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La falacia del simio. Demografía fundamental y defensa de la vida

Autor: Luis García Pimentel
Los lectores de estas páginas tienen en su haber el ser producto de miles de generaciones de supervivientes. Espero que este libro les permita seguir dejando descendencia viable, competidores por la vida durante muchas más generaciones.
Indice:
• Introducción general
Índice
1.- Los conceptos de población sana y de sobrepoblació
2.- La cuestión social o intraespecífica
3.- La herencia vital
4.- Tiempo ganado contra tiempo perdido
5.- El control natal
6.- Modelos de densidad de población

La falacia del simio. Demografía fundamental y defensa de la vida
Autor: Luis García Pimentel

Capítulo 5: El control natal

Por lógica y por experiencia podemos afirmar que ninguna especie jamás se ha reproducido más allá de lo que su alimento, espacio y otras limitaciones le permiten. Toda especie ha tenido alguna vez una situación en la que el recurso vital abunde y luego escasee, produciendo primero un crecimiento rápido y luego un retroceso en número (facies, dicen los biólogos) o al menos un arresto de crecimiento.

En todas las formas de vida se aprecian adaptaciones para mejorar el aprovechamiento de los recursos: la clorofila, esta aleta, aquella coloración, una nueva reacción bioquímica, etc. También se ven se ven siempre los enemigos que la detienen. En los venados, el felino o la garrapata; en la sardina, el atún o el pelícano.

A veces esta limitación no viene de los enemigos de otras especies, sino de subproductos de la misma especie, como el alcohol que producen las levaduras cuando fermentan el azúcar y que acaba matándolas. A veces la especie misma favorece la proliferación de especies que le son patogénicas, como el cólera y la peste en los hombres cuando no hay hábitos de higiene en los deshechos fisiológicos, como la sífilis y el SIDA cuando no hay hábitos de higiene sexual.

A primera vista, el condón y el drenaje son semejantes, pues evitan el contagio por contacto. Sin embargo, al ingerir las heces fecales no es un requisito vital para la población, y el acto reproductor sí lo es, por lo que el drenaje puede utilizarse sin producir problemas inmediatos; el preservativo no.

Observar lo que la naturaleza ha hecho para evitar que el hombre se reproduzca vertiginosamente, como los insectos y otros animales de rápida gestación, nos ayudará a evaluar los métodos por los que ejerce el control natal en los humanos.

Primeramente, en el hombre, la naturaleza ha retrasado el proceso metabólico que lleva a la edad adulta, evitando que se reproduzcan en los primeros tres lustros. Luego, por selección natural, ha permitido el mayor crecimiento a los pueblos que se visten y en los que se da un mayor peso específico al pudor, al matrimonio duradero, a la vida familiar, al estudio y a la diligencia en general. Los pueblos guerreros, como los hunos o los pueblos con fuertes vicios de consumo y desorden familiar y sexual no resisten. Vemos como los cristianos suplantan sutil pero inexorablemente a los desordenados romanos. Notemos que las tribus salvajes, desnudas, guerreras, sin hábitos de hacer familia, sin templanza sexual(poligamia, homosexualismo) acaban civilizándose o desapareciendo.

Segundo, ha llenado el “tiempo ganado” –retrasando fisiológicamente la edad adulta del hombre con respecto al simio- con proyectos, aprendizaje y obras para el bien propio y el común. Vemos como los pueblos con universidades y escuelas, o en los que e casan y procrean a una edad que permite dedicar tiempo abundante a preparar su paternidad, son los pueblos más productivos y menos dados a padecer limitaciones en cuanto a poder sacar a la familia adelante.

Tercero, ha favorecido a los pueblos con doctrinas de vida. Los adoradores de Baal, Balam, Moloch, Marduk, Huitzilopochtli, Cali, Stalin, Hitler, etc. pocas posibilidades tuvieron. La bruma de la historia los cubre poco a poco, inexorablemente.

Cuarto: ha favorecido a los pueblos que engendran y cuidan de sus hijos, en los humanos como en todas las especies. Esta es una verdad radical.

