El aspecto más dramático de nuestros días no consiste precisamente en que el hombre no conoce el verdadero significado de su existencia, sino que el hombre es incapaz de proponerse a sí mismo el significado de su existencia
Dios obra produciendo siempre lo inimaginable. Allí, en el misterio de una metodología y de unos recursos siempre imperfectos, Dios logra, una vez más, como aquel día junto al pozo de Zicar, que los discípulos sean testigos.