Autor: Germán Doig Klinge, | Fuente: VE Multimedios La dimensión antropológica y cultural de la tecnol
Conforme la tecnología adquiere más peso en la vida de las personas se han levantado numerosas preguntas sobre su capacidad de influir en el ser humano. Pero a menudo se prescinde de un aspecto fundamental.
La dimensión antropológica y cultural de la tecnol
Conforme la tecnología adquiere más peso en la vida
de las personas se han levantado numerosas preguntas sobre su
capacidad de influir en el ser humano. Pero a menudo
se prescinde de un aspecto fundamental.
Cualquier intento por comprender
lo que es la tecnología y sobre todo lo que
genera en la sociedad debe partir de un hecho fundamental:
la tecnología forma parte de la cultura. En efecto, para
entender tanto los orígenes como las consecuencias del desarrollo tecnológico
hace falta considerar el ambiente en el que surge y
en el que adquiere un determinado peso.
La tecnología no
genera tal o cual influjo sólo por sí misma --ya
fuere desde los artefactos o desde los procesos y métodos
tecnológicos concretos--, sinque lo genera principalmente porque es parte de
un contexto cultural.
Desde esta perspectiva se puede entender mejor por
qué se deben considerar como insuficientes tanto las explicaciones que
le otorgan vida propia, como las que reducen a la
tecnología a un mero instrumento. Los extremos resultan en esto
reductivos e incompletos para explicar la realidad. La tecnología tiene
algo de autónoma, como tiene también algo de instrumental.
Esa
autonomía está sujeta a otros factores que están más allá
de la mera tecnología, y es ciertamente más que un
instrumento. Esto nos lleva a la idea que la persona
se hace de lo que es la tecnología y el
papel que ocupa en su existencia, y para ello se
debe acudir a la pregunta por la dimensión cultural de
la tecnología.
En los tiempos actuales ha aumentado la inquietud por
la dimensión cultural del fenómeno tecnológico. Diversos analistas contemporáneos han
abordado directa o indirectamente el asunto. Incluso algunos, con un
cierto exceso, llegan a hablar de una cultura totalmente tecnologizada.
Hoy es común encontrar expresiones como tecnocultura (1), cibercultura (2),
hipercultura (3), network culture (4), cultura de la computadora (5)
o simplemente cultura tecnológica.
Aunque la mayoría de estos analistas
no se preguntan a fondo sobre la dimensión propiamente cultural
del fenómeno tecnológico, en algunos de ellos aparece la conciencia
de que la sola tecnología no explica lo que está
sucediendo en las sociedades actuales, ni aclara tampoco convenientemente los
mismos problemas que han aparecido vinculados directamente a ella. Wiebe
E. Bijker señala, por ejemplo, desde su peculiar perspectiva: «Los
problemas de nuestras sociedades modernas no son de la tecnología
y la ciencia per se, ni tampoco exclusivamente sociales, económicos
o políticos.
En definitiva estos problemas pertenecen a nuestra cultura
tecnológica» (6). A su vez Pedro Morandé afirma: «La esencia
de la técnica no se puede encontrar en la técnica
misma, ...sino en el tipo de cultura humana que la
hace posible. Si queremos entender a la cultura y a
la sociedad de hoy tenemos que interrogarnos, en consecuencia, acerca
de la dimensión cultural de la técnica, para comprender así
también lo que encierran sus productos» (7).
Se trata de un
asunto fundamental que permite superar las perspectivas unilaterales y reductivas
como las tecnocentristas. La tecnología no tiene por sí misma
--ni en general, ni en sus aplicaciones concretas-- la fuerza
para influenciar de manera importante toda la conducta y el
obrar de la persona humana (8).
No se descubre ningún
sustento para presentarla como un factor que determina inevitablemente la
conducta del hombre --como hacen pensadores como Ellul o McLuhan--.
La tecnología debe ser mostrada como un factor --en muchos
casos importante-- en relación a otros factores y en una
interacción dinámica con ellos; pero sobre todo en interacción con
la persona misma y su libertad.
Así pues, se trata
de una aproximación que plantea la existencia de varios factores
en la configuración de una cultura --uno de los cuales
es la tecnología--. De la confluencia de estos diversos factores
se puede llegar a una mayor o menor influencia a
partir de los productos tecnológicos.
--------------------------------------------------------- Notas 1. Ver Steven Johnson, Interface Culture.
How New Technology Transforms the Way We Create and Comunicate,
HarperEdge, San Francisco 1997. Ésta es la expresión favorita de
los tecno-ilustrados de la revista «Wired».
2. Ver Mark Dery,
Velocità di fuga. Cyberculture a fine millennio, Feltrinelli, Milán 1997.
3. Ver Ben Davis, Wheel of Culture, en Edward Barrett
y Marie Redmond (eds.), Contextual Media. Multimedia and Interpretation, MIT
Press, Cambridge 1997, p. 248.
4. Kevin Kelly, Out of
Control. The New Biology of Machines, Social Systems, and the
Economic World, Addison-Wesley, Nueva York 1994, p. 28.
5. George
Gilder, Life after Television. The Coming Transformation of Media and
American Life (revised edition), W.W. Norton & Company, Nueva York-Londres
1994, p. 175.
6. Wiebe E. Bijker, Epílogo a AA.VV.,
Para comprender ciencia, tecnología y sociedad, EVD, Navarra 1996, p.
304. Bijker representa una corriente que se agrupa bajo las
siglas CTS y que se dedica a la promoción de
la tecnología a partir de la difusión de los estudios
sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad en centros educativos.
7. Pedro
Morandé, El hombre y la cultura en la sociedad tecnológica,
en colección «Carisma», vol. 30, Patris, Santiago-Buenos Aires 1991.
8.
Este párrafo toma en consideración la posibilidad futura de ciertos
desarrollos de nanotecnología, de implantes cibernéticos e incluso del desarrollo
de técnicas sumamente sofisticadas en la generación de ciborgs.
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