Autor: Conferencia Episcopal Chile | Fuente: Conferencia Episcopal Chile El Kerygma según el Nuevo Testamento
Proclamación de un mensaje por quien el Padre Dios por su Mesías ofrece y hace realidad el Reino en el mundo .
El Kerygma según el Nuevo Testamento
I- Significado de los términos 1- Significado
Kérygma, sustantivo abstracto: a)- lo que se
anuncia por medio del heraldo, de aquí “mensaje” como
resultado del acto de proclamar, y b)- el mismo acto
de vocear, proclamar, al igual que el verbo. K?rýssein, verbo: “proclamar,
pregonar, anunciar, dar a conocer, predicar”. Kéryx, sustantivo concreto: “heraldo, pregonero,
predicador”. Por tanto, kéryx es “quien proclama”, k?rýssein es “la
acción de proclamar”, y kérygma es principalmente el contenido de
la proclamación, es decir, el “mensaje”. 2- En el Nuevo Testamento
2.1- Frecuencias
Kéryx o
“heraldo” sólo 3 veces, kérygma o “mensaje” 8 veces, y
k?rýssein o “proclamar” 61 veces, distribuido así: 32 veces en
los Sinópticos, 8 en los Hechos de los Apóstoles, 19
en las cartas paulinas, 1 vez en 1 Pedro, y
1 vez en Apocalipsis. El verbo k?rýssein no aparece en
la literatura joanea ni en la carta a los Hebreos
ni en Santiago.
2.2- Kéryx o “heraldo”
“Heraldo” (kéryx) aparece en 1
Tim 2,7; 2 Tim 1,11 y 2 Pe 2,5, todos
escritos tardíos. Porque Cristo es el verdadero heraldo de Dios,
tiende a desaparecer la función del heraldo humano referido a
los misterios de Dios. Cristo no sólo es el heraldo
o mensajero, sino también el mensaje y su principal proclamador.
San Juan presenta a Jesús como el exegeta del Padre
(Jn 1,18) y Lucas como el hermeneuta de su voluntad
contenida en la Sagrada Escritura (Lc 24,27).
La función de
“heraldo” en el NT la cubren otras funciones: el apóstol,
el profeta, el maestro, el evangelizador…, todos ministros de la
palabra que -con un mensaje determinado- son enviados “en el
nombre de Jesús” por el Espíritu o los dirigentes de
la Iglesia con autoridad oficial y jurídica (Mt 10,7; Hch
13,1-3).
Una gran diferencia: mientras el mundo griego concede un
estatus de intocable a sus heraldos, en el NT los
que cumplen esta función son perseguidos por “los lobos” (Mt
10,16), apedreados y mandados matar (21,33-45). Con todo, éstos pueden
desaparecer, pero el mensaje cristiano no está encadenado y es
eficaz (2 Tim 2,9); por tanto, aunque desaparezcan los predicadores,
la Buena Nueva se conserva y se propaga por todo
el mundo (2 Tes 3,1).
2.3- Kérygma o “mensaje”
“Mensaje” (kérygma) se
emplea 8 veces en el NT: Mt 12,41; Lc 11,32;
Rm 16,25; 1 Cor 1,21; 2,4; 15,14; 2 Tim 4,17;
Tit 1,3. Rm 16,25: el kérygma es Cristo Jesús en cuanto
Mesías muerto y resucitado para salvación de todos y en
cuanto promesa cumplida por el Padre y anunciada por los
profetas del AT (ver Mt 12,41 y Lc 11,32).
1
Cor 1,21: el mensaje exige la adhesión de fe, instaura
la salvación e inaugura procesos de conversión, aunque el mensaje
le parezca a muchos (sobre todo a los judíos) una
locura, pues no es un discurso por sobre todo sabio
y persuasivo, que funde su efectividad en la retórica del
heraldo, sino en el poder del Espíritu (2,4); la fe
cristiana no estriba «en sabiduría de hombres, sino en la
fuerza de Dios» (2,5).
1 Cor 15,14-15: el contenido distintivo
del kérygma es la resurrección de Cristo Jesús, pues si
Cristo no ha resucitado ningún mensaje cristiano ni ninguna adhesión
de fe tienen sentido y el heraldo no sería más
que un falso testigo.
Tit 1,3: El heraldo recibe la
autoridad de parte de Dios para manifestar su palabra mediante
el mensaje que debe predicar y así llevar a los
elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de
la verdad (1,1).
