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¿Cuáles son tus graves razones?

Autor: Lucrecia Rego de Planas
Reflexiones acerca del Método Billings como estilo de vida y su incongruencia con la Fe católica
Indice:
• Introducción general
1.- Diez años con el método Billings
2.- Las Primeras Reflexiones... ¿es un método "natural"?
3.- Profundizando un poco más...
4.- Primera Reflexión: Si Dios es infinitamente sabio...
5.- Segunda Reflexión: Si Dios es infinitamente bueno...
6.- Tercera Reflexión: Los "fallos" del Método Billings
7.- Cuarta Reflexión: ¿Puede ser un hijo, el producto de una irresponsabilidad?
8.- Quinta Reflexión: Si es cierto que Dios ama a cada hombre...
9.- Sexta Reflexión: Si la Divina Providencia existe..
10.- Séptima Reflexión: Un hijo siempre es un don
11.- Octava Reflexión: ¿Y los hijos de Francisca?
12.- Novena Reflexión: La paternidad debe ser responsable
13.- Décima Reflexión: ¿Cuál puede ser una razón grave?
14.- Decimoprimera Reflexión: La continencia como medio de santificación
15.- Decimosegunda Reflexión: ¿Es el método Billings un mal necesario?
16.- Decimotercera Reflexión: Lo que Cristo nos dice acerca del tema
17.- Decimocuarta Reflexión: Lo que el Dr. Billings nos dice...
18.- Conclusión final: El mundo necesita hombres y mujeres santos

¿Cuáles son tus graves razones?
Autor: Lucrecia Rego de Planas

Capítulo 9: Sexta Reflexión: Si la Divina Providencia existe..

La fe nos dice que Dios, en su infinita Bondad, Poder y Sabiduría, permite aquéllo y sólo aquéllo que puede ser bueno para la salvación del hombre, pues Él sabe cómo sacar del mismo mal, un bien mayor.

Si es verdad esto, si es verdad que Él es mi Padre y es Todopoderoso, entonces, no va a permitir que suceda algo contrario a mi salvación. De hecho, ni siquiera permite que el demonio me ponga tentaciones que yo no pueda vencer.

Entonces, si Él me manda un hijo al que yo no deseaba ni buscaba, porque me sentía incapaz de educarlo, debo confiar en que Él mismo verá la manera de concederme todo lo necesario para darle a ese hijo la educación y el cuidado necesarios, para que pueda ser capaz de llegar al Cielo a gozar eternamente de su Gloria.

Por ejemplo, supongamos que la razón por la que yo no quiero tener otro hijo, es porque vivo en un departamento muy chico y sé que los niños necesitan espacio para correr. Supongamos que Dios me lo manda aunque yo haya hecho "tejes y manejes" para evitarlo. Entonces, si creo en la Divina Providencia, puedo estar segura de que Dios me concederá la gracia de tener un parque cercano o amigos que nos inviten a jugar a sus jardines.

Dios mejor que nadie, sabe lo que los niños necesitan. ¡Él los inventó!

Si creemos en la Providencia divina, debemos confiar en Dios. Él es nuestro Padre. Él nos dará todo lo que necesitemos: llámese pobreza o riqueza, llámese salud o enfermedad, llámese fertilidad o infertilidad, llámese exceso de tiempo para convertir al hijo único en un super-hombre o llámese falta de tiempo para que los quince hijos aprendan a compartir, a ayudar, a sacrificarse por el otro. ¡Todo lo que Él permite es bueno y está encaminado a nuestra salvación!

La única condición que Dios nos pone para darnos todo lo necesario es "Buscar primero el Reino de Dios", es decir, esforzarnos por cumplir su Voluntad en el estado y condición donde nos encontremos.

La cosa cambia cuando voluntariamente no cumplimos la Voluntad de Dios, pues entonces, nuestra confianza no la podremos poner en Dios y la tendremos que poner en cosas tan inestables como el alza de las acciones en la Bolsa o en las tasas de interés bancario, o en una empresa que hoy puede estar bien y mañana mal... ¡Eso sí es para ponerse a temblar!


Séptima Reflexión

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