Quinto: Ha favorecido a los que aceptan la muerte. Difícil de explicar, pero no hay sociedad humana en donde el promedio de edad pase de los cuarenta o cincuenta años, es decir, el tiempo de procrear unas dos generaciones. Si llega a haber una población humana en la que los viejos superen substancialmente este límite, no se podrá mantener. Se invertirá la campana de población con respecto a la edad y se producirá un retroceso sensible en cuanto al número de los sobrevivientes. Los viejos quitarán el alimento a los jóvenes, nulificando así el proceso interno de selección natural. El nicho ecológico perdido por esa población será inmediatamente ocupado por poblaciones en donde los viejos no canibalizan a los jóvenes. Ante el fenómeno de que los hombres duraran, en su mayoría, más de tres o cuatro veces el tiempo en que los jóvenes llegan a la edad adulta adecuada para comenzar una familia, cosa que se da en las naciones avanzadas, los viejos se convierten en una carga insoportable para los jóvenes. Si además, esos viejos tuvieron pocos hijos, o descuidaron la educación de los que tuvieron, su horizonte de permanencia poblacional se reduce adicionalmente. La muerte, en un sistema en donde manda la selección natural, es imprescindible para poder competir por la supervivencia.

Esta tesis es bien apreciable si consideramos que los organismos poco evolucionados no envejecen, como las bacterias. Si somos más evolucionados es en parte porque morimos. Los que no envejecen y se pueden sostener muchos lapsos que dura el proceso entre el nacimiento y la edad de la reproducción, congelados, deshidratados, encapsulados... corresponden siempre a los poco evolucionados. Luego, las especies de los que envejecen y mueren en este proceso, caminaron más aprisa en el cauce evolutivo.

Cabe mencionar que muchas poblaciones actuales se están encaminando en la dirección equivocada, con planes de jubilación costosos para el joven, con mecánicas de vida casi artificiales, que lastiman la economía del joven al mantener a esqueletos ambulantes a un costo enorme, a la vez que pagan por campañas antinatales. Estas son poblaciones muy enfermas y en inminente proceso de desaparición.

Sexto: es un hecho que la templanza sexual dentro del matrimonio juega un papel importante, así como la lactancia a los niños actúa como supresor natural de la fecundidad, separando convenientemente a los hijos. Actualmente se cuenta con métodos de detección fisiológica que facilita y hace más efectiva la templanza dentro del matrimonio.

Séptimo: hay una acusada tendencia a homogenizar el problema de la incapacidad de sacar adelante a la familia. Algunos, aquellos que utilizaron el tiempo ganado (según lo previó la naturaleza) en prepararse para competir, serán probablemente capaces de producir abundantes hijos, mantenerlos sobradamente, convertirlos en hombres productivos por el ejemplo y la educación. Aquellos que perdieron el tiempo ganado no podrán ni siquiera mantenerse a sí mismos, se requerirá de enormes inversiones para darles medicina, habitación, etc. Estos, además de que carecerán de herramientas técnicas para la super-vivencia, (pues serán ignorantes), tampoco tendrán de diligencia y templanza y por eso seguirán probablemente dilapidando el tiempo en autocomplacencia.

Tratar de afinar a la sociedad al paso de tortuga de estos infra-competidores promoviendo la familia pequeña sin más criterio que el de proponer un crecimiento cero e imponerlo (como en China) es absurdo, pues desconoce las diferencias entre los pobladores. Es llevar a lo biológico el criterio que perdió a las sociedades comunistas: quisieron tratar al hombre como hormiga, como promedio, comunalmente, tratando de ignorar la riqueza de la diversidad humana. Entre los marxistas el fracaso económico no tardó en manifestarse: La incapacidad de competir por la vida se manifestará sin tardanza en los nuevos comunistas de la competencia de la vida. Los “Rojillos” se vuelven ahora “verdecillos” y serán sin duda igual de nocivos que aquellos o más, pues habrá más vida que cercenar.

El hombre se reconoce por su habilidad de encontrar variedad de soluciones, variedad de condiciones. No se puede tratar como animal condicionado por el instinto. El verdadero hombre surgirá de entre la sociedad antinatalista como la libertad salió de entre los comunistas y engendrará soluciones, no problemas. Educará hijos productivos, pagadores de impuestos, no cargas sociales.

Algunos, como en la India, escogen la pobreza y la extrema templanza, y aprenden a sobrevivir con muy pocos recursos. Otros, como muchos pueblos de occidente, escogerán la productividad y la tecnología, pero siempre mantendrá la vida aquel que engendre y capacite a su descendencia con mayor diligencia, parquedad y sacrificio. Pretender homogenizar al hombre en este aspecto es ir en contra de los principios naturales más elementales. Es opuesto a la ciencia. Es contra natura.

Las campañas antinatales se han manejado frecuentemente ignorando los principios de la vida. No esperen ustedes buenos resultados. Primero, porque no han buscado fortalecer a la familia, segundo útero en donde se desarrolla el producto, y así empiezan por gestar producto deforme.

Segundo, han buscado el uso del preservativo, la píldora u otros medios antinaturales que favorecen la actitud de autocomplacencia e irresponsabilidad.

