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Autor: Papa Juan XXIII | Fuente: Vatican.va Carta Apostólica Motu proprio: Boni Pastoris
Carta Apostólica del Papa Juan XXIII (1959) dirigida a la grey católica en la que se habla sobre la vida espiritual y el progreso de la civilización moderna, así como el papel de la radio, la televisión y el cine
Carta Apostólica Motu proprio: Boni Pastoris
El cargo de Buen Pastor de toda la grey del
Señor, que desde el comienzo de Nuestro Pontificado afirmamos sernos
"especialísimamente caro" (cfr. A. A. S., vol. L, p. 886),
mientras Nos hace estar siempre atentos a todas las necesidades
de la Iglesia, Nos impele tambien a considerar con particular
solicitud los factores que con el progreso de la civilización
moderna, influyen en la vida espiritual del hombre; entre estos
se deben contar la radio, la televisión y el cine.
Nuestro
predecesor Pío XII, de inmortal memoria, había ya repetidas veces
llamado la atención de los fieles y de todos los
hombres de recta intención, con una importante Encíclica y con
conoscidos Discursos, sobre el grave deber que les incumbe de
utilizar estas técnicas admirables de difusión conforme al plan providencial
de Dios y en consonancia con la dignidad del hombre
a cuya perfección deben servir.
A tal fin, el mismo Predecesor
Nuestro quiso "instituir en la Curia Romana una Comisión especial"
(A. A. S., vol. XLXIX, p. 768), a que encomendó
la fiel ejecución de cuanto se mandaba y recomendaba en
la Encíclica Miranda prorsus en las cuestiones pertinentes a la
fe, moral y disciplina eclesiástica en el sector de la
radio, de la televisión y del cine (ibidem, p. 805).
Reflexionando
pues sobre los graves problemas que en el campo de
la moralidad pública, de la propaganda de las ideas y
de la educación de la juventud, suscitan las mencionadas técnicas
audiovisivas de difusión, que tanto influjo ejercen en las almas,
deseamos hacer Nuestras y confirmar las exhortaciones y disposiciones de
Nuestro Predecesor y contribuir a convertir en positivos instrumentos del
bien los medios que la divina Bondad ha puesto a
disposición de los hombres. Porque a nadie se le oculta
las grandes posibilidades que ofrecen el cine, la radio y
la televisión para la difusión de una cultura más elevada,
de un arte digno de este nombre y sobre todo
de la verdad.
Siendo Patriarca de Venecia Nos fue dado más
de una vez recibir junto a Nos y exhortar paternamente
a exponentes del arte y de la industria cinematográfica, y
después de la elevación, por secreta disposición de la Divina
Providencia, al Sumo Pontificado, hemos podido expresar Nuestra benevolencia a
los directivos de la radio, de la televisión y del
cine (cfr. Carta de la Seorf taría de Estado n.
117 del 4 de noviembre 1958 al Presidente de la
Comisión Pontificia de Cine, Radio y Televisión), y después no
hemos omitido ninguna ocasión oportuna para animarles a ser fieles
al ideal cristiano de su profesión.
Sin embargo debemos deplorar con
pena de Nuestro corazón los peligros y daños morales que
no pocas veces provocan ciertos espectáculos cinematográficos y transmisiones radiofónicas
y televisivas que atentan a la moral cristiana y a
la misma dignidad de la persona humana.
Por tanto exhortamos paternalmente
una y otra vez a los responsables de tales producciones
y transmisiones a que sigan siempre los dictados de una
recta y delicada conciencia, como conviene a quien se halla
investido del gravíssimo deber de educar.
Al mismo tiempo de nuevo
encomendamos a la vigilancia y a la experta solicitud de
Nuestros Venerables Hermanos los Arzobispos y Obispos, las diversas formas
de apostolado ya recomendadas en la citada Encíclica Miranda prorsus
y en particular las Oficinas Nacionales constituídas en cada país
para dirigir y coordinar todas las actividades católicas en el
campo del cine,de la radio y de la televisión (cfr.
A. A. S., vol. XLIX, p. 783-4). Entre estas actividades
recomandamos las iniciativas de carácter formativo y cultural, como la
presentación y la discussión de las películas dotadas de especiales
méritos artísticos y morales.
