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Comunicadores católicos | sección
La Iglesia y los Medios de Comunicación Social | categoría
Otros Dicasterios y la Comunicación | tema
Autor: Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de MCS (Madrid) | Fuente: Archimadrid.es
Problemas, dificultades y propuestas de la Comunicación Institucional de la Iglesia
Reflexión de Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de MCS (Madrid) sobre los Medios de Comunicación e Iglesia
 
Problemas, dificultades y propuestas de la Comunicación Institucional de la Iglesia
Problemas, dificultades y propuestas de la Comunicación Institucional de la Iglesia
1.- Puntos de partida:

1.1.- Algunas aclaraciones previas.


Agradezco sinceramente la invitación de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la Asociación de Periodistas de Información Religiosa su invitación a participar en estas Jornadas sobre Medios de Comunicación e Iglesia.

Quisiera, en primer lugar, antes de desarrollar esta intervención, aclarar una cosa muy sencilla: se trata de una aportación a título meramente personal, en nada oficial ni representativa de ninguna institución, cuyo único justificable valor en el contexto de la reflexión de estas jornadas es el de la limitada pero tal vez suficiente experiencia más como espectador de la comunicación institucional de la Iglesia que como actor de la misma. Creo no equivocarme si considero que unas jornadas de reflexión como estas, de carácter universitario, no tienen ni pueden tener carácter de oficialidad. Ninguno de nosotros puede representar, obviamente, ni a los medios de comunicación social en general, ni a la Iglesia en su totalidad. Afortunadamente, pues sería una desmesurada pretensión por ambos lados.

En segundo lugar -y sin querer parecer crítico ni insidioso, sino muy al contrario, para desdramatizar el tema que nos ocupa-, me parece insuficientemente objetivo y realista el título de esta intervención. Si hay problemas y dificultades entre los Medios de Comunicación y la Iglesia, y si tanto los medios como la Iglesia están llamados a proponer soluciones a los mismos, sería injusto no reconocer en el punto de partida que existen también puntos de encuentro, y de encuentro fructífero y satisfactorio entre ambos. Y que, existiendo lazos de unión, experiencias gratificantes, y momentos y lugares de encuentro como estas jornadas y tantas otras oportunidades, sería tan absurdo como inútil no partir de ellos a la hora de buscar soluciones. Entre estos logros y caminos ya abiertos de confluencia yo señalaría los siguientes:

* La creciente profesionalización de las oficinas de información de las diócesis, las congregaciones religiosas, las asociaciones apostólicas y los movimientos eclesiales, en el contexto de una también creciente valoración eclesial de la importancia en general de la cultura mediática, conformadora de la nueva sociedad de la información, y de los medios de comunicación en particular.

* La creciente superación de caricaturizaciones pseudo-políticas e ideológicas de los líderes de opinión religiosa y de los profesionales de información religiosa.

* El crecimiento y fortalecimiento de medios de comunicación eclesiales y de una cada vez mayor participación de profesionales de la comunicación (vinculados a los más diversos ámbitos de la información y de la opinión periodísticas) en la vida de la Iglesia. Se trata de dos signos positivos no entendidos en clave de "penetración", sino en clave de "encuentro y diálogo" por el que el mundo de los medios puede tener un acceso más directo, vital y verdadero con la experiencia eclesial, y viceversa, la Iglesia se acerca más a través de los "medios católicos" y de los "católicos en los medios" al mundo de la comunicación social.

* La creciente relación de ayuda mutua, superando las limitadoras reservas de la competitividad, de los informadores religiosos entre ellos mismos, y su sincera búsqueda de diálogo con las instituciones religiosas.

Desde el reconocimiento de estos pasos, ciertamente todos ellos inconclusos, propongo las siguientes consideraciones que espero puedan aportar alguna luz más a las expuestas hasta ahora tanto en relación con la justa situación de la realidad que nos ocupa, como en relación a sus vías de convergencia y resolución. Se trata de meras puntualizaciones que en ninguno de los apartados pretenden ser ni todas ni las únicas posibles y necesarias. Son las siguientes:

* Algunas puntualizaciones sobre la información religiosa, objeto principal de la relación entre medios de comunicación social e Iglesia al abordarse desde la perspectiva de la comunicación institucional de la Iglesia.
* Algunas puntualizaciones sobre el diagnóstico y la etiología del fenómeno, no menos creciente, de la "desinformación religiosa".
* Algunas puntualizaciones sobre la reflexión eclesial en estos temas y sobre los cometidos de la comunicación institucional de la Iglesia, a la luz del magisterio eclesial sobre la comunicación social.

2.- Algunas puntualizaciones sobre la información religiosa.


Quisiera con estas puntualizaciones situar técnica, ética y legalmente el debate que nos ocupa. Puntualizaciones que tal vez convenga no darlas por supuesto, sino reconocerlos explícitamente, e incluso, reiterativamente. Tratan de algunas características de la información religiosa, de las que estoy completamente seguro de que si en su descripción estuviésemos todos de acuerdo, habríamos solucionado ya más de la mitad de sus dificultades:

2.1.- Una información al servicio de la sociedad.


El primero de todos es que la información religiosa no responde ni al interés de la Iglesia en ser conocida, en su ser permanente y en su quehacer cotidiano, a través de los medios de comunicación social; ni al interés de los medios en ofrecer este tipo de información. En lo que se refiere a la información, tanto los medios de comunicación social como los organismos de comunicación institucional de la Iglesia están al servicio de la sociedad en su conjunto. Esto es, del derecho de los miembros de esta sociedad a estar bien informados. Partir de este servicio común sitúa, creo yo, las cosas desde unas exigencias éticas de humildad y de colaboración que no se proponen a nivel parenético, sino deontológico y jurídico.

La filosofía común de todos los códigos deontológicos de la profesión periodística defiende que la profesionalidad -y esta incluye tanto a los profesionales de los medios como a los de los gabinetes de comunicación- esta basada en esta primacía del servicio a los públicos, que tiene derecho a una información veraz y objetiva sobre todas y cada una de las realidades humanas y sociales que les interesa, incluida la realidad eclesial y todas aquellas realidades que hagan referencia a las constantes humanas y culturales de búsqueda de sentido, de religación y de expresión religiosa.

Este "derecho a la información religiosa" está sustentado sobre dos pilares: el derecho a la libertad de expresión y de información, amparado por el artículo 20 de la Constitución Española; y el derecho a la libertad religiosa, también reconocido en le artículo 16 de nuestra Constitución, y en el vigente concordato entre el Estado Español y la Santa Sede [1] . Por otro lado, la misma libertad religiosa y sus repercusiones en el ámbito de la deontología periodística, esta también reconocida por la mayoría de los códigos deontológicos [2] .