Curiosamente han logrado un verdadero diluvio de hijos sin padres, cada uno de ellos un verdadero problema social. El gobierno promotor de la sociedad irresponsable y de la natalidad por accidente bien merece pagar por estas aberraciones. Por desgracia pagan justos por pecadores, y los gobernantes se largan dejando el problema (que por ignorantes causaron) de sociedades en vías de desaparición, suplantadas por las que tomaron en serio la paternidad y la ejercieron. ¿Cuántos casos como este no hay en Europa el día de hoy?

Sucede que entonces el matrimonio o la familia no tienen sentido ¿Por qué unirse duraderamente si no habrá producto que cuidar? La atadura normal de la pareja que es el esfuerzo conjunto para lograr el objetivo procreador se debilita. Los remeros ya no reman buscando el objetivo común, actúan desordenadamente sobre la barca, que ya no camina, fácilmente encuentran diferencias, defectos mutuos, motivos de conflicto y de separación. Entonces, los remos que sirven para ir se vuelven para agredir, el bote se convierte en un campo de batalla.

Luego sucede que el entorno necesario para la post-gestación., el útero familiar, una vez deshecho, ya no sirve ni para el escaso engendramiento que se puede dar.


Hábitos positivos.

El estudio, el trabajo, el bloqueo del sobre-estímulo nocivo, el pudor, la promoción de los valores ajenos al sexo, alejados de los vicios comunes que se derivan de la ociosidad, y de la falta de dirección paterna y social, el matrimonio duradero, etc, llevan a formar una sociedad civilizada y vigorosa, sana, capaz de competir en la lucha por la vida, logran el complemento etológico(de comportamiento) que armoniza con el tiempo ganado fisiológicamente.

Entonces el resultado de la fisiología natural y el comportamiento natural, lógico, es retrasar la gestación de los hijos al tiempo en que se gana capacitación para la lucha, no dando rienda suelta a la pasión, tirando el tiempo ganado en búsqueda de desfogue sexual, doctorándose en telenovelas, en complacencia de los sentidos. En resumen, el método radicalmente natural es retrasar el matrimonio y aprovechar ese tiempo en estudiar, trabajar y ahorrar, adquirir hábitos positivos y herramientas.

Actualmente se habla de control natural asociado a procedimientos como el ritmo, facilitado por modernas herramientas de detección de los días fértiles de la mujer. En verdad que esto es un concepto más bien reducido. Se habla de la paternidad responsable haciendo ver que los padres deben de actuar en consecuencia con sus fuerzas y debilidades. La verdad es que la ley natural no se limita a eso. El joven soltero que dedica un buen tiempo al estudio, al trabajo, a desarrollar virtudes, productivas y templanza, ya está actuando como padre responsable muchos años antes de unirse para engendrar.

Las campañas antinatales serían grandemente exitosas si consideraran estas últimas sugerencias. Si en una población en que el promedio de los hombres se casa con secundarias, a los 21 años, se lograra que este promedio aumentara a 25 años, con tres más de estudio y capacitación, habiendo ahorrado con el trabajo para el enganche de una habitación, generando pagos de impuestos suficientes para desquitar el costo de infraestructura básica de un niño, o lo que es más, si se obtuviese el logro de que se casa a los treinta años, con cinco años más de estudio y varias veces el costo del enganche de su casa en cuentas de ahorros, que genera elevada aportación civil en forma de impuestos, sin duda nos haría olvidar el miedo del crecimiento.

Pero en vez de favorecer al hombre productivo, lo están forzando a asumir la actitud del primitivo mono. Si buscamos o dejamos que se den las relaciones sexuales a temprana edad – entre otras cosas por el sobre-estímulo de la pornografía, la falta de ropa y pudor y la influencia de ideas “románticas” en la televisión o en otros medios- abrimos el cauce de la costumbre a la acción antinatural de perder el “tiempo ganado”. Actúan estos jóvenes más como simios no evolucionados que como hombres de elevada civilización. La densidad de población que el modelo del simio permite, comparada con la densidad de población del modelo del hombre civilizado, ganador de tiempo, generador de soluciones y no sólo de problemas, determina que en el planeta haya miles de veces más hombres que simios con fisiología de rápido envejecimiento y limitada capacidad de aprendizaje.

- Qué distinto será si se promueven sugerencias en los medios para que las mujeres busquen y escojan como compañeros a hombres más educados, a los capaces de una relación seria y duradera, a los que prometen ser padres responsables, y no sólo sugieran antinatalismo.

-Que distinto promover modelos de estabilidad emocional y diligencia efectiva y no estilo de rockeros estridentes e intrascendentes.

