 |
Para
descargar
la Biblia
completa de
click
aquí
Formato:
Word (.zip)
Tamaño:
2.26 MB |
|
|
Eclesiastés
Autor: La Biblia
 El autor de este Libro es un "Sabio" de
mediados del siglo III a. C. que pone sus reflexiones
en boca del ECLESIASTÉS, palabra griega que significa "predicador" o
"presidente" de una asamblea religiosa. De ahí el titulo de
la obra, cuyo nombre hebreo -COHÉLET-parece significar más o menos
lo mismo. El hecho de identificar a este "predicador" con
el rey Salomón es un artificio literario común a todos
los escritos sapienciales.
El tono dominante del Eclesiastés es más bien
sombrío y pesimista. En él se van exponiendo las reflexiones
y las actitudes de un hombre a partir de su
experiencia personal. Esa experiencia le ha hecho descubrir la caducidad
de la vida y la aparente inutilidad de todas las
cosas, llevándolo a una amarga convicción, repetida incansablemente a lo
largo del Libro: "¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que
realiza bajo el sol?"(1. 2-3).
Este Sabio comprueba que nada de
lo que tradicionalmente era considerado una retribución por el cumplimiento
de la Ley puede satisfacer plenamente al corazón humano. El
amor, los placeres, las riquezas y la gloria no dejan
más que vacío y desencanto. La misma sabiduría está acompañada
de aflicción. Para colmo de males, muchas veces los necios
oprimen a los sabios.
Más aún, "¡el sabio muere igual
que el necio!" y "todo cae en el olvido" (2.
16). La ausencia de la esperanza en una retribución después
de la muerte explica esta manera de pensar (9. 4-6).
Lo único que vale la pena es gozar moderadamente de
las alegrías y de los pocos bienes que Dios pone
a nuestro alcance (5. 17-19; 9. 7-10; 11. 7-10).
¿Cómo se
puede compaginar el pesimismo del Eclesiastés, por momentos rayano en
el escepticismo, con la fe y la esperanza de un
israelita que se siente heredero de las promesas hechas por
Dios a su Pueblo? Por lo pronto, no se debe
olvidar que este Libro no es "toda" la Biblia, sino
"una" de sus partes. Escrito en el estilo de los
"maestros de sabiduría", abundan en él los aforismos, las paradojas
e, incluso, las afirmaciones aparentemente contradictorias que intentan expresar las
diversas caras de una misma realidad.
Por otra parte, al escepticismo
existencial del autor del Eclesiastés no corresponde un escepticismo religioso.
Al contrario, este pensador desilusionado guarda la serenidad del creyente
y reconoce que todo ha sido dispuesto por la sabia
Providencia divina (3. 10-11). Para él, las cosas buenas son
un don de Dios (2. 24-26), y el hombre tendrá
que dar cuenta al Creador de su conducta sobre la
tierra (12. 14).
La enseñanza moral de este "predicador" concuerda
muy bien con la de todo el Antiguo Testamento: "Teme
al Señor y observa sus mandamientos, porque esto es todo
para el hombre" ( 12. 13).
De todas maneras, al llamar
la atención sobre la relatividad de cuanto hay "bajo el
sol", este Sabio nos lleva a la búsqueda del único
"Absoluto". "El Eclesiastés habla de Dios, se ha dicho con
razón, como la sed del agua". Y el Nuevo Testamento,
al revelarnos la resurrección de los muertos, viene a colmar
la sensación de vacío que deja la lectura de este
Libro: "La creación quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente,
sino por causa de quien la sometió, pero conservando una
esperanza" (Rom. 8. 20).
|