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Aprende a orar | sección
Devocionario | categoría
Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Jesús, quiero estar contigo
Tengo a Dios en medio de mi corazón...
 
Señor, estás ahí: Me estás mirando.
Conoces mi situación interior.
Me has acompañado en el día de hoy.
Me has acompañado siempre,
desde el primer día que abrí los ojos a este mundo.

Cuando he sido fiel.
Y cuando he sido infiel.

Estás ahí.

¿Por qué estás ahí en el Sagrario?
Te quedaste por amor,
porque me quieres muchísimo.
Dímelo.



¡Qué bien que lo sabes!

Me quedé para ayudarte

Sé muy bien que eres débil,
que caes con facilidad.
Ven a visitarme: Yo soy tu fortaleza.
Pídeme fuerza.

Ven a verme todos los días que no sientas nada,
los días que estés desanimado del todo;
ven a verme ese día que quieres acabar con todo.
Yo te daré ánimos y nuevas fuerzas.

Ven a verme ese día en que has caído gravemente:
no tengas pena, ven;
que todo tiene remedio, si vienes a Mí.

Ven a visitarme cuando hayas tenido un gran fracaso, cuando un grave problema te robe la paz.
"Venid a Mí todos los que andáis abrumados y cargados y Yo os aliviaré."
"Mi yugo es suave y mi carga ligera".

Me quedé para ayudarte todos los días de tu vida.
No porque lo merezcas, sino por que te amo
como nadie te ha amado ni te amará jamás.

Me quedé para amarte.

Para amarte desde aquí con un amor infinito.
No te pido que lo merezcas,
sino que lo aceptes.
Déjate querer por tu Dios, por tu Redentor.

Ya sé que te sientes indigno,
que tus pecados y tus faltas tratan de apartarte de Mí.
Yo te amo con tus pecados,
tus faltas, infidelidades
y con tus buenas acciones,
con tus buenos propósitos,
aunque algunos de ellos no los cumplas.

El amor hace felices a los hombres.
Tu necesitas sentirte amado.
Yo te ofrezco el amor infinito de todo un Dios;
y te lo ofrezco no solo hoy,
sino todos los días de tu vida...
mañana y dentro de un año.

Siempre que vengas a Mí
encontrarás un amor vigilante,
fiel siempre, el mismo amor infinito.
He decidido amarte
a pesar de todas tus faltas,
pecados, ingratitudes.

Me quedé para perdonarte.

Sabía muy bien que en tu vida
habría muchos pecados,
muchas infidelidades.
Me propuse desde un principio perdonarte todo.
Hasta el día de hoy, todo está perdonado y olvidado.

No importe qué hiciste o dejaste de hacer
hasta el día de hoy;
lo que me interesa muchísimo
es lo que vas a hacer de ahora en adelante.

No dudes de mi perdón jamás.
Puedes dudar de ti mismo,
puedes dudar de tus promesas,
pero jamás dudes de mi perdón.
Yo te he perdonado siempre,
te perdono todo,
y estoy dispuesto a perdonarte
hasta el último pecado,
si vienes a Mí con arrepentimiento.

Estoy aquí para recibir tu amor de cada día.

Dame tu corazón,
tu amor,
tus delicadezas,
tus detalles de ternura:
Una genuflexión hecha con devoción,
me honra mucho.
Una señal de la cruz bien hecha,
me hace pensar en ti.
Unas posturas correctas en la Iglesia,
me hacen ver que me estimas
y sabes que estoy aquí.
Una misa bien oída
me da tanta alegría.
Una visita ferviente,
una Hora Eucarística,
me recuerda que me quedé en la Eucaristía
para ayudarte, perdonarte, amarte.
Y me digo: "Valió la pena"
Una comunión llena de amor
no sabes cuánto representa para Mí:
"El que come mi carne
y bebe de mi sangre mora en Mí y Yo en él".
Eso ocurre en la comunión.

Estoy aquí en la Iglesia para ayudarte a vivir santamente.

Espero tanto de tu vida....
Desde el Sagrario te seguiré
a lo largo de cada día.
Desde aquí te mando las gracias que necesitas.
¿No has notado el influjo de esas gracias?
Te quiero dar mucho más de lo que me pides.
Me has pedido poco.
Yo te voy a dar mucho más
de lo que te has atrevido a pedirme.
Y así, de esta visita vas a salir,
si tu quieres,
si me dejas,
vas a salir muy contento,
muy motivado, decidido a ser mejor.

Mi gracia es el agua viva
que está llenando tu cántaro,
Déjame llenar tu vida hasta rebosar de paz,
de alegría, de generosidad,
de amor, de felicidad.
Yo soy la felicidad y el amor.
Yo no necesito de ti,
pero tú sí me necesitas.
Sin Mí eres como una flor marchita,
deshojada, triste.

A cambio de mis dones,
voy a pedirte una cosa:
algo relacionado con mis almas:
Quiero que seas mi apóstol, mi mensajero.
Quiero algo relacionado con tu santidad:
Quiero que seas santo;
algo relacionado con el amor:
Quisiera ser, entre tus amores,
el primero, el más hermoso,
el más maravilloso que se cruce en tu camino.
Quiero un día llevarte al cielo
para estrecharte contra mi corazón,
para que goces de la eterna felicidad
de mi amor sin fin.

Estoy aquí en el Sagrario para ayudarte:
me necesitas tanto.
Estoy aquí para amarte con un infinito amor,
como nadie jamás te amará.
Estoy aquí para perdonarte todo y siempre:
desde el primer pecado hasta el último.
Mi perdón es infinitamente mayor
que todos tus pecados.
Estoy aquí para recibir tu amor de todos los días.

Tu amor me satisface,
aunque sea pequeño, si es sincero.
Busco en ti una sola cosa:
tu amor y tu felicidad.
Estoy aquí para pedirte algo:
que seas santo, que seas mi apóstol,
que me ayudes con tu fidelidad a salvar al mundo.
¿Qué piensas, qué dices, qué respondes?
¡Es tanto lo que espero de ti ......!
¡Es tanto lo que puedes hacer por las almas,
por tu santificación
por tu Jesús!


Tengo a Dios en medio de mi corazón...
¡Todo está arreglado; adiós tristeza, adiós soledad, adiós lágrimas!
¡Lo tengo todo!
El está conmigo, Él me consuela, Él me sanará...



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  • P. Mariano de Blas LC





     

     
     
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