-Que distinto cuando se educa al casado a continuar estudiando en sus tiempos libres y no a despilfarrar este recurso socializando, recibiendo estímulos de consumismo por los medios y terminando en el logro poco espectacular de beber brandys de tal o cual marca para “ser más”. El consumismo y amiba entérica mucho tienen en común. Limitan la capacidad productora de toda una población afectada, y si el consumo al corto plazo pueda beneficiar la actividad comercial, a mediano plazo la limitan y en el largo la transfieren a otra población, pues la enferma desaparecerá. El mismo caso de la cocaína, que a corto plazo favorece cierta actividad pero a mediano plazo enferma y luego mata.

El modo del control natal usado por una población en mucho permite un diagnóstico del estado de salud poblacional. Un grupo que genera riqueza y tecnología para mantener el crecimiento no requiere de promoción del control. Una población en la que su gobierno o comunidad científica promueve el uso de medios artificiales a la vez que permite un flujo intenso de pornografía y manifiesta costumbres de consumo innecesario, exige de tratamiento.

Los medios de comunicación masiva son a las poblaciones como la sangre que lleva fluidos, antígenos, alimento, oxígeno, etc. Una sangre sana ayuda a mantener el organismo sano. La cantidad de sangre y la cantidad de comunicación masiva son buenos indicadores. En un organismo humano, la proporción de sangre a peso corporal será como de 1 a 12. Si se aumentara la sangre en una proporción de dos veces esa cifra, el organismo enfermará. Si disminuye también perdería salud: habría que darle transfusiones. Por eso, la proporción de sangre debe de estar entre ciertos parámetros. Si demasiado sodio, muy pocos glóbulos rojos, antígenos de menos o contaminación de patógenos, esa sangre no logrará su cometido. Lo mismo se aplica a la comunicación masiva. Algo de esparcimiento, de acción educativa, de noticias, de arte, y cuidado con los estímulos que infecten y hagan perder el tiempo ganado, que los dirijan a complacencia descarriada o a diversos grados de violencia, vicios o actos faltos de higiene mental, sexual, comunitaria, intrafamiliar, etc.

El preservativo y otras aplicaciones anticonceptivas atacan el efecto y no la causa, debilitan el orden social, económico y familiar, y en nada favorecen a la supervivencia de esa población. Igualmente el comportamiento de primate poco evolucionado, el estímulo constante (desnudez), el no tener tiempo ganado, etc, determinan formas muy primitivas. No pueden tener alta densidad de población porque no son medios de elevar la densidad del grupo sino de abatirla. Estos medios de control artificial no median el consumo, lo incrementan al tiempo en que producen esterilidad. ¿De qué sirve abatir la densidad de la población a la mitad, si los individuos consumen más del doble, triple, cuádruple, etc? Mida el lector lo que consume para sostener la vida un adolescente en un país avanzado comparado con lo que consume un adolescente en un país pobre. Me dará la razón. Volveremos al tema.

Como en los pueblos caníbales, en donde los de una población se comen a los de otra, en este caso, los ociosos consumen elementos de vida de los nonatos y con frecuencia matan o debilitan a los nacidos desviando los recursos de la familia en actividades costosas e inútiles para la supervivencia.

La “libertad” sexual permitió que epidemias tan terribles como el SIDA impactaran y se transmitieran en los elevados niveles que sabemos se están dando. Opinan los “científicos” que entonces la población tendrá que usar condón para protegerse. ¿Y entonces, como podrá engendrar?. Pues argumentan, cuando deseen engendrar, dejarán de usar condón. ¿Y entonces, como evitarán el contagio?. Supuestamente porque ambos llegarán sin contagio. Esto, si no fallaran los preservativos, si no muta el virus, si no aparece otra enfermedad igual de agresiva, que se contagie por la saliva, sino...

