Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org El desafío de la increencia
Un documento vaticano habla de cómo evangelizar la cultura así como el entender las causas de la increencia
El desafío de la increencia
Un fenómeno claramente establecido en muchos países occidentales es
la indiferencia u hostilidad hacia la religión. Acontecimientos recientes como
la controversia sobre las caricaturas de Mahoma apuntan a las
graves consecuencias que se siguen cuando la sociedad secular no
puede apreciar la sensibilidad religiosa, dando lugar a la ofensa
innecesaria.
Para preparar el
encuentro, el consejo recopiló información de todos los países del
mundo. Las preguntas propuestas dan una visión de algunos de
los principales rasgos de la secularización.
El documento comienza observando
la pérdida de fe en el mundo de hoy. «se
observa una ruptura de la transmisión de la fe, íntimamente
ligada a un proceso de alejamiento de la cultura popular,
profundamente impregnada de cristianismo a lo largo de los siglos»,
establece la introducción. El debilitamiento de esta cultura religiosa popular
trae consigo graves consecuencias en términos de cómo las personas
piensan, se comportan y juzgan.
«La Iglesia hoy tiene que
hacer frente a la indiferencia y la increencia práctica, más
que al ateísmo», comentaba el Pontificio Consejo. Con pocas excepciones,
los gobiernos ya no hacen afirmación pública de su ateísmo.
No obstante, aunque el número de regímenes marcados por un
sistema político ateo se ha reducido, se ha extendido una
cierta hostilidad cultural contra las religiones. Esto es palpable en
algunos sectores de los medios y se dirige contra el
cristianismo, en especial el catolicismo, observaba el documento.
La amenaza
aquí es más sutil. «verdadera enfermedad del alma, que lleva
a vivir ‘como si Dios no existiera’, neopaganismo que idolatra
los bienes materiales, los beneficios de la técnica y los
frutos del poder», observaba el Pontificio Consejo. Esto conduce a
lo que el documento denomina «homo indifferens», y la búsqueda
de la felicidad se reduce a un deseo de prosperidad
material y a la satisfacción de los impulsos sexuales. Causas
de la increencia
El documento observaba que, tras la pérdida
de la creencia religiosa, hay causas antiguas y nuevas. Basándose,
en parte, en el análisis hecho en la Constitución Pastoral
«Gaudium et Spes» del Concilio Vaticano II, el Consejo Pontificio
para la Cultura identifica algunos de los principales factores.
--
Las pretensiones de la ciencia moderna. La visión del mundo
sin ninguna referencia a Dios, que rechaza su existencia sobre
la base de principios científicos, se ha extendido y se
ha vuelto un lugar común.
-- El hombre como centro
del universo. La cultura occidental está permeada de una forma
de subjetivismo que profesa la absoluta subjetividad del individuo y
niega la existencia de verdades y valores objetivos. Esta exaltación
del individuo significa que la Iglesia ya no es aceptada
como una autoridad doctrinal y moral.
-- El escándalo del
mal. «El misterio del mal es un escándalo para la
inteligencia y sólo la luz de Cristo, crucificado y glorificado
puede esclarecer su significado», observa el Pontificio Consejo para la
Cultural. Hoy, añade el documento, la conciencia de la presencia
del mal se amplifica a través del poder de los
medios de comunicación.
-- Los límites de los cristianos y
de la Iglesia. Experiencias negativas o desagradables, o los escándalos
causados por los sacerdotes, pueden alejar a algunas personas de
la Iglesia.
-- La transmisión de la fe. Los cambios
en la familia y en las escuelas católicas hacen que
sea más difícil la transmisión de la fe a las
nuevas generaciones. El poder de los medios también minan también
las prácticas culturales tradicionales en el área de la religión.
-- Secularización. Muchos creyentes siguen un estilo de vida en
el que Dios y la religión tienen poca importancia.
