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Autor: Papa Juan Pablo II | Fuente: Vatican.va Discurso a los Obispos del Ecuador en la Visita Ad Limina Apostolorum
Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los Obispos del Ecuador en la Visita Ad Limina Apostolorum, 22 de octubre de 1984. Dedica un apartado a resaltar la importancia de la radiodifusión.
Discurso a los Obispos del Ecuador en la Visita Ad Limina Apostolorum
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DEL
ECUADOR EN VISITA «AD LIMINA APOSTOLORUM»
Lunes 22 de octubre de 1984
Señor Cardenal, Venerables Hermanos en el episcopado:
1. Es para mí motivo
de profunda alegría tener este encuentro global con vosotros, Pastores
de la Iglesia que peregrina hacia el Padre en el
Ecuador. Haciéndoos peregrinos vosotros mismos, habéis venido hasta aquí para
realizar la visita “ad limina Apostolorum”.
Sed, pues, bienvenidos a este
encuentro en Roma, que con su significado eclesial constituye un
ejemplo y fuente de enriquecimiento espiritual para vuestros fieles, quienes
en estos lugares santificados por el testimonio de los Apóstoles
Pedro y Pablo ven el centro de unidad de quienes
profesamos la misma fe en Cristo que ellos predicaron.
Un encuentro
que sobre todo contribuye a confirmar vuestro sentido de comunión
con la Sede de Pedro, “principio y fundamento perpetuo y
visible de unidad” (Lumen Gentium, 23), y también con los
demás obispos del mundo, a fin de que se incrementen
siempre la solidaridad y la unión eclesiales.
En ese espíritu quiero
analizar con vosotros algunos puntos que desde vuestra visita ad
limina de hace cinco años constituyen avances dignos de elogio,
otros que encarnan esfuerzos pastorales merecedores de aliento y otros,
finalmente, que encierran problemas y requieren oportuna reflexión e iniciativas.
2.
A través de los informes sobre el estado de vuestras
diócesis se puede comprobar que la Iglesia en Ecuador ha
tomado muy en serio el tema de la evangelización tratado
en la Conferencia de Puebla. Ella ha prestado peculiar atención
a la valoración doctrinal y pastoral de la religiosidad popular,
como base para conducir al pueblo a una mejor educación
en la fe mediante una intensa acción evangelizadora y catequética.
Vuestras
diócesis están empeñando a fondo sus energías en esta tarea.
Y el documento de Opciones Pastorales, elaborado como aplicación concreta
de las directrices del documento de Puebla, es un decidido
y unánime compromiso de acción en esta línea.
Evangelización y catequesis
son la preocupación prioritaria vuestra y de vuestros sacerdotes, entre
los que hay admirables ejemplos de dedicación y celo; lo
son igualmente de un número creciente de comunidades religiosas que
colaboran eficazmente en esta tarea con los párrocos; lo son
de un mayor número de laicos que se comprometen generosamente
en este apostolado, como catequistas y animadores de comunidades cristianas,
en lugares apartados de los centros parroquiales.
En todas las diócesis
y circunscripciones misionales ha habido en este sentido avances significativos,
por los que os expreso mi profunda alegría y aliento.
3.
Para potenciar esta labor en todos los sectores sociales y
ambientes, la Iglesia en Ecuador necesitaba la ayuda, hoy imprescindible,
de los medios de comunicación social. Entre estos medios el
que en el Ecuador tiene la primacía es el de
la Radiodifusión.
Por ello la Conferencia Episcopal Ecuatoriana ha hecho un
gran esfuerzo para contar con este instrumento de evangelización, de
cultura y de formación de la conciencia social a nivel
nacional. Gracias a Dios ya está en funcionamiento la Radio
Católica Nacional, que por la alta calidad técnica de sus
equipos está considerada como una de las mejores del país;
y a la vez se va logrando que lo sea
también por el contenido de su programación. Con ello la
Conferencia Episcopal ha llenado asimismo una peligrosa brecha que en
este campo se había ido produciendo debido a la labor
de otros entes radiofónicos. Estoy seguro que iniciativa tan laudable
producirá ubérrimos frutos para la Iglesia y para la sociedad
ecuatoriana.
4. Hasta hace poco, ciertas corrientes políticas que habían logrado
hacer prevalecer en el Ecuador los principios laicistas de la
revolución liberal del siglo pasado excluían a la Iglesia de
algunos campos y ambientes de la vida social, lo cual
le impedía, por ejemplo, organizar establemente la asistencia religiosa para
los servidores del orden público.
La Iglesia ha logrado superar ahora
la pasada situación, que ha durado casi un siglo. Así
se llegó a la erección del Vicariato Castrense, mediante el
Convenio entre la Santa Sede y el Gobierno ecuatoriano, que
fue ratificado por unanimidad en la Cámara de Representantes. Será
una de vuestras tareas lograr ahora una evangelización también de
ese ambiente, en el espíritu de educación a la paz,
al amor y respeto fraternos, así como al sentido de
moralidad y servicio que enseña el Evangelio.
