Autor: Louis de Wohl | Fuente: www.conoze.com El aburrido cielo
¡Cristo ha dejado bien claro que «allá arriba» suceden cosas bien distintas!
El tipo que inventó
El aburrido cielo
lo de las nubecitas, la música de arpas y los
cánticos incesantes, sin duda estuvo muy inspirado. Pero no por
el cielo.
Es una de las obras más peligrosas de
propaganda infernal. Como no era posible calificar al cielo de
«malo», se le describió como extremadamente aburrido. Y el ministerio
de propaganda satánico tuvo aquí la colaboración (como en tantas
ocasiones...) de un fallo de la naturaleza humana. Tenemos mucha
mayor facilidad para imaginarnos el infierno que el cielo. Les
ha sucedido incluso a nuestros mejores escritores. La descripción del
infierno de la «Divina Comedia» de Dante es mucho más
impresionante que la del paraíso. Y lo mismo ocurre con
Milton en su «Paraíso perdido». ¿Será posible que lo malo
nos resulte más familiar que lo bueno? Sería un pensamiento
bastante alarmante.
¡Para cuántos chistes idiotas habrá dado ocasión esta
imagen deformada del cielo!
Continuamente oímos decir que el infierno
tiene que ser mucho más divertido, pues allí estarán seguramente
todas las personas interesantes, en cambio en el cielo sólo
la gente honrada, los chicos y chicas ejemplares nausabundamente aburridos
(que cantan en coro y tocan el arpa).
¡Y sin
embargo, Cristo ha dejado bien claro que «allá arriba» suceden
cosas bien distintas! El criado que ha administrado tan bien
sus diez talentos, convirtiéndolos en veinte, no recibe ahora de
su señor una cifra mayor para administrar, sino que «le
da el poder sobre veinte ciudades».
Es decir, que obtiene
una posición totalmente nueva, una posición de poder extraordinario. Se
convierte en príncipe. Su acción es, pues, premiada más allá
de toda medida. El premio se produce con valores totalmente
nuevos. Y además el tipo de premio promete una nueva
actividad, incomparablemente más interesante y de mucha mayor responsabilidad que
la anterior. Estará activo.
Aquí en la tierra nos cansamos
con facilidad y anhelamos el descanso. Pero incluso en el
descanso continúa en nosotros la actividad automática de nuestro cuerpo,
la formación constante de nuevas células, la circulación de la
sangre, la respiración, «Allí» ya no existirá el cansancio. El
«descanso eterno» es existencia consciente. Toda la felicidad será diferente,
pero será siempre... feliz. Pues todo sirve a Dios y
servir a Dios significa reinar.
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En un sencillo pero interesantísimo librito, leí una descripción
excelente de la esencia del cielo: La gracia es la participación de la
vida de Dios. Esta se vislumbra aquí pero se despliega
verdaderamente cuando veamos a Dios cara a cara. El cielo es pues
sumergirse en la realidad que Dios vive y El es el absoluto en todo
lo que consideramos bueno: el amor, la sabiduría, la belleza... el
cielo es estar unidos a El como la vid a los sarmientos, extasiados,
saboreando todo eso bueno sin límites, eternamente.
No tiene sentido que el ser humano se desgaste
analizando situaciones imaginarias que comprometan
la existencia en la tierra. La vida es única y
después de esta, la energía regresa al universo.
Somos parte de una realidad universal: tenemos
conciencia para comprender el universo. Somos
parte de una eternidad que se interrumpe cuando
nacemos y termina cuando morimos. El hombre ha
creado a dios como estrategia de protección y como
un recurso a quien acudir en caso de debilidad y
desasosiego. Esta es la estrategia para que las 3
religiones monoteístas hayan construido una
alternativa de vida y de esperanza. Cuando se
tiene un ser por encima de lo humano, poderoso y
capaz de todo, el hombre se siente firme y
poderoso y cree que las cosas le serán resueltas a
su favor.
Sé que allí lo alcanzaremos, la felicidad eterna,
nuestros más bellos deseos, Él nos va a
recompensar, Él nos va a colmar de bellos
momentos, felicidad para siempre, estar al lado de
quien queremos, el amor deseado, el amor que ahora
solo tenemos en sueños….¡Que belleza! Alcanzar por
fin la felicidad plena, vivir sin sufrimiento,
vivir sin carencias, estar contigo en el cielo,
conseguir ver la belleza de tu presencia…