Los
cambios en la moralidad sexual también han tenido efectos negativos
para la vida de fe, observa el documento. Creer sin
pertenecer
Sin embargo, sería erróneo pensar que esto significa que
la religión deja de tener su papel, sostiene el Pontificio
Consejo. Tras un rechazo inicial de la religión, hay una
suerte de reacción, de una parte de la población al
menos, y la gente busca una vez más sostenimiento espiritual.
Pero esta búsqueda ya no se dirige a través de
las iglesias establecidas o por medio de las formas tradicionales
de culto.
Lo que ocurre es un itinerario «totalmente individual,
autónomo y guiado por la propia subjetividad». Esta forma de
religiosidad instintiva, explica el Pontificio Consejo, se basa más en
emociones que en doctrina y se expresa sin referencia a
un Dios personal. El documento la describe como «creer sin
pertenecer».
La cultura moderna se caracteriza, por tanto, por un
doble fenómeno: «increencia y mala creencia». Ambos tienen en común
un deseo de autonomía. El Pontificio Consejo para la Cultura
también identifica algunas otras características de estas nuevas formas de
creencia.
-- Se trata de una forma romántica de religión,
una especie de religión del espíritu y del yo, que
hunde sus raíces en las crisis del sujeto, que es
cada vez más narcisista, y rechaza todo elemento histórico y
objetivo. Esta religión del hágalo usted mismo lleva a las
personas a crear una nueva imagen de Dios en cada
etapa de sus vidas, según las necesidades que perciben.
--
Es una religión fuertemente subjetiva, en la que el individuo
no tiene ninguna obligación de dar cuenta de sus razones
o su comportamiento.
-- Es una adhesión a un Dios
que con frecuencia no tiene rostro o características personales. Suele
verse a Dios más como una fuerza o un ser
superior trascendente, pero no como Padre. En algunos círculos esto
conduce a una vuelta al panteísmo.
-- Es una religión
en la que hay una falta de interés por la
cuestión de la verdad. Para muchos, la verdad tiene una
connotación negativa, asociada con conceptos tales como «dogmatismo, intolerancia, imposición».
Superar obstáculos
El Pontificio Consejo para la Cultura prosigue proponiendo
algunas formas de abordar los problemas subrayados.
-- Diálogo, que
sea personal, paciente, respetuoso, amoroso, sostenido por la oración. Este
diálogo puede basarse tanto en cuestiones fundamentales sobre la vida
humana – el significado de la muerte, la experiencia religiosa,
la libertad inherente a la persona humana – o sobre
los principales temas sociales, como la educación de los jóvenes,
la pobreza, los derechos humanos, la libertad religiosa y la
bioética.
-- Evangelización de la cultura. Esto puede hacerse de
múltiples maneras: testimonio público, como los Días Mundiales de la
Juventud; misiones de ciudad que llevan a la Iglesia hasta
el mercado; la labor de los movimientos y asociaciones cristianas
en la esfera pública y en los medios de comunicación;
la cooperación de la Iglesia con organizaciones de no creyentes
para hacer cosas que sean buenas en sí mismas; la
promoción de eventos públicos sobre temas culturales. En general, esta
evangelización necesita asegurar la presencia de la Iglesia en la
arena pública, que ayudará a tender un puente entre la
realidad espiritual y la vida diaria.
-- Ayudar a las
familias a transmitir la fe. Esto puede comenzar como parte
de la ayuda ofrecida a las parejas durante su preparación
al matrimonio. Una vez que la pareja se casa y
tiene hijos necesita asegurar que su fe se vive en
formas concretas, como la apropiada celebración de las fiestas religiosas,
la oración en familia y las visitas a las iglesias.
A través de estos medios los padres pueden ayudar a
construir sólidas raíces de fe en sus hijos.
-- Mejorar
la educación religiosa. Es necesario hacer esto tanto a nivel
parroquial como en las escuelas religiosas.
-- Dar testimonio de
la caridad cristiana, por medio del perdón y el amor
fraterno.
Al final, el documento toma nota de la necesidad
de convencer a los no creyentes de que sólo encontrará
la plenitud de su humanidad en Cristo, verdadero Dios y
verdadero hombre. Una tarea que podría probar la fe de
cualquier creyente.
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