Se trata de un derecho que se traduce, en el ejercicio práctico de la información periodística, a algunos mínimos exigibles como son el derecho a la precisión informativa, a la matización y a la contextualización. Es de todos bien conocido que la falsificación de muchos hechos informados y la inverosimilitud de muchas valoraciones publicadas no parten de la absoluta invención o falsedad, sino de la distorsión producida porque los datos publicados no son precisos, la línea argumental desconoce o prescinde de los matices, y en general la información está presentada fuera de su contexto, de su naturaleza, de su realidad. La más inmediata y concreta prevención para garantizar estos derechos está en la preparación y formación de los comunicadores, que parte de dos supuestos: el del valor de la información religiosa, y el de su carácter de especialización.

2.2.- Una información especializada.


La información religiosa -otra cosa son los diversos usos loables y legítimos de la comunicación para la propagación de ideas, la formación, la instrucción o la educación religiosas- ha de ser considerada una información especializada a la par de las demás especializaciones informativas como son la información política, económica, cultural, social, deportiva o sanitaria, o de cualesquiera otra más amplia tipología de la información especializada [3] . Esta caracterización, a mi modo de ver, a de ser considerada con carácter definitorio en relación a las obligaciones y derechos de la información, pero con carácter más relativo en relación a las limitaciones del objeto y de la forma de la misma. Quiero decir con esto que el que este bien claro que los públicos tienen derecho a la información religiosa del mismo modo que a cualquier otro tipo de información, y que los profesionales encargados de la misma han de tener la misma preparación especializada que la que tienen los responsables de otras materias informativas, esto no quiere decir, por un lado, que el cintillo "religión" de los periódicos o la "programación religiosa" de las radios y las televisiones sean el único cauce de expresión formal de dichas informaciones. Y por otro lado, tampoco quiere esto decir que se trate de una información hermética, como veremos más adelante.

2.3.- Una Información demandada


¿Quién determina si una información es no es de interés público? En las aulas universitarias de la carrera de periodismo no tarda mucho en suscitarse esta pregunta. Y la mayoría de los profesores vienen a reconocer que, además de algunos presupuestos objetivos insalvables, a la postre es el informador el que, en conciencia, decide la respuesta. Y para darla, a sabiendas de que se juega en ella el principal y elemental discernimiento ético de la manipulación informativa, que es el de la selección, el recurso definitivo es esencialmente subjetivo: ¿me interesa a mi?. El criterio no es desafortunado, siempre y cuando la conciencia del informador este libre de prejuicios. Tanto los informadores de las agencias de noticias y de los medios de publicación y de difusión para los públicos, como los responsables de las oficinas de información institucional y de las agencias de información institucionales se juegan aquí el primero y decisivo eslabón de una información religiosa veraz y objetiva. Huelga decir que mayor aún es la responsabilidad de los artífices de la tematización y orientación de los empresarios de la comunicación o de las instituciones afectadas.

Aunque es cierto, como dice Juan Pablo II, que "la religión está hoy día presente en la corriente de informaciones de los medios de comunicación social" [4] , parece a primera vista sospechoso que, no tanto la cantidad, como la calidad de la información religiosa, no corresponde suficientemente a la demanda real que los públicos tienen de la misma. El mismo Santo Padre propone que "para analizar este fenómeno, sería necesario interrogar a los lectores de los periódicos, a los telespectadores y a los oyentes de las estaciones de radio, por que no se trata de una presencia impuesta por los medios, sino de una demanda específica por parte del público a la que los responsables de la comunicación de masas responden concediendo más espacio a la información y al comentario de temas religiosos. En el mundo entero, existen millones de personas que recurren a la religión a fin de conocer el sentido de su vida, millones de personas para las cuales la relación religiosa con Dios, Creador y Padre, es la más feliz de las realidades de la existencia humana. Los profesionales de la comunicación lo saben bien, por lo que deben tomar nota de este hecho y analizar sus implicaciones" [5] .

2.4.- Una información compleja.


Religión e información no son antagónicos. Desde el punto de vista de la información, parece evidente que tanto la historia como la fenomenología de la comunicación social son inseparables de la secular comunicación religiosa, sin igual coincidente en la característica de una intencional novedad del mensaje y universalidad de su recepción. La comunicación cristiana, a más, constituye la primera y principal comunicación globalizadora de la historia. Pero no por ello la información religiosa en general, y la eclesial en particular, son simples y fáciles [6] . La naturaleza misma del hecho religioso, y la peculiaridad de su lenguaje, la hacen informativamente compleja. Al menos respecto a lo parámetros de la actual configuración de la información periodística con sus características comunes y con las propias de cada medio de comunicación.

No voy a ahondar en los pormenores de esta complejidad, que abarca tanto ámbitos subjetivos del informador como objetivos del hecho religioso, pero si quiero apuntar algo que aquí resulta de gran interés: cuales son los específicos requisitos que esta complejidad comporta para el informador religioso -tanto el que está tras el mostrador de la comunicación institucional como el que está delante, en la puerta abierta para los medios-, a saber: respeto, compresión, y sensibilidad respecto a lo religioso. Sin respeto a la vivencia religiosa, la noticia religiosa se convierte en mera percha informativa para desplegar el archiconocido abanico de los tópicos, las fobias y los prejuicios; sin la compresión, la noticia religiosa caerá siempre en las redes de la superficialidad y la distorsión; sin la sensibilidad, la noticia religiosa se quedará siempre fuera de su verdadero ámbito de realidad, la más honda dimensión de la búsqueda y del encuentro humanos. En cambio, respeto, comprensión y sensibilidad le darán a la noticia religiosa siempre profundidad, objetividad, e incluso atracción.

La petición que el Papa hace en este sentido a los periodistas tiene el tono humano y el talante pastoral de una profecía: "He aquí mi petición: Conceded a la religión todo el espacio que estiméis deseable en la comunicación de masas. Abre las puertas...; tú garantizarás la paz (cfr. Is. 16, 2a, 3a). Esto es lo que pido en favor de la religión. Veréis, queridos amigos, que estos temas religiosos os apasionarán en la medida en que sean presentados con profundidad espiritual y con competencia profesional. Abierta al mensaje religioso, la comunicación ganará en calidad y en interés" [7] .

2.5.- Información abierta.

