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Los diez mandamientos

Autor: P. Antonio Rivero LC
Explicación de cada mandamiento, de forma clara, didáctica, directa y positiva. Se han ido salpicando en cada mandamiento algunas anécdotas que ejemplifican dicho mandamiento y hacen la lectura más amena y distendida. Al final de cada mandamiento, hay una síntesis del Catecismo de la Iglesia Católica de dicho mandamiento.
Indice:
• Introducción general
1.- ¿Qué son los diez mandamientos?
2.- Características, dificultades y frutos
3.- Primero: Amarás a Dios sobre todas las cosas
4.- Segundo: No tomarás el nombre de Dios en vano
5.- Tercero: Santificarás las fiestas
6.- Cuarto: Horrarás a tu padre y a tu madre
7.- Quinto: No matarás
8.- Sexto: No cometerás actos impuros
9.- Séptimo: No robarás
10.- Octavo: No dirás falso testimonio ni mentirás
11.- Noveno: No desearás la mujer o el varón que no te pertenece
12.- Décimo: No codiciarás
13.- Resúmen del Decálogo
14.- Conclusión
15.- Bibliografía

Los diez mandamientos
Autor: P. Antonio Rivero LC

Capítulo 1: ¿Qué son los diez mandamientos?

Escucha bien lo que nos dice nuestro Padre Dios en la Biblia. No olvides que la Biblia es la carta que te escribió a ti, que eres su hijo: “Y ahora, Israel, esto es lo único que te pide el Señor, tu Dios: que le temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, observando sus mandamientos y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien” (Deuteronomio 10, 12-13).

Desde el inicio te digo con toda mi convicción y amor: Los diez mandamientos son diez recetas que Dios te ha dado para tu bien, para la verdadera felicidad, aquí abajo, y sobre todo diez recetas para conseguir la felicidad allá arriba. ¿Te parece poco y de poca monta?

¿Quieres ser feliz? Cumple los diez mandamientos. ¿Quieres salvarte, es decir, salvar tu cuerpo y tu alma? Vive los diez mandamientos, con mucho amor. Ellos, los mandamientos, son camino seguro de salvación eterna. Sé que esta palabra, salvación eterna, te queda grande y tal vez te asuste. No temas: es la realidad más hermosa que existe. Nadie quiere perderse. Todos quieren salvarse, no sólo aquí abajo, sino después de nuestra muerte, ¿no es así?

Los mandamientos son semáforos que en tu camino hacia Dios te marcan lo que debes hacer y lo que debes evitar; te señalan luz verde, luz roja, luz ámbar. ¿Quieres darte un cacharrazo? Tú sabes lo que pasa cuando no se respetan las señales de tráfico: accidentes mortales, caos, lágrimas, muchas lágrimas. Pero si respetas las señales, te irá bien y llegarás a tu destino, sano y salvo.

Tú me dirás si es o no oportuno hablar hoy día, en pleno siglo XXI sobre los diez mandamientos. ¿Crees que están pasados de moda?

En la última conferencia sobre la carta de la tierra en Johannesburgo se pidió quitar el Decálogo, los diez mandamientos, y se propuso otro decálogo nuevo. El Decálogo que dio Dios a Moisés está ya desfasado –decían los grandes de la tierra- y, sobre todo, hiere las sensibilidades de quienes no creen en Dios. Por tanto, “hagamos” otro decálogo que guste a todos, un decálogo a la carta.

En 1997, el expresidente soviético Gorbachev dijo lo siguiente, cuando se estaba cociendo lo de la carta de la tierra , donde Dios está totalmente ausente y promueve el nuevo orden mundial que apoya el inmanentismo panteísta y muchas cosas más que no puedo explicarte en este momento: “ Hay que ayudar a la humanidad a cambiar la visión antropológica el hombre. Se necesita hacer la transición de la idea del hombre como rey de la naturaleza a la convicción que el hombre forma parte de ella. Necesitamos encontrar un nuevo paradigma que reemplace los vagos conceptos antropológicos. Esos nuevos conceptos se deberán aplicar a todo el sistema de ideas, a la moral y a la ética, y constituirán un nuevo modo de vida. El mecanismo que usaremos, será el reemplazo de los Diez Mandamientos, por los principios contenidos en esta Carta o Constitución de la tierra”.

¿Entendiste a Gorvachev?

Dime si es o no oportuno hablar hoy de los diez mandamientos cuando en la conferencia mundial sobre la mujer celebrada hace unos años en Pekín se ha conseguido batir el récord de las trampas del lenguaje: al asesinato del feto lo han denominado eufemísticamente “selección sexual prenatal”, como si la trampa del lenguaje pudiera dulcificar la barbarie.