Supongamos que en el futuro los preservativos se puedan fabricar más resistentes y no tengan fallas, como la porosidad, convirtiéndose en mejor solución de lo que son ahora. El punto es que los virus aprenderán fácilmente a encontrar otros vectores de contagio. La boca parece ser una de las más viables. Algunas enfermedades de reciente aparición, como el causante de la fiebre de Lassa o la de Ébola, ya usa esta conducto. La ventaja para el hombre es que estos nuevos microbios matan tan rápido a sus víctimas que no tienen mucho tiempo para contagiar. Sin embargo pronto –guiados por la selección natural- aprenderán los microbios, y principalmente el virus, a ser más benignos con el huésped para poderse reproducir mejor. La aparición de estos males en una población que practica el intercambio de fluidos bucales es inminente. Entonces qué... ¿preservativo bucal?
La proliferación del transporta humano hace que la posibilidad de contagio sea cada vez mayor, creciente a ritmo exponencial. Cuando, hace miles de años, algún virus mutante aparecía en un villorrio tropical (estos virus prefieren el calor húmedo del trópico y los favorece la diversidad de especies que portan naturalmente diversidad de virus que pueden mutar), posiblemente no podía salir del villorrio pues fácilmente desaparecerá el grupo humano, y con esa población, moría la cepa del virus atacante.
Ahora no será sí. Al constante movimiento entre pueblos, ciudades, países y continentes permite una dispersión y un contagio muy veloz, y el elevado número de infectados –en diversos climas, con diversos hábitos y diversa aplicación de medicamentos- `producirá una elevada capacidad de adaptación y mutación del nuevo agente infeccioso.

De ahí que el uso de los aditamentos preventivos del engendramiento y del contagio en una sociedad inmersa en la actividad social con intenso intercambio de parejas- en el contexto de “dar libertad”- sean un peligro, pues permiten que se contagien muchas enfermedades, ya sea por falta de adminículo, o las más de la veces porque el constante contacto humano no sólo produce contagio sexual, sino que permite otros contagios, como el de otros insectos (como los piojos púbicos), bacterias y virus de contagio bucal, contagio por manipulación corpórea, etc
Argumentarán sin duda que el virus del SIDA no se contagia más que por contacto sexual, y nuestra respuesta será muy sencilla: ¿porqué no sabíamos nada de esto hace veinte años? Y es obvio, pues en esas fechas no se conocía el problema. Luego en veinte años puede totalmente cambiar el panorama como ya cambió y puede uno u otro microbio encontrar otro cauce de contagio. Acordémonos que la enfermedad corintia (gonorrea) y la sífilis, encontraron su caldo de cultivo, la primera en el puerto griego de Corintio y la segunda en el puerto de Nápoles. En ambos lugares reinaba un libertinaje total. Me dirán que si hubieran usado preservativo esto no hubiese sucedido, y es fácil notar que nadie usa un preservativo para una enfermedad que no conoce, como nosotros no estamos preparados para lo que viene. Si hay un cauce abierto para el microbio, aparecerá adaptado tarde o temprano. Ni en Corinto, ni en Nápoles ni en el África tropical (SIDA) ni en otros lugares se han dado los contagios cuando las personas son monógamas. Enrique VIII, claro está, era polígamo rabioso. ¿Cuántos monógamos ha habido en la historia? ¿Será en verdad imposible que la comunidad científica y los gobiernos adopten esta medida natural y efectiva, con la que miles de millones de humanos se ha separado del contagio? Habrá que cambiar la educación, limitar el sobre-estímulo sexual, retrasar los matrimonios con barreras etológicas y ver que se capacite la juventud para que ellos lleven la responsabilidad de la educación y los hijos no se conviertan en una carga social. Además, con buena ecología (que no la hay) se ayudará a dirigir la biota, no sólo a fosilizarla en museoentornos estériles para el hombre.

Por ello, el preservativo junto con otros métodos antinatales y que previenen el contagio, no prometen a mediano y menos a largo plazo, pues mientras el contacto íntimo entre humanos produzca intercambio salival, nasal, genital, y no se diga, anal, la mutagenesis será el “talón de Aquiles” (y entre más medicamentos más mutaciones) de la tesis que excluye el pudor, la fidelidad, la templanza, el uso correcto del “tiempo ganado” y el combate al sobre-estímulo. La monogamia estricta de padres generosos, encausadores de una educación esmerada de los hijos, será sin duda la característica de las poblaciones que sobrevivirán a este asalto de los virus y el consumo, y la tendencia a la ubicación de las poblaciones por la ley de las migraciones. Los actuales científicos tienen que aprender una gran lección de los discretos cristianos cuando emprendieron su ascenso vertiginoso. Argumentos como el de la personalidad de la Virgen María es tan atinado que no parece proceder de un plan humano. Como dicen los seguidores de Cristo de las cosas que salen mejor de lo que se esperaba, “fue algo providencial”. Crecer de una o mil quinientos millones de afiliados en dos mil años, produciendo la sociedad de donde ha salido el noventa por ciento de los grandes científicos, exploradores, promotores de la caridad, etc, no es ejemplo para ser ignorado.

