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Autor: P. Eusebio Gómez Navarro OCD | Fuente: eusebiogomeznavarro.org Dios está donde le dejan entrar
Todo cambia cuando le dejamos entrar, cuando Él pasa a ser parte de nuestra vida y le dejamos actuar.
Dios está donde le dejan entrar
Un día, el Rabí Mendel de Kotzk, recibiendo a
algunos sabios personajes, sorprendió a sus visitantes preguntando de repente:
“¿Dónde habita Dios?”. Se burlaron de él: “Qué te pasa?
¿No está lleno el mundo de su magnificencia?”. El Rabí
respondió: “Dios está donde le dejan entrar”.
Dios está en
nuestro mundo, en medio de nosotros, en el interior de
cada uno; pero hay que reconocerlo y permitirle que esté
vivo. “Es aquí, en el sitio donde nos encontramos, donde
se trata de hacer brillar la luz de la vida
divina escondida” (M. Buber). Pablo invita a vivir como “hijos
de la luz” (Ef 5,8-9). Y donde la luz tiene
sus efectos todo es bondad, santidad y verdad.
Es vital
reconocer que Dios está presente, que su amor lo penetra
y lo envuelve todo. San Juan de la Cruz pone
en boca de Cristo esta sentencia: “¡Desdichado de aquel que
de mi amor ha hecho ausencia y no quiere gozar
de mi presencia!”. En efecto, no hay mayor desdicha que
ausentarse de Dios y huir de su presencia. No hay
mayor gozo que creer en él y disfrutar de su
divina presencia.
Tener conciencia de Dios, creer que nos ama
y nos llama, cambia completamente la vida de las personas.
Así le pasó a P. Claudel. En la Navidad de
1886, “no teniendo nada que hacer”, asiste a las Vísperas
cantadas en Notre Dame de París, esperando que las ceremonias
religiosas le han de brindar inspiración poética. De improviso le
sobrecoge la conciencia de Dios como una gran realidad personal,
como “Alguien”, y desde ese momento toda su mentalidad y
su vida cambian por completo.
Dios está presente, nos llama
por nuestro nombre, nos ama. Sus ojos amorosos lo ven
todo y están fijos siempre en sus criaturas. Nos ve
donde quiera que estemos. No se puede huir de su
presencia. Él está dondequiera que vayamos. “Te ve dondequiera que
estés. Te llama por tu nombre. Te mira. Te comprende.
Conoce todos tus sentimientos y pensamientos íntimos, tu debilidad, tu
fortaleza. Te ve en tus días de gozo y en
tus días de pesar. Observa tu semblante. Oye tu voz.
Percibe los latidos de tu corazón; tu misma respiración no
se le escapa. Tú no puedes amarte más de lo
que Él te ama” (Newman).
Creer que es un Padre
amoroso, que está presente en todos los momentos de la
vida y pendiente de cada uno de los seres humanos,
ayuda a caminar. Creer en su bondad, en su providencia,
es de gran luz para cuando la noche se acerca
y se oscurece la fe.
Todo va bien cuando creemos
y caminamos en la presencia de Dios. Todo cambia cuando
le dejamos entrar, cuando Él pasa a ser parte de
nuestra vida y le dejamos actuar. Todo es posible para
aquél que cuenta con Dios.
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