprende.

De momento esta idea de que los niños se pudieran quedar en casa enganchados a Internet y unidos a los demás compañeros y a los profesores, a los padres no les gusta nada. Lo fundamental es que los niños tengan algún sitio donde recogerse. La labor de guardería no hay que contemplarla despectivamente. Es más, yo a veces pienso que también los estudiantes universitarios son parte de ese mismo esquema. En la universidad hacemos un poco esa labor de asistencia social, de tenerlos entretenidos unas horas al día.

El principio pedagógico de las escuelas, y desde luego de las escuelas obligatorias, es que los niños, los chicos, incluidos ya los adolescentes, no vean más que a otros de su misma edad. Fuera de los adultos controlados, es decir, los parientes y los maestros, no pueden ver a más adultos. La calle es delincuencia potencial. Ese es un principio ideal que se rompe en la práctica de varias maneras. Para empezar, incluso en la escuela tradicional los chicos tenían un contacto con los adultos a través de la lectura. Por eso se establecía la distinción entre buenas y malas lecturas.

Esto se complica un poco con los medios de comunicación. También los medios de comunicación, la televisión, por ejemplo, es algo más que un mundo de adultos. Ahí es más difícil establecer lo de buenas y malas imágenes, buenos y malos programas, y ya en Internet es imposible. No hay forma de controlar la capacidad que pueda tener el niño de acceder, como ahora se dice, al resto del mundo.

En principio los medios se ven como competidores de la educación. Es decir, el niño que se dedica mucho al ordenador o a la televisión desatiende los estudios y no estudia, no hace los deberes. No es tan simple esa correlación negativa entre más horas a los medios y menos horas al estudio. Hemos hecho una encuesta hace poco sobre los hábitos de lectura de los españoles, y preguntábamos también si tienen ordenador y las horas que ven televisión. Pues bien, las personas que tienen ordenador en su casa leen más, es decir, el ordenador no desplaza la lectura, sino que la fomenta. El tiempo es elástico, las personas que dedican más tiempo al ordenador también dedican más tiempo a leer. Bien es verdad que es una minoría. Cuando el ordenador llegue a la totalidad de los habitantes, quizá no funcione de esta forma. En cambio la televisión funciona al contrario, cuantas más horas de televisión, menos lectura.

La cuestión más espinosa es la de los contenidos perniciosos, fundamentalmente sexo y violencia. Se supone que los niños no deben verlos en el cine, en la televisión o en Internet. Así como en la lectura, mal que bien, se resolvía, haciendo una biblioteca infantil, en las películas, en la televisión, en Internet, ese control es casi imposible.

Bien es verdad que tampoco hay que partir de un pasado idealizado. La historia entera de la literatura es una sucesión de amoríos y de violencia. Pero la gran diferencia es que, en la literatura, el sexo es normalmente un sistema de comunicación intensa, un afecto intenso, y la violencia es normalmente en defensa propia. Es decir, hay algo humano en ambas formas. En cambio, en las películas recientes y en los programas de televisión, asistimos a algo novedoso, es que hay sexo sin comunicación.

Es posible que los contenidos de la enseñanza tengan que cambiar radicalmente para enseñar también a los niños a ver televisión o manejar Internet. Están llegando a la universidad, en los últimos años, con una mejora de su equipaje informativo pero los contenidos son más pobres. Quizá en el futuro, si se le enseñara a ver televisión o manejar Internet, podríamos aprovechar el contenido de transmisión e información que tienen esos medios.
 

 
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