Otra característica de la información religiosa es el carácter capilar y multidisciplinar de la misma. La temática religiosa es, informativamente hablando, inter-vinculante. No podía ser otra forma, si reconocemos que la mirada que la Iglesia tiene de si misma no es autoreferente, sino misionera. La Iglesia se reconoce a si misma pero no en si misma, sino en quien la envía y en el mundo al que es enviada. Expresiones típicas de todos conocidas de Juan Pablo II, como que "el camino de la Iglesia es el hombre", o que "el centro de la Iglesia esta en su frontera con el mundo" son tan sólo una muestra de esta perspectiva. Bastaría con estar atento al magisterio de la Iglesia para darse cuenta de que ni la economía ni la globalización, ni la educación ni la comunicación social, ni la sociología ni la psicología, ni la política ni el arte, ni la demografía ni el resto de las ciencias, ni ningún tipo de expresión cultural, es ajena a la mirada de la Iglesia, que con su magisterio, con la teología de las cosas temporales, y con la praxis pastoral, le da aliento, orientación, y en definitiva humanización evangelizadora. Si el informador es un profesional de la cultura atípico, tal vez el valuarte de la única profesión que requiere humanistas, es decir, expertos en todo, o al menos conocedores en todo, el informador religioso encuentra en su campo de especialización una auténtica escuela de formación permanente, pues, como dice Juan Pablo II, "el informador religioso ha debido adquirir una serie de conocimientos que lo han llevado a interesarse por todos los aspectos de la realidad humana y social de nuestro tiempo: desde la dimensión religiosa, obviamente, a la política, a la economía, a los grandes temas de hoy, como la paz, el desarme, el desarrollo, los problemas de la familia, de la juventud, de la cultura, etc." [8]

2.6.- Información humana.


"A la gente le interesa la gente" nos repetía continuamente a los miembros de la redacción el director del semanario en el que yo escribía cuando estudiaba periodismo. Además de ser una expresión sintética del principio básico del nuevo periodismo como todos ustedes bien conocen, sitúa nuestra descripción de la información religiosa en el quicio de su centralidad. Si la más alta y segura apoyatura de la capacidad de atracción de la comunicación informativa está en la trama humana de las noticias, en el caso de la información religiosa la trama humana coincide además con su más natural y universal lenguaje. Si el mejor vínculo entre emisor, receptor y mensaje es la trama humana de los tres elementos comunicativos, la información religiosa más perfecta se da cuando el emisor pone en juego su capacidad de inquietud y de asombro humano ante la trama humana de la que informa, de modo que suscita en el receptor una inquietud y asombro semejantes que hacen referencia a su también personal trama humana.

Si dejamos a un lado el tratamiento, ciertamente apasionante, sobre la trama humana del informador y del informado, y nos detenemos un instante en la trama humana de la noticia, la afirmación esta servida: la información religiosa es sobresaliente en cuanto a historias humanas. La razón es doble. En virtud de su objeto, que por definición del hecho religioso en sí, antes de ser la institución religiosa o su relación con otras instituciones o hechos, es la experiencia humana y comunitaria concreta y transformante que se opera. Y en virtud del mismo lenguaje religioso y comunicativo. Siempre se ha transmitido lo religioso a través del relato, y de los diversos géneros literarios -y también periodísticos- del mismo. Como dice el más famoso de los reporteros free lance del mundo, Jhon Berger, "conocemos los milagros gracias a los relatos" [9] .

¿Nos hemos dado cuenta de que fuera de esta sala, y tal vez también dentro de esta sala, nos esperan centenares de historias que ya querrían para sí los buscadores de exclusivas, y que ni se las imaginan porque desconocen este campo específico de la información que es la vida de la fe y de la Iglesia? La respuesta la habéis dado ya muchos de vosotros, como hizo José Manuel Vidal en las pasadas navidades con ese monográfico sobre cien santos del 2002 [10] . La respuesta, desde su peculiar atalaya en estos lindes, la da magistralmente Juan Pablo II cuando nos habla del "scoop" de los "santos ocultos": "El periodismo contemporáneo con frecuencia rebusca entre los pecadores ocultos en la sociedad, para que sus crímenes queden patentes y así curar la sociedad. Claro es que este servicio puede ser saludable. Pero también quiero esperar que el periodismo católico contemporáneo sobre todo ponga en evidencia a los santos ocultos, a esos hombres y mujeres humildes que enseñan a los jóvenes, cuidan a los enfermos, aconsejan a las personas acongojadas, esos siervos ocultos de Dios que viven de verdad el Evangelio. Alaban a Jesucristo con sus vidas; el conocer más su trabajo escondido, humilde y heroico ayudaría a otros a alabar a Jesucristo. En un mundo tantas veces dividido por guerras y odios, y maleado con tanta frecuencia por pecados y egoísmos, la abnegación y servicio de otros en nombre de Jesús, merecen ciertamente ser noticia" [11] .

3.- Algunas puntualizaciones sobre la "desinformación religiosa".

3.1.- Descripción de la desinformación religiosa.


Como en todos los campos de la información, también la información religiosa tiene su antónimo, la desinformación religiosa. Conviene recordar aquí que la antonimia entre información y desinformación no es sólo lingüística, sino conceptual: independientemente de que la desinformación sea fruto de la negligencia informativa (sub-información) o de una intencionada confusión de la opinión pública (intoxicación informativa), los efectos de la desinformación no son la limitación ni la carencia de información, sino la información contraria, es decir, el embuste, la falsedad, la mentira.

Pero si cada tipo de desinformación tiene su aquel, la desinformación religiosa no podía ser menos. El Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales la describe magistralmente en el documento "Ética en las Comunicaciones Sociales": "Entre las tentaciones de los medios de comunicación social están el ignorar o marginar las ideas y las experiencias religiosas; tratar a la religión con superficialidad, quizá hasta con desprecio, como un objeto de curiosidad que no merece una atención seria, promover modas religiosas con menoscabo de la fe tradicional; tratar a los grupos religiosos legítimos con hostilidad; valorar la religión y la experiencia religiosa según criterios mundanos de lo que debe ser; preferir las concepciones religiosas que corresponde a los gustos seculares a las que no corresponde; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de los confines del racionalismo y del escepticismo. Los actuales medios de comunicación social reflejan la situación post-moderna del espíritu humano encerrado dentro de los límites de su propia inmanencia, sin ninguna referencia a lo trascendente (Cf.: Encíclica Fides et ratio, 81)" [12] .

