Autor: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net 7. Año Litúrgico
El Año litúrgico es “camino a través del cual la Iglesia hace memoria del misterio pascual de Cristo y lo revive”
7. Año Litúrgico
¿Qué es el Año Litúrgico? Se llama Año
Litúrgico o año cristiano al tiempo que media entre las
primeras vísperas de Adviento y la hora nona de la
última semana del tiempo ordinario, durante el cual la Iglesia
celebra el entero misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta
su última y definitiva venida, llamada la Parusía. Por tanto,
el año litúrgico es una realidad salvífica, es decir, recorriéndolo
con fe y amor, Dios sale a nuestro paso ofreciéndonos
la salvación a través de su Hijo Jesucristo, único Mediador
entre Dios y los hombres.
En la carta apostólica del
papa Juan Pablo II con motivo del cuadragésimo aniversario de
la constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia, del 4 de
diciembre de 2003, nos dice que el año litúrgico es
“camino a través del cual la Iglesia hace memoria del
misterio pascual de Cristo y lo revive” (n.3).
El Año
Litúrgico tiene dos funciones o finalidades:
a) Una finalidad catequética: quiere
enseñarnos los varios misterios de Cristo: Navidad, Epifanía, Muerte, Resurrección,
Ascensión, etc. El año litúrgico celebra el misterio de la
salvación en las sucesivas etapas del misterio del amor de
Dios, cumplido en Cristo.
b) Una finalidad salvífica: es decir, en
cada momento del año litúrgico se nos otorga la gracia
especifica de ese misterio que vivimos: la gracia de la
esperanza cristiana y la conversión del corazón para el Adviento;
la gracia del gozo íntimo de la salvación en la
Navidad; la gracia de la penitencia y la conversión en
la Cuaresma; el triunfo de Cristo sobre el pecado y
la muerte en la Pascua; el coraje y la valentía
el día de Pentecostés para salir a evangelizar, la gracia
de la esperanza serena, de la honestidad en la vida
de cada día y la donación al prójimo en el
Tiempo Ordinario, etc. Nos apropiamos los frutos que nos trae
aquí y ahora Cristo para nuestra salvación y progreso en
la santidad y nos prepara para su venida gloriosa o
Parusía.
En lenguaje más simple: el Año Litúrgico honra religiosamente los
aniversarios de los hechos históricos de nuestra salvación, ofrecidos por
Dios, para actualizarlos y convertirlos, bajo la acción del Espíritu
Santo, en fuente de gracia divina, aliento y fuerza para
nosotros:
En Navidad Se conmemora el nacimiento de Jesús en la
Iglesia, en el mundo y en nuestro corazón, trayéndonos una
vez más la salvación, la paz, el amor que trajo
hace más de dos mil años. Nos apropiamos de los
mismos efectos salvíficos, en la fe y desde la fe.
Basta tener el alma bien limpia y purificada, como nos
recomendaba san Juan Bautista durante el Adviento.
En la Pascua
Se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús, sacándonos
de las tinieblas del pecado a la claridad de la
luz. Y nosotros mismos morimos junto con Él, para resucitar
a una nueva vida, llena de entusiasmo y gozo, de
fe y confianza, comprometida en el apostolado.
En Pentecostés Se
conmemora la venida del Espíritu Santo, para santificar, guiar y
fortalecer a su Iglesia y a cada uno de nosotros.
Vuelva a renovar en nosotros el ansia misionera y nos
lanza a llevar el mensaje de Cristo con la valentía
y arrojo de los primeros apóstoles y discípulos de Jesús.
Gracias al Año Litúrgico, las aguas de la redención nos
cubren, nos limpian, nos refrescan, nos sanan, nos curan, aquí
y ahora. Continuamente nos estamos bañando en las fuentes de
la salvación. Y esto se logra a través de los
sacramentos. Es en ellos donde celebramos y actualizamos el misterio
de Cristo. Los sacramentos son los canales, a través de
los cuales Dios nos da a sorber el agua viva
y refrescante de la salvación que brota del costado abierto
de Cristo.