La lección es que las barreras físicas, químicas, quirúrgicas, de asesinato intrauterino, de asesinato post-embarazo (como en China), de masturbación (promoción del homosexualismo), destrucción de la familia, etc. sucumben ante el efecto positivo de la dirección etológica (de comportamiento). El hecho de que en las poblaciones sobrevivientes durante miles de años y cuyos números son prueba indiscutible (Cristianos, Mahometanos, Hindi y Chinos), cuyo número sumen dos terceras partes de la humanidad, tienen como comportamiento bien establecido el pudor. Esto prueba que el comportamiento positivo (la virtud) sobrevivirá más allá del preservativo y de la búsqueda ilimitada del consumo y confort. La ley de la selección natural lo garantiza.

Conviene, opino, una breve consideración. Si se ha inventado el instrumento para poder ver lo más pequeño (el virus por ejemplo) como el microscopio electrónico, y se han inventado herramientas para ver el confín del universo, como el Hubble y el COBE, ¿por qué no inventar algún instrumento que permita a los científicos ver lo obvio, lo que salta a la vista en sus propias narices? Buena falta que le hace esa herramienta a nuestra actual comunidad científica.

Monumental obra la que les espera a los futuros triunfadores por la vida que deban enderezar este absurdo collage de ignorancia, estupidez y una buena dosis de conveniencia que muchos biólogos, etólogos, economistas y políticos han logrado hacer. Pensar que todavía hay quien fundamenta sus ideas en el pensador que ha demostrado estar equivocado mayor número de veces en la historia. Aquí hay dos records para Ripley: Uno, Las “leyes” maltusianas han demostrado estar equivocadas cada vez que se hace un censo de población en algún lugar del mundo... es decir, miles de veces. Dos: aun hay quien cita a Malthus como fuente de saber. Ni los simios son tan brutos.


Poblaciones triunfadoras.

El tema de este capítulo, el control natal, se resume concatenando con lo que se comentó en otros capítulos. Las poblaciones triunfadoras por la competencia de la vida tendrán que crecer (una población que no crece deja su nicho biológico a las que crecen...), producirán emigraciones, (las poblaciones sanas emigran sobre las poblaciones enfermas), tendrán que ser productivas más allá de su hábito de consumo (deberán de cuidar y dirigir a su entorno para que la producción se mantenga y se incremente), y además deberán de cuidar el recurso no-renovable del tiempo de capacitarse. El “tiempo ganado” debe de ser sustento de crecimiento sano. Habrán de aprender a ser fieles a su cónyuge, uniendo esfuerzos y objetivos para educar el eslabón de vida que les sigue, elevando con esto simultáneamente una efectiva barrera en contra de las infecciones. La unión de los padres debe de tener por objeto, entre otras cosas, brindar ayuda y dirección a los hijos a aprovechar el “tiempo ganado” para que los hijos puedan invertir unos veinte años en prepararse (con el tiempo, este requisito crecerá, siguiendo la tendencia histórica): Se necesita un regreso al pudor y combate a los vectores de contagio de sobre-estímulos. El control natal será entonces natural, ajustado a los tiempos y necesidades fisiológicas, a la prevención de enfermedades, ganando en lucha contra otras especies y contra diversos grupos diferenciados del mismo género humano (los que no quieran evolucionar por la vida). Es decir, lucha extraespecífica e intraespecífica. La economía saldrá ganando y la vida también.

Serán estas las poblaciones que sobrevivan, y como consecuencia, son los grupos que gozan de cabal salud.

Conviene apuntar que los grupos de anglosajones que sufrían de grandes epidemias de enfermedades por contagio fecal, los ingleses, ya que vivían literalmente nadando en excrementos en las ciudades del medioevo, tienen como descendencia a una de los poblaciones más estrictas en la pureza microbiológica del agua y alimentos que consumen los americanos. ¡Lo que puede hacer la selección natural!

Las poblaciones de preservativo no pueden ser ganadoras. Tirarán su tiempo en autocomplacencia, permitirán diversidad de vectores de contagio, será volátil la unión de parejas, dejando a los escasos engendrados sin los recursos para hacerse viables -la estabilidad que da el matrimonio duradero-, la acción física (alimento, higiene, etc), etológica (enseñar la inteligencia y la voluntad) y psicológica de los padres sobre los hijos.

Ahora que las campañas de control natal han enfermado a las poblaciones y que sigue abierto el cauce natural para multitud de contagios, lo que sucederán es que la selección natural actuará más rápido. Así, por ejemplo, en una humanidad moderada en su búsqueda de complacencia, ni siquiera hubiese aparecido el SIDA. En todo caso, estaría mucho menos esparcido por el planeta y el número de afectados sería por lógica mucho menor.