La descripción de Juan Pablo II tampoco es manca: "A veces la óptica de la Iglesia es ignorada y desfigurada. Enseñanzas y actividades, en lugar de ser sometidas a la criba de una serena matización, subyacen a análisis perjudiciales, en los cuales la interpretación subjetiva sacrifica o anula la información objetiva. Entonces la herida está hecha, incluso antes que a la Iglesia, a la verdad" [13] . Sea cual sea la "cocina" de la desinformación religiosa [14] , podemos hablar, para mayor ahondamiento, de tres reduccionismos típicos de la misma [15] :

* Reduccionismo temático: cuando prima como información religiosa lo que tiene implicaciones inmediatas en la cotidianidad política, o lo que sirve de escándalo para la sección de sucesos; y se priva a los públicos de la variedad y riqueza de la vida de las comunidades cristianas, cuyo interés público, tratándose de aspectos humanos y sociales de la información, es demandada hoy más que nunca.

* Reduccionismo subjetivista: cuando la religión de la que se informa se presenta como la vivencia intimista de algunos personajes extravagantes o algunos grupos anacrónicos, claro esta, siempre que aporten "morbo" y "escándalo", o como cuando se implora el más absoluto silencio en los medios de comunicación y en los foros de debate público la realidad religiosa porque para que se extinga antes, lo mejor es ignorarla -esta expresión es habitual en muchos columnistas fijos de la prensa diaria-. Porque en un estado laico -entendido como laicista- y en una sociedad liberada de "ataduras religiosas", los "sentimientos religiosos" deben quedar en el reducido ámbito del mutismo y del interiorismo sicológico.

* Reduccionismo dialéctico: cuando la vida de la Iglesia desdibujada por un prejuicio laicista, tiene que estar llena de intrigas, conflictos y claro está, antagonismo de derechas e izquierdas. Se suele aplicar la teoría del conflicto, según la cual lo más importante de toda organización social es su progresiva capacidad de renovación y de adaptación desde la lucha dialéctica interna de sus grupos. Si ya para cualquier institución resulta reductiva esta teoría, deudora de la visión marxista de los procesos históricos, más lo es para la Iglesia, en cuanto pueblo que desde hace dos mil años se entiende a sí mismo como misterio de comunión.

3.2.- Etiología de la desinformación religiosa.

No es nada fácil afrontar el estudio de las causas de la desinformación religiosa, pero me atrevería a adelantar aquellas que me parecen más a flor de piel, más inmediatas, con la certeza de que ni estas son todas, ni están al mismo nivel, ni su jerarquización por orden de importancia me resulta posible:

3.2.1.- Carencia formativa.

Ya sea carencia de formación profesional periodística de algunos mediadores institucionales, ya sea la carencia de formación religiosa mínima (de la teología, de la vida de la Iglesia, de su organización, de su vitalidad, de su repercusión cultural y social, etc.), el desconocimiento de lo religioso en la clase periodística es apabullante. Relacionada con el "desinterés" mediático de la segunda causa mencionada, el área de información religiosa es como la asignatura "maría" de las redacciones de muchos medios, que envían a las ruedas de prensa cada vez a un becario distinto, y que no filtran errores descomunales que serían imposibles de mantenerse en otras áreas de la información de esos mismos medios. A veces es el más irrespetuoso e insensible para estos temas el elegido por las redacciones. Sería interesante saber cual es la proporción de envíos para cubrir una información eclesial que no vaya acompañada del conocido consejo profesional "dales caña", de tan alto nivel deontológico en pro de la objetividad informativa.

3.2.2.- Desinterés ideologizado / Interés ideológico.

En relación con la distinción que algunos han hecho de desinformación religiosa errática o sistemática, pero sin necesidad de llegar a una siempre aventurada clasificación de los medios en virtud de estos temas, si que parece objetivamente indiscutible hablar de dos causas concurrentes: el desinterés ideologizado, y el interés ideológico. Parece que algunas informaciones periodísticas de temática religiosa muestran incluso literariamente tal desinterés, desafección, cuando no repulsa no a una noticia particular, sino a la temática religiosa en general, que no es difícil descubrir que el único interés que se puede percibir en ese tipo de informaciones está en la ideologización de fondo que por otro lado se detecta a simple vista por la reiteración de clichés y de tópicos anticlericales [16] .

Cabe, con todo, distinguir entre un tipo de desinformación religiosa más intelectual, de la prensa culta, y otro tipo más sensacionalista, de la prensa más amarillista. En la primera el anticlericalismo que rezuma es pura herencia decimonónica; en la segunda, es más bien un anticlericalismo ambiental, de chiste fácil e incultura manifiesta. En el primer caso prima el interés ideológico de aprovechar cualquier percha informativa para descalificar no ya sólo a la Iglesia, sino a los creyentes [17] ; y en el segundo caso priva el desinterés, pero que ideologizada también la mirada respecto a lo religioso, se torna en interés cuando hay algún caso fantástico, anormal, frívolo, trasgresor, o escandaloso, que sirva de motivo para la mofa y el escarnio, que son los géneros periodísticos habituales de este tipo de prensa [18] . Claro esta que si la segunda causa mencionada esta en relación directa con los profesionales, la primera lo está aún más con los editores y los empresarios de la comunicación.

Estos dos tipos corresponden, a mi modo de ver, a dos calves culturales de la opinión publicada, que son dos tipos diferentes de "anticlericalismo", o "neoanticlericalismo", que son diferenciados tanto en su origen sociológico-ambiental, como en su resonancia en firmas periodísticas concretas, como en su carácter organizado o desorganizado:

ANTICLERICALISMO


DESINFORMACIÓN AMARILLISTA O ERRÁTICA


DESINFORMACIÓN IDEOLÓGICA O SISTEMÁTICA

AMBIENTAL
(Contexto socio-cultural general y del ambiente periodístico)


Desinterés eclesial / Interés por lo morboso y por lo para-religioso.


Interés y preocupación laicista por la influencia religiosa en la sociedad.

PERSONAL
(de los profesionales de la comunicación, especialmente líderes de opinión, columnistas, etc.)


Fobias e inhibiciones propias de la cultura débil post-moderna. Expresión más antisistema.


Influencia literatura anticlerical decimonónica y planteamiento laicista modernista. Neo-jacobinismo de los 80 ya en crisis.

ORGANIZADO
(líneas editoriales, empresarios de la comunicación, compromisos de los medios, etc.)


Más que organizada, condicionada por la cultura ambiente y por los grupos mediáticos.


Organizada como "causa noble" por grupos mediáticos y de poder cultural, por partidos políticos y grupos sociales.