Podemos decir en verdad que cada día, cada
semana, cada mes vienen santificados con las celebraciones del Año
Litúrgico. De esta manera los días y meses de un
cristiano no pueden ser tristes, monótonos, anodinos, como si no
pasara nada. Al contrario, cada día pasa la corriente de
agua viva que mana del costado abierto del Salvador. Quien
se acerca y bebe, recibe la salvación y la vida
divina, y la alegría y el júbilo de la verdadera
liberación interior.
El Año Litúrgico, ¿cuántos ciclos tiene?
Tiene dos:
Ciclo temporal
cristológico: en torno a Cristo. Ciclo santoral: dedicado a la Virgen
y los santos. A su vez, el ciclo temporal cristológico tiene
dos ciclos:
El ciclo de Navidad, que comienza con el tiempo
de Adviento y culmina con la Epifanía. El ciclo Pascual, que
se inicia con el miércoles de ceniza, Cuaresma, Semana Santa,
Triduo Pascual y culmina con el domingo de Pentecostés. El ciclo
de Navidad: comienza a finales de noviembre o principio de
diciembre, y comprende: Adviento, Navidad, Epifanía.
Adviento: tiempo de alegre espera,
pues llega el Señor. Las grandes figuras del Adviento son:
Isaías, Juan el Bautista y María. Isaías nos llena de
esperanza en la venida de Cristo, que nos traerá la
paz y la salvación. San Juan Bautista nos invita a
la penitencia y al cambio de vida para poder recibir
en el alma, ya purificada y limpia, al Salvador. Y
María, que espera, prepara y realiza el Adviento, y es
para nosotros ejemplo de esa fe, esperanza y disponibilidad al
plan de Dios en la vida.. Y además, estamos en
pleno mes de María. ¿Qué color se usa en el
Adviento? Morado, color austero, contenido, que invita a la reflexión
y a la meditación del misterio que celebraremos en la
Navidad. No se dice ni se canta el Gloria, estamos
en expectación, no en tiempo de júbilo. Durante el Adviento
se confecciona una corona de Adviento; corona de ramos de
pino, símbolo de vida, con cuatro velas (los cuatro domingos
de Adviento), que simbolizan nuestro caminar hacia el pesebre, donde
está la Luz, que es Cristo; indica también nuestro crecimiento
en la fe, luz de nuestros corazones; y con la
luz crece la alegría y el calor por la venida
de Cristo, Luz y Amor.
Navidad: comienza el 24 de diciembre
en la noche, con la misa de Gallo y dura
hasta el Bautismo de Jesús inclusive. En Navidad todo es
alegría, júbilo; por eso el color que usa el sacerdote
es el blanco o dorado, de fiesta y de alegría.
Jesús niño sonríe y bendice a la humanidad, y conmueve
a los Reyes y a las naciones. Sin embargo, ya
desde su nacimiento, Jesús está marcado por la cruz, pues
es perseguido; Herodes manda matar a los niños inocentes, la
familia de Jesús tiene que huir a Egipto. Pero Él
sigue siendo la luz verdadera que ilumina a todo hombre.
Epifanía:
el día de Reyes es la fiesta de la manifestación
y revelación de Dios como luz de todos los pueblos,
en la persona de esos reyes de Oriente. Cristo ha
venido para todos: Oriente y Occidente, Norte y Sur, Este
y Oeste; pobres y ricos; adultos y niños; enfermos y
sanos, sabios e ignorantes.
El ciclo Pascual comprende Cuaresma, Semana Santa,
Triduo Pascual, y Tiempo Pascual.
Cuaresma: es tiempo de conversión, de
oración, de penitencia y de limosna. No se dice ni
se canta el Gloria ni el Aleluya. Estos himnos de
alegría quedan guardados en el corazón para el tiempo pascual.
Se aconseja rezar el Via Crucis cada día o, al
menos, los viernes, para unirnos a la pasión del Señor
y en reparación de los pecados.