Nada nuevo bajo el sol: antes ya habían logrado que todo el mundo hablase de eutanasia, de buena muerte, de “muerte dulce” al referirse a la “aséptica” liquidación de un enfermo terminal, eso sí, con música de Beethoven de fondo.

¡Cómo no va a ser oportuno y necesario hablar o escribir sobre los diez mandamientos cuando hoy llaman al crimen abominable del aborto “interrupción del embarazo”!

Digamos si es o no necesario y oportuno hablar o escribir sobre los diez mandamientos hoy, cuando ha aumentado el número de gente que cree en supersticiones, horóscopos, magia, consulta a adivinos... en vez de creer y confiar en Dios nuestro Padre; cuando hay gente a quien le da lo mismo venir o no venir a misa... y no le pasa nada; cuando hay niños que protestan, insultan a sus padres o maltratan a sus profesores, faltan el respeto a sus mayores; cuando se están introduciendo leyes nuevas en las naciones contrarias a la ley de Dios: ley de salud reproductiva, que no es otra cosa que “vía libre” al aborto, a la promiscuidad, al sexo libre; la ley civil y religiosa del casamiento de homosexuales; la ley de la eutanasia y otros desmanes más.

Dime, ¿es o no es oportuno y necesario hablar de los diez mandamientos de la ley de Dios?

Hoy más que nunca es oportuno, necesario y urgente hablar y escribir sobre los diez mandamientos de la ley de Dios, aunque no guste a algunos. Si no, ¿quién va a parar esa ola de relativismo, escepticismo, agnosticismo ante las cosas de Dios? ¿Quién va a parar esa ola de corrupción, degeneración, malversación de fondos, mentiras, fraudes electorales, deshonestidades... olas que pretenden ahogarnos? ¿Quién va a parar esa ola de libertinaje, desenfreno, descaro pornográfico e indecencia en las películas?

Si no hablamos o escribimos sobre los diez mandamientos, ¿quién va a parar a esos médicos asesinos, a esos políticos inescrupulosos, a esos abogados comprados, a esos maestros y sacerdotes -pocos gracias a Dios- pedófilos?

¿Quién va a parar a esas parejas que sin estar casadas, ya están juntadas, viviendo bajo el mismo techo, en la misma cama, como si fueran esposo y esposa, y no se ruborizan, y no les importa lo que de ellos digan, pues “todos lo hacen”?

¿Quién va a parar a esas parejas ya casadas, que ante la primera dificultad y cambio de aire, ya prefieren dejar su pareja, sus hijos... y buscar otro compañero sentimental y afectivo, que le llene esa carencia que necesita?

¿Quién va a parar esa ola de narcotráfico, mafias, guerras, robos?

¿Urge o no urge hablar de los diez mandamientos?

Los diez mandamientos son camino de felicidad, de paz, de armonía, de serenidad, de amor, de limpieza, de honradez. Y sobre todo, son el modo de demostrar a Dios que de verdad le amas, le pones contento, y demuestras que eres su hijo bueno.

Hoy debe volver a resonar fuerte la voz de Dios que dice: “No tendrás otros dioses que yo”. “Amaras al Señor, tu Dios, con todo el corazón, toda tu alma y todas tus fuerzas y a Él sólo servirás” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

“Maestro, -le preguntaba el joven del Evangelio a Cristo- ¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?”. Y Jesús le responde: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19, 16-17).

Es necesario que vuelvan a resonar los diez mandamientos de Dios:

  • “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.
  • “No tomarás el Nombre de Dios en vano”.
  • “Santificarás las fiestas”.
  • “Honra a tu padre y a tu madre”.
  • “No matarás”.
  • “No cometerás actos impuros”.
  • “No robarás”.
  • “No dirás falsos testimonios ni mentirás”.
  • “No desearás la mujer o el varón que no te pertenece...No consentirás pensamientos ni deseos impuros”.
  • “No codiciarás los bienes ajenos”.

    Y estos mandamientos dicen todo con claridad.


    “No matarás”. No dice: “No interrumpirás el embarazo” o “No harás una selección sexual prenatal”.

    “No mentirás”. No dice: “No mentirás en algunas ocasiones”.

    “No cometerás adulterio”. No dice: “Cuando no te vaya bien con tu mujer, búscate otra”.

    “No robarás”. No dice: “No robarás al que no te roba”.