En este sentido el debate sobre si hay o no hay una campaña orquestada contra la Iglesia a través de los medios de comunicación social es un debate mal planteado, si se propone únicamente en términos coyunturales. No es fácil decir si en este o en otro momento concreto existe una determinada campaña a corto plazo, pero si que estamos ante la más elemental evidencia de que grupos políticos, culturales y mediáticos están en continua campaña orquestada anti-eclesial, que se traduciría en la anteriormente mencionada "desinformación religiosa sistemática", porque forma parte de sus principales objetivos editoriales. Si atendemos a lo que dijo en un reportaje televisivo sobre los veinticinco primeros años del actual estado democrático, el que fuera director de uno de los periódicos más importantes de este país, que "España había pasado de ser rural, pobre y católica, a ser urbana, rica y agnóstica, y que si las tres primeras cosas eran sinónimas lo mismo lo eran las otras tres", y que desde algunos medios de comunicación como el que él había dirigido se había promovido este "cambio", la campaña está más que reconocida por sus mismos responsables.

El interés de un amplio sector del abanico de representación política por relegar al máximo la influencia social de la Iglesia, considerada una merma para la modernización ideológica del país, y el interés del otro amplio sector, empeñado en sustraer esa influencia de una institución incontrolada desde el poder y que debería dedicarse exclusivamente al culto y la espiritualidad, queriendo acaparar el liderazgo ideológico de los católicos, constituyen dos importantísimos y poderosísimos intereses confluentes, que reproducen el secular y universal intento de someter la libertad de la Iglesia. Cualquier estudiante de bachillerato sabe que se trata de una constante histórica.

3.2.3.- Incomunicación Iglesia / MCS.

La sensación de desconexión entre los más atentos de entre los receptores de la comunicación pocos interesados en estos temas, y la sensación de frustración [19] entre los más interesados, especialmente los creyentes y participantes activos en la vida de la Iglesia, es muestra inconfundible de cierta incomunicación mutua. Esta tercera causa, inseparable de las dos anteriores, es la más difícil de analizar, pero a la vez es la más fácil de remediar. El desencuentro se resuelve en el encuentro, y el desentendimiento en el diálogo. Por parte de los medios, otros en esta sala están en mejor condición y conocimiento de causa para entender como afrontar este diálogo. Por parte de la Iglesia, yo me atrevo aquí solamente a apuntar algunos cauces.

4.- Algunas puntualizaciones sobre los cometidos de la comunicación institucional de la Iglesia.

La Conferencia Episcopal Española, en el Plan Pastoral para el cuatrienio 2002-2005, expresaba con concisión cuales han de ser estos cometidos: "Estamos dando pasos en esta línea, pero nos queda todavía buen camino por recorrer. La realidad de la comunicación, que cada vez tiene más peso e impacto, reclama una pastoral integral en las comunicaciones sociales, realizada de manera más coordinada y en diferentes ámbitos. Esta pastoral ha de incluir la comunicación institucional de la Conferencia Episcopal Española y las Diócesis, la formación de los profesionales y de los usuarios y un mejor aprovechamiento de los recursos o medios propios. Asimismo hay que procurar que los intelectuales católicos y los laicos en general utilicen los Medios para hacer oír su voz y los criterios de la Iglesia en el debate social, en la interpretación de los acontecimientos y en la orientación de la conducta" [20] . Veamos algunas de estas y de otras indicaciones tomadas del Magisterio de la Iglesia:

4.1.- Denuncia profética ante la desinformación religiosa:

La verdad sin caridad es una forma de intolerancia, la caridad sin verdad es una forma de paternalismo. Por eso no como merma del mismo, sino en pro del diálogo entre Iglesia y Medios de Comunicación, hay que empezar por recodar, por parte de la Iglesia, sus deberes inexcusables para con la verdad, que realizados desde la caridad, propician el encuentro en tanto en cuanto se ponen las cartas sobre la mesa y se busca la luz sobre las cosas:

4.1.1.- Deber de vigilancia de los Pastores.

No sólo y no tanto en virtud de la defensa de la Iglesia, sino en virtud de la defensa de la verdad [21] , tanto los pastores como los laicos deberíamos recurrir frecuentemente a la aclaración puntual e inmediata, a la petición de rectificación, para que la información impere sobre la desinformación. En el caso de los pastores, especialmente de los obispos, sucesores de los apóstoles, en virtud de su caridad pastoral, para que el pueblo cristiano no este confundido o escandalizado ante informaciones erróneas o incompletas [22] . Claro está que este deber no significa una preocupación excesiva por la imagen de la Iglesia, ni menos por la propia imagen de sus miembros dentro y fuera de la Iglesia, pues como no ocurre con otro tipo de instituciones, la imagen pública no constituye el principal objetivo ni del posicionamiento ni de la actividad de la Iglesia, más preocupada por la mirada de Dios sobre su fidelidad que por la mirada de los hombres y del mundo, y por su comprensión. En el orden de las prioridades, además, a los pastores y la Iglesia en su conjunto les pasa un poco lo que a Teresa de Calcuta cuando la preguntaban porque no se defendía de quienes la injuriaban, y ella respondía: "mientras haya algún moribundo por atender, no puedo perder el tiempo en esas cosas".

4.1.2.- Deber de los laicos de denuncia de la manipulación.

Corresponde a los laicos, en primer lugar, entrar en el debate de la opinión pública para clarificar los pormenores de la información religiosa. Se trata de un deber que esta unido al resto de las obligaciones de verdadera participación democrática e iniciativa social respecto al mundo de los medios. La carta magna del magisterio de la Iglesia sobre la vocación de los laicos, la exhortación apostólica Christifideles Laici lo expresa claramente: "En el uso y recepción de los instrumentos de comunicación urge tanto una labor educativa del sentido crítico animado por la pasión por la verdad, como una labor de defensa de la libertad, del respeto a la dignidad personal, de la elevación de la auténtica cultura de los pueblos, mediante el rechazo firme y valiente de toda forma de monopolización y manipulación" [23] .

4.1.3.- Denuncia de la desinformación, respeto al informador.

Pastores y laicos están llamados, en todo caso, a una denuncia en, desde, por y para la caridad. La ironía, el escarnio, y la mofa con la que también a veces el católico se defiende ante y por los medios de comunicación es la mejor manera de arruinar de base sus posibles buenos argumentos. No lo digo yo. Las palabras de Juan Pablo II a este respecto son también claras y contundentes: "El diálogo (entre Iglesia y MCS) debe ser respetuoso y comprensivo, y siempre hay que distinguir entre el error y la persona que yerra" [24] .

4.2.- Los desafíos del diálogo.

