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Autor: Jorge Hidalgo La experiencia misma del hombre, en la raíz de la filosofía de Karol Wojtyla
Reflexiones derivadas del Congreso Internacional realizado por la Asociación Española de Personalismo.
La experiencia misma del hombre, en la raíz de la filosofía de Karol Wojtyla
Recalca un Congreso Internacional en Madrid
Con un recorrido por las
raíces del pensamiento de Karol Wojtyla hasta evidenciar las fuentes
de su filosofía personalista se abrió el jueves en Madrid
un Congreso Internacional sobre este aspecto de quien fue Juan
Pablo II.
Hasta el sábado, por iniciativa de la «Asociación
Española de Personalismo» (AEP), esta reflexión-homenaje --convocada bajo el título
«La filosofía personalista de Karol Wojtyla»-- busca colmar una laguna
intelectual por la falta de estudio sobre el pensamiento filosófico
del Papa polaco.
Jaroslaw Merecki –uno de los principales miembros
de la Cátedra Wojtyla de la Universidad Lateranense de Roma—
sintetizó en la apertura del Congreso Internacional, en la tarde
del jueves, que «la experiencia, fuente primera de la filosofía
del hombre, y el encuentro con la fenomenología son las
fuentes de la filosofía del Karol Wojtyla».
Estrechamente relacionado con
discípulos directos y amigos de Wojtyla, Merecki recalcó que la
fuente principal de este pensador polaco «no es el pensamiento
de uno u otro filósofo, sino la misma experiencia del
hombre».
Así, «la antropología filosófica de Karol Wojtyla es una
antropología radicalmente empírica», aclaró en su intervención en este encuentro
internacional que acoge la Facultad de Filosofía de la Universidad
Complutense de Madrid
Siguiendo a Wojtyla, explicó cómo «la experiencia
de cualquier cosa situada fuera del hombre está siempre asociada
a la experiencia de sí mismo», pues «el hombre no
experimenta nada exterior sin experimentarse de alguna manera a sí
mismo».
«En la filosofía moderna --aclaró Merecki-- este hecho ha
conducido con frecuencia a la negación de la autonomía de
la realidad exterior, es decir, al idealismo filosófico. Si Wojtyla
no cae en la trampa del idealismo, se debe precisamente
a que permanece hasta el fondo fiel a la experiencia,
en la que el horizonte del ser tiene siempre prioridad
sobre el horizonte de la conciencia».
Avanzó en su intervención
hacia otra fuente del pensamiento de Wojtyla, la fenomenología, para
la cual «todo lo que se expresa corpóreamente es objeto
de experiencia. Así existe no sólo la experiencia sensible, sino
también la experiencia estética, moral o religiosa».
En este campo
Wojtyla elaboró un proyecto positivo de ética a partir de
su debate con Max Scheler, cuyo juicio «no es totalmente
negativo», apuntó Jaroslaw Merecki.
«Wojtyla está totalmente de acuerdo con
el postulado fundamental de Scheler, según el cual la ética
debe partir de la experiencia --aclaró--. El defecto primordial de
Scheler consiste en no haber agotado todos los recursos del
método fenomenológico a la hora de analizar la experiencia moral».
En el itinerario hacia la metafísica de la persona, «para
Wojtyla --precisó Merecki-- el problema del hombre constituye el punto
de partida para recuperar la metafísica clásica, vista precisamente a
partir del hombre, es decir, retomando la instancia de la
filosofía moderna y reintegrándola en el marco de la metafísica
clásica».
«La única manera adecuada para Wojtyla de afrontar el
problema del hombre es plantear la pregunta radical sobre el
ser que encuentra en su explicación última en el carácter
Absoluto del Ser», subrayó.
Presidente y fundador de la AEP,
Juan Manuel Burgos prosiguió en la apertura del Congreso constatando
en Karol Wojtyla «un pensador personalista ontológico de filiación tomista
y fenomenológica».
Y es que, como se ha podido apreciar,
el sistema que emplea Wojtyla es «un personalismo procedente e
integrado en una fenomenología realista»; de hecho, «todo su pensamiento
--y, en particular, el que ofrece en su obra “Persona
y acción”, su obra principal-- gira en torno a la
persona», explicó.
«Para que una filosofía pueda considerarse personalista --puntualizó--
debe estructurarse globalmente en torno a la noción de persona
o, dicho de otro modo, ésta debe ser la noción
esencial en toda su arquitectura antropológica».
«Su carácter novedoso –expresó
Burgos-- se encuentra en las siguientes tesis: la insalvable distinción
entre personas y cosas y la necesidad de analizar a
las personas con conceptos específicos propios; la importancia radical de
la afectividad y de la relación interpersonal; la primacía absoluta
de los valores morales y religiosos; la importancia de la
corporeidad y del tratamiento de la persona como varón y
mujer; el personalismo comunitario; la concepción de la filosofía como
medio de interacción con la realidad y una concepción no
estrictamente negativa de la modernidad filosófica».
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