    A ti que me lees, te invito a subir conmigo al monte Sinaí con Moisés, para poder escuchar una vez más, con nuevos oídos interiores, estos diez mandamientos, para grabarlos en tu conciencia y en tu corazón. ¡Es Dios quién nos los ordenó! Y son para todos: cristianos, budistas, musulmanes, judíos, creyentes o ateos. Nadie está dispensado de ellos: El Papa, los sacerdotes, los presidentes, los reyes, los pobres y ricos, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos. ¡Son para todos!

    Estos diez mandamientos que te iré explicando con claridad y amor deben ser una bocanada de oxígeno y una ráfaga de luz en la oscuridad, un punto de referencia y una sacudida moral en medio de nuestra buscada y confusa, pero comodísima ambigüedad. Este es el código moral más antiguo de la humanidad y el único válido para construir una hermosa civilización.

    Señor, amo tus mandamientos, grábamelos a fuego en mi corazón. Que los viva con alegría, pues son camino para amarte y son también camino de felicidad y realización personal.


    Resumen del Catecismo de la Iglesia católica

    2075 "¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?" - "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mt 19,16-17).

    2076 Por su modo de actuar y por su predicación, Jesús ha atestiguado el valor perenne del Decálogo.

    2077 El don del Decálogo fue concedido en el marco de la alianza establecida por Dios con su pueblo. Los mandamientos de Dios reciben su significado verdadero en y por esta Alianza.

    2078 Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordial.

    2079 El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada "palabra" o "mandamiento" remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley.

    2080 El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural. Lo conocemos por la revelación divina y por la razón humana.

    2081 Los diez mandamientos, en su contenido fundamental, enuncian obligaciones graves. Sin embargo, la obediencia a estos preceptos implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve.

    2082 Dios hace posible por su gracia lo que manda.


    LECTURA: Texto extraído del libro de monseñor Tihamer Toth “Los diez mandamientos” en la conclusión.

    ¿Hay que someter el Decálogo a una reforma? ¡Oh, el hombre no puede tocarlo! Refiriéndose al Decálogo dice Nuestro Señor Jesucristo: “No he venido a destruir la doctrina de la ley ni de los profetas…sino a darle su cumplimiento” (Mateo 5, 17).

    De modo que con la venida de Nuestro Señor Jesucristo no queda derogado el Decálogo, sino que debemos observarlo con una conciencia más delicada todavía aún, porque ayudando Él adquirimos fuerzas para cumplirlo. Por eso agrega el Señor a la frase anterior: “Con toda verdad os digo que antes faltarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse perfectamente cuanto contiene la ley, hasta una sola jota o ápice de ella” (Mateo 5, 18).

    ¿Es lícito, pues, enmendarla en algo? Y prosigue el Señor: “Y así el que violare uno de estos Mandamientos, por mínimos que parezcan, y los enseñare a los hombres a que hagan lo mismo, será tenido por el más pequeño en el reino de los cielos” (Mateo 5, 19).

    ¿Reformar el Decálogo? Si se dejara en manos de los hombres, lo reformarían con gusto. Pero, gracias a Dios no está en nuestras manos. Porque es necesario que haya reglas morales que no provengan de nosotros, con las cuales no podamos contemporizar, de las cuales no nos sea lícito cambiar ni un ápice.

    Al introducir el sistema métrico para medir, y convenir los hombres en que la diezmillonésima parte del cuadrante de un meridiano terrestre sería “un metro”, aún fue preciso vencer la gran dificultad de hacer “un metro” que sirviera de modelo auténtico. Hoy día este metro modelo se guarda en París, y con él han de coincidir todos los metros del mundo. Pero ¡cuántos cálculos y ensayos hasta llegar a un acuerdo!: de qué materia tenía que fabricarse para sufrir lo menos posible de los cambios de temperatura y de la presión del aire. Porque sería un grave contratiempo, ocasionaría increíbles conflictos en la vida de la humanidad, si el metro fuese más corto un día y otro más largo, según la temperatura más fría o más caliente, según la presión menor o mayor del aire…

    Por tanto, al ver que sin el Decálogo se dibujan en el rostro de la humanidad las señales del marchitarse y del perecer, de la desazón y de la infelicidad, se nos presenta la cuestión: ¿Qué haremos para no perecer?

    Os digo lo que dijo Moisés a su pueblo después de promulgar el Decálogo: “Ya véis que hoy os pongo delante la bendición y la maldición. La bendición, si obedecéis a los Mandamientos de Dios, que yo os prescribo hoy; la maldición, si desobedecéis dichos Mandamientos del Señor Dios vuestro, desviándoos del camino que yo ahora os muestro…Yo invoco hoy por testigo al cielo y a la tierra, de que he propuesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge desde ahora la vida” (Deuteronomio, 11, 26-28; 30, 19).



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  • P. Antonio Rivero LC



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