Semana Santa y Triduo Pascual:
tiempo para acompañar y unirnos a Cristo sufriente que sube
a Jerusalén para ser condenado y morir por nosotros. Es
tiempo para leer la pasión de Cristo, descrita por los
Evangelios, y así ir sintonizando con los mismos sentimientos de
Cristo Jesús, adentrarnos en su corazón y acompañarle en su
dolor, pidiéndole perdón por nuestros pecados. Estos días no son
días para ir a playas ni a diversiones mundanas. Es
una Semana Santa para vivirla en nuestras iglesias, junto a
la comunidad cristiana, participando de los oficios divinos, rezando y
meditando los misterios de nuestra salvación: Cristo sufre, padece y
muere por nosotros para salvarnos y reconciliarnos con su Padre
y así ganarnos el cielo que estaba cerrado, por culpa
del pecado, de nuestro pecado.
Tiempo Pascual: tiempo para celebrar
con gozo y alegría profunda la resurrección y el tiempo
del Señor. Es la victoria de Cristo sobre la muerte,
el odio, el pecado. Dura siete semanas; dentro de este
tiempo se celebra la Ascensión, donde regresa Cristo a la
casa del Padre, para dar cuenta de su misión cumplida
y recibir del Padre el premio de su fidelidad. En
Pentecostés, la Iglesia sale y se hace misionera, llevando el
mensaje de Cristo por todo el mundo.
El ciclo Santoral está
dedicado a la Virgen y a los santos: Cada uno de
los Santos es una obra maestra de la gracia del
Espíritu Santo. Así dijo el papa Juan XXIII en la
alocución del 5 de junio de 1960. Por eso, celebrar
a un santo es celebrar el poder y el amor
de Dios, manifestados en esa creatura. Los santos ya consiguieron
lo que nosotros deseamos. Este culto es grato a Dios,
pues reconocemos lo que Él ha hecho con estos hombres
y mujeres que se prestaron a su gracia. “Los santos,
–dirá san Atanasio- mientras vivían en este mundo, estaban siempre
alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua” (Carta 14).
Este culto también es útil a nosotros, pues serán intercesores
nuestros en el cielo, para implorar los beneficios de Dios
por Cristo. Son bienhechores, amigos y coherederos del Cielo. Así
lo expresó san Bernardo: “Los santos no necesitan de nuestros
honores, ni les añade nada nuestra devoción. La veneración de
su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo
que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos,
se enciende en mí un fuerte deseo” (Sermón 2). Tenemos
que venerarlos, amarlos y agradecer a Dios lo que por
ellos nos viene de Dios. Son para nosotros modelos a
imitar. Si ellos han podido, ¿por qué nosotros no vamos
a poder, con la ayuda de Dios? Sobre todos los santos
sobresale la Virgen, a quien tenemos que honrar con culto
de especial veneración, por ser la Madre de Dios. Ella
es la que mejor ha imitado a su Hijo Jesucristo.
Además, Cristo, antes de morir en la cruz, nos la
ha regalado como Madre.
Tiempos del Año Litúrgico El
año litúrgico es un tiempo simbólico, un signo de salvación
que recorre el círculo completo de las estaciones del año
solar, siendo portador de una significación y de un poder
de salvación, que no es otro que el misterio de
Cristo, centro y culmen de toda realidad simbólica cristiana.
El
año litúrgico tiene una estructura que distribuye y articula las
celebraciones de la comunidad cristiana, siguiendo unos períodos de tiempos
variables según su situación en el año o ligados a
determinadas fechas del calendario; es decir, propio del Tiempo y
Santoral.
El año litúrgico consta de tres ciclos temporales: Pascua, Navidad
y Tiempo ordinario, y de un conjunto de solemnidades y
de fiestas del Señor, de la Virgen María y de
los Santos.
1. CICLO PASCUAL
El ciclo pascual consta de:
-El Triduo pascual -El
Tiempo de Pascua -El Tiempo de Cuaresma
a) El Triduo Pascual
La Iglesia
celebra cada año los grandes misterios de la redención de
los hombres desde la Misa vespertina del jueves "en la
Cena del Señor" hasta las Vísperas del domingo de Resurrección.
Este
período de tiempo se denomina "Triduo pascual", porque con su
celebración se hace presente y, se realiza el misterio de
la Pascua, es decir, el tránsito del Señor de este
mundo al Padre.