La intensa desviación de los recursos de la fecundidad al confort, el frecuente abandono de los hijos en matrimonios destruidos; el común hábito de hacer perder el “tiempo ganado” a los niños y adolescentes deshaciéndose de ellos congelándolos ante la televisión y además, la transferencia de agentes patogénicos por la intensa promiscuidad, la demostrada frecuencia de madres solteras abandonadas, y los niños dejados a su propia capacidad, no puede generar crecimiento sano. Las poblaciones que se comportan así no podrán sobrevivir: están muy enfermas, lastradas.

El contagio que provocan es por vía doble. Primero, el ejemplo, la promoción del modelo de “infecundidad por confort” que se hace a todas horas por la televisión y el cine (ejemplificando vidas fáciles, llenas de esparcimiento, tanto en programas como en la publicidad), favorece que muchos tomen la opción más fácil, la que lleva a entregar la huella genética y el comportamiento. El segundo modo se da cuando, por el deseo de frenar el movimiento natural de las poblaciones y ocupar nichos vitales abandonados, se construyen murallas chinas, muros de Berlín, segregaciones odiosas como el apartheid, masacres ominosas como la de los campesinos en la Rusia de Stalin, los indígenas de Norteamérica, o se substituye a la naturaleza, provocando por la fuerza movimientos de población, como el transporte de esclavos africanos a América.

En los momentos que esto se escribe, septiembre de 1994, se ha convocado a la reunión de representantes de las Naciones Unidas en el CAIRO, para encontrar la forma de implementar nuevas y forzadas medidas para que los países pobres, en donde a pesar de la pobreza se sigue engendrando, no substituyan a las poblaciones ricas, las que ya no tienen capacidad de sobre-consumo y la tendencia a buscar confort y el estatus sobre cualquier otro valor. Ni qué decir de esta medida. El contagio es forzado, resultado obvio de una interacción entre una comunidad “científica” opuesta a la ciencia y una comunidad “rectora” de los humanos opuesta a la naturaleza humana.

Los “científicos han caído en la “falacia del simio” Tanto han abusado de sus exageraciones en cuanto a la imposible miseria que se producirá si la población crece más que los recursos que la sostienen (¡Qué aberración! Si creció es porque se sostuvo, ignorando la obvia muestra de desperdicio de alimento, energía, espacio, tiempo, etc. de las sociedades opulentas), que han acabado creyendo sus mentiras y arrastrando a muchos hacia su rincón de bienestar a base de destruir a la juventud (antinatalismo), de vida artificial (consumismo) a base de llevar la contra a las más elementales leyes naturales, en nombre de la “ciencia natural.”

Los políticos, con una visión a corto plazo que no trasciende sus periodos de unos cuantos años, pretenden modificar la estructura de la sociedad en función de cumplir sus promesas de opulencia, de riqueza inmediata, de vida sin esfuerzo o sufrimiento. Igual que el simio que prefirió la seguridad de la banana, estos “rectores” de la humanidad aceptan destruirla o retrasarla milenios para así facilitar a los obesos el que puedan ver dos horas más de televisión, pasear en un auto de muchas válvulas, comer fritos con Coca-cola y gozar de tres semanas de tiempo compartido al año.

El abuso de los que matan a un elefante para quitarle los colmillos es nada comparado con el abuso de los que matan a un niño para poder comer alimentos chatarra, conducir autos del año o hacer un par de viajes anuales en avión durante las vacaciones.

Muchos mal llamados científicos y gobernantes se han convertido en parásitos de quienes los siguen. Ciegos guías de ciegos. La población ignorante no ha podido discernir que sus votos a favor del gobierno promotor de la sociedad sin esfuerzo, del bienestar sin trabajo, requiere que hagan el sacrificio de sus hijos y a mediano plazo entreguen a otras poblaciones el legado de la sociedad, lo ganado por miles de horas de esfuerzo sostenido de sus ancestros.

Aquellos sacrificios de niños o doncellas que se hacían a los dioses en la prehistoria se repiten. Ahora, el “Cenote Sagrado” de los mayas es la Organización de las Naciones Unidas, que hace el papel de sacerdotisa de una religión que convierte la carne de nonatos en alimento de obesos y flojos. Se ha convertido en rastro para niños, proveedor de carne para caníbales.

Este “plan de muerte” que ha expuesto esta organización mundial seguramente sembrará la semilla de futuras guerras y persecuciones, es un monumento a la lucha intraespecífica que se avecina, eco a las correspondientes que comunistas y nazis sembraron en el siglo XX. La postura de atacar a unas poblaciones en favor de otras desdice totalmente de la función de esa organización. No entiendo por qué han de tener más válvulas los autos de los infecundos y menos hijos los que desean sacrificar este estereotipado y hollywoodesco “nivel de vida”. No entiendo porqué producir más empleos en construcción de desarrollos para jugar golf es progreso y aumentar el número de plazas de maestros no lo es.