5. Entre los esfuerzos
pastorales que deseo alentar está en primer lugar el dedicado
a los sacerdotes, a la vida consagrada y a las
vocaciones.
Sé que la Conferencia Episcopal no ha escatimado energías para
superar la situación del pasado. En el último lustro se
ha conseguido un despertar progresivo de vocaciones eclesiales y se
ha puesto en marcha con optimismo una pastoral vocacional renovada.
Es satisfactorio comprobar ahora que ha crecido no sólo el
número de candidatos al Sacerdocio ministerial, sino también el número
de Seminarios mayores, gracias al empeño de los Pastores por
establecer su propio centro de formación sacerdotal.
En este afán episcopal
digno de todo estimulo, con tal que se cumplan las
condiciones que para la creación y funcionamiento de los Seminarios
establecen la Ratio institutionis sacerdotalis de la Congregación para la
Educación Católica y el nuevo Código de Derecho Canónico. Me
alegra comprobar a este respecto que vosotros habéis recogido cuidadosamente
esas normas en un propio documento de aplicación al Ecuador.
Ahora
será necesario vigilar por su exacto cumplimiento en todo nuevo
Seminario que se haya establecido o se quiera establecer. Y
desde luego es de decisiva importancia que se cuente con
Superiores bien preparados y unidos fraternalmente en su importantísima tarea
de formación espiritual, pastoral y humana de los seminaristas. Como
es menester también que se cuente con un profesorado no
improvisado, sino debidamente cualificado para impartir de modo adecuado la
formación doctrinal, y suficiente en cuanto al número indispensable de
cátedras que hay que establecer.
6. Vosotros sabéis bien cuán arduo
y doloroso ha sido para la Iglesia ecuatoriana el camino
que a lo largo de todo este siglo ha tenido
que recorrer, para salvaguardar el derecho de las familias y
de la Iglesia a la educación cristiana en todos los
niveles, desde la escuela primaria hasta la Universidad. Me alegra
en particular que se haya puesto tanto empeño en lograr
que la ley de educación superior no atente contra el
derecho de la Universidad Católica a conservar su propia identidad.
Pero
todavía queda mucho por hacer en este campo de tan
vital importancia para el porvenir del Ecuador. Se trata de
conseguir una educación de la niñez y juventud que, basándose
en la fe, sea capaz de realizar la formación integral
del hombre a la que debe aspirar.
Pienso que el feliz
acontecimiento de la reciente canonización del Santo Hermano Miguel Febres
Cordero —un verdadero ejemplo de cristiano y de ciudadano— es
un llamamiento que confirma a la Iglesia en Ecuador en
una tarea realizada hasta aquí con inmenso sacrificio, y la
invita a continuarla con renovado afán. No sólo en beneficio
de la Iglesia, sino de la misma comunidad civil, que
sólo beneficios puede recibir de una mayor consistencia cultural y
moral de sus generaciones jóvenes.
7. En el Ecuador, como en
las otras naciones de América Latina, se ha vuelto más
grave y conflictiva la cuestión social, que nace del alarmante
contraste entre la creciente riqueza de algunos y la creciente
pobreza de los demás en la misma sociedad.
Sé que la
Conferencia Episcopal Ecuatoriana ha sido y es particularmente sensible al
proceso de esta gravísima cuestión, como lo prueban las directrices
dadas en su documento sobre Opciones Pastorales.
Me agrada comprobar asimismo
que la Iglesia en Ecuador dedica al servicio de los
grupos humanos muy afectados por la miseria económica una parte
selecta de su personal; y que da un hermoso testimonio
de caridad apostólica y social en los suburbios urbanos, en
numerosos lugares rurales de la costa y de la sierra,
y en los territorios misionales de las selvas. El fenómeno
de las inundaciones de enteras poblaciones y de importantes sectores
agrícolas, ocurrido el año 1983, ha demostrado la capacidad alcanzada
por la Iglesia en Ecuador para volcarse en ayuda de
los pobres. Y las campañas cuaresmales emprendidas con el tema
Munera están logrando que un auténtico mensaje social, fundado en
el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, comience a
penetrar en la conciencia nacional.
Todo esto es motivo de honda
complacencia. Pero el problema ecuatoriano de la justicia social como
fundamento de la paz, alcanza dimensiones tales que todo puede
parecer insuficiente para resolverlo. Sin embargo, la magnitud del problema
no debe descorazonar a la Iglesia, sino estimularla a acumular
nuevas energías, y a crear renovadas formas de acción pastoral
social, para cumplir también en este campo su misión específica.