2 Tim 4,17: porque ha sido enviado
por el Señor, el heraldo cuenta -en medio de la
soledad y las persecuciones- con la permanente asistencia de quien
lo envío, por lo que no tiene razones para parcializar
el mensaje o decaer en la tarea de anunciarlo a
todo quien quiera oírlo.
2.4- K?rýss? o “proclamar”
“Proclamar” (k?rýss?) aparece 61
veces en el NT. El acento, por tanto, se pone
en el acto de anunciar, en el kérygma como acontecimiento
de comunicación. El “heraldo” propiamente no existe en el NT,
y respecto al “mensaje”, cuando se trata de fijar su
contenido, siempre hay un margen de posibilidades en cuanto a
incluirlos o excluirlos.
Con el mismo acto de anunciar se
pone en juego el dinamismo transformante de la Buena Nueva
(propuesta) y se invita a la conciencia y libertad humanas
a la adhesión vital (respuesta). Basta anunciar el kérygma para
que adquiera carácter de diálogo: el anuncio del kérygma espera
una respuesta porque es propuesta divina que interpela al hombre
como tal.
La proclamación del kérygma, aceptado por la fe
y la conversión, pone en acto el Reino de Dios,
sus valores y su cosmovisión. Aceptar el kérygma es derrotar
toda otra soberanía que no sea la trinitaria: la de
Satanás, la de los espíritus impuros, la de los ídolos,
la del pecado y la maldad, la de las potencias
del cielo y de la tierra (Flp 2,9-11)... Por esto,
la adhesión al kérygma introduce al discípulo en el Reino
de Dios.
Los tres elementos constitutivos del kérygma según el NT
son:
a- El acto de anunciar, de comunicar por parte de
un heraldo (apóstol, profeta, maestro, evangelizador)… b- Un mensaje o contenido… c- Que se
transforma acontecimiento de salvación en todo aquel que lo acoge
por la fe y la conversión.
El kérygma es la proclamación
(acto de anunciar) de un mensaje (contenido) por quien el
Padre Dios por su Mesías ofrece y hace realidad el
Reino en el mundo (acontecimiento salvífico; cfr. Rm 10,14-17).
II- El kérygma
como acto de comunicación
El kérygma es una proclamación, y proclamando
alcanza realidad lo divulgado: 1 Cor 1,21. La salvación, según
Pablo, viene por la proclamación apostólica (k?rýss? como comunicación). Que el
acto de comunicación es importante lo revela la frecuencia del
verbo “proclamar”: 61 veces en el NT, en cambio “heraldo”
3 veces y “mensaje” 8 veces. Como acto de comunicación,
“proclamar” es sinónimo de otros verbos en el NT: “hablar”
(légein) “confesar” (homologe?n), “enseñar” (didáskein), “decir” (leg?), “evangelizar” (e?angelízesthai), “testimoniar”
(martyre?n)…
Algunos de estos actos de comunicación buscan suscitar la
fe inicial (el kérygma), otros profundizar o formar esa fe
inicial, acompañando el conocimiento creciente y la adhesión fiel a
Jesús (didajé o enseñanza), y otros exhortar a los discípulos
del Señor para que, por las dificultades y las percusiones,
no abandonen ni se debilite su seguimiento (homilé? o predicación).
Kérygma, enseñanza y homilía son los principales ministerios de la
palabra con los que la Iglesia de los primeros siglos
servía la evangelización. Los Hechos de los Apóstoles nos ayudan
a responder una pregunta importante: ¿cómo deben ser estos actos
de comunicación en vista a la evangelización? En cuanto al…
a- Modo:
“charlando”, “enseñando” (4,18), “dialogando”, “conversando con familiaridad” (20,11). b- Argumentación: “discutiendo” (17,2.17),
“persuadiendo” (18,4; 19,18). c- Tiempo: una “larga conversación” (15,32). d- Compromiso del
heraldo: “declarando enfáticamente” (28,23). e- Lugar: en el desierto (Mt 3,1), ciudades
(11,1) y sinagogas (Hch 9,20); entre nosotros (1 Tes 2,9),
en la Decápolis (Mc 5,20) y entre los gentiles (Gál
2,2); en todo el orbe (Mt 24,14), en todo el
mundo (26,13), en toda la creación (Col 1,23). f- Contenido: la
“Palabra del Señor” (8,25; 15,35) o “de Dios” (18,11), todo
“el plan de Dios” (20,27), el “reino de Dios” (19,8),
la buena nueva “de Jesús” en cuanto “Mesías y Señor”
con el sentido de su vida, según las Escrituras (5,42;
11,20).