Como dice la instrucción pastoral Aetatis Novae, del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, "la Iglesia, que trata de dialogar con el mundo moderno, desea poder entablar un diálogo honesto y respetuoso con los responsables de los medios de comunicación. Este diálogo implica que la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de comunicación -sus objetivos, sus estructuras internas y sus modalidades- y que sostenga y anime a los que trabajan en ellos" [25] .

4.2.1.- El desafío de la profesionalidad.

Analizar la información, convertir hechos noticiables en oferta informativa bien documentada y explicada para los medios, administrar la información en virtud de criterios objetivos periodísticos, y no sólo pastorales, y optimizar la información integral, es decir, la sinergia entre publicidad institucional, creatividad mediática, pastoral de los medios e información institucional, al servicio de un lenguaje y de una imagen coherente de la unidad en la pluralidad de la Iglesia, son objetivos decisivos en el desafío de la profesionalidad en todos y cada uno de los servicios de comunicación de las instituciones católicas.

4.2.2.- El desafío de los medios propios.

Superada la dicotomía entre "católicos en los medios y medios católicos", y con el objetivo no tanto de intervenir como de servir a la cultura de los medios de comunicación y agrandar su pluralidad, la Iglesia necesita también, además de profesionales católicos en todos los ámbitos de la información que acerquen el mundo de los medios a la Iglesia y viceversa, medios católicos de presencia tanto en prensa, radio, televisión, y en Internet, que sean altavoz de la Opinión Pública de comunión eclesial (unidad en la pluralidad), aula permanente para una lectura creyente de la realidad, y escuela de profesionales católicos [26] .

4.2.3.- El desafío de los contenidos: superar la información hermética.

La información religiosa no es la información eclesiástica, sino la información de la vida de la comunidad eclesial, en toda su variedad. La tentación de los responsables de la comunicación institucional de la Iglesia de seleccionar la información en virtud del interés de las curias y de los eclesiásticos es frecuente y peligroso. Alex Rosal lo explico muy bien en el Primer Encuentro Diocesano de Comunicadores Sociales de Madrid: "Basamos nuestro mensaje en las palabras; no en la vida, y sin embargo, la gente quiere aprender de las personas; de la «carne»; no de las palabras o de bonitas teorías moralizantes" [27] . Para ello, como antes recordábamos al hablar de las características de la información religiosa, el relato y el testimonio, en forma de reportaje, entrevista o crónica, es el género propio de la información religiosa.

4.2.4.- Conjugar dinamismo de la comunión y complejidad institucional con inmediatez informativa.

Mucho desafío es este, tal vez la gallina de huevos de oro de la parte del diálogo entre Iglesia e información religiosa por parte de la primera. Se trata de un prudente y a la vez valiente equilibrio: la Iglesia no puede renunciar a sus propios instrumentos de comunión, en pro de una información institucional unívoca. Paradójicamente, siendo malentendida por gran parte de la opinión pública como poco democrática internamente, no hay institución social donde la libertad y la pluralidad internas hagan prácticamente imposible hablar de una portavocía de la Iglesia en una nación en su conjunto. Sin embargo, salvado este aspecto de su identidad, en virtud de la comunión eclesial deberíamos buscar cauces nuevos para que el dinamismo de la unidad, que no es uniformidad, no esté reñido con la inmediatez informativa.

Las palabras, una vez más, de Juan Pablo II de llamamiento a la prontitud y a la confianza en los medios es precisa y matizada: "La experiencia diaria enseña que la Iglesia es un tema atractivo para muchos periodistas. Es oportuno no subestimar este dato. Por consiguiente, sería conveniente no rechazar en principio sus propuestas, sino mostrarse siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza (1 P 3, 15). Sin embargo, esto no excluye el deber de una razonable reserva, impuesta tanto por las exigencias del respeto recíproco como por la necesidad de una reflexión serena sobre el problema que se ha de examinar. Por eso, es preciso valorar atentamente, caso por caso, si es oportuno ponerse ante las cámaras de televisión y los micrófonos"[28].

5.- Conclusión: favorecer el diálogo entre la cultura de los medios y la cultura de la Iglesia.

Y en fin, cómo último y sintetizador desafío de la Iglesia en pro de su acercamiento y búsqueda de la comunicación con el mundo de los medios en general y de la información religiosa en particular, parece claro que es necesario favorecer el diálogo entre la cultura de los medios y la cultura de la Iglesia, tal y como también el Papa nos propone: "A veces las relaciones entre la Iglesia y los medios pueden deteriorarse por malentendidos mutuos que engendran temor y desconfianza. Es cierto que la cultura de la Iglesia y la cultura de los medios es diferente; de hecho en ciertos puntos existe un fuerte contraste. Pero no existe razón para que las diferencias hagan imposible la amistad y el diálogo. En muchas amistades profundas son precisamente las diferencias las que alientan la creatividad y establecen lazos. La cultura del memorial de la Iglesia puede salvar a la cultura de la fugacidad de la noticia que nos trae la comunicación moderna, del olvido que corroe la esperanza; los medios, en cambio, pueden ayudar a la Iglesia a proclamar el Evangelio en toda su perdurable actualidad, en la realidad de cada día de la vida de las personas" [29].

*Notas


[1] "Los Acuerdos entre España y la Santa Sede, firmados el 3 de enero de 1979 en la Ciudad del Vaticano, apenas transcurrido un mes desde el referéndum del 6 de diciembre de 1978, en virtud del cual quedaba reconocida y aceptada por el pueblo la nueva Constitución Española, son el instrumento jurídico por el que se regula y hace efectiva la libertad de la Iglesia en España en el marco general de un régimen de libertades. Su carácter de derecho internacional público ha de ser entendido en el sentido en el que lo hace la misma Constitución en su Artículo 96, 1, donde se establece que Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno.": CARDENAL ROUCO VARELA, Conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI, el 15 de marzo de 2001.

[2] "La libertad religiosa es un derecho humano fundamental, que debe ser respetado y tratado con la misma objetividad e imparcialidad que cualquier otro asunto de interés público. Esta idea está reflejada en todos los códigos deontológicos de los medios de comunicación social en los que se habla de la responsabilidad de los informadores por relación a las instituciones sociales básicas, cuales son la familia, la Iglesia y el Estado. Algunos códigos censuran también la falta de respeto a las convicciones o creencias religiosas. También la ridiculización de los cultos y sus ministros. En la filosofía de los códigos, que en la mayoría de los casos es la de las Naciones Unidas, la dimensión religiosa del hombre es reconocida como uno de los derechos humanos fundamentales. Pero hay países en los que no se respeta la libertad religiosa": NICETO BLÁZQUEZ, La nueva ética en los medios de comunicación, obra citada, p. 553.