Además, como quiera que la naturaleza misma
de los mencionados medios de difusión exige--aun por lo que
respecta a la competencia de la Santa Sede--unidad de dirección
y de acción, establecemos motu proprio, con ciencia cierta y
después de madura deliberación, con la plenitud de la Autoridad
Apostólica, en virtud de esta Carta y de modo perpetuo,
las siguientes normas a las que se ha de atener
en sus funciones la Comisión Pontificia de Cine, Radio y
Televisión, y derogamos las disposiciones contenidas en el Estatuto de
dicha Comisión que hasta ahora han estado vigentes (A. A.
S., vol XLVI, p. 783-4).
Así pues, decretamos y establecemos que
la Comisión Pontificia de Cine, Radio y Televisión tenga carácter
permanente y estable como Oficina de la Santa Sede, a
cuyo cargo esté el examinar los diversos asuntos que se
refieren al Cine, Radio y Televisión, ayudar a su progreso,
y dirigir su actividad según las prescripciones y normas de
la Encíclica Miranda prorsus, y de acuerdo con las disposiciones
que en lo futuro diere la Santa Sede.
Es también incumbencia
de esta Comisión Pontificia tener conocimiento de la orientación y
de la realización práctica de la producción cinematográfica, de las
audiciones radiofónicas y de las transmisiones televisivas; dirigir e incrementar
la actividad de los Organismos Católicos Internacionales y de las
Oficinas Eclesiásticas Nacionales de Cine, Radio y Televisión, en particular
con respecto a la censura de las películas, a las
transmisiones radiofónicas y televisivas destinadas a la propaganda religiosa, y
a la instrucción de los fieles, especialmente de la juventud,
en lo tocante a su responsabilidad frente a esta clase
de espectáculos (cfr. A. A. S., vol. XLIX, p. 780
ss.); finalmente estar en comunicación con las Sagradas Congregaciones y
Oficinas de la Santa Sede, con las Conferencias Episcopales y
con cada uno de los Ordinarios del lugar en lo
que atañe a estas múltiples como difíciles cuestiones.
Las Sagradas Congregaciones
de la Curia Romana y demás Oficinas de la Sede
Apostólica pedirán el parcer a esta Comisión antes de dictar
cualquier prescripción o conceder cualquier autorización en puntos relacionados con
el cine, radio y televisión, e informarán a dicha Comisión
de las medidas que cada una tomare según su competencia.
Al
frente de la Comisión de Cine, Radio y Televisión habrá
un Presidente, el cual, cada seis meses, presentará un informe
de las actividades de dicha Comisión.
Formarán parte de la Comisión
los Asesores y Secretarios de las Sagradas Congregaciones del Santo
Oficio, Consistorial, para la Iglesia Oriental, del Concilio, de Religiosos,
de Propaganda Fide, de Seminarios y Universidades, y el Sustituto
de Nuestra Secretaría de Estado; a los cuales se podrán
añadir otros miembros según Nuestro beneplácito.
El Presidente tendrá como auxiliares
en su trabajo al Secretario de la Comisión y otros
Oficiales (cfr. A. A. S., vol. XLIII, appendix fasciculi 8,
p. [3]).
La Comisión estará además asesorada por un Colegio de
Consultores designados por la Santa Sede, particularmente expertos en el
campo del apostolado del cine, de la radio y de
la televisión.
La Comisión tendrá a su cargo la Cineteca Vaticana,
que nos proponemos organizar para coleccionar la documentación cinematográfica de
interés para la Santa Sede.
Finalmente la Comisión tendrá su sede
en la Ciudad del Vaticano y quedará agregada a Nuestra
Secretaría de Estado.
Sin que obste nada en contrario.
Bendecimos, pues, de
corazón las actividades de la Comisión Pontificia de Cine, Radio
y Televisión, cuya fructífera labor desarrollada en el pasado hemos
apreciado en gran manera.
Así lo declaramos y establecemos, decretando que
las presentes Letras sean siempre totalmente firmes, valederas, y eficaces;
que surtan efecto entera y plenamente; que sean de plena
utilidad ahora y más adelante a aquellos a quienes se
dirigen o podrán dirigirse; que así se ha de juzgar
y definir legítimamente; y que desde ahora será írrito y
sin valor todo lo que a sabiendas o por ignorancia
fuere intentado en contra, a propósito de esta materia por
cualquier persona en virtud de cualquiera autoridad. Dado en Roma, junto
a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día
22 de febrero del año 1959, de Nuestro Pontificado el
primero.
JUAN PAPA XXIII
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