Demos un paso más. Cuando se trata de ministerios
de la palabra se pone el énfasis en el lenguaje
humano con su capacidad de ser mediación de relaciones interpersonales;
es decir, se pone en ejercicio la principal finalidad del
lenguaje, la de comunicarnos. El kérygma, la enseñanza y la
homilía, por tanto, al ser actos de comunicación, emplean preferentemente
determinadas funciones de la palabra o del lenguaje humano que
ahora pasamos a considerar.
Las funciones del lenguaje -según BÜHLER-
son tres: informar, expresar e interpelar.
a- Función de informar (“dar forma”,
enseñar). El “signo lingüístico” se transforma en símbolo al ponerse en
relación con objetos y situaciones: decir o escribir “silla” es
el símbolo por el que me refiero a tal objeto
y no a tal otro (una “mesa”, por ejemplo). De
este modo, el lenguaje se concentra en el objeto (tema
o cosa) haciéndose informativo.
“Informa” quien describe o relata lo
más exactamente posible la cosa o la acción que presenció.
Mientras mejor el signo (palabra) se adecué con la cosa
(objeto designado) más fiel se es. Se trata de la
función más objetiva de las tres. Generalmente se usa la
tercera persona para esta función (“él”).
La enseñanza en cuanto
lenguaje entendido como acto de comunicación (teología, catequesis…) se ejerce
empleando sobre todo la función de informar, esto es, busca
dar forma al conocimiento inicial del creyente mediante la argumentación,
la instrucción, la especulación…, acciones que requieren tiempo y pedagogía.
b- Función
de expresar (“sacar fuera”, revelar). El “signo lingüístico” se vuelve síntoma
o indicio cuando se emplea para manifestar la interioridad de
quien habla. Entonces, el lenguaje se concentra en el locutor,
volviéndose expresivo, pues manifiesta el mundo interior del hablante.
“Expresar”
es vital para la comunicación y la comunión de las
personas. Se trata de una función de carácter subjetiva, pues
por la palabra se sale de sí y se ofrece
al otro el mundo interior. Se emplea generalmente la primera
persona (“yo”).
El kérygma en cuanto lenguaje entendido como acto de
comunicación emplea sobre todo la función de expresar, de aquí
la importancia del carácter testimonial del kérygma como acontecimiento salvífico
en uno, en la Iglesia y en el mundo. Adquiere,
pues, forma de declaración enfática, al modo de confesión entusiasta,
convencida y convincente…, acto que requiere valentía y audacia.
c- Función de
convocar o interpelar (“llamar a”, exhortar). El “signo lingüístico” se hace
señal cuando ofrece pistas para transformar sentimientos, pensamientos y conductas.
El lenguaje tiene la capacidad de “im-presionar” y “con-vocar”. Lo
hace cuando se concentra en el destinatario, e interpela e
invita, es decir, “convoca a”. El mismo diálogo sincero que
expresa la propia interioridad es ya invitación a que el
otro haga lo mismo y res-ponda ofreciendo a su vez
su interioridad. Quien “se des-vela” por sus palabras (“corre el
velo que lo cubre”) invita a su interlocutor a hacer
lo mismo. Se trata de la función social del lenguaje
que tiene por principal finalidad generar comportamientos y actitudes nuevas.
De modo preferente se emplea la segunda persona (“tú”).
La
homilía en cuanto lenguaje entendido como acto de comunicación emplea
sobre todo la función de interpelar y convocar, por ello
exhorta, interpela, amonesta, persuade… para que se fortalezca en el
discípulo la fe, se suscite la conversión, la práctica de
los sacramentos y los mandamientos, la vida en la Iglesia.
Por
tanto, mientras el kérygma como acto de comunicación pone en
juego sobre todo la función de expresar (el lenguaje se
hace “síntoma”), la enseñanza la función de informar (el lenguaje
se hace “símbolo”), y la homilía la función de convocar
(el lenguaje se hace “señal”).
Volvamos al kérygma. Porque
es expresión, su lenguaje debe revelar la convicción profunda del
heraldo de que lo que proclama es viva realidad en
él, y de aquí su valentía, su entusiasmo y gozo,
transparentado en su anuncio. Se trata de que el kérygma
sea mediación de comunicación entre un “yo-con-fe” y un “tú-sin-fe”
al que se invita a adquirir la vida que el
heraldo vive. Para suscitar la fe, el heraldo no sólo
anuncia fielmente el contenido, sino también empeña su ardor misionero
que traspasa a su mismo acto de comunicación. Es decir,
en el kérygma no sólo importa lo qué se dice,
sino también cómo se dice (en Pentecostés los creen borrachos:
Hch 2,13.15). Con todo, el kérygma no se agota en
el acto de comunicación, pues es expresión de la Verdad
de salvación (contenido) que se hace propia por la obediencia
de fe (acontecimiento).
