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Job

Autor: La Biblia

El libro de Job es una obra maestra de la literatura universal. La aventura humana y religiosa que presenta sigue siendo actual veintitantos siglos después de ser escrita, y vale lo mismo para hombres de ditintas razas, culturas e incluso religiones. Estamos acostumbrados a oír hablar de la paciencia del santo Job, y de que el problema que se trata en su libro es del sufrimiento, particularmente el sufrimiento de los inocentes. Pero basta con hojear sus páginas para darnos cuenta de uqe Job, el hombre inocente al que le caen encima toda suerte de calamidades y desgracias, sólo es paciente hasta el capitulo segundo, porque a partit del tercero explota irrefrenable en quejas, maldiciones y protestas, y no se calla hasta el capítulo 31.

Indice:
• Introducción general
1.- Job 1
2.- Job 2
3.- Job 3
4.- Job 4
5.- Job 5
6.- Job 6
7.- Job 7
8.- Job 8
9.- Job 9
10.- Job 10
11.- Job 11
12.- Job 12
13.- Job 13
14.- Job 14
15.- Job 15
16.- Job 16
17.- Job 17
18.- Job 18
19.- Job 19
20.- Job 20
21.- Job 21
22.- Job 22
23.- Job 23
24.- Job 24
25.- Job 25
26.- Job 26
27.- Job 27
28.- Job 28
29.- Job 29
30.- Job 30
31.- Job 31
32.- Job 32
33.- Job 33
34.- Job 34
35.- Job 35
36.- Job 36
37.- Job 37
38.- Job 38
39.- Job 39
40.- Job 40
41.- Job 41
42.- Job 42

Job
Autor: La Biblia


Por su excepcional valor poético y humano, el libro de JOB ocupa un lugar destacado, no sólo dentro de la Biblia, sino también entre las obras maestras de la literatura universal. Su autor estaba perfectamente familiarizado con la tradición sapiencial de Israel y del Antiguo Oriente. Conocía a fondo los oráculos de los grandes profetas –especialmente las "Confesiones" de Jeremías y algunos escritos de Ezequiel– y había orado con los Salmos que se cantaban en el Templo de Jerusalén. Los viajes acrecentaron su experiencia, y es probable que haya vivido algún tiempo en Egipto. Sobre todo, él sintió en carne propia el eterno problema del mal, que se plantea en toda su agudeza cuando el justo padece, mientras el impío goza de prosperidad.

Esta obra fue escrita a comienzos del siglo V a. C., y para componerla, el autor tomó como base un antiguo relato del folclore palestino, que narraba los terribles padecimientos de un hombre justo, cuya fidelidad a Dios en medio de la prueba le mereció una extraordinaria recompensa. Esta leyenda popular constituye el prólogo y el epílogo del Libro. Al situar a su personaje en un país lejano, fuera de las fronteras de Israel (1. 1), el autor sugiere que el drama de Job afecta a todos los hombres por igual.

No se puede comprender el libro de Job sin tener en cuenta la enseñanza tradicional de los "sabios" israelitas acerca de la retribución divina.

Según esa enseñanza, las buenas y las malas acciones de los hombres recibían necesariamente en este mundo el premio o el castigo merecidos. Esta era una consecuencia lógica de la fe en la justicia de Dios, cuando aún no se tenía noción de una retribución más allá de la muerte. Sin embargo, llegó el momento en que esta doctrina comenzó a hacerse insostenible, ya que bastaba abrir los ojos a la realidad para ver que la justicia y la felicidad no van siempre juntas en la vida presente. Y si no todos los sufrimientos son consecuencia del pecado, ¿cómo se explican?

Pero el autor no se contenta con poner en tela de juicio la doctrina tradicional de la retribución. Al reflexionar sobre las tribulaciones de Job –un justo que padece sin motivo aparente– él critica la sabiduría de los antiguos "sabios" y la reduce a sus justos límites. Aquella sabiduría aspiraba a comprenderlo todo: el bien y el mal, la felicidad y la desgracia, la vida y la muerte. Esta aspiración era sin duda legítima, pero tendía a perder de vista la soberanía, la libertad y el insondable misterio de Dios. En el reproche que hace el Señor a los amigos de Job (42. 7), se rechaza implícitamente toda sabiduría que se erige en norma absoluta y pretende encerrar a Dios en las categorías de la justicia humana.

El personaje central de este Libro llegó a descubrir el rostro del verdadero Dios a través del sufrimiento. Para ello tuvo que renunciar a su propia sabiduría y a su pretensión de considerarse justo. No es otro el camino que debe recorrer el cristiano, pero este lo hace iluminado por el mensaje de la cruz, que da un sentido totalmente nuevo al misterio del dolor humano. "Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col. 1. 24). "Los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros" (Rom. 8. 18).

PRÓLOGO NARRATIVO

El prólogo en prosa quiere destacar la justicia de Job y la causa de sus padecimientos. Estos no son consecuencia del pecado, sino una prueba permitida por Dios, para mostrar que su servidor lo ama desinteresadamente y no por los bienes que recibe de él. Pero tanto Job como sus amigos ignoran el motivo de esta prueba, porque no han asistido al diálogo del Señor con "el Adversario", esa especie de acusador público en la corte celestial, que se resiste a creer en la virtud desinteresada. Así queda abierto el debate que se va a desarrollar en el resto del Libro.

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 Primer capitulo:
 Job 1

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