[3] Metodológicamente es conveniente distinguir entre información religiosa en general y periodismo religioso propiamente dicho. El informador sobre noticias religiosas debe actuar con la competencia y responsabilidad exigibles a cualquier otro informador": Ibid.

[4] JUAN PABLO II, «Mas espacio e interés para la información religiosa», Ecclesia (Madrid, 1989), p. 334. Original en francés: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1989), pp. 163-168. (Mensaje con motivo de la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hecho público el 24 de Enero de 1989).

[5] Ibid.

[6] "El historiador norteamericano J. Sommerville ha escrito recientemente que las noticias y la religión son, probablemente, antagónicos: -Las noticias sólo se preocupan del cambio, mientas la religión centra su atención en cuestiones eternas (...) La religión ocupa un papel importante en la vida de gran parte de la población, pero las noticias no pueden darnos la esencia del asunto, cualquiera que sea la orientación del informador (...) El periodista Malcon Muggeridge, que al final de su vida se convirtió al catolicismo, reconoció en cierta ocasión con tristeza: A menudo he pensado que si hubiera sido periodista en Tierra Santa en tiempos de Jesucristo, me hubiese dedicado a averiguar lo que ocurría en la corte de Herodes, habría intentado que Salomé me concediera la exclusiva de sus memorias, hubiera descubierto lo que estaba tramando Pilatos, y me habría perdido por completo el acontecimiento más importante de todos los tiempos": GABRIEL GALDÓN LÓPEZ, Desinformación. Método, aspectos y soluciones, (Pamplona: Eunsa), 1999, pp. 38-39.

[7] JUAN PABLO II, «Mas espacio e interés para la información religiosa», Ecclesia (Madrid, 1989), p. 334. Original en francés: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1989), pp. 163-168. (Mensaje con motivo de la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hecho público el 24 de Enero de 1989). Bastaría simplemente fijarse en la profusión y en la calidad de información suscitada por este pontificado internacionalmente para darse cuenta de ello. El mismo Juan Pablo II dice que una prueba del interés de la información religiosa es "el eco que han tenido y tienen en los periódicos los debates teológicos, las iniciativas pastorales de las Iglesias locales y su compromiso en el ámbito de la justicia social y derechos humanos, los acontecimientos de la Santa Sede, las peregrinaciones apostólicas de los pontífices": JUAN PABLO II, «La Evangelización también es comunicación», Ecclesia (Madrid 1984), pp. 166-167, 171. Original en italiano: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, VII-1 (Roma: Libreria Editrice Vaticana, 1984), pp. 172-180. (Audiencia a periodistas de diversas naciones en Roma, el 27 de enero de 1984).

[8] Ibid.

[9] "Pero, ¿por qué es necesario relatar historias como ésta? ¿Por qué relatamos historias? (...) A veces parece que el relato tenga una voluntad propia, la voluntad de ser repetido, de encontrar un oído, un compañero. Como los camellos cruzan el desierto, así los relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es el silencio o la meditación, sino el olvido (...) En qué consiste el acto de narrar? Me parece que es una permanente acción en la retaguardia contra la permanente victoria de la vulgaridad y de la estupidez. Los relatos son una declaración permanente de quien vive en un mundo sordo. Y esto no cambia. Siempre ha sido así. Pero hay otra cosa que no cambia, y es el hecho de que, de vez en cuando, ocurren milagros. Y nosotros conocemos los milagros gracias a los relatos": Entrevista a Jhon Berger, del periodista polaco RYSZARD KAPUSCINSKI. Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo (Barcelona: Anagrama, 2002), pp. 100-101.

[10] Magazine de El Mundo (nº 118, del 30 de diciembre de 2001).

[11] JUAN PABLO II, «Alabar a Jesucristo en todo lo que decimos y escribimos», Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1985), p. 202. Original en inglés: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, VIII-1 (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1985), pp. 685-687. (Discurso a los miembros de la Unión Católica de la Prensa -UCIP-, del 21 de marzo de 1985).

[12] CONSEJO PONTIFICIO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, "Ética en las Comunicaciones Sociales", Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 2000), pp. 299-303. Original en Italiano en: Etica nelle Comunicazione Sociale (Libreria Editrice Vaticana: Cittá del Vaticano: 2000), 45 pp. (Documento del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales publicado con motivo del Jubileo de los periodistas del 4 de junio de 2000, en el marco del Año Santo Jubilar).

[13] JUAN PABLO II, «Comunicar a Jesús, camino, verdad y vida», Ecclesia (Madrid 1997), p. 390-391. Original en inglés: PCSC - History and Pertinente Documents (CD-ROM by Pontifical Council for Social Comunications: Roma 1999). - (Mensaje de la XXXI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hecho público el 24 de enero de 1997).

[14] Esta es una posible descripción de la misma: "Primero se reduce el mensaje al mínimo. Después, se piensa el modo de mentar los móviles torcidos y de recordar el pasado descalificador. Se da voz a los que piensan lo contrario. Se recogen todos los detalles peregrinos, absurdos o antipáticos. Y se cogen las fotos más grotescas": JUAN LUIS LORDA, "La desinformación religiosa", Ecclesia (Madrid: 2000), pp. 138-140.

[15] Cf.: MANUEL MARÍA BRU, "Desinformación religiosa y Conferencia Episcopal", Ciudad Nueva (nº 353), Madrid, abril 1999, pp. 24-25.

[16] "El anticlericalismo es la otra cara errónea del error clericalista. Ambos se necesitan. Todo error necesita del error simétrico de su antagonista para justificarse. Pero lo que hay que oponer al error no es otro de naturaleza opuesta sino la verdad. El anticlericalismo en España tiene el sueño ligero y el más leve ruido basta para despertarlo de su secular sopor (...) La Iglesia, así, en general, sin matices, es culpable. Al fin y al cabo, para los azotadores de sotanas, la Iglesia lleva ya veinte siglos de culpabilidad. Lo más gracioso del anticlericalismo es que se pretende hijo de la ilustración cuando es vástago de la ausencia de ilustración y de falta de información (...) el anticlericalismo nunca deja que un hecho le destroce un bonito argumento. Por eso se acoge a la desinformación como la más nutricio suelo materno. Lo mejor es la generalización. El matiz queda para los tibios y coleccionistas. Que el pueblo llano no entiende de sutilezas y matices (...) Cuando se trata de la Iglesia, el bien es atribuido a la parte y el mal al todo. Es la forma de entender la justicia del viejo, añejo, rancio y arcaico anticlericalismo. Lo de neo no deja de ser sino piadoso recurso retórico, pues la patología es vieja": IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA, "Neoanticlericalismo", ABC (Madrid: 28-08-2001), p. 13.