III- El kérygma como contenido
Los Hechos de los
Apóstoles y la literatura paulina nos ayudan a descubrir el
contenido básico del kérygma que, con el tiempo, se fue
enriqueciéndose por la reflexión teológica y por las necesidades de
catequesis y de celebración de fe. Aunque se hable de
un kérygma apostólico y de uno paulino, nuestro interés es
fijar lo que constituye el núcleo básico del kérygma según
el NT sin entrar en matizaciones.
Tomamos dos homilías de Pedro
que tienen destinatarios diversos: una a los judíos (Hch 2,14-41)
y la otra a los gentiles (10,34-43).
El siguiente cuadro presenta
temas y desarrollo teológico de la predicación de Pedro:
- INTRODUCCIÓN:
Hch 2,14-36, HOMILÍA A LOS JUDIOS: •
14: Pedro, «poniéndose de pie… alzó la voz y les
habló en estos términos…». • 14-21: Recurre a la Sagrada Escritura.
Hch 10,34-43,
HOMILÍA A LOS NO JUDIOS: • 34: Pedro «tomó entonces la palabra
y dijo…». • 34-35: Proclama la universalidad de la salvación ante gentiles.
- ANUNCIO DE LA BUENA NUEVA: Hch 2,14-36, HOMILÍA A LOS
JUDIOS: • 22: la Buena Noticia es Jesús de Nazaret, acreditado
con obras y palabras, constituido Señor y Mesías. • 23.32a: lo matan
en cruz según el designio de Dios, quién lo resucita
librándolo del dominio de la muerte. • 36: el Crucificado es
constituido por Dios “Señor” y “Mesías”. • 23.25-32: fundamentos bíblicos (AT) de
la resurrección. El perdón se alcanza en el “nombre de
Jesucristo” (v 38). • 32b: los discípulos de Jesús son los testigos
de la resurrección del Señor.
Hch 10,34-43, HOMILÍA A LOS NO
JUDIOS: • 36: la Buena Noticia es Jesucristo, Señor que otorga la
paz. • 37: todo comienza en Galilea, después que Juan predica el
bautismo. • 38: Jesús es “ungido” por el Espíritu; pasa por el
mundo haciendo el bien y liberando del dominio del Diablo. • 39-41:
en Judea, lo matan en cruz, resucita y se aparece
a algunos. • 36.42: el Crucificado es constituido “Señor” y “Juez de
vivos y muertos”. • 43: fundamentos bíblicos (Profetas) del perdón que se
alcanza en el “nombre de Jesucristo”. • 39.42: los discípulos son
los testigos enviados a predicar y dar testimonio.
- CONSECUENCIAS: Hch 2,14-36,
HOMILÍA A LOS JUDIOS: • 37-41: muchos israelitas se convierten, reciben
el don del Espíritu y se bautizan.
Hch 10,34-43, HOMILÍA A
LOS NO JUDIOS: • 44-48: Cornelio y los suyos se convier-ten, reciben
el Espíritu y se bautizan.
El desarrollo de estas homilías se
puede sintetizar en:
1- Una Introducción: a- Acto de proclamar dirigiéndose a sus destinatarios,
llamando su atención (“alzar la voz”, captatio benevolentia; Hch 10,34). b- Recurso
al AT (la Sagrada Escritura por entonces) interpretado desde el
misterio del Mesías; en el AT se escudriña el querer
de Dios respecto al Jesucristo. c- Proclamación de la buena nueva
de la salvación universal que interesa que escuchen tanto judíos
como gentiles.
2- Un contenido presentado como Buena Nueva: a- La Buena Nueva
es Jesús de Nazaret en cuanto Mesías y Señor, en
cuanto Juez y Señor de vivos y muertos. b- Ministerio de
Juan Bautista, quien bautiza a Jesús y a quien el
Padre celestial lo “unge” (= “mesías - cristo”) con el
Espíritu Santo. c- Primera etapa del ministerio de Jesús en Galilea: predica
que el Reino de Dios ya está presente, revela la
misericordia de Dios y su dominio sobre el mal (milagros
de curación de enfermedades) y los demonios (milagros de exorcismos)1
. d- Segunda etapa del ministerio de Jesús en Judea: lo matan
en una cruz, pero Dios lo resucita al tercer día;
luego, se aparece a los suyos. e- Todo lo sucedido corresponde
al designio de Dios presente en las Escrituras que afirman
que en el “nombre de Jesucristo” se alcanzaría el perdón
de los pecados. f- Jesús envía a los discípulos escogidos
como testigos de todos estos acontecimientos, y les encarga predicar
la salvación a judíos y gentiles.