El Jueves Santo
Con el Jueves Santo termina la
cuaresma y se inicia el Triduo pascual.
La misa, "en la
Cena del Señor" evoca la última cena en la cual
el Señor, habiendo amado hasta el extremo a los suyos
que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su
Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y
de vino y los entregó a los Apóstoles para que
los consumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores también lo
ofreciesen.
La celebración vespertina está centrada en la institución de la
Eucaristía y del Orden sacerdotal, y en el mandamiento nuevo
del Señor.
El Viernes Santo
En este día, en que "ha sido
inmolada nuestra víctima pascual: Cristo", la iglesia, meditando sobre la
Pasión de su Señor y adorando la Cruz, conmemora su
nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e
intercede por la salvación de todo el mundo.
La Iglesia, siguiendo
una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía.
Se distribuye la Comunión solamente durante la celebración.
El tono triunfal
y victorioso de toda la liturgia de este día es
reflejo de la teología de San Juan, que presenta la
cruz como el momento de la glorificación de Jesús.
El
Sábado Santo
Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al
sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso
a los infiernos, y esperando su resurrección. En este día
no se celebra la Eucaristía.
La Vigilia Pascual y el Domingo
de Pascua
Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de
vela en honor del Señor. Es la "madre de todas
las santas Vigilias". Durante la Vigilia Pascual, la Iglesia espera
la resurrección del Señor y celebra los sacramentos de la
iniciación cristiana.
El Domingo de Resurrección es el tercer día del
Triduo. Es el domingo de los domingos.
La Vigilia Pascual
La Vigilia
consta de las siguientes partes:
Los ritos iniciales están constituidos por
el Lucernario, que nos ofrece el simbolismo de la luz;
La Liturgia de la Palabra presenta la historia de la
salvación convertida en anuncio de la Pascua del Señor, que
culmina en el evangelio; La Liturgia Bautismal es doble: el rito
bautismal y la renovación de las promesas bautismales; La Liturgia Eucarística:
la celebración eucarística tiene una fuerza especial: es la Eucaristía
más importante del año litúrgico.
b) El Tiempo Pascual, experiencia del
Resucitado La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo
pascual. Los 50 días que van del Domingo de Resurrección
al de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo
día festivo, más aún, como el "gran domingo". El tiempo pascual
es el tiempo de la presencia y de la experiencia
del Señor Resucitado entre los suyos. El domingo de Pentecostés es
el colofón de Pascua. No es una pascua paralela a
la de Resurrección, sino el culmen pascual en el que
se da el don del Espíritu y nace la Iglesia.
c)
El Tiempo de Cuaresma Los grandes temas que nos ofrecen
las lecturas y los textos eucológicos de este tiempo pueden
reducirse a la Pascua, los sacramentos, el desierto, la Alianza
y la conversión. No son los únicos, pero sí los
que tienen el valor aglutinador. La cuaresma es un camino
hacia la Pascua. Cristo, por el misterio pascual, ha hecho
la Alianza eterna con el pueblo; los sacramentos de la
iniciación cristiana que exigen una conversión constante, nos introducen progresivamente
en el misterio de Cristo muerto y resucitado. El tiempo de
cuaresma está ordenado á la preparación de la celebración de
la Pascua. Prepara tanto a los catecúmenos como a los
fieles a celebrar el misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia
los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la "elección"
y los "escrutinios", como por la catequesis. Los fieles, por
su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra
de Dios y a la oración, y mediante la penitencia,
se preparan a renovar sus promesas bautismales.