[17] "Es una cruzada en toda regla basada en una creencia: lo religioso y, sobre todo, lo católico es, por su propia naturaleza, contrario al progreso de la humanidad: es decir, al crecimiento de la ciencia y al despliegue de la libertad": JUAN LUIS LORDA, "La desinformación religiosa", artículo citado.

[18] "Carente de proyecto intelectual, realiza una desinformación religiosa basada en la frivolidad, el sensacionalismo y la transgresión. El objetivo es ridiculizar lo religioso, el método, buscar la noticia aislada que de juego a lo morboso y escandaloso, y recurrir a los tópicos anticlericales históricos. Pero, más allá de su rechazo visceral a la Iglesia institucional y a su magisterio sobre temas morales, no tiene pretensiones ideológicas, por lo que trata con benignidad las acciones sociales de la Iglesia, o los personajes entrevistados": Ibid.

[19] "Parece que la parte reservada a ésta tiende a disminuir en los grandes órganos de información (prensa, radio, televisión), y sucede frecuentemente, por desgracia, que es mal tratada, examinada bajo un ángulo muy secundario o deformador. Este estado, de hecho provoca en una amplia porción de la opinión pública del país, formada en su mayor parte por católicos, y en particular entre los cristianos convencidos, una cierta frustración y una sed legítima de ser mejor informados sobre lo que llevan en el corazón; por ejemplo, sobre la forma en que cumple la Iglesia su misión multiforme": JUAN PABLO II, «Verdad en la exposición de los hechos, y en el testimonio de la fe», p. 620-621. Original en francés: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, VI-1 (Libreria Editrice Vaticano: Roma 1983), pp. 1047-1052. (Discurso a los directivos, redactores y amigos del diario católico «La Croix», en el centenario de esta publicación católica francesa, el 23 de abril de 1983), en Ecclesia (Madrid 1983).

[20] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, "Una Iglesia esperanzada" Ecclesia (Madrid: 2002), nº 44, p. 202 ("¡Remar mar adentro!": Plan Pastoral de la CEE del cuatrienio 2002-2005).

[21] Cf.: JUAN PABLO II, «Comunicar a Jesús, camino, verdad y vida», mensaje citado.

[22] "Toda noticia inexacta, tendenciosa, injusta, contraria a la verdad o sometida a la manipulación de las ideologías, crea malestar en la comunidad, pone en peligro la paz, mina la comunión y desorienta; es, por decirlo así, antievangelizadora. De ahí, la necesidad de que los Pastores vigilen los mecanismos de la información, particularmente de la información religiosa, y cuando sea necesario denuncien proféticamente los casos de injusticia, de falta de objetividad o de carencia de honradez profesional en la transmisión de las noticias. La información ha de contribuir siempre a crear lazo de unión, concordia y entendimiento en la Iglesia y en el mundo": JUAN PABLO II, «La información, fuente de comunicación y comunión», en Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, X-1 (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1987), pp. 1446-1448 (Discurso pronunciado en castellano a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo General de la Pontificia Comisión para América Latina, el 28 de abril de 1987).

[23] JUAN PABLO II, «Christifideles Laici» (nº 5a, 23i, 44efg), Ecclesia (Madrid 1989), pp. 189, 198, 214. Texto oficial original en latín: Acta Apostolicae Sedis, LXXXI (nº 4, Roma: 1989), pp. 400-401, 432, 478-481. (Exhortación apostólica postsinodal sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo).

[24] JUAN PABLO II, «La tarea de iluminar y formar las mentes a la luz del Evangelio y del auténtico y perenne Magisterio de la Iglesia», Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1982), p. 300. Texto original en italiano: Insegnamenti di Giovanni Paolo II (Roma: Libreria Editrice Vaticana, 1982), Tomo V-1, pp. 1113-1116. (Discurso dirigido a los redactores y colaboradores de "La Civiltà Cattolica", del 5 de abril de 1982).

[25] PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Aetatis Novae (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1992), pp. 1-36. Texto oficial original en latín: Enchiridion Vaticanum (Edicione Dehoniana Bolognia: Bolognia 1991-1993), tomo XIII, pp. 492-543. (Instrucción Pastoral del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales en el vigésimo aniversario de «Communio et progressio», del 22 de febrero de 1992).

[26] "Hoy más que nunca se advierte la importancia de la acción formativa de la prensa católica, orientada a iluminar las conciencias, a disipar falsas interpretaciones, insinuaciones y manipulaciones, dentro del respeto por las opiniones ajenas y mediante el diálogo confiado, sostenido por el convencimiento de que todo hombre, redimido y amado por el Señor, está llamado a la verdad. La prensa deberá, en efecto, preocuparse siempre por formar al lector, haciendo madurar en él esa sana mentalidad que discierne los hechos según principios superiores, y que en un sentido o en otro los convierte en fermento de revisión, de conversión, de testimonio laborioso. La prensa católica está llamada a provocar en el lector ese procedimiento de juicio que lo introduce en la verdad liberadora y salvadora, entrando así en la esfera religiosa de un elevado magisterio": JUAN PABLO II, «Predicar el misterio íntegro de Cristo», Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1981), nº 5, pp. 90, 96. Texto original en italiano: Insegnamenti di Giovanni Paolo II (Roma: Libreria Editrice Vaticana, 1982), Tomo V-1, pp. 27-28. (Extracto del discurso dirigido a los obispos de Emilia Romana en su visita «ad limina apostolorum», el 4 de enero de 1982).

[27] ALEX ROSAL, "Las diez tentaciones del periodista católico", en MANUEL MARÍA BRU, Periodistas de primera, cristianos de verdad. Laicos en la comunicación social. Madrid: Ciudad Nueva, 2002, p. 67.

[28] JUAN PABLO II, «Una sociedad laica, donde reine el silencio sobre Dios, necesita la voz de la Iglesia», Edición española de: L´Osservatore Romano (Roma 1999), nº 5, p. 675. (Extracto del discurso dirigido al primer grupo de obispos de Alemania, en su visita "Ad Limina", del 15 de noviembre de 1999).

[29] JUAN PABLO II, «Los mass-media presencia amiga para quien busca al Padre», Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1999), p. 94.
 

 
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