3- Una consecuencia: a- Los que escuchan
el mensaje se convierten y se hacen bautizar y se
les otorga el don del Espíritu, formando parte de la
Iglesia, el nuevo pueblo de Dios.
De esta predicación primera
nacerán los evangelios tal como los conocemos. Marcos, el primer
evangelista, no fue apóstol y tomó la organización literaria de
su evangelio (la que siguió luego Mateo y Lucas) del
contenido básico del kérygma. Ahora bien, ¿todo lo que se
ha dicho pertenece al contenido del kérygma? No, puesto que
si el kérygma tiene por objeto suscitar la adhesión a
Jesús en cuanto Mesías y Salvador entre los no creyentes,
su contenido debe ser aquel núcleo básico de la fe
cristiana sin la cual es imposible dicha adhesión. Este núcleo
tendrá énfasis diversos según se anuncie a judíos o a
gentiles2 .
El núcleo del kérygma según el NT lo
constituye:
a- El recurso al AT (Lc 22,44: “Ley, Profetas, Salmos”)
para mostrar que lo que ocurrió con Jesús de Nazaret
es voluntad explícita de Dios. b- La confesión de que Jesús
de Nazaret como “Mesías” murió, fue sepultado y resucitó al
tercer día, y fue constituido “Señor” de todo y de
todos, y c- El sentido de la obra de Jesús: en “su
nombre” se ofrece la conversión y el perdón de los
pecados para salvación de todo el que crea. El dinamismo
de la salvación se sella por la unción del Espíritu
como don de Dios.
El kérygma, pues, es esencialmente la narración
a los que no creen de lo que Jesús -en
cuanto Mesías de Dios- hizo por mí. No es una
teoría o una filosofía, es decir, persuasión por argumentos de
razón. El contenido del kérygma es un hombre «nacido de
mujer» (Gál 4,4), Jesús de Nazaret, que se acerca a
todos como el Mesías de Dios, y que muere y
resucita para nuestra salvación, según lo tenía predestinado Dios a
Israel, su pueblo, en las Santas Escrituras. Ahora bien, como la
actualidad salvífica del kérygma forma parte de su contenido éste
es el tercer aspecto que pasamos a ver: el kérygma
como acontecimiento salvífico.
IV- El kérygma como acontecimiento de salvación
El kérygma proclama
un acontecimiento de salvación que transforma la persona y, por
ella, su entorno. Es la predicación de un acontecimiento que
se ofrece ahora y aquí, y que se hace actual
por la fe y la conversión (Rm 6,4). Por lo
mismo, heraldo es quien proclama lo que él primero está
viviendo: que en «el nombre de Jesucristo» (Mt 12,21) se
perdonaron sus pecados y es ya criatura nueva (Rm 8,15-17).
Jesús “proclama” el Reino (k?rýssein) en nombre de su Padre
(Lc 4,43-44), y su misma proclamación hace que el mensaje
sea realidad: “hoy” se hace realidad el «año de gracia
del Señor» por lo que los cautivos hoy son liberados,
los ciegos comienzan a ver y los cojos a andar
(4,17-21). Al ascender a los cielos, envía a los suyos
a proclamar la salvación “en su nombre” y los suyos
tienen clara conciencia que lo que hacen es “en nombre
del Señor Jesucristo”, puesto que “su nombre” es la única
garantía de actualidad del acontecimiento salvífico.
Por tanto, los discípulos,
al proclamar el kérygma, actualizan la salvación “en el nombre
de Jesús, el Señor” (Jn 2,23 y 3,18). En “su
nombre” se habla” (lale?n) y “se enseña” (didáskein) lo que
se ha visto y oído (Hch 4,17), se curan las
enfermedades, se expulsan los espíritus impuros y se purifican los
pecados (3,6.16). No hay, por tanto, otro nombre bajo los
cielos mediante el cual Dios conceda «a los hombres la
salvación sobre la tierra» (4,12).
El nombre del hijo de María
es “Jesús”, salvador de su pueblo (Mt 1,21). Como en
el mundo bíblico el nombre es la función, Jesús lleva
ese nombre porque fue puesto por Dios para salvar a
Israel. Ya en razón de su nombre propio, Jesús goza
de un rol y un honor significativo en la historia
de Israel: es su salvador. Esta función y el honor
que conlleva alcanzan su plenitud cuando se consideran los nombres
patrifiliales de Jesús: es “hijo” de Dios (2,15; 3,17), de
Abrahán (1,1), de David (1,1; 9,27) y de José (13,55).
