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Aprende a orar | sección
Habla con Dios | categoría
Autor: Centro de Hospitalidad y Misericordia | Fuente: Centro de Hospitalidad y Misericordia
8. Cuado Dios te parece lejano
Para orar. Mi alma te busca a ti, Dios mio
 
8. Cuado Dios te parece lejano
8. Cuado Dios te parece lejano
Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros
Santiago 4, 8



PALABRA DE DIOS


Sed de Dios


  • “¡Oh Dios!, Tú eres mi Dios,
    Por ti madrugo;
    mi alma está sedienta de ti;
    mi carne tiene ansia de ti,
    como tierra reseca, agostada, sin agua.
    ¡Cómo te contemplaba en el santuario,
    viendo tu fuerza y tu gloria!
    Tu gracia vale más que la vida,
    te alabarán mis labios.
    Toda mi vida te bendeciré
    y alzaré las manos invocándote.
    Me saciaré de manjares exquisitos,
    y mis labios te alabarán jubilosos.
    En el lecho me acuerdo de ti
    y velando medito en ti,
    porque fuiste mi auxilio,
    y a la sombra de tus alas canto con jubilo;
    mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.”
    Salmo 62


    Mi alma te busca a ti, Dios mío

  • “Como busca la cierva
    corrientes de agua,
    así mi alma te busca
    a ti, Dios mío;
    tiene sed de Dios,
    del Dios vivo:
    ¿cuándo entraré a ver
    El rostro de Dios?
    Las lágrimas son mi pan
    noche y día,
    mientras todo el día me repiten:
    ¨¿Dónde está tu Dios?¨
    Recuerdo otros tiempos,
    y mi alma desfallece de tristeza:
    cómo marchaba a la cabeza del grupo,
    hacia la casa de Dios,
    entre cantos de júbilo y alabanza,
    en el bullicio de la fiesta.
    ¿Por qué te acongojas, alma mía,
    por qué te me turbas?
    Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
    ¨Salud de mi rostro, Dios mío¨
    Cuando mi alma se acongoja,
    te recuerdo,
    desde el Jordán y el Hermón
    y el Monte Menor.
    Una sima grita a otra sima
    con voz de cascadas:
    tus torrentes y tus olas
    me han arrollado.
    De día el Señor
    me hará misericordia,
    de noche cantaré la alabanza
    del Dios de mi vida.
    Diré a Dios: Roca mía,
    ¿porqué me olvidas?
    ¿por qué voy andando sombrío,
    hostigado por mi enemigo?
    Se me rompen los huesos
    por las burlas del adversario;
    todo el día me preguntan:
    ‘¿Dónde está tu Dios?’
    ¿Por qué te acongojas, alma mía,
    por qué te me turbas?
    Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
    ‘Salud de mi rostro, Dios mío.’
    Salmo 41

  • “Buscad a Dios mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano.
    Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Dios, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.
    Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros.”
    Isaías 55, 6-9

  • “«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.”
    Juan 14,1-3

  • “No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis”.
    Juan 14, 18-19

  • “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”
    Mateo 28, 20


    ORACIONES

    Oración del abandono
    Padre: Me pongo en tus manos.
    Haz de mi lo que quieras.
    Sea lo que sea, te doy las gracias.
    Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
    con tal que tu voluntad se cumpla en mí
    y en todas las criaturas.
    No deseo nada más, Padre,
    te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo.
    Y necesito darme a ti sin medida,
    con infinita confianza,
    porque tú eres Mi Padre.
    Carlos de Foucauld


    ¿Por qué me has abandonado?

    Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    Te grito, Dios, y tú estás distante.
    Te grito, Dios, y no tienes palabras para mí.
    Te grito de noche, y mi voz se pierde en el eco. Te grito y no me haces caso.
    ¡Dios mío, Dios mío! Me han dicho que a quien confía en ti tú lo pones a salvo. Me han dicho que gritaban y tú los dejabas libres.
    Me han dicho que en ti ponían su confianza y que nunca los defraudaste. ¡No sé nada de eso! Ahora no entiendo de confianza. Sólo sé gritar, Dios mío, y quedarme a solas en mi grito. Me siento como un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio de muchos. Y mi corazón me dice que se ríen de mí. Porque he acudido a ti, para que me pongas a salvo. Tú me llamaste a la vida, me guardaste entre tus manos.
    Tú eres mi Dios, aunque nada sienta.
    No te quedes lejos, Dios mío, que el peligro está cerca y nadie me socorre. Estoy como rodeado de violencia. Estoy como agua derramada. Tengo el corazón como cera, que se derrite en mis entrañas. Tengo la garganta seca, como tierra sin agua; la lengua se me pega al paladar.
    Me siento apretado contra el polvo de la muerte. Me veo despojado, desnudo, sin fuerzas. Soy como un payaso de quien todos se ríen. Tú, Señor, fuerza mía, no te quedes lejos, ven corriendo a auxiliarme.
    Mira mi vida, mi única vida, sálvala.
    Aunque no te veo, aunque me siento abandonado, aunque me encuentro solo en la prueba, aunque no tengo fuerza para resistir, aunque la tentación se hace dura en mis carnes, tú seguirás siendo mi Dios en quien confío.
    Yo seré como un niño abandonado en los brazos de su madre. Y diré a las gentes que tú eres misericordia para este pobre desgraciado, que tú eres compasión para mi vida rota, que tú eres mi salvador en la oscuridad de la noche.
    Soy un desvalido y espero comer de tu don hasta saciarme. Te alabo, aunque no veo tu rostro. Yo digo a mi corazón: ¡no pierdas nunca el ánimo! Estoy ante ti esperando que me des la vida. Seré tu amigo y seguiré fiado en tu fidelidad.
    Yo saldré nuevo de tus manos, y a mi corazón le nacerán alas como de águila.
    Y cantaré en mi libertad: en medio del dolor acudí al Señor y él me libró.
    Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Salvador, tú eres cercano y amigo del hombre.
    Amén.
    (Adaptación del salmo 21, Mazariegos-Botana)


    Novena de la Confianza

    Corazón de Jesús, por medio de mi madre Santísima, en ti pongo toda mi confianza, y aunque todo lo temo de mi debilidad, todo lo espero de tu bondad.
    A tu corazón confío… (aquí expones brevemente al Señor tu situación, problema o necesidad).
    Señor, deja obrar a tu corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de ti, yo me entrego a ti, yo estoy seguro de tu corazón!
    Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.









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