Autor: P. Pedro García Cmf | Fuente: Catholic.net 34. El himno incomparable al Amor. ¡Ese capítulo trece!
¿De qué amor ha hablado Pablo hasta ahora? ¿Del amor a Dios, o del amor al hermano?
De los dos en uno solo.
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San
Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008
al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el
Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que
Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los
lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar
a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma
sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce
clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente
de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar
por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite
a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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Tenemos muy presente la
última palabra que nos dirigió Pablo. Después de habernos hablado
de tantos carismas, nos lanzaba el guante:
Muy
bien. Sin embargo, hoy no vamos a comenzar con Pablo,
sino con una criatura de nuestros tiempos por demás querida:
Teresa de Lisieux, más conocida como Santa Teresa del Niño
Jesús.
Jovencita, y encerrada en un convento de clausura, quería
tener todos los carismas, todos los dones, todas las vocaciones.
Eso era imposible, naturalmente. En su preocupación, tomó la Biblia,
le salió San Pablo, y… dejémosle que nos lo cuente
todo ella misma:
“Durante la oración abrí las epístolas de
San Pablo y se me ofrecieron ante los ojos los
capítulos 12 y 13 de la primera carta a los
Corintios. Leí allí que no todos pueden ser apóstoles, profetas,
doctores y demás…, que la Iglesia está compuesta de diferentes
miembros, y que el ojo no puede ser, al mismo
tiempo, la mano.
“La respuesta era clara. Yo no podía
tener todos los carismas.
“Proseguí la lectura y esta frase
me llenó de gozo: ‘Busquen con ardor los dones más
perfectos; y yo les voy a mostrar el camino más
excelente’.
“Y el Apóstol explica cómo todos los otros dones,
sin el Amor, no son nada… “Comprendí que el Amor
encierra todas las vocaciones, que el Amor lo es todo,
que abarca todos los tiempos y todos los lugares, en
una palabra, ¡que es eterno!... “Entonces, en un exceso de
alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, por fin he hallado mi vocación!
¡Mi vocación es el Amor!”.
Estemos seguros de que
Pablo no ha encontrado un comentarista como esta muchacha, cuyas
palabras son a estas horas inmortales.
Con amor, todos los
carismas del Espíritu Santo son joyas valiosísimas, tanto para la
Iglesia, que es su destinataria, como para quien ha recibido
el carisma. Sin el amor, del que Pablo nos quiere
decir hoy algo, todo es pura palabrería y vaciedad.
Hay
que ir ya a Pablo, que en la página del
capítulo trece de la primera carta a los de Corinto
se ha mostrado genial como nunca. Este canto al amor
es lo más sublime que se ha escrito y entonado
en el mundo, y constituye a la vez una de
las páginas más grandiosas de la Biblia.
Les
viene a decir a los de Corinto:
- Se ven
ustedes enriquecidos como ninguna otra comunidad con dones sin cuento
del Espíritu Santo: ¡qué profetas, qué obradores de milagros! ¡hay
que ver cómo hablan en otras lenguas!...
Los corintios podían
sentirse halagados con estas palabras. Pero sigue Pablo:
- Sin
embargo, están en los principios. Todos esos carismas que los
engolosinan no valen para nada en comparación del que ahora
les voy a mostrar: ¡el amor! El amor vale más
que todos ellos juntos.
Pablo se presenta como si
tuviese todos los carismas, para decir:
“Aunque yo hable las
lenguas de todos los hombres y de los mismos ángeles,
si no tengo amor soy como un bronce que suena
o como un címbalo que aturde. “Aunque tenga el don
de profecía, y conozca todos los misterios y toda la
ciencia; aunque tenga tanta fe que sea capaz de trasladar
montañas, si no tengo amor, no soy nada. “Aunque reparta
todos mis bienes en beneficencia, y aunque entregue mi cuerpo
a las llamas como un mártir, si no tengo amor,
no me aprovecha nada”.
Al dictar Pablo estas palabras a
su secretario no hace sino dejar hablar a su corazón
arrebatado. Sin ser poeta ni versificador, Pablo estalla en un
verdadero himno como tantos de la Biblia, pero superior a
todos ellos. Hasta literariamente es una obra maestra.
De esta introducción
tan elevada sobre el Amor - el amor a Dios
en especial -, desciende ahora Pablo al comportamiento del amor
fraterno, al parecer rutinario y trivial, pero con observaciones llenas
de prudencia y de un valor psicológico extraordinario. ¿Cómo es
el amor verdadero?... Y nos dice:
“El amor es paciente,
es amable; “el amor no es envidioso, ni busca aparentar;
“el amor no se engríe, ni actúa con bajeza; “el amor
no busca su interés, ni se irrita; “el amor no guarda
recuerdo de las ofensas, sino que las perdona; “el amor
nunca se alegra de la injusticia, sino que se alegra
con la verdad. “El amor todo lo excusa. Todo lo
cree. Too lo espera. Todo lo soporta”.
¿De qué amor
ha hablado Pablo hasta ahora? ¿Del amor a Dios, o
del amor al hermano? De los dos en uno solo. Porque
para Pablo no hay dos amores, sino uno solamente. Con
el único amor de Dios ─el cual ha sido derramado
en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos
ha dado─, amamos a Dios y amamos a los hermanos.
Después de enumerar Pablo las cualidades del amor que se
tiene a los demás, se eleva en su himno a
las mayores alturas. Todos los carismas pasarán, todos desaparecerán.
La
FE, ¿para qué, si lo estaremos viendo todo?...
La ESPERANZA,
¿para qué, si lo tendremos todo en la mano sin
poderlo ya perder?...
No quedará sino la CARIDAD, el amor.
“Ahora tenemos tres cosas: la fe, la esperanza, el amor.
De las tres, la mayor de todas es el Amor”.
¡De
qué manera nos ha metido Pablo en la eternidad de
Dios!
En Dios lo veremos todo.
En Dios lo tendremos
todo.
Metidos en la hoguera infinita del amor de Dios,
amaremos a Dios con su mismo amor; nos amaremos todos,
ángeles y hombres, con amor intensísimo, ardiente y puro; y
amaremos todas las cosas, transformadas en morada digna de los
hijos de Dios.
¿Qué dijeron los Corintios al leer este
himno de Pablo?
No lo sabemos. Lo que sí sabemos
es que la Iglesia - leyendo y releyendo sin cesar
esta página incomparable de Pablo- ha valorado el Amor
sobre todos los carismas habidos y por haber.
El sentido
común de todos, hasta de los que están lejos de
nosotros, coloca en los primeros puestos de la fila a
Teresita ─la jovencita que no hizo nada metida en un
convento de clausura─, a la Madre Teresa y a todos
los que las acompañan…
¡El Amor! ¡La Caridad!...
Dios, al
ser amor, actúa siempre con amor. Y el hombre más
completo y la mujer más perfecta no se encuentran entre
los qué más lucen, sino entre los que más aman.
En la Iglesia tenemos la idea muy clara: la persona
que más vale es la que más ama…
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores
de San Pablo en esta dirección.
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