Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org Más que críticas, Hollywood necesita la contribución de los creyentes
Entrevista con Barbara Nicolosi, directora de la escuela cristiana de guionistas de Hollywood «Act One», sobre las producciones cinematográficas, los valores y la fe.
Más que críticas, Hollywood necesita la contribución de los creyentes
Barbara Nicolosi, directora de la escuela cristiana de
guionistas de Hollywood «Act One», considera que la producción
cinematográfica no se cambia con las críticas, sino con
la contribución positiva de los creyentes.
Nicolosi ha concedido
esta entrevista a la agencia Veritas antes de participar
en el Primer Simposio Internacional sobre Cine organizado por
la Universidad Católica de Valencia «San Vicente Mártir», que tendrá
lugar del 13 al 15 de mayo. --¿Qué es
Act One? ¿Cuál es su misión?
--Barbara Nicolosi: Act
One ofrece formación, capacitación, entrenamiento y compañerismo cristiano a
escritores y ejecutivos que están considerando formar parte de
la industria del entretenimiento dominante.
Fuimos fundados en 1999 y
desde esa fecha hemos desarrollado muchos programas que presentan
los valores clave de la maestría, el profesionalismo, la
ética y la espiritualidad en el marco de Hollywood.
--¿Es posible para un creador cristiano triunfar en Hollywood?
--Barbara
Nicolosi: Sí. --¿Cuál es la razón para incluir tanto sexo
y violencia en el cine actual?
--Barbara Nicolosi: Depende.
Algunas veces constituye la trama de la historia. Uno
se podría preguntar por qué hay tanto sexo y
violencia en la Biblia. La cuestión no está en
utilizar el sexo y la violencia en el relato
sino más bien en introducir sexo y violencia sin
sentido para escandalizar al público.
El desafío para los
dramaturgos cristianos consiste en saber incorporar sexo y violencia
en sus obras sin violentar a la audiencia. --¿Qué
diferencias percibe entre el cine estadounidense y el europeo en
la actualidad?
--Barbara Nicolosi: No soy una experta en
cine europeo. De todos modos, de forma clara, la
principal diferencia entre nuestro cine y el del resto
del mundo es que el nuestro resulta más exitoso
a la hora de entretener al público en general.
En casi todos los países, las producciones estadounidenses se
encuentran en cualquier momento entre las ocho de las
diez películas más vistas.
Las películas estadounidenses tienden a
reflejar un sentido del destino individual que nosotros identificamos
como «el sueño americano». Es por ello que nuestras películas
tienden a contar historias sobre la esperanza y el
valor del individuo para sobreponerse a obstáculos y alcanzar
un heroísmo que en cierto sentido cura al mundo.
Esto hace que nuestras narraciones sean sumamente convincentes.
Las
películas estadounidenses también prestan gran atención a las necesidades
de la audiencia. Se pone menos énfasis en lo
que quiere expresar el propio artista para concentrarse más
en lo que llamamos «contrato con la audiencia». Esto
significa que el objetivo de nuestra producción consiste en
emprender con esa audiencia a una especie de viaje emocional
en el que quede sumergida intelectual y emocionalmente. Los
proyectos europeos me dan la impresión de que responden
más a lo que el productor necesita que a
las necesidades del público. --Usted va a participar en
un simposio en el que se abordará el papel
educador del cine. ¿Está segura de que el cine
tiene una función educativa?
--Barbara Nicolosi: Para que una
película tenga éxito de público, debe ofrecer en cierto
sentido nueva información a la audiencia. Aristóteles llamaba a
esto el «logos», el elemento de la obra dramática. Sin
embargo, es un error hacer del cine algo que
no es.
El cine no es el mejor medio
para formular proposiciones teológicas o intelectuales. El mejor cine
es el que propone o sugiere una meditación o
reflexión, en contraposición al que transmite un mensaje. --¿Cree
que responde a las expectativas de los más jóvenes
o a específicas necesidades sobre cuestiones espirituales?
--Barbara Nicolosi: Probablemente
no. Correspondería los productores cinematográficos de la actual generación
llevar sus cuestiones espirituales a la pantalla. El problema
es que no hay muchos de los que se
toman en serio la teología que deciden formar parte del
mundo del cine.
Los creyentes están atrapados en la
moda de criticar en vez de crear. Me parece
que la crítica de los medios es casi inútil.
Hay que ganarse realmente el derecho a criticar mostrando
antes tus propios esfuerzos artísticos. --¿Cree que el cine
desempeña un papel activo en la evangelización? En este
sentido, ¿prefiere películas con narran hechos históricos, vida de
santos, etc.; o las que incluyen valores cristianos ?
--Barbara
Nicolosi: El objetivo no es sustituir a las parroquias.
Siempre necesitaremos iglesias, de la misma forma que siempre tendremos
necesidad del arte y del entretenimiento. El arte puede
preparar a la gente para acercarse a la iglesia;
el arte puede profundizar en lo que sucede en
la iglesia pero una película nunca podrá sustituirla.
Los
creyentes tienen mucho más que ofrecer a las comunidades
creativas que el arte sacro. Si nuestra fe es
verdadera, tendrá que decir algo sobre cada una de
las facetas de la vida humana.
La preocupación de
la Iglesia es siempre «la opción preferencial por el pobre».
En el cine, ¿quién es el pobre? El mundo
corporativo, publicitario y artístico está ya muy bien representado
en la cultura global. El único grupo que no
tiene voz es el público. La Iglesia podría y
debería representar las necesidades del público audiovisual, planteando preguntas
que sólo nosotros podemos contestar y ofreciendo una guía
orientada por nuestra fe.
Preguntas como: ¿cuál es el
papel del entretenimiento en el desarrollo humano? ¿Qué se
entiende por una diversión sana? ¿Cuál es el cometido
de un artista en nuestra sociedad y cuál es el
papel profético del arte? ¿Cómo debería el carácter sagrado
de la persona humana afectar los contenidos de los
guiones e incluso a la manera en que se
llevan a cabo esas producciones? ¿Qué tiene que decir
la teología del cuerpo sobre la representación del sexo
y la violencia en la pantalla?
Tenemos cosas que
decir al mundo sobre todas estas cuestiones. No siempre
es necesario hacer referencia a Dios para compartir nuestros
puntos de vista en estos ámbitos. Sólo necesitamos traducir
lo que tenemos que decir a quienes no comprenden nuestro
lenguaje.
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