Me pregunto: ¿Además de sacrificar en buena medida a la niñez y a la juventud para que los ricos puedan aumentar su dispendio, también sacrificarán luego a los negros. ¿Volverán a hacer jabón a los judíos o sólo se trata de quitar la vida a los nonatos?, ¿qué nos garantiza que esta tendencia no será también contra de los viejos, las mujeres, los orientales, los australes, los zurdos, los menos inteligentes, los de baja estatura, los que no son arios, los que no son comunistas, los que no comulgan con las Naciones Unidas, los que no adoran a la diosa Gaia o al dios Ra?

Si la medida es el dispendio, tendrán que ser siempre más los atacados y menos los sobrevivientes, pues es muy fácil siempre pedir más y más, dar siempre menos y menos. Revertir el estímulo natural que heredamos para reproducirnos y luchar, romper con el comportamiento ancestral de cuidar a los hijos haciéndolos trabajadores y frugales, para que pocos puedan tener mucho (y muy pocos, mucho, mucho, mucho.)

Si además, la ciencia , en vez de buscar medios para sostener más producción, busca los medios para tener menos vida actual, menos vida potencial, menos vida esforzada, menos vida luchadora contra la adversidad, y además subordina la vida humana ante la biodiversidad animal y vegetal ¿no es esto volver a las épocas en que había grandes selvas en vez de cultivos, grandes manadas de bisontes en vez de hombres? ¿Es esto ciencia o más bien argumentación para evadir el reclamo de la ciencia? ¿Pensaron así los hombres, o más bien los simios de lenta fisiología, cuando tomaron el cómodo lugar en el árbol cuando se bifurcaron sus caminos hace decenas de miles de años?

La bandera tomada por las Naciones Unidas es criminal. Además de tonta y antipolítica. Si protege a los que son pocos ¿cómo podrá mantener su prestigio ante los que son muchos?, ¿acabaremos aceptando a la ONU como una verdadera autoridad o como vulgar cómplice de los “espanta-cigüeñas”, destructor de parte de la humanidad, promotora de la sobrepoblación y vector de contagio para las poblaciones sanas de las enfermedades de las poblaciones enfermas?, ¿será ejemplo de Pasteur o de Mengele lo que estamos viendo en esa organización?, ¿estará haciendo el papel sucio de masacrar a algunos pueblos, como hizo la caballería norteamericana contra los indígenas de Norte América y use lenguaje disimulado, semántica en camuflaje para ocultar su verdadera función?

¡Qué triste objetivo para una organización que se siente directriz del mundo y recomienda destruir antes, durante o después del embarazo a unos para que vivan más obesos otros, cuando con lo que tiran los que vivirán basta para alimentar sobradamente a los que condenan a muerte o a la inexistencia!

Ciencia se requiere, entendiendo como ciencia a la capacidad de dar vida íntegra, de sostener a los que luchan por la vida propia y ajena. En las guerras floridas, cuando los Aztecas salían a robar jóvenes de las poblaciones vecinas para sus ceremonias de sacrificios y antropófagas, no deben de repetirse. Sin embargo, helas ahí. Como engendro de un pasado cruel y primitivo se sacrifica ante el altar del dios demografía, del miedo ante el reto futuro, de las musas llamadas “ciencia preventiva”, “conveniencia ecológica”, y “prudencia económica” que sugieren que los jóvenes de una población deben de morir para satisfacer los apetitos de la población conquistadora.

Resumiendo; cualquier control natal que no requiera cierto esfuerzo, que se limite a burlar el mecanismo natural de la procreación (que nace entre otras de una dosis dada de estímulo sexual, de la imagen paterna y materna, del deseo de la paternidad y la maternidad), no puede producir una población sana. El deseo de tener más placer, más confort, más turismo, más bienes materiales, menos responsabilidad, menos ataduras, menor esfuerzo, menor comportamiento positivo, menor respeto por la vida de los demás, etc., jamás podrá sustentar una población sana o duradera. Pronto la droga, la pornografía, el deseo de deleite total, la fuga del trabajo, la responsabilidad del cónyuge o los hijos, las vacaciones siempre crecientes, los autos siempre más elaborados, etc, substituirán a la fecundidad. Como pólipos en el útero, como cáncer que substituye al tejido sano, estos pueden conllevar escueta y pasajera riqueza a una o dos generaciones y condenar a una obligada desaparición del organismo atacado, de la población infestada.



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