2. CICLO DE NAVIDAD Navidad
y Epifanía están inseparablemente unidas. Podemos decir que celebran dos
aspectos del mismo misterio. La Navidad surgió en Occidente. La
Epifanía, en Oriente. Pero ambas fueron aceptadas y celebradas complementariamente. En
la Navidad es el misterio del nacimiento del Mesías, el
Hijo de Dios, el que se acentúa y celebra. En
la Epifanía celebramos la manifestación de su divinidad, su carácter
de Salvador a los Magos, al pueblo judío en el
Jordán y en el milagro de Caná. La Navidad es el
encuentro de lo "divino con lo humano y lo humano
con lo divino". Navidad es cercanía. Epifanía es la visibilidad
gloriosa de su divinidad. Es el misterio de un Dios
que viene, que está y que se manifiesta. El misterio de
la Venida no se celebra como un recuerdo, aniversario entrañable,
sino que es una realidad actual. Navidad es nacimiento y
venida y aparición "hoy". El misterio se nos hace presente
y se nos comunica en la celebración litúrgica. El "Dios
con-nosotros" quiere en cada Navidad hacer de los cristianos "nosotros-con-Dios":
hijos, partícipes de su nuevo nacimiento y de su vida. El
ciclo natalicio comprende también un tiempo de preparación que se
denomina:
Adviento, que comienza en las vísperas del domingo más
próximo al 30 de noviembre y termina en las vísperas
del día 24 de diciembre. En el tiempo de Adviento distinguimos
una doble perspectiva: una existencial y otra cultual o litúrgica.
Ambas perspectivas no sólo no se oponen, sino que se
complementan y enriquecen mutuamente. La espera cultual, que se consuma
en la celebración de la fiesta de Navidad, se transforma
en esperanza escatológica proyectada hacia la Parusía final, dotando de
este modo nuestra experiencia religiosa cristiana de una fuerza peculiar
y de un dinamismo lleno de eficacia. Por estas razones
el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación
piadosa y alegre. Todo el misterio de la esperanza cristiana
se resume en el Adviento, Al mismo tiempo, es preciso
afirmar que la espera del Adviento invade toda nuestra experiencia
cristiana, la envuelve y encuentra en ella una dimensión nueva. Las
primeras semanas del Adviento subrayan el aspecto escatológico de la
espera abriéndose hacia la Parusía final; en la última semana,
en cambio, a partir del 17 de diciembre, la Liturgia
del Adviento centra su atención en torno al acontecimiento histórico
del nacimiento del Señor, actualizado sacramentalmente en la fiesta.
3. EL
TIEMPO ORDINARIO Además de los tiempos que tienen un carácter propio,
quedan 33 ó 34 semanas en el curso del año,
en las que no se celebra algún aspecto peculiar del
misterio de Cristo, sino más bien se recuerda el mismo
misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este
período de tiempo recibe el nombre de Tiempo Ordinario.
Es un Tiempo todavía poco conocido en su estructura, contenido
y expresión de fe. La importancia de este Tiempo se centra
en conseguir la progresiva asimilación del misterio de Cristo por
parte de los fieles, porque semana tras semana y día
tras día se presenta toda la vida histórica de Jesús,
vista siempre a la luz del misterio pascual. Este tiempo nos
ofrece igualmente, la dinámica interna del crecimiento y la realización
del Reino de Dios en este mundo. Los domingos y
semanas anteriores al bloque de Cuaresma-Pascua sirven para introducirnos en
la predicación y actualización del Reino de Dios por parte
del Jesús histórico. Mientras que los domingos y semanas posteriores,
sirven para centrarnos en la experiencia que del Reino de
Dios ha de hacer la Iglesia pospascual de los tiempos. El
Tiempo Ordinario comienza el lunes que sigue al domingo posterior
al 6 de enero y se extiende hasta el martes
antes de Cuaresma inclusive: de nuevo se reanuda el lunes
después del domingo de Pentecostés y termina antes de las
primeras Vísperas del domingo de Adviento.
Las fiestas del
Año Litúrico El tiempo celebrativo
La fiesta como espacio cronológico y marco
de la celebración, hace posible la inserción plena del acontecimiento
celebrado en la vida de los hombres. El clima que
se palpa en la celebración hace que ese tiempo de
celebrar sea distinto del tiempo ordinario y común, en el
que no sucede nada. El hombre vive el tiempo festivo
como una inclusión de la eternidad en nuestro presente fugaz
e inexorable. Por eso encuentra este tiempo feliz y gratificante.
A
estas notas humanas se añaden las específicamente cristianas del tiempo
celebrativo de la liturgia, un tiempo que se convierte en
acto de culto y en oportunidad de salvación presidido por
la eucaristía.
Las notas características de la fiesta cristiana podemos sintetizarlas
de la siguiente manera:
- La fiesta es símbolo de la
presencia del Señor en medio de los suyos.
- Tiene
un valor escatológico como figura, prenda y anticipo de lo
que está por venir: la vida eterna.
- El culmen
de toda fiesta cristiana por excelencia es el domingo, anterior
a cualquier fiesta o tiempo litúrgico. Las diversas fiestas y
tiempos litúrgicos, organizados posteriormente descansan sobre los domingos.
- Los
dos factores que determinan el tiempo de la celebración son
el factor cósmico y el factor histórico.
- En el examen
de las fiestas cristianas encontramos una relación constante entre las
estaciones del año y las fiestas litúrgicas.
- Es claro que
en la constitución del domingo como fiesta cristiana prima el
hecho histórico: la muerte y la resurrección de Cristo. Pero
el hecho cósmico no está ausente.
- Se impone el ritmo
repetitivo semanal, como criterio para elegir y señalar el día
de reunión de los cristianos para celebrar su fiesta. Y
el ritmo semanal es claramente un ritmo lunar: es la
fracción del período mensual determinado por los ciclos de la
luna.
Junto a esta celebración semanal pronto aparece la celebración anual:
La Pascua. También aquí encontramos una síntesis entre el tiempo
histórico y el cósmico. El año es el resultado del
ciclo solar con sus cuatro estaciones.
Siguiendo la tradición Judía,
los cristianos elegirán para la fiesta anual de la resurrección,
el equinoccio de primavera: punto de equilibrio entre el día
y la noche, momento de resurgimiento de la vida nueva
en la naturaleza, de renacimiento de la vida. A ésto
se añadirá un simbolismo complementario: la luna llena, la plenitud
de la luz.
La liturgia elegirá otro momento del año para
celebrar las fiestas de la fe: el solsticio de invierno,
el tiempo que los días empiezan a crecer y parece
que el sol renace. Este contexto servirá para celebrar el
otro hecho histórico de nuestra fe: el nacimiento de Cristo,
verdadero Sol que vence la tiniebla. Tenemos el tiempo de
Navidad.
Alrededor de estos dos ejes del año, Pascua y Navidad,
se articulan otras fechas festivas: los dias natales de los
seguidores más inmediatos de Cristo: María, los apóstoles, los mártires,
etc.
El retorno regular de estas fiestas constituye los ciclos de
la celebración cristiana, sus ritmos y cadencias, la liturgia llama
a esta estructuración de los tiempos celebrativos año litúrgico y
considera a éste como el marco y la entraña de
su fiesta, como las auras de la eternidad del Reino.
Es
por todo esto que decimos que las principales solemndades son
"moviles"
El calendario litúrgico
El tiempo está dividido en períodos que marcan
la vida, las actividades y las fiestas de los hombres.
Los cristianos tienen también una distribución del tiempo en el
que celebran los misterios de Cristo y expresan su fe.
Es el calendario litúrgico. Tiene su propio ritmo, una sucesión
de fiestas y una alternancia de tiempos.
La liturgia cristiana ha
establecido divisiones en el tiempo para distribuir en ellas las
distintas celebraciones del misterio de Cristo. El calendario litúrgico se
establece conforme a estos ritmos:
Diario: cada día es santificado por
las celebraciones del pueblo de Dios, principalmente por la Eucaristía
y la liturgia de las Horas. Semanal: gira entorno al domingo,
día del Señor y fiesta primordial de los cristianos. Anual: cuenta
con 52 semanas y a través de ellas se desarrolla
todo el misterio salvífíco de Cristo, cuya fiesta principal es
el Triduo Pascual.
- Solemnidades, fiestas y memorias Solemnidad: Es la máxima
clasificación de una celebración (fiesta muy importante). Su celebración comienza
en las primeras vísperas del día precedente. Fiesta: Es una
celebración importante que sale del común del tiempo ordinario, a
través de él se celebran los misterios de nuestra salvación. Memoria:
Es la celebración que conmemora de manera libre u obligada
a un santo. Feria: Se denomina así a los días de
la semana que siguen al domingo. En ella no hay
oficio propio, ni memoria de algún santo. Son privilegiadas las
ferias del miércoles de ceniza y de semana santa y
las ferias de adviento del 17-24 diciembre.
- Solemnidades y fiestas
del Señor Forman parte de la memoria y de la celebración
que la Iglesia hace del misterio de Cristo a lo
largo del año y están relacionadas con los tiempos litúrgicos
específicos más cercanos: Están relacionadas con la Navidad: la Presentación y
la Anunciación. Están relacionadas con Pascua: Trinidad, Corpus, el Corazón
de Jesús, la Transfiguración, la Exaltación de la Cruz, etc.
La Solemnidad de Cristo, Rey, que abre y prepara el
Adviento y es recuerdo de la última venida del Señor,
se relaciona con los dos ciclos y hace de enlace
entre un año que termina y otro que comienza.
-
Solemnidades y fiestas de la Virgen Santísima En el culto a
la Virgen la Iglesia admira y ensalza el fruto más
espléndido de la redención, en la que ella tuvo activa
participación. A lo largo de todo el año, aunque estas solemnidades
y fiestas están en el Santoral, deben contemplarse en especial
conexión con el Año Litúrgico. Sus relaciones son: Se relacionan con
Adviento: la Inmaculada, la Anunciación, la Visitación. Se relacionan con
Navidad-Epifanía: Madre de Dios, Natividad de María, Sagrada Familia, Presentación
de María. Se relacionan con Pascua; Asunción, Dolores, Corazón de
María, Carmen y muchas otras advocaciones con que el pueblo
cristiano venera a la Virgen María.
- Los Santos en
el Año Litúrgico La santidad es un atributo de Dios y
de su Hijo, es también un don de Dios a
su pueblo, el don de Cristo a su Iglesia y
a cada uno de sus miembros. El título de santo se
atribuye a aquellos cristianos que han vivido con mayor plenitud
su pertenencia a Crisfo. Celebrar a un santo es celebrar
a Dios, darle gracias, reconocer su presencia en nuestra historia.
El día de su muerte o nacimiento para la vida
futura se considera el día más propio para recordarlos, y
así lo hace la Iglesia en su Liturgia. Las celebraciones del
Tiempo Ordinario y del Santoral van completando, a lo largo
del año, el recuerdo y la actualización del Misterio pascual,
tanto en la evocación de la vida histórica de Jesús
como en su cumplimiento en la vida de la Madre
de Dios y de los que se distinguieron como los
más fieles testigos de la fe y del evangelio.
Catequesis en audio:
El Papa Benedicto XVI emitió su Motu
Proprio “Summorum Pontificum”, que concede un indulto que permite celebrar
la misa tridentina sin necesidad de solicitar permiso al obispo.
Aprende qué es un Motu Proprio y las implicaciones de
este documento.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Señores buenas noches les quiero comentar que el
audio de este capítulo y el anterior no se escucha
bien el audio se oye entrecortado; fueron tan
amables de verificarlo. Muchas gracias por su
atención; que Dios los bendiga.
Radico en el área metropolitana del de la ciudad de
México.
Me gusta mucho todo del Oficio Divino.
Pero necesito ahora tambien las Primeras Visperas del día 27 de noviembre un sábado de la II semana del salterio. Me gustaria telo pronto y no necesitar copiar del libro de Oficio. Es posible? Puedes ayudarme???? Gracias Es para la celebracion del sáb. 27 noviembre 2010
realmente es una pagina muy intersante para nosotros los cristianos, especialmente para mi me ha sido de gran utilidad, ya que pertenesco a una comunidad, la comunidad de la visitacion y la eucaristia y constantemente tengo que buscar tema de formacion ya sea para mi programa creciendo en comunidad o para la formacion en la familia de la comunidad, asi que agradesco a Dios haber encontrado a catholic .net. que el señor les bendiga y fortalesca su trabajo.