Su enraizamiento en la historia israelita no sólo tiene los
ancestros de más honor que cualquier judío puede anhelar, como
Abrahán y David, sino al mismo creador y soberano de
Israel: Yahveh.
Proclamar el kérygma en el “nombre de Jesucristo” es,
por lo mismo:
a- Extender con autoridad sobre el pueblo de
Dios la enseñanza del hijo de Abrahán y del hijo
de David a quien hay que escuchar y obedecer, y
b- Extender con autoridad sobre los adversarios de Jesús (enfermedades, espíritus
impuros…) su poder de hijo de Yahveh, ungido con el
don del Espíritu, en quien hay que creer.
Pero no sólo
se actualiza el kérygma “en nombre de Jesús”, sino también
quién lo proclama debe ser enviado “por Jesús” y presentarse
“en su nombre”.
Al subir al cielo, Jesús confío su
misión y les dio autoridad a sus “apóstoles”, esto es,
a los “enviados” (Mc 3,14) como heraldos o «embajadores en
nombre de Cristo» (2 Cor 5,18-20) . Ellos son oficialmente
los enviados “en nombre del Señor” (1 Tim 2,7) a
comunicar el mensaje de la reconciliación (kérygma), instruir en la
fe (enseñanza) y animar y exhortar en el seguimiento fiel
del Señor (predicación). El kérygma no se puede separar del
“apostolado”, por lo que ser apóstol es proclamar con autoridad
delegada del Señor el kérygma: ¡para esto es enviado! Y
quien escucha o rechaza al heraldo, escucha o rechaza a
Jesús que lo envió “en su nombre” o representación (Lc
10,16).
Cuando el kérygma se anuncia “en nombre de Jesús”,
por la fe y la conversión, se hace acontecimiento salvífico
en el hoy del discípulo (Lc 2,11). Seguirá luego la
celebración del sacramento (24,30; Hch 2,42). La actualidad del acontecimiento
salvífico se reconoce por la transformación de las personas y
de las instituciones en orden al reinado de Dios (Lc
19,8).
Quien abre “su nombre” (su ser y quehacer) al
“nombre de Jesucristo” o proclamación del kérygma se hace portador
de su nombre (Hch 9,15), es decir, se convierte en
cristiano (11,26), «carta de Cristo redactada por ministerio nuestro -dice
Pablo-, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de
Dios vivo, y no en tablas de piedra, sino en
tablas de carne, es decir, en el corazón» (2 Cor
3,3).
El kérygma, por lo mismo, luego cristalizó en la tradición
apostólica en fórmulas de fe nominales o nombres cristológicos4
en relación íntima con la transformación que producen en
el creyente: Jesús es el Hijo del hombre por su
origen celeste y por su entrega al sufrimiento para salvar
lo que estaba perdido (Hch 7,56); es el Mesías o
Cristo por su unción con el Espíritu de Dios para
derrotar el señorío sobre nosotros de espíritus impuros y del
pecado (Hch 2,36); es el Santo y Salvador, porque es
el único mediante el cual Dios nos concede la salvación
sobre esta tierra (3,14), la que el pueblo judío «no
ha podido obtener con la ley de Moisés» (13,38); es
el Juez y Señor de vivos y muertos por su
exaltación a la diestra del Padre y por su actual
señorío no sólo sobre sus discípulos, sino sobre todo lo
que existe en el universo (2,36; Col 1,15-17).
La respuesta al
kérygma-acontecimiento, suscitada por el Espíritu, exige -por tanto- una confesión
de fe cristológica y soteriológica que impregne sentimientos, acciones y
cosmovisiones con los mismos motivos de Jesucristo (Rm 10,16-17; Ef
1,13-14)5 . Que todo quien lleva el nombre de Cristo
y se dice “cristiano”, todo lo que haga o diga
sea «en el nombre de Jesús, el Señor» (Col 3,17)
para que su nombre sea siempre glorificado (2 Tes 1,12).
V- Conclusión
¿Qué desafíos presenta la proclamación del kérygma en nuestro tiempo?