Quiero subrayar que se trata de cumplir la misión específica
de la Iglesia, la cual no se identifica con la
misión del Estado, cuyo fin es precisamente el bien común
temporal. Se trata para la Iglesia de la misión que
le compete de ser en primer lugar sacramento de salvación
en Cristo, de anunciar la Buena Nueva a los pobres
y buscar para todo hombre la liberación integral, ante todo
del pecado. Ese es el mayor servicio al hermano “que
lo dispone a realizarse como hijo de Dios, lo libra
de las injusticias y lo promueve integralmente” (Puebla, 1145).
8. La
tarea apostólica de evangelización y promoción humana, asumida con particular
empeño y fervor como actuación concreta de la opción preferencial
por los pobres, halla un lugar, que parece extenderse cada
vez más, en las comunidades eclesiales de base. Los Obispos
del Ecuador, por su parte, después de la asamblea de
Puebla, han optado por este criterio pastoral, decidiendo promover la
formación de estas comunidades en sus diócesis y parroquias, de
acuerdo con las directrices contenidas en la Exhortación Apostólica “Evangelii
Nuntiandi” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 58).
Hay, sin embargo, un punto
que demanda solícita atención y vigilancia. El movimiento doctrinal y
pastoral al que se ha referido la Congregación para la
Doctrina de la Fe en su documento sobre «Algunos aspectos
de la “Teología de la Liberación”», confiere peculiar importancia a
la formación de las comunidades eclesiales de base; pero plantea
también sobre ellas peculiares cuestionamientos de sentido cristológico, eclesiológico y
antropológico.
De este hecho puede nacer una situación delicada para Pastores
y fieles. Porque hay sin duda comunidades eclesiales de base
orientadas hacia objetivos, que se quieren alcanzar manteniendo una real
y sincera comunión con la Jerarquía; en tal caso no
existen motivos de preocupación. Pero hay también comunidades orientadas hacia
objetivos, que se desean lograr quizá en un marco global
de inspiración de fe o de buena voluntad, pero sin
toda la debida comunión leal y efectiva con la Iglesia
institucional, juzgada a veces como adversa a la causa de
la liberación de las masas oprimidas.
A este propósito hay que
recordar con claridad que la promoción de comunidades eclesiales de
base polarizadas en esta última línea eclesiológica, o que acentúan
unilateralmente la dimensión social de la evangelización y que fomentan
una “Iglesia del pueblo pobre” contrapuesta a la Iglesia institucional,
mina la unidad de la Iglesia de Cristo y se
coloca al margen de la misma. Entraña por ello un
serio peligro, que hay que evitar a todo trance.
La Iglesia
en Ecuador, gracias a Dios, ha mantenido en general una
línea de equilibrio en la actuación de la opción preferencial
por los pobres, aceptando la legítima variedad de iniciativas y
formas diversas de acción pastoral en este campo, y conservando
a la vez su unidad profunda. Pero es menester estar
vigilantes, para no exponerla a fermentos de división. Por ello
la Conferencia Episcopal debe tener en sus manos la coordinación
de las comunidades eclesiales de base, asumiendo la responsabilidad de
las iniciativas de evangelización y promoción humana que, en el
seno de las mismas, se realicen en favor de los
pobres.
9. El pueblo ecuatoriano ha heredado de sus mayores un
bien espiritual de valor incomparable: el bien de su unidad
católica. Hasta hace pocos decenios podía tenerse una cierta seguridad
de que la conservación de este bien inestimable no se
vería afectada sustancialmente por la actual campaña proselitista de sectas,
emprendida para separar a los católicos, a ser posible masivamente,
de la Iglesia católica.
Hoy, desgraciadamente, el avance del abandono de
la propia fe ha traído ya el drama profundo de
la desunión en familias que no tenían otro bautismo que
el de la Iglesia católica, e incluso en algunas comunidades
indígenas.
Ante ello, ha llegado el momento de una nueva creatividad
de iniciativas pastorales para hacer frente a este grave peligro.
Hay que plantearse seriamente las motivaciones de fondo de ese
fenómeno, para ver si en la manera de vivir la
fe, de proponer el apostolado, de abrir cauces a la
fraternidad y generosidad hacia los necesitados, podemos ofrecer nuevos objetivos
y métodos que satisfagan mejor los deseos y aspiraciones de
los fieles.
10. Queridos Hermanos, antes de concluir este encuentro deseo
alentaros en vuestra difícil tarea. Cristo está con vosotros y
recoge vuestro esfuerzo. Que esto os anime siempre en vuestra
entrega eclesial. Y que así logréis inspirar esperanza y optimismo
a vuestros sacerdotes, familias religiosas, colaboradores en el apostolado y
fieles en general.
Llevad a todos —en especial a los miembros
de vuestras comunidades indígenas— el saludo y recuerdo del Papa,
que mira ya esperanzado a la próxima visita a vuestro
país, que se une en la plegaria a la Madre
Santísima del Quinche y que a vosotros y a ellos
bendice de corazón.
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