1- La estructura fundamental del kérygma según el NT contempla varios
aspectos que se reclaman y complementan subsidiaria y dinámicamente. Los
diversos aspectos son:
a- El kérygma escudriña la voluntad o plan salvífico
del Padre consignado sobre todo en las profecías mesiánicas del
AT.
b- El kérygma confiesa la identidad de Jesús de Nazaret
con el Cristo o Ungido de Dios, y se centra
en la proclamación de la fe apostólica en su misterio
pascual (muerte - resurrección - exaltación o señorío universal), según
las Escrituras; en el Ungido y por él se inaugura
el Reino de Dios que se proclama a toda criatura.
c- El kérygma acontece realmente por la fe y la conversión,
pues lo que se proclama “en nombre de Jesús” y
enviado por Jesús se hace acontecimiento salvífico en virtud del
Señor Jesús, de su palabra, su obra y su Espíritu.
El kérygma, aceptado con gozo, hace del chrónos (tiempo como
extensión) un kairós (tiempo como oportunidad) es decir, tiempo propicio
para la intervención salvífica de Dios.
El kérygma es la
proclamación del misterio pascual de Jesucristo (contenido), fundado en el
referente divino de la Sagrada Escritura (fuente), para salvación de
todo el que crea (finalidad) y hecho con conciencia ministerial
y entusiasmo testimonial (modo).
Así entendido y cronológicamente hablando, no
se toma de los evangelios, sino que el kérygma es
la fuente de los evangelios y del anuncio de la
Iglesia. Lo que ocurre es que, para describir el kérygma,
debemos acudir a los escritos del NT, pero esto no
significa que fueron dichos escritos lo que lo originaron.
2- No es
lícito decir -con algunas tendencias del mundo protestante y evangélico-
que el kérygma es la predicación en cuanto tal con
su llamada a la conversión que, independiente de su contenido,
se actualiza en el hoy del destinatario por la fuerza,
obra del Espíritu, que reside en el acto de predicar
la palabra. Tampoco es lícito decir -con algunas tendencias del
mundo católico- que es sólo su contenido, algo así como
la esencia misma del evangelio, restando efectividad a la palabra
de Dios en cuanto proclamación.
La aceptación de la Palabra
no sólo se juega en el acto de proclamar ni
sólo en la integridad del contenido, sino también en el
empuje apostólico del que exhorta y de su testimonio transformado
en signo de la llamada de Dios que abre a
la salvación (1 Tes 2,12).
3- La palabra “predicación” no es la
mejor para hablar del kérygma, pues el término se asocia
a “cosas de curas”, a un discurso acerca de Dios
y de la religión por parte de un sacerdote con
la finalidad de exhortar a la gente a que se
comporte bien. Incluso, al hablar de “predicación” se prejuzga el
tono o el estilo de la voz del predicador que
evoca algo cansino, con tonos altos y bajos, casi inaudible
al final de las frases. Además, la “predicación” se realiza
dentro de las iglesias, por tanto, es un acto eclesial
interno dirigido a los que ya son cristianos. En cambio,
el kérygma según el NT es principalmente un anuncio a
los no cristianos para que comiencen a serlo y en
los espacios donde la gente se encuentra, sean templos o
no. Hay, pues, que revisar el vocabulario y preferir el término
kérygma -aunque haya que explicarlo- al de “predicación”. Quizás aún
estamos a tiempo de rescatar el verbo “anunciar” para referirnos
a la “predicación del kérygma”.
4- Si el kérygma es un acto
de comunicación, ¿cómo se abre espacio entre tantas y diversas
voces provenientes de los medios de comunicación social cada vez
más efectivos y técnicos? Al respecto, varias son las preguntas:
a- ¿Podemos seguir anunciando el kérygma sólo a “los nuestros” que
se reúnen para celebrar su fe?, ¿acaso Jesús no predicó
en las plazas, en las calles en los mercados (los
actuales malls) y pocas veces en el ámbito cultual y
privado?, ¿acaso no anunció el Reino donde los hombres y
mujeres estaban cada día?
b- ¿Podemos seguir empleando sólo los medios orales
para anunciar el kérygma en una cultura que es sobre
todo de la imagen?, ¿se nos escuchará? No se trata
de cambiar los contenidos básicos del kérygma, sino de hacer
que su anuncio sea significativo para los hombres y mujeres
del siglo XXI y que no pase desapercibido como acto
de comunicación.
c- ¿Podemos seguir anunciando el kérygma como monólogo,
como invitación sin posibilidad de respuesta dialogada en una cultura
que valora la democracia y la libertad?, ¿no habrá que
anunciarlo buscando el diálogo sincero con la variadas cosmovisiones que
se buscan evangelizar?, ¿no habrá que hacerlo en relación directa
con experiencias humanas que se interpelan, se cargan de sentido
y se transforman gracias al kérygma?
d- ¿Podemos seguir anunciando la “buena
nueva” entre tantas buenas nuevas científicas y tecnológicas que aún
logran sorprendernos?, ¿cómo hacer que el kérygma suscite asombro y
adhesión?
Estas y otras muchas preguntas las podemos expresar en
cuatro cuestiones abiertas:
a- En cuanto acto de comunicación, ¿cómo proclamar el
kérygma de modo que la propuesta de la Iglesia sea
escuchada en el siglo XXI?
b- En cuanto mensaje, ¿cuáles son
los matices o énfasis de su contenido significativos para el
hombre de hoy? Es decir, ¿qué anhelos satisface la Iglesia
al anunciar esto o aquello?
c- En cuanto acontecimiento salvífico, ¿qué implica
su actualización hoy y aquí a nivel de coherencia y
testimonio por parte del heraldo y de la Iglesia?, ¿qué
transformaciones son hoy testimoniales a nivel de personas y de
instituciones eclesiales?, ¿qué modos de vivir el discipulado y la
Iglesia son signos evidentes de la actualidad de la salvación?
d- En
cuanto a los ministros y a los destinatarios del kérygma,
¿no habrá que llenarse de valentía misionera y anunciar la
Buena Nueva allí donde los hombres se encuentren?; ¿no habrá
que dialogar con las culturas buscando permeabilizar y evangelizar cosmovisiones
con el Evangelio para generar una “cultura cristiana”?
Citas: 1 Los milagros son signos o
pruebas del Reino de Dios, acontecimiento salvífico hecho realidad y
al que se invita a recibir por la proclamación del
kérygma. Como el Reino instaura en la realidad humana los
bienes divinos, todo es limpio y sano, por lo que
no hay lugar para enfermedades y espíritus impuros (Mc 16,20;
Hch 4,29-30; 14,3; Heb 2,3-4, y sobre todo Lc 11,20).
Desde esta perspectiva, el milagro importa es signo de que
el contenido del kérygma se hace realidad en el mundo
de los hombres. Dicho de otro modo: sin la predicación
del y en el nombre de Jesucristo y su misterio
pascual no hay milagros. Por lo mismo, el milagro no
es lo importante, sino la predicación y la aceptación de
la acción salvadora de Dios; por eso se les niega
los milagros a quienes lo exigen para creer (1 Cor
1,22-25).
2 El kérygma que se proclama en ambientes judíos
y se remonta a la Iglesia de Palestina insistirá en
la realización del plan de Yahveh según estaba anunciado por
Moisés y los Profetas (cfr. 1 Cor 15,3-5); el que
se proclama en ambientes gentiles insistirá en la confesión en
un único Dios, en su acto creador, su providencia y
su juicio universal mediante su Mesías (Hch 14,15-17; 1 Cor
8,5-6; 1 Tes 1,9-10).
3 Apóstolos en griego significa
“mensajero”. No todos los cristianos reciben el encargo de predicar
la palabra (sí de testimoniar la fe). En tiempos de
Jesús son enviados a predicar grupos determinados de discípulos (los
“doce”, los “setenta y dos”; Mt 10,5-7; Mc 3,14-15; Lc
9,2). Después de la resurrección de Jesús se renueva el
encargo misionero a los discípulos que han visto y oído
(Hch 10,42).
4 Existen las fórmulas de fe verbales
que confiesan los acontecimientos salvíficos de la vida del Señor;
una combinación de fórmulas de fe nominales y verbales en
Hch 17,3 y 1 Tim 2,5-6.
5 El arrepentimiento
de los pecados y la conversión radical era la respuesta
que se pedía a la proclamación del kérygma (Hch 5,31;
11,18). La conversión exigía un comportamiento que se convirtió en
“tradición” y se concretizó en listas de virtudes y vicios,
y en comportamientos domésticos acerca de los deberes de los
miembros de la familia que señalaban la conducta honrosa del
que se ha hecho cristiano. Algunas listas de vicios o
pecados: Rm 1,26-31; 13,13-14; 1 Cor 5,10-11; 6,9-10, etc. Estas
listas revelan la estrecha relación entre la aceptación de Cristo
y la necesidad de su imitación, de aquí “lo que
se debería hacer” (virtudes) y “lo que se debería evitar”
(vicios).
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es muy importante seguir buscando y encontrando informaciòn de la religiòn, y pocos saben lo que es el kerygma, quiza el 90% jamàs habrà oido de el kerygma yo empece a escuchar esa palabra y a saber de ella por medio del canal de MARIA VISION, en el el programa que tenia un sacerdote que el mismo se decia el PADRE PATITO, su